Capítulo 16
Estaba de pie frente al espejo dorado mientras Mirila y Jezela guardaban el baúl del maquillaje. Me balanceaba de un lado a otro, hipnotizada por la tela que se ajustaba a cada curva de mi cuerpo. La seda rozaba el suelo y se deslizaba sobre la mullida alfombra.
Las chicas habían convertido mi melena dorada en un recogido elegante, con algunos mechones sueltos enmarcándome el rostro.
La sombra ahumada azul marino y el delineador oscuro hacían destacar los destellos de mis ojos.
Ahora sabía cómo se sentía Kimmie-Jayne cuando iba a uno de los bailes de gala del reality. Apenas reconocía a la mujer del espejo.
La ansiedad me invadió en cuanto pensé en Ryder.
Ojalá pudiera verme así. Casi podía imaginar sus ojos recorriéndome de arriba abajo.
No . Sacudí la cabeza para quitarme esa idea.
Ryder y yo habíamos terminado; me lo había dejado clarísimo.
En cuanto defendiera su causa ante el rey Elrian, cada uno seguiría su camino y tendría que obligarme a olvidarlo.
De repente, sonaron dos golpes secos en la puerta. Me giré mientras Mirila corría a abrir.
—¿Me permites, señorita?
Asentí, mirando una última vez a la desconocida que me devolvía el espejo.
Entrelacé las manos para no trastear con ellas.
Por mucha ilusión que me hiciera el baile, los nervios me podían.
Drake entró tranquilamente. Llevaba el pelo platino peinado hacia atrás, lo que resaltaba aún más sus ojos lila.
Su traje azul combinaba a la perfección con mi vestido.
El corte entallado le marcaba los hombros y la cintura estilizada.
Tenía el porte de un príncipe. Una banda blanca le cruzaba la chaqueta, adornada con unas medallas de oro y plata.
—Vaya, qué bien te sienta arreglarte.
—Iba a decir lo mismo —dijo él, mientras sus ojos recorrían mi cuerpo poco a poco.
Se pasó la lengua por los labios antes de carraspear, y yo noté que me iba poniendo roja. ¿De verdad había conseguido impresionar al gélido príncipe? El lazo lila alrededor de mi corazón tiró suavemente, y hasta percibí un leve cosquilleo de emoción a través del vínculo.
—Vamos. Mi madre nos va a matar si llegamos tarde.
Me ofreció el brazo y enlacé el mío con el suyo.
Aquella noche jugábamos en el terreno de Drake y, si quería que todo saliera bien, solo tenía que hacer de amiga humana dócil.
Tras lo que parecieron horas recorriendo pasillos interminables, una melodía llegó hasta nosotros por el corredor.
La música me dejó un poco aturdida; sus armonías eran de otro mundo.
Me detuve a mitad del pasillo y me giré hacia Drake.
—¿Eso es magia feérica?
—Más o menos —asintió Drake—. Nuestra música a veces tiene un efecto curioso en los humanos. No es nada peligroso; simplemente puede que te sientas más relajada, incluso un poco mareada. Pero no te preocupes, se pasa enseguida, en cuanto te acostumbras.
Genial . Aparte del vino y la comida feéricos, ahora tenía que preocuparme por la música. Le apreté el brazo mientras retomábamos el camino hacia la entrada del salón de baile.
—No me dejes sola esta noche, Drake. No me apetece nada que me secuestren y me lleven a una prisión de la Corte de Primavera o, peor aún, al Inframundo.
Drake sonrió levemente.
—¿La mestiza tiene miedo?
Le di un codazo en las costillas y soltó un «uf» bastante satisfactorio. Entre risas, el príncipe bajó la mirada hacia mí, con los ojos lila brillándole.
—No te preocupes por nada. Si te quedas más tranquila, prometo no separarme de ti.
—Gracias.
—Espero que puedas seguirme el ritmo.
Alcé una ceja.
—¿A qué te refieres?
—El príncipe Drake es muy famoso por su elegancia en la pista de baile —dijo presumidamente— y, desde luego, no puedo dejar mal a las damas de la corte.
—Para empezar, no hables de ti mismo en tercera persona; queda fatal —contesté—. Y, para terminar, que sepas que puedo seguirte el ritmo sin problema.
—Qué curioso —sonrió Drake—. No sabía que en los institutos enseñaran vals o foxtrot.
—¡Madre mía, qué pijo eres!
Le di un golpecito en el brazo mientras avanzábamos por el pasillo.
Dos guardias nos miraron a medida que nos acercábamos.
Tenían las manos cruzadas a la espalda. Vaya .
