Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

Vale. Puedo hacerlo . Cerré los ojos, respiré hondo e intenté captar la firma mágica del hechicero.

Esa tenía que ser la clave para cerrar el portal.

La fuente de mi poder no era más que una brasa; el fuego que antes me llenaba el pecho se había quedado en una llama temblorosa.

Pero tenía que lograrlo. Al centrarme en el aura oscura de Nicodemus, el ruido de la batalla se desvaneció.

Solo oía el latido de mi corazón retumbando en mis oídos.

Hasta que una mano se cerró en torno a mi cuello. Abrí los ojos de golpe y me encontré cara a cara con unos ojos negros que daban auténtico miedo.

—Luxora... —logré decir con la voz rota.

—Estoy harta de estos jueguecitos, niñata.

Sus manos de hierro me apretaron el cuello y la oscuridad empezó a invadir mi visión. Los pulmones me ardían mientras intentaba coger aire, pero los dedos del señor oscuro me aplastaban la tráquea. Me arrastró hacia el portal mientras mi mente empezaba a nublarse.

—¡Alto! —rugió una voz familiar y áspera.

La cabeza me daba vueltas cuando un rostro se dibujó entre la neblina. El pelo oscuro le caía sobre unas mejillas prominentes y una mandíbula ancha. Aunque apenas podía mantenerme consciente y el demonio le ensombrecía la expresión, reconocería a Ryder en todas partes.

—¿Qué haces aquí, hermano? —susurró Luxora.

—Esto no era lo acordado, querida hermana.

Tenía los brazos cruzados sobre el pecho musculoso. Quizá fuera porque llevaba mucho tiempo sin verlo, pero parecía aún más grande de lo que recordaba. Un fulgor amarillento había devorado totalmente sus ojos mientras fulminaba con la mirada a su hermanastra.

—Te mentí, Ryder. Nunca tuve intención de dejar en paz a la humana —espetó el señor oscuro—. No cuando es tan valiosa para mí.

Su mano aflojó la presión sobre mi cuello y conseguí respirar un poco.

—Pero dijiste...

Ella alzó una mano y lo hizo callar.

—Tus sentimientos por esta chica humana empiezan a cansarme, hermano —dijo con crudeza—. Pensaba que a estas alturas ya habrías entrado en razón. Pero, incluso con tu demonio desatado, sigues empeñado en aferrarte a ella.

—Suéltala —rugió él.

—Me temo que eso no va a pasar —dijo Luxora—, y lo sabes.

—Ryder... —dije con voz ronca mientras Luxora daba un paso atrás hacia el portal.

Forcejeé para soltarme, pero era demasiado fuerte y yo apenas tenía energía. Ya no me quedaba magia en el cuerpo. Luxora le tendió la mano a Ryder.

—Ven, hermano. Vuelve al Inframundo y gobierna a mi lado, para lo que siempre estuviste destinado. Lo único que debes hacer es renunciar de una vez por todas a la chica humana.

Los ojos de Ryder se cruzaron con los míos y la tormenta de emociones que bullía bajo la superficie hizo que el aire entre nosotros chisporroteara.

—¡Luna!

Drake se abrió paso a empujones entre dos demonios gorabora, derribándolos con su espada feérica envuelta en llamas. Entonces, Ryder se lanzó sobre Luxora.

Todo ocurrió a cámara lenta. Ryder chocó contra ella y los tres terminamos en el suelo.

Luxora me soltó justo cuando mi cabeza golpeó la piedra, y una lluvia de estrellas estalló ante mis ojos.

¡Joder! ¿De verdad es tan fácil abrirse la cabeza?

El golpe me robó el poco aire que me quedaba en los pulmones.

Rodé hasta quedar a cuatro patas, jadeando como un animal hambriento.

Por el rabillo del ojo vi cómo las garras de Ryder se alzaban y caían, desgarrando el abdomen de Luxora.

Su chillido atravesó el estruendo de la batalla.

Nicodemus apareció de botepronto envuelto en una nube púrpura resplandeciente. Su mirada pasó de mí a Luxora y Ryder, que seguían revolcándose por el suelo como dos bestias salvajes. El hechicero levantó una mano y un rayo brotó de las puntas de sus dedos.

—¡Ryder! —grité.

Él giró la cabeza justo antes de que el destello lo alcanzara y lo lanzara por los aires.

—¡Ryder! —volví a gritar mientras su cuerpo se estampaba contra una pared y caía inerte.

Intenté obligar a mis piernas a correr hacia él, pero era como si me hubiera pasado un camión por encima. Respirar dolía y no dejaba de dar vueltas todo a mi alrededor. Aferrada al frío suelo de piedra, no podía apartar la vista de su cuerpo al otro lado del pasillo.

Drake llegó a mi lado un segundo después y me ayudó a ponerme en pie.

—¿Puedes mantenerte en pie?

Las lágrimas me empañaban la vista, pero aun así asentí. Me temblaban las piernas y tuve que apoyarme en él para no caerme.

—Ryder... —susurré.

Drake negó con la cabeza.

—No hay tiempo.

—¡Ahora!

La voz de Calliope se alzó por encima del ruido. Zephyr apareció junto a Drake y alcancé a ver a Raine y a Aeria al otro lado del dragón cambiaformas. Un momento después, la mano de Drake se cerró sobre la mía y noté una corriente de energía recorriéndome la piel.

—Vamos, Luna. Aguanta. Te necesitamos.

—No me queda nada... —murmuré.

—Sé que puedes hacerlo.

Su rostro empezaba a desdibujarse. Empezó a recitar las palabras del hechizo oscuro grabado a fuego en mi memoria y mis labios las repitieron al mismo ritmo que los suyos. Un poder salvaje me recorrió las venas como una hemorragia. Después, todo se volvió negro.