Capítulo 15 #2
—Últimamente no hay muchas cosas que mantengan entretenida a madre, Drake. Y cuando está entretenida, no se mete conmigo.
A Drake se le dibujó una sonrisa en los labios.
—¿Entonces todo va bien?
Elrian soltó un suspiro.
—Lo de siempre. Los señores y las damas no me quitan ojo de encima. Buscan cualquier excusa para quitarme del medio y poner en el trono a nuestros primos, los Darkhen.
—¿Los de la Academia Darkhen? —se me escapó.
El rey asintió.
—Los mismos —asintió. Se le tensó la mandíbula mientras nos guiaba por otro pasillo con las paredes forradas de seda—. Llevo manteniéndolos a raya desde que murió nuestro padre. Ni siquiera él lo tenía fácil. En cuanto falleció, dieron por hecho que el trono era suyo.
—¿Y vas a hacer caso a madre y cerrar de una vez la alianza con Elza, de la Corte de Verano?
Los labios de Elrian se apretaron hasta quedar en una línea fina.
—Venga, hermano. Es lo que toca. Si yo tengo que quedarme atado a la Corte de Primavera, seguro que tú puedes echarle valor y casarte con Elza.
El nombre me sonaba, pero tardé un segundo en ubicarlo. Era la princesa de la Corte de Verano. La que se había comportado como una auténtica arpía con mi media hermana.
Eso me hizo acordarme de algo.
—Espera un momento —interrumpí—. ¿No fue el rey de la Corte de Primavera quien secuestró a Kimmie-Jayne? ¿Y ahora Drake va a casarse con su hija?
Al menos Elrian tuvo la decencia de parecer avergonzado cuando bajó la vista.
—La diplomacia es una bestia caprichosa, Luna —dijo—. Hice lo que tenía que hacer para garantizar la paz en el reino feérico y asegurar el mejor futuro para mi pueblo.
—¿Y el futuro de tu hermano?
Las palabras se me escaparon. Otra vez. Drake y yo nunca habíamos hablado realmente de su compromiso con la princesa Miranda, pero, de algún modo, me salía protegerlo.
—Créeme —dijo Elrian—, Miranda es pan comido comparada con Elza.
Los dos hermanos se rieron por lo bajo mientras doblábamos otra esquina y nos deteníamos ante unas relucientes puertas de caoba.
—Esta es mi ala.
Drake señaló las puertas dobles mientras se abrían de par en par. Dos jóvenes duendecillas de alas translúcidas aguardaban a ambos lados de la entrada, con la mirada fija en mis botas.
—Yo me retiro por ahora —dijo el rey—. Tengo un baile que organizar y a varios señores y damas a los que atender.
Os veré a los dos dentro de unas horas —me dedicó una sonrisa que, esta vez sí, le llegó a sus fríos ojos lila—.
Es un placer que estés aquí, Luna. Espero que disfrutes de tu estancia y, si puedo hacer algo para que estés más a gusto, por favor, dímelo.
—Bueno, queda lo de Ryder y Cillian…
Elrian levantó la mano de golpe y me cortó.
—Eso no. Esta noche no, al menos. Mañana hablamos de todo.
Se me vino abajo el ánimo mientras veía al rey perderse por un pasillo interminable. Aquel sitio era incluso peor que Skye Lair, con sus corredores sin fin.
—Venga, vamos a dejarte en tu habitación.
Con la mano apoyada en la parte baja de mi espalda, Drake me guio hacia el interior de sus aposentos, tras dedicar un leve asentimiento a las dos duendecillas.
Mis pensamientos se fueron a la madre de Scarlett, que había sido una de las asistentes de la reina —o esclava, como ella misma lo habría llamado—.
Al menos ya no tenía que aguantar la enorme desigualdad a la que estaban sometidos los feéricos menores.
Como vampira, y además una muy poderosa, ya no tendría que inclinarse ante ningún miembro de la realeza.
Drake iba delante por el pasillo mientras los apliques de las velas parpadeaban sobre las paredes forradas de seda.
Unos cuadros con marcos dorados recargados colgaban sobre los tapices; muchos eran simplemente retratos.
De antiguos miembros de la realeza feérica, supuse.
Se paró frente a una puerta, y una duendecilla apareció de la nada para abrirla.
—Gracias —dije mientras la joven revoloteaba a unos centímetros de la alfombra.
—Ah, sí. Si necesitas algo, ella es Mirila, y la rubia es Jezela —dijo Drake, señalando a la chica que tenía a mi lado y luego a la otra, que se había quedado a mitad del pasillo.
—Vale, gracias.
La duendecilla revoloteó hasta el interior de la habitación y me enseñó el baño y el vestidor.
Mi ropa estaba colgada en aquel espacio enorme, casi del tamaño de mi antigua habitación en el piso de los dragones.
La habitación rezumaba lujo, como cada rincón del palacio.
En el centro había una cama con dosel, con sábanas de seda color crema que caían al suelo.
—Espero que el alojamiento sea de su agrado, señorita Hallows.
Drake sonrió con cierta sorna mientras me observaba mirarlo todo. Yo me dejé caer sobre la cama y me estiré en el colchón mullido.
—Bueno… sí, creo que me apaño.
—Genial —dijo Drake, y se frotó la nuca—. Mi habitación está enfrente, por si necesitas algo. Las chicas te ayudarán a arreglarte para el baile. Tienes un vestido de gala en el vestidor.
La última frase la soltó tan deprisa que casi no la pillé.
—¿Cómo?
—Madre insistió en mandarte hacer un vestido para el baile.
—¿En serio? Pero Cinder ya me dejó algunos suyos.
Fui directa al vestidor para comprobarlo.
—Dudo que tuviera algo lo bastante elegante en Darkhen. Quizá en Skye Lair sí —reflexionó Drake—. He oído que los dragones montan unos bailes impresionantes.
Una funda blanca enorme colgaba al fondo del vestidor, y me lancé a bajar la cremallera. Cuando por fin la abrí, apareció un vestido azul pálido precioso, lleno de destellos. Pasé los dedos por la seda, y resultó ser la tela más suave que había tocado en mi vida.
—¡Madre mía! Esto es increíble —dije. Salí corriendo del vestidor para enseñárselo a Drake. Fui hasta el espejo y me coloqué el vestido sin tirantes, de escote corazón, sobre el pecho. La falda, elegante, caía hasta el suelo, rozándolo apenas—. ¿Cómo sabía cuál era mi talla?
—Magia —bromeó Drake. Sus ojos seguían imposibles de leer al mirarme. Se aclaró la garganta y apartó la vista—. Bueno, ve a darte un baño y arréglate. Pasaré a recogerte en una hora —señaló el vestidor—. Estoy seguro de que ahí también tienes los zapatos.
Antes de darme cuenta, me acerqué a Drake y le rodeé el cuello con los brazos. Solo se tensó un instante, lo cual ya era todo un logro para el príncipe de hielo.
—Gracias —susurré—. Está siendo todo tan loco que me vale para distraerme de mis tonterías —me reí—. Es como vivir mi propio episodio de Hitched .
—Sabía que esa parte te iba a encantar.
Drake me guiñó un ojo y salió de la habitación para dejarme a solas admirando mi vestido. Aquel iba a ser un gran fin de semana. Todo saldría bien con Cillian y con Ryder. Lo intuía.