Por lo visto, pegar al príncipe no estaba bien visto.
Me acerqué a Drake mientras los centinelas feéricos nos fulminaban con la mirada antes de abrir las puertas. Se oyó la música etérea.
—Tienes razón: en el instituto no enseñan bailes de salón, pero, por suerte, tengo magia.
Él sonrió y me guio hacia dentro mientras nos apuntaban cientos de miradas.
Me agarré al brazo de Drake, intentando mantener cierta distancia entre los dos.
Lo último que me hacía falta era que aquella realeza feérica pensara que estaba intentando ligar con su príncipe.
Cruzamos el enorme salón. Mis tacones resonaban sobre el mármol al compás de mis latidos.
Una enorme lámpara de araña dorada brillaba sobre nuestras cabezas, y me detuve un momento para admirar el fastuoso salón de baile, ignorando las miradas inquisitivas de los señores y damas feéricos.
La cúpula estaba bañada en oro, como cada rincón.
La filigrana dorada trepaba por las paredes como si fuera hiedra y se extendía sobre nuestras cabezas.
—Madre mía… Creo que nunca había visto tanto oro junto.
Drake soltó un bufido.
—Deberías ver el baño de mi madre.
Un niño cruzó corriendo la pista de baile mientras una anciana iba detrás de él, gritándole. Drake me soltó el brazo y se agachó justo cuando el pequeño rubio se estampó contra él.
—Bastien, ¿qué haces despierto a estas horas?
El niño miró por encima del hombro a la mujer, que intentaba abrirse paso entre la gente.
—Cerulla quería acostarme, pero me he escapado. Mamá dijo que venías hoy y quería verte.
No pude evitar sonreír al ver cómo se le iluminaba la cara al adorable niño mientras hablaba. Drake le revolvió el pelo a Bastien, del mismo rubio platino que el suyo.
—Iba a ir a verte mañana, hermanito. Hemos llegado algo tarde y no quería distraerte.
Unos brillantes ojos color lavanda se alzaron hacia mí, y el niño arrugó la nariz.
—¿Quién es ella? Huele raro.
Me tapé la boca con la mano para que no se me escapara la risa.
—Qué poco educado por mi parte —dijo Drake, extendiendo una mano hacia mí—. Príncipe Bastien, me gustaría presentarte a mi querida amiga de la academia, Luna Hallows.
Hice una reverencia y el niño sonrió.
—Encantada de conocerlo, alteza.
Una enorme sonrisa le iluminó la cara, dejando ver un hoyuelo en cada mejilla regordeta. Se puso de puntillas y le susurró a Drake, que seguía agachado:
—Me gusta. Es guapa.
—Lo es, ¿a que sí?
Cerulla llegó por fin hasta nosotros, resoplando y sin aliento, con las mejillas sonrojadas.
—¡Bastien! Hace ya rato que deberías estar en la cama. Mañana podrás ver a tu hermano y a su amiga —espetó. Luego lo agarró por un bracito y lo alzó en brazos—. Menuda la que has liado hoy, corriendo por la pista de baile en pijama.
Bajé la vista al pijama de seda. Era tan elegante que ni me había dado cuenta de que lo era.
—Venga, despídete, Bastien.
—Buenas noches, Drake. Buenas noches, Luna. Hasta mañana —se despidió el niño, agitando sus deditos regordetes mientras la niñera se lo llevaba casi a rastras.
Me giré hacia Drake y vi cómo se le dibujaba una gran sonrisa en los labios.
—¿Por qué nunca me habías dicho que tenías un hermanito tan mono?
Se encogió de hombros.
—Ya me conoces. No me gusta ir presumiendo.
—¡Anda ya!
Drake no hablaba mucho de sus hermanos, salvo de Elrian. Solo sabía que eran siete en total y que él era el segundo hijo varón. Me pregunté si aquella noche conocería al resto.
—Venga, madre nos espera.
Drake señaló con la cabeza la tarima elevada en el centro del salón de baile.
La reina Liandra estaba sentada a la izquierda del rey Elrian, y media docena de personas más ocupaban la enorme mesa.
Dos asientos, a la derecha del rey, permanecían vacíos, y Drake nos llevó hacia ellos.
Gemí para mis adentros. Sentarme a charlar de trivialidades con la realeza no era precisamente lo que tenía en mente.
Elrian se puso en pie cuando nos acercamos, y su madre me dedicó una leve sonrisa.
El rey tomó mi mano y depositó en ella un beso casto.
—Estás preciosa, Luna.
La forma en que sus ojos me recorrieron, con un deje de nostalgia, me hizo pensar que no era a mí a quien veía. Tenía la mente en el pasado, recordando a la otra hija de Garrix.
