Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 17
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Capítulo 17

Para cuando me abrí paso entre la multitud feérica que bailaba, encontré a Drake con su primo y una morena de aspecto delicado. Llevaba un vestido de gala amarillo pálido que se ceñía a su figura esbelta mientras miraba al príncipe con adoración, agarrada de su brazo.

—Luna.

Los ojos de Drake se clavaron en los míos y, como ya empezaba a ser demasiado habitual, parecían ocultarme un secreto indescifrable. La joven se volvió hacia mí y esbozó una leve sonrisa. Extendió la mano mientras sus ojos inquisitivos me recorrían de arriba abajo.

—Soy la princesa Miranda Daffilia, de la Corte de Primavera, prometida del príncipe Drake.

No tenía claro si debía hacer una reverencia, pero decidí que no. Estaba marcando territorio con el príncipe, y no iba a darle alas. Le estreché la mano como haría una humana.

—Luna Hallows, humana de Nueva York, amiga y aprendiz del príncipe Drake.

Por el rabillo del ojo vi cómo a Drake se le tensaban los labios, aunque pronto se recompuso.

—Me temo que tendremos que irnos pronto del baile, Drake —dijo la princesa, centrando su atención en él—. Me habría gustado bailar al menos una pieza contigo antes de irnos.

Drake esbozó una de esas sonrisas frías y sin emoción que hacía tiempo que no veía.

—Claro.

Le tendió la mano y ella la aceptó encantada, con una sonrisa de oreja a oreja.

Me disponía a volver a la mesa principal para esperarlo cuando una mano me agarró la muñeca. Me giré y me encontré con los profundos ojos verde musgo de Julias.

—¿Te apetece bailar?

Mi primer impulso fue decir que no, pero eché un vistazo a la mesa real. Elrian seguía de mal humor, callado, y la reina bebía vino feérico como si no hubiera un mañana. Quizá Julias resultaba ser la mejor compañía. Al menos así seguiría cerca de Drake, por si pasaba algo.

—Será un placer.

Julias me cogió de la mano y me llevó al centro de la pista, a apenas unos metros de Drake y Miranda.

El príncipe nos miró sorprendido. Intenté dedicarle una sonrisa tranquilizadora, pero él volvió a centrarse en la princesa.

Bueno, qué más da . El mismísimo señor Darkhen me hizo girar sobre mí misma, y volví a centrarme en lo que tenía entre manos: no hacer el ridículo ante Julias Darkhen ni toda la Corte de Invierno.

Tiré de mi magia y lancé un rápido hechizo de imitación.

Si salía como esperaba, mis piernas copiarían los movimientos de las de mi pareja.

Entonces, mis pies empezaron a deslizarse con naturalidad por toda la pista de mármol, siguiendo los intrincados pasos de Julias.

Ni el vuelo de la falda me hizo tropezar.

¡Un punto para mi caprichosa magia!

—Bailas sorprendentemente bien para ser humana.

Julias arqueó una ceja mientras me miraba con curiosidad.

—Gracias por ese cumplido envenenado —murmuré.

Él soltó una risita.

—Ya veo por qué Drake te eligió como aprendiz —dijo—. Nunca he visto a mi primo hacer nada que no le beneficie, pero quizá contigo sea distinto.

—Soy un enigma para él. Solo quiere descifrarme.

—¿Y lo ha conseguido?

Los ojos de Julias chispeaban bajo las luces titilantes de la lámpara de araña.

—No pienso ponérselo fácil.

Miré por encima de su hombro y vi a Miranda susurrándole algo al oído a Drake. Sentí celos. Abrí los ojos de par en par ante aquella emoción inesperada. Drake estaba prometido, y yo lo sabía. Además, la mayor parte del tiempo aquel feérico engreído ni siquiera me caía bien.

—Me dio pena enterarme de lo de vuestro instructor.

Mis ojos volvieron a los de mi pareja de baile.

—¿Perdón?

—El demonio que os entrenaba. Fue una lástima que acabara cayendo en la oscuridad.

Ese es el problema con los demonios... —dijo Julias.

Dejó la frase en el aire al ver mi cara de espanto—.

No te sorprendas tanto, mestiza. Pasa muy poco en la academia que yo no sepa.

Puede que mi padre no se encargue del día a día, pero no quiere decir que sea un dejado.

