Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

El pasillo se convirtió en un auténtico campo de batalla cuando los nefilines se lanzaron contra los demonios con sus brillantes espadas de ángel.

Mi nueva instructora se cruzó conmigo la mirada desde el otro extremo.

Se lanzó hacia mí, pero dos demonios le cerraron el paso.

Dibujó un arco con la espada y abatió a uno de los monstruos de un solo tajo.

Unos segundos después, decenas de estudiantes bajaron corriendo por las escaleras, armados con lo que pillaban.

Cambiaformas, vampiros, brujas y brujos se sumaron a la pelea.

—¡Que alguien me saque de aquí! —grité.

Los demás estudiantes luchaban con valentía, pero carecían de nuestro entrenamiento. Apreté los ojos cuando una cambiaformas cayó ante mí, con sus ojos verdes, antes brillantes, ahora apagados y vacíos. Se me encogió el pecho al venirme la imagen de Ash a la cabeza.

—¡No! —rugí mientras golpeaba las barreras invisibles que me tenían atrapada.

Yo era más fuerte que aquello. Clavé la mirada en Nicodemus, que se había metido de lleno en la pelea lanzando bolas de fuego contra estudiantes inocentes.

La rabia me recorrió el cuerpo. Yo era más poderosa que él.

Lo sabía. Solo tenía que sacar ese poder.

Concentré mi atención en los lazos unidos alrededor de mi corazón y noté un leve destello de energía.

El vínculo. Esa era la clave. Si conseguía acceder a él de alguna manera…

Cerré los ojos e imaginé a Drake y su lazo lila; después a Raine y el suyo, verde esmeralda; luego a Scarlett y el suyo, de un carmesí intenso.

Fui tirando de cada lazo , uno a uno, hasta que algo chisporroteó dentro de mí.

Fue solo un destello, pero suficiente. Me aferré a aquella pequeña chispa de magia y volqué en ella toda mi energía hasta hacerla crecer.

La burbuja se expandió en mi pecho y un fuego abrasador prendió en mi interior.

El calor me recorrió las venas hasta que mi magia estalló por las yemas de los dedos y reventó mi prisión.

De repente, llegaron a mí los sonidos y olores de la batalla, y la magnitud del poder que acababa de invocar estuvo a punto de tirarme abajo.

Nicodemus se giró ante mí. Tenía la boca abierta y los ojos como platos.

Abrí las manos, invoqué dos bolas de fuego y se las lancé.

Apenas le dio tiempo a levantar un escudo.

Los proyectiles rebotaron y fueron a estrellarse contra un demonio cercano.

La batalla me engulló mientras seguían saliendo demonios del portal.

Por cada uno que derribaba, aparecían otros diez en su lugar.

Mientras avanzaba a toda prisa entre aquella masa de criaturas repugnantes, vi a Calliope plantándole cara a un demonio de aspecto reptiliano especialmente asqueroso. Tenía las poderosas alas desplegadas e iluminaba el pasillo destrozado con un resplandor etéreo.

—¡Luna, tienes que cerrar el portal! —gritó mientras asestaba un mandoble brutal.

La cabeza del monstruo salió rodando por el suelo.

—¡Voy! —respondí mientras corría hacia el vórtice, esquivando los cuerpos en el suelo.

Sentí náuseas y no fui capaz de mirar a quienes llevaban el uniforme de Darkhen.

No tenía tiempo para lamentarme. Tenía que averiguar cómo cerrar el portal cuanto antes y traer de vuelta al resto del equipo.

Con mi magia desatada, podía sentirlos. Sus lazos tiraban de mí con fuerza, como si me apretaran el corazón.

La última vez que había invocado un portal para traerlos hasta mí lo hice sin darme cuenta, así que no tenía ni idea de cómo repetirlo.

Llegué hasta el vórtice mientras más demonios seguían cruzándolo desde el Inframundo.

Extendí los brazos y les lancé bolas de fuego según atravesaban el umbral.

Algunos salían despedidos de vuelta al abismo, pero muchos otros pasaban.

Dos nefilines aparecieron a mi lado y empezaron a contener a las bestias que intentaban romper nuestra línea.

Mi mente repasaba hechizos y encantamientos sin parar, pero no servían para cerrar un portal que no había creado.

Bastante tenía con controlar mi magia... ¿cómo iba a controlar la de otro?

—¡Luna, el portal! —volvió a gritar Calliope por encima del estruendo del combate.

—¡Lo estoy intentando! —chillé. Apreté los puños y repetí las palabras del conjuro— Portalis serratum, portalis serratum.

Nada. Solté una maldición entre dientes y desintegré con una bola de fuego a un gusano demoníaco que reptaba hacia mí.

—¡Volved al infierno de una vez!

Los lazos entrelazados alrededor de mi corazón se tensaron, y el lila brilló con especial intensidad.

Mi equipo intentaba llegar hasta mí. Y los necesitaba.

Me aparté a toda prisa de la boca del portal y concentré mi energía en ellos.

El calor me inundó el pecho y jadeé ante aquella oleada de poder.

Me abrasaba el cuerpo, como si fuera a consumirme por dentro.

Extendí las manos hacia delante y una descarga me recorrió las venas antes de brotar por los dedos.

Otro portal se abrió a apenas unos metros del que seguía escupiendo monstruos.

Drake fue el primero en salir, tambaleándose, seguido de Logan, Zephyr y el resto del equipo.

El cuerpo se me vino abajo por el esfuerzo que acababa de hacer.

Me apoyé en la pared mientras esperaba a que todo el mundo dejara de dar vueltas en mi cabeza.

—Ya era hora, humana —dijo Drake.

Intentó quitarle hierro al asunto, pero pude notar su preocupación a través del vínculo. Era lo máximo que había sentido de él en toda mi vida.

El escuadrón de supes entró en acción y yo salí corriendo de vuelta hacia el portal del Inframundo, decidida a cerrar aquella maldita cosa. Una auténtica legión de nefilines, encabezada por Raf y Calliope, se enfrentaba a los demonios que no dejaban de avanzar.