—Espero que, hasta ahora, todo haya sido de tu agrado —continuó.
Asentí con entusiasmo.
—Sí, todo ha sido perfecto. Mirila y Jezela también son encantadoras. Me han ayudado muchísimo —dije. Me volví hacia la reina e hice una reverencia—. Muchísimas gracias por este vestido tan precioso. Es lo más bonito que he visto en mi vida.
—De nada, humana. Tengo que admitir que te queda bastante bien.
Drake me dio un codazo y me susurró al oído:
—Viniendo de ella, es todo un cumplido.
—Hijo, ¿por qué no dices unas palabras? Al fin y al cabo, todos han venido a verte.
Drake se tensó a mi lado.
—No tengo nada nuevo que decir, madre. Estuve en casa hace apenas unos meses.
El rey ladeó la cabeza hacia su hermano menor.
—Vamos, Drake. Todo el mundo se pregunta quién es la chica. Si no queremos otro numerito con el rey Seris, de la Corte de Primavera, tendremos que hacer una declaración oficial.
Menuda situación más incómoda. Pasé unos segundos recorriendo el salón con la mirada, buscando a los delegados de la Corte de Primavera.
Recordaba, por Hitched , que su color era el amarillo pálido.
Tras echar un vistazo a las decenas de mesas ocupadas por señores y damas con los atuendos más lujosos —por no decir extravagantes—, acabé por rendirme.
—Ahora vuelvo —susurró Drake antes de acercarse al borde de la tarima y alzar las manos.
El salón entero se quedó en silencio.
—Gracias a todos por acompañarnos esta noche.
Siempre es un placer volver a casa, con mi gente.
Como ya mencioné, regresé a la academia hace unos meses y, aunque he completado mis primeros tres años, seguiré en Darkhen una temporada más.
He empezado un proyecto especial que creo que marcará la diferencia tanto en el reino feérico como en todo Azar —dijo.
Entonces me señaló, y todas las miradas se volvieron hacia mí.
Sentí el peso de aquella atención y me sonrojé—.
Me gustaría también presentaros a mi compañera de la academia, Luna Hallows.
Es una de las alumnas nuevas más poderosas, y me enorgullece ser su mentor.
Quizá algún día llegue incluso a superarme —me guiñó un ojo—, aunque lo dudo.
La gente rompió a reír con el chiste del príncipe.
—¿No es esa la chica humana que te ganó en la carrera de unipegs del año pasado?
La voz vino del centro de la pista. La multitud se apartó y un hombre que aparentaba solo unos años más que yo dio un paso al frente. Tenía un brillo travieso en sus ojos verdes.
—Ah, hola, primo —saludó Drake, y volvió su máscara impasible. Si aquel tipo pretendía sacarlo de quicio, no lo había conseguido—. No sabía que estuvieras aquí esta noche.
—¿Dónde iba a estar? Tenía que celebrar la vuelta del gran príncipe Drake... de mi academia.
¿Mi academia? ¿Era uno de los Darkhen?
—En fin, Julias, tu observación es muy acertada —asintió Drake—. Como acabo de decir, esta es la estudiante a la que estoy tutorizando.
Un momento... ¿Julias Darkhen? ¿El mismo que daba nombre a nuestras residencias? ¡Qué fuerte! Centrarme en ese vínculo familiar era la única forma de no pensar en que me estaban presentando ante todos como la humana a la que el príncipe había besado en las carreras.
—Ah, «tutorizar». ¿Así es como lo llamáis ahora?
Julias sonrió con sorna, y unos cuantos jadeos recorrieron la sala. Entonces, Elrian se levantó de inmediato y se plantó delante de su hermano menor.
—Julias, esta no es precisamente una charla apropiada para un baile de celebración —espetó—.
Dudo que nuestros encantadores invitados quieran escucharos hablar de lo que hacéis o no hacéis en la academia —el rey lanzó una mirada imbatible hacia la orquesta, y la música etérea volvió a llenar el salón—.
Disfrutad de la velada, damas y caballeros.
Las conversaciones se reanudaron poco a poco, y los seres feéricos regresaron a la pista de baile. El rey volvió a su asiento con el ceño fruncido.
—Estos Darkhen van a acabar sacándome canas verdes —gruñó.
Por el rabillo del ojo vi a Drake bajar de la tarima y dirigirse directamente hacia su primo. Ay, madre . Aquello no iba bien. Dudé, cambié el peso de un pie al otro y, al final, fui tras él.
Solo esperaba que la prometida de Drake no hubiera visto el desastre, aunque ¿era posible?