La Academia Darkhen es la escuela más prestigiosa de todo Azar, y queremos que siga siéndolo.

—Entonces, ¿vosotros también tenéis algo que decir sobre si Cillian sigue siendo el director?

Me hizo girar y di una vuelta entre la multitud de feéricos antes de atraerme hacia él.

—Claro. Hay una junta que supervisa cómo funciona la academia, y mi padre la preside junto con mi tío Elrian. Yo también formo parte, por supuesto.

Ahí tenía una oportunidad, y lo sabía.

—Julias, sé que apenas nos conocemos, pero voy a pedirte un favor.

Él se rio por lo bajo y, por primera vez, me fijé en lo atractivo que era aquel Darkhen.

—Ahora entiendo perfectamente por qué Drake te eligió —dijo con sinceridad. Entonces dejó de bailar y me miró con interés—. Te escucho.

—Necesito que convenzas a tu padre de que no destituya a Cillian. El ataque a la academia no fue culpa suya. Fue cosa mía y, si lo echan por mi culpa, no me lo voy a perdonar jamás.

Julias frunció el ceño.

—No me digas que eres fan de ese ángel guardián tan beato y santurrón.

—Sin ninguna duda.

Soltó un gruñido.

—Lo siento, Luna, pero mi padre quería quitárselo de en medio desde antes incluso de que lo nombraran director —dijo—. Los Hijos del Cielo prácticamente dieron un golpe de Estado para colocarlo ahí. Lleva años esperando una oportunidad como esta para echarlo.

¡Malditos feéricos! Estaba tan metida en la conversación que ni me di cuenta de que Drake se acercaba ni de que la princesa Miranda y su séquito de escoltas ya habían salido del salón de baile. Sus pasos resonaban cuando miré por encima del hombro para ver que se marchaban.

—Si no te importa, Julias —intervino Drake—, ahora me gustaría bailar con mi amiga.

Su primo hizo un gesto entre burlón y divertido mientras seguía mi mirada hacia los delegados de la Corte de Primavera, que se alejaban.

—Claro. No pierdes el tiempo, ¿eh?

—Venga, lárgate ya, primo —gruñó Drake—. ¿No crees que ya la has liado bastante por hoy?

Aquello zanjó el tema. Tras dedicarme una rápida reverencia, Julias se alejó con media vuelta, dejándome la cabeza hecha un lío. Drake me atrajo hacia él, con las manos en la parte baja de mi espalda, mientras me guiaba por los rápidos pasos del foxtrot.

—¿Estás bien? —preguntó cuando nos apartamos hacia el borde de la pista.

—La verdad es que no. Julias dice que su padre quiere quitarse a Cillian de encima. Aunque consigamos convencer a Elrian, ¿su padre podría salirse con la suya en la votación?

—No hagas ni caso a mi primo, que es un poco fantasma. Elrian tiene la última palabra y ya nos encargaremos de que vea las cosas como nosotros.

No pude evitar sonreír.

—Gracias, Drake —dije—. Gracias por traerme a tu casa, aunque la verdad es que se te nota bastante que preferirías estar en cualquier otro sitio. Y gracias por aceptar hablar con el rey para ayudar a nuestros amigos. Sé que, en el fondo, todo esto te da bastante igual.

Drake se encogió de hombros.

—Puede que estés empezando a hacer que me importe. Un poco.

El príncipe me hizo girar y solté una carcajada mientras daba vueltas por la pista. Drake bailaba de maravilla. Apenas era capaz de seguirle el ritmo, incluso usando mi magia.

Bailamos durante horas y, poco a poco, las miradas de los señores y las damas dejaron de incomodarme.

Estaba tan metida en los pasos rápidos, en la música etérea y, bueno, quizá también un poco en el vino feérico, que la noche se me pasó en un suspiro.

Nunca habría imaginado que pudiera sentirme tan a gusto con el príncipe de hielo.

Sonreía, bromeaba y, en general, daba gusto estar con él.

Un gran cambio respecto a su habitual carácter arisco.

Quizá me había equivocado y, en el fondo, sí le gustaba volver a casa.

A medida que avanzaba la noche, la música fue bajando de intensidad.

El ritmo animado dio paso a una melodía lenta y suave.

Después de hacerme girar una última vez, Drake me acercó a su cuerpo.

Mi pecho subía y bajaba contra el suyo por el cansancio del baile y, luego, por algo más.

