Capítulo 12
—¿He estado inconsciente dos días enteros?
Miré a Cinder con los ojos como platos. Aparté la manta blanca e intenté incorporarme, pero mi mejor amiga se levantó de la silla junto a la cama y me retuvo suavemente.
—Tienes que descansar, Luna. Cillian dijo que usaste magia suficiente como para dejar fuera de combate a un aquelarre entero. No esperaba que despertaras hasta dentro de varios días —dijo, y luego suspiró tomándose su tiempo—. Por cierto, está bastante cabreado contigo.
Puse los ojos en blanco y el latido en las sienes me arrancó una mueca de dolor.
—Ah, sí, y tienes una conmoción cerebral y varias costillas fisuradas —dijo Cinder—. El enfermero dice que en un par de días estarás como nueva, pero tienes que descansar.
Dejé caer la cabeza sobre la almohada mientras echaba un vistazo a la aséptica enfermería.
—Cuéntame otra vez qué pasó después de que me desmayara, por favor.
—Como te dije, yo no estaba allí —aclaró Cinder—, pero, por lo que me ha contado Raf, básicamente hicieron esa especie de ola de fuego que hacéis vosotros y se cargaron a los demonios que quedaban.
Luxora y Nicodemus escaparon, pero Aeria y Scarlett capturaron a nuestra profesora traidora, la señora Mikalson.
Cillian la ha estado interrogando para sacarle información, pero hasta ahora se está poniendo de lo más difícil... más que nunca.
Esbocé una sonrisita. Ahora ya no me sentía tan mal por haber odiado sin motivo a la súcubo sexy durante el último año. Bueno, salvo por su relación con Ryder.
El nombre de Ryder no dejaba de rondarme desde que abrí los ojos, pero una parte de mí temía que todo hubiera sido un sueño.
¿De verdad había vuelto a salvarme? Cinder no lo había mencionado, así que igual me lo había imaginado, que me protegía de Luxora.
O quizá estaba muerto, y yo aún no estaba preparada para oírlo.
Así que me mordí el labio inferior mientras Cinder resumía el resto de la historia.
—Perdimos a muchos estudiantes... —Dejó la frase en el aire cuando se le quebró la voz.
Me incorporé de golpe. Sentía que se me iba a salir el corazón del pecho.
—¿Cuántos?
—Veintisiete.
Se me cortó la respiración, como si me hubieran vuelto a romper las costillas.
—No... —murmuré, sin saber qué decir. El ataque había sido culpa mía.
Fui yo quien tuvo la brillante idea de hacer salir a Luxora.
Y ahora había decenas de estudiantes muertos por mi culpa.
Levanté la vista hacia mi amiga, sin dejar de sentir la culpa oprimiéndome el pecho— Me alegro muchísimo de que estés bien, Cinder. Si te hubiera pasado algo...
Me apretó la mano y me dedicó una sonrisa tranquilizadora.
—Estoy bien. La mayoría seguimos vivos gracias a ti —insistió Cinder—. Raf dijo que lucharon como fieras, Luna; todos los estudiantes juntos, sin importar de qué casa fueran. Unidos. Dice que nunca había visto nada igual, y eso fue solamente gracias a ti.
—Gracias a que traje a la reina del infierno directamente a la escuela.
Ella negó con la cabeza.
—No, Luna. No podías anticiparte a lo que iba a pasar —reiteró Cinder—. La idea era atraerla lejos de aquí, al mundo humano, donde todo estaba bien orquestado. Además, yo también tengo mi parte de culpa: fui quien propuso que fuerais a por ella directamente.
Resoplé.
—Tú eres la última persona que debería sentirse culpable —dije. Su mano seguía sobre la mía, y tiré de ella para abrazarla—. Lo siento muchísimo.
—Si hay alguien a quien deberías pedirle perdón es a Cillian —aclaró Cinder, un momento después—.
Cuando volvió a la academia pensé que le iba a dar algo.
Es la primera vez en siglos que asaltan la escuela.
Le oí hablar con Logan y Calliope, y está decidido a vengarse.
Parece que, al final, igual tienes tu oportunidad de ir al Inframundo. Lástima que Ryder...
—¿Ryder? Estuvo aquí, ¿verdad? ¿No fue una alucinación? —Me deslicé hasta el borde de la cama, rápidamente, decidida a verlo aunque pareciera un cadáver andante— Necesito verlo.
—Sí, estuvo aquí. Pero ya no está, Luna.
Los ojos dorados de Cinder se ensombrecieron mientras me guiaba de vuelta a la cama.
—¿Cómo que no está?
—Estaba malherido. Los enfermeros hicieron lo que pudieron hasta que apareció la SIA.
—¿La Agencia de Inteligencia Sobrenatural?
—Un profesor dio la voz de alarma cuando los demonios invadieron el campus. En cuanto los agentes reconocieron a Ryder, lo detuvieron. Lo buscan por muchas muertes, Luna...
Me costó asimilar lo que Cinder acababa de decir. Toda esperanza se esfumó en un segundo.
