Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 10
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Capítulo 10

—¿Seguro que quieres hacer esto?

Drake me miró fijamente desde el otro lado de la cama.

—Segurísima.

Cerré el libro que tenía sobre el regazo y lo dejé en la mesilla. Al estirarme, me crujieron el cuello y la espalda. Llevábamos horas estudiando. Había pasado casi todas las tardes de los últimos cinco días con Drake, preparándonos para nuestro gran encuentro con Luxora.

Él soltó un suspiro y se pasó una mano por el pelo platino. Se lo había dejado crecer aquel semestre y los mechones sueltos le acentuaban los pómulos.

—¿Y la señora Mikalson ya ha avisado a sus contactos de tu escapadita al mundo humano?

—Sí. Algunos de sus contactos no me dan muy buena espina, para serte sincera —dije—. Pero ella me aseguró que la noticia acabaría llegando a Luxora.

—Vale —asintió Drake—. Mañana por la mañana nos reunimos con el equipo y repasamos todos los detalles una última vez antes de ir al piso de tu amigo en Brooklyn.

—Eso es.

Aunque no había visto a Jay desde el incidente con el demonio en el Lower East Side el semestre pasado, seguíamos escribiéndonos a veces.

Se había mudado a un piso en Brooklyn y estudiaba en la universidad comunitaria de la zona.

Pensamos que ir a visitarlo sería la coartada más creíble.

Me había asegurado de que mañana por la tarde estuviera bien lejos de su piso.

Esa era la última pieza que nos faltaba para completar el plan.

Drake estiró las piernas y sus pies descalzos me rozaron el muslo. Me estremecí. Eran como pequeños carámbanos clavándose en mi piel.

—Perdón —dijo, sonriendo y apartando las piernas hacia un lado—. Llevo días queriendo preguntarte algo. ¿Cómo convenciste a Logan para que se apuntara a esta misión loca?

Cogí el café con leche de la mesita de noche y le di un sorbo.

—Puedo ser muy convincente cuando me lo propongo.

Drake frunció el ceño y me lanzó su típica mirada inquisitiva, pero yo la esquivé.

—¿Qué le dijiste exactamente? Cada vez que hablábamos de ir a por Luxora, se negaba en redondo. Igual, por una vez, puedo aprender algo de ti —dijo, con una sonrisa chulesca.

—Ahora sí que no te lo voy a decir.

Salté de la cama, pero Drake me agarró del brazo antes de que pudiera apartarme.

—Venga... —suspiró al levantarse, obligándome a alzar la vista para mirarlo—. Si no me lo cuentas, te voy a estar dando la brasa toda la noche.

—Vale —resoplé—. Le dije a Logan que tenía el presentimiento de que Ryder estaría con Luxora. Él quiere encontrar a Ryder tanto como yo.

Me soltó el brazo y dejó escapar un gruñido.

—Increíble, Luna —dijo, de mal humor—. Tendría que haberme imaginado que todo tenía que ver con él. Siempre acaba siendo Ryder el protagonista, ¿no?

Sacudí la cabeza, como si me hubieran dado una bofetada. ¿A qué venía esa hostilidad?

—¡No podemos dejarlo tirado así, Drake! —exclamé— Él jamás habría permitido que algo así le pasara a nosotros. Habría puesto el Inframundo patas arriba si hubiera sido al revés.

—Quizá por ti.

Negué con la cabeza.

—Eso no es justo, Drake. Se preocupaba por todos nosotros, y lo sabes.

—¿Y por qué estás tan convencida de que quiere que lo ayudemos? —preguntó, molesto— Igual está tan a gusto con su nueva vida de demonio.

—Sé que no —dije. Recordé todas las conversaciones nocturnas y las confesiones que me hizo Ryder.

Había luchado mucho por controlar su demonio, y yo lo llevé al límite.

Fue la oscuridad que había dentro de mí la que acabó sacando lo peor de él.

Aunque ya no me quisiera, se lo debía—. Tú no lo has visto —dije al final—. No es feliz. Nunca quiso esto.

Drake resopló.

—Escúchame, Luna. Mañana la misión no va de salvar a Ryder, ¿vale? Luxora es el objetivo.

—Lo sé.

Me abracé con fuerza, como si así pudiera evitar que todo dentro de mí se viniera abajo. Drake guardó el enorme libro en la mochila y se volvió hacia la puerta.

—¿Ya te vas?

Miró el reloj de la pared.

—Es casi medianoche. A estas horas ya no creo que te entre mucha más magia en la cabeza.

Tenía razón. Me notaba el cerebro hecho papilla y dudaba mucho que fuera a pegar ojo esa noche. Y eso sin contar los litros de café que me había metido en el cuerpo.

—Sí, tienes razón. Mejor descansamos.

Lo acompañé hasta la puerta, pero se paró antes de llegar.

—¿Scarlett no vuelve esta noche?

—No. Ha salido de caza con los vampiros para estar a tope mañana.

Echó un vistazo a la habitación y luego volvió a mirarme con una mezcla de suspense y curiosidad. Debí de poner cara de perrito abandonado.

—Si quieres me quedo un rato más, pero ni de broma miro otro hechizo o acabo bizco.

Se me escapó una sonrisa cuando dejó la mochila en el suelo y se fue directo al sofá. Cogió el mando y empezó a hacer zapping. Salté por encima del respaldo y me dejé caer a su lado.

—¿Qué te apetece ver?

Soltó un suspiro.

—A estas horas no creo que echen nada que no sean chorradas para descerebrados.

Le quité el mando y busqué programas grabados.

—¿Has visto alguna vez Hitched ?

Puso los ojos en blanco tanto que pensé que se le iban a dar la vuelta.

—¿Es una broma? ¿No solo vas a quitarme horas de sueño, sino que encima me vas a torturar con un reality humano?

Le di un codazo en el estómago.

—Venga… Solo un par de episodios y luego te dejo dormir.

Se cruzó de brazos y se dejó caer hacia atrás, ladeando la cabeza.

—Solo por ti, humana.

Puse el primer episodio, me colé bajo su brazo aún tenso y me acurruqué a su lado. A los pocos minutos, por fin, se relajó contra mí.

—Este episodio me encanta —susurré cuando aparecieron los solteros sobre sus unipegs.

Drake negó con la cabeza, pero por el rabillo del ojo le pillé una media sonrisa.

Noté que el cómodo cojín se iba moviendo bajo mi cabeza y que me sacaba del mejor sueño que