Pegada a él, sentí cómo una capa de escarcha se resquebrajaba y dejaba al descubierto un torbellino de emociones que no esperaba.

El lazo que nos unía se tensó y, durante un instante, una oleada de sensaciones intensas me golpeó el pecho.

Fue tan fuerte que di un paso atrás, tambaleándome, con la mano apretada contra el corazón.

¿Pero qué narices...?

—¿Estás bien? —susurró Drake, mirándome con los ojos entrecerrados.

Asentí y, tan rápido como había desaparecido, el muro de hielo volvió a levantarse.

La presión en el pecho se esfumó, y Drake dio un paso atrás, dejando entre nosotros mucha distancia.

Seguimos bailando, pero ninguno dijo nada más, aunque mi cabeza no paraba.

Estaba tan metida en ese momento raro que ni me di cuenta de que el rey se acercaba.

—Perdón por interrumpir.

Elrian le dio una palmada en el hombro a Drake y le susurró algo. Drake soltó un suspiro.

—Vale.

—Perdón.

Elrian inclinó la cabeza hacia mí y se perdió entre la multitud, que ya empezaba a dispersarse. Se hacía tarde y la fiesta tocaba a su fin.

—¿Qué quería? —pregunté.

—Mi hermano acaba de recordarme mis obligaciones de príncipe. Tengo que bailar con unas damas de la nobleza antes de que acabe la velada o le pedirán la cabeza a mi hermano.

Aquello me decepcionó.

—No pasa nada —dije rápidamente—. La verdad es que estoy bastante cansada. Creo que me voy a ir a mi habitación, si es que doy con ella.

—Anda ya, no digas eso; te acompaño. Tú sola no la encuentras ni de casualidad.

Drake le hizo una seña a Elrian, que nos observaba desde la tarima con un brillo extraño en los ojos lila.

Sus labios se tensaron mientras Drake me guiaba fuera del salón.

Mis tacones resonaban sobre el mármol conforme recorríamos los interminables pasillos del lujoso palacio.

No podía imaginarme creciendo en un sitio así.

A pesar de los tapices, las alfombras mullidas y el sistema de calefacción feérico, al palacio de hielo le faltaba ese algo familiar.

—Siendo sincera, ¿qué te ha parecido tu primer baile feérico? —preguntó Drake.

—Pues no ha estado tan mal. No me han secuestrado, así que oye, eso ya suma puntos.

—Te aseguro que lo de tu media hermana no es lo habitual —dijo Drake—. Lo que has visto esta noche es lo de siempre: celos, rivalidades y la política de los señores y las damas.

—Bailar ha estado bien.

Me detuve cuando por fin llegamos a la puerta del ala de Drake.

—Ya te digo —dijo el príncipe—. Me alegro de que tu magia haya funcionado tan bien. Pensaba que iba a pasarme toda la noche esquivando tus pisotones.

—Ja, ja, qué gracioso, príncipe de hielo —sonreí. Le di un golpecito en el pecho, y él atrapó mi mano entre las suyas, apretándola contra la tela fina de su chaqueta.

Se me cortó la respiración al alzar la vista y toparme con sus ojos encendidos.

El lazo lila que rodeaba mi corazón volvió a tensarse.

Notaba los latidos de Drake retumbando bajo la palma de mis manos.

Se inclinó despacio, con los labios a apenas unos centímetros de los míos.

Noté su aliento helado arremolinándose entre nosotros y me puso la piel de gallina.

Drake sacudió la cabeza, bajó la mirada y se mojó los labios. Después sonrió mientras me miraba.

—Esta noche me lo he pasado mejor de lo que esperaba, Luna —aseguró a media voz—. Después de que se fuera Miranda, claro.

Seguidamente, me rodeó la cintura con un brazo y abrió la puerta. Di un pequeño traspié hacia atrás antes de que me sujetara de la mano para que no perdiera el equilibrio.

—Gracias —murmuré, a punto de tartamudear. ¿Qué acababa de pasar?

—Mañana pasaré a buscarte para la reunión con Elrian. Estate lista a las ocho.

Asentí, sumida en mis pensamientos.

—Buenas noches, Drake.

En cuanto la puerta se cerró tras él, me apoyé contra la madera y respiré hondo varias veces para intentar calmar el pulso. ¿Qué había sido eso?