—¿Y ahora qué va a pasar?
Se encogió de hombros mientras una sonrisa triste se le dibujaba en la cara.
—No lo sé. Cillian ni siquiera ha podido verlo todavía —explicó Cinder—. Dijo que hablaría con el director de la SIA para interceder por él, pero no sé si al final lo ha hecho.
—Necesito ver a Cillian. Tiene que ayudar a Ryder. ¿Le han contado que me salvó de Luxora? Si él y Drake no hubieran estado allí, ahora mismo estaría atrapada en el Inframundo.
—Lo sabe, y juró que haría todo lo posible —dijo Cinder—. Pero Ryder... ya no es el mismo, Luna. Raf lo vio antes de que se lo llevaran y... simplemente ya no es el mismo.
—El Ryder que conocemos sigue ahí, Cin, lo sé. Si no, no me habría salvado una y otra vez.
Mi mejor amiga me sonrió, pero sin duda parecía poco convencida.
—Tienes razón, Luna. Y, si alguien puede recuperarlo, eres tú.
Apreté la mandíbula y asentí, decidida a hacer exactamente eso, costara lo que costara. Algunos fragmentos de la conversación entre Ryder y Luxora me vinieron a la cabeza. Hasta con su demonio al mando, no había dejado que ella ni nadie me hiciera daño. Le debía una.
Me giré hacia Cinder y le puse mi mejor cara de cachorrito abandonado.
—Oye, ¿te importaría traerme algo de comer del salón de banquetes? Me muero de hambre.
—Sí, claro —dijo Cinder, y de repente arrugó su bonita nariz—. Me acuerdo de que la comida de la enfermería era bastante sosa —se levantó y se dirigió hacia la puerta, pero, antes de marcharse, se dio la vuelta y me miró fijamente—. Quédate aquí, ¿vale?
Asentí con ganas y me dejé caer otra vez en la cama, subiéndome la manta hasta la barbilla.
—Nos vemos ahora cuando vuelvas.
En cuanto la puerta se cerró, me levanté de un salto. Si abría un portal hasta el despacho de Cillian, podría volver antes de que ella regresara. Pero eso significaba usar magia otra vez…
Busqué la fuente de mis poderes y encontré brasas encendidas en mi pecho. No ardían con la misma intensidad, pero seguían ahí. Quizá pudiera tirar de la fuerza de mi escuadrón.
Me centré en los siete lazos atados alrededor de mi corazón; el lila de Drake era el que más brillaba.
Apenas lograba distinguir el octavo —el de Ryder—, negro y casi imperceptible, pero me aferré a él con todas mis fuerzas.
Lo recuperaría como fuera. Tirando del lazo de Drake, abrí un portal.
No tenía luces deslumbrantes ni los vientos huracanados de siempre, pero me serviría para cruzar el campus.
Tras unos segundos atravesando aquella oscuridad viscosa, reaparecí al pie de la escalera de Administración.
Darby me delataría sin pensárselo dos veces si aparecía allí por un portal, y ya tenía bastantes problemas con Cillian.
Mientras me pasaba los dedos por el pelo intentando domarlo sin mucho éxito, subí las escaleras arrepintiéndome de no haberme dado antes una ducha.
Me habían limpiado y cambiado la ropa llena de baba de demonio, pero aun así me sentía hecha un asco.
En fin, qué le vamos a hacer . Entré con cuidado en el vestíbulo del despacho del director y los ojos grises de Darby se abrieron como platos.
Me señaló con un dedo arrugado y torcido.
—Señorita Hallows, ¿no se supone que deberías estar descansando en la enfermería?
—Ya estoy perfectamente —dije, dedicándole lo que esperaba que fuera una sonrisa convincente—. Necesito ver a Cillian.
Darby negó con la cabeza, frunciendo el ceño.
—Sabía que vendrías; lo que no esperaba era que fuera tan pronto —dijo. Levantó el teléfono de su escritorio y murmuró—: Ya está aquí.
La puerta del despacho de Cillian se abrió al segundo y el imponente ángel apareció en el umbral, con las alas radiantes iluminando su figura. Tragué saliva mientras se acercaba.
—¿Qué haces fuera de la cama? —gruñó.
—Necesitaba hablar contigo.
—Pues deberías haber esperado. Llevas dos días inconsciente, así que seguramente no sabes que he venido a verte varias veces al día. Iba a pasarme luego para ver cómo estabas.
Sentí la culpa encogiéndome el estómago cuando sus intensos ojos azules se clavaron en mí.
—Lo siento. Por todo, Cillian.
Soltó un suspiro cargado de frustración y se volvió hacia su despacho.
—Ven. Pasa.
Se dejó caer en un sillón frente a la chimenea y yo me acomodé en el sofá, a su lado. Tenía ojeras y era solo la segunda vez, desde que lo conocía, que parecía de verdad agotado.
—¿Estás bien? —pregunté cuando el silencio empezó a hacerse incómodo.
Se pasó una mano por la cara y por los mechones rubios alborotados.
—No, Luna. Más bien todo lo contrario —confesó Cillian.
Me sostuvo la mirada con aquellos ojos celestes y se me encogió el corazón—.
Han muerto veintisiete estudiantes; Luxora y toda una legión de demonios atravesaron los escudos y terminaron asaltando la academia; una de mis profesoras estaba implicada; mi otro instructor está retenido por la SIA, y el rey feérico quiere destituirme como director después de todo este desastre.
Por un momento intenté no pensar en lo de Ryder.
—¿El rey Elrian quiere destituirte?
Asintió, frunciendo el ceño.
—No puedo culparlo. Alguien tiene que asumir la responsabilidad de lo que ha pasado.
—Échame la culpa a mí. Todo fue por mi culpa.
—¡Yo soy responsable de ti, Luna! —espetó Cillian.
Abrió mucho los ojos azul cielo y vi un destello de rabia en ellos.
Inspiró hondo antes de bajar la voz— Soy responsable de todos y cada uno de los estudiantes de esta academia, y les he fallado.
Debería haberlo visto venir. Debería haberme dado cuenta de que Vena Mikalson jugaba a dos bandas desde el principio.
Otra punzada de culpa me atravesó las entrañas. Yo tendría que haberme dado cuenta. Había estado dentro de su cuerpo y había sentido algo oscuro. Algo que no encajaba. Pero, en lugar de hacer caso a mi instinto, estaba demasiado pendiente de Ryder y lo pasé por alto.
No. Cillian no iba a cargar con aquello. Encontraría la forma de arreglarlo.
—Hablaré con Drake. Él puede hablar con su hermano y hacerle ver que todo esto fue cosa mía. Los estudiantes de la academia te necesitan, Cillian. Haré que el rey Elrian entre en razón, aunque tenga que plantarme yo misma en el palacio de la Corte de Invierno.
Cillian frunció aún más el ceño, marcando el surco entre sus cejas.
—Ya que vas a estar allí, más te vale empezar también a defender la causa de Ryder.
—¿Cómo?
Me incorporé de golpe hasta el borde del sofá.
—Elrian quiere que Ryder pase el resto de su vida entre rejas —explicó Cillian—. Los feéricos son los que más han sufrido su reciente racha de absorción de almas. Está presionando para que el Tribunal le imponga la pena máxima: la cadena perpetua.
—No... —susurré mientras sentía que me faltaba el aire.
—He intentado hablar tanto con él como con el director de la SIA —añadió Cillian—, pero no ha servido de nada. A pesar de todo el bien que Ryder ha hecho durante los dos últimos años, no he conseguido hacerles cambiar de opinión.
—Tiene que haber alguna forma.
El móvil de Cillian vibró y bajó la mirada a la pantalla, frunciendo aún más el ceño.
—Tengo que cogerlo —dijo enseguida—. Estoy intentando organizar una reunión con los jefes de las casas y con todo el Consejo del Aquelarre para levantar unos escudos nuevos y más potentes alrededor de la academia. Lo del otro día no puede volver a pasar.
Me levanté, con el peso del mundo sobre los hombros.
—Lo siento mucho, Cillian. Te prometo que haré lo que esté en mi mano para arreglar esto.
Él asintió mientras se llevaba el móvil a la oreja y me señaló la puerta con un gesto.
Salí con paso pesado. ¿Cómo iba a sacarnos de este desastre? Estaba tan ensimismada que se me olvidó abrir un portal de vuelta a la enfermería y acabé yendo por el camino largo. Al llegar a mi habitación, me encontré a Cinder dando vueltas con el móvil pegado a la oreja.
—¡Por fin! —exclamó. Por un momento pensé que iba a tirarme la caja de comida para llevar a la cara—. ¿Dónde te habías metido?
—Lo siento. Tenía que ver a Cillian —dije. Me acerqué despacio, con las manos en alto—. No te enfades. Ya me siento bastante mal después de hablar con el director —le quité la caja de las manos y la dejé sobre la mesilla—. ¿Sabías que el rey Elrian está intentando destituirlo?
Cinder negó con la cabeza y parte del enfado se le borró de la cara.
—Eso es horrible.
—Ya lo sé, y es mi culpa. Debo hablar con Drake para que se lo cuente a su hermano. Cillian no puede perder el puesto por lo que hicimos —dije. Me dejé caer en la cama, mordiéndome las uñas—. Y Ryder... Elrian está intentando meterlo de por vida en la cárcel para supes.
Cinder contuvo el aliento y se sentó a mi lado, rodeándome los hombros con un brazo.
—Oh, dioses, Luna. Lo siento muchísimo.
—No puedo permitir que eso pase. No puedo dejar que nada de esto ocurra.
Cogí el móvil de la mesita de noche y le mandé un mensaje rápido a Drake.
—¿Qué vas a hacer?
—Iré al palacio de la Corte de Invierno si hace falta. Hablaré yo misma con el rey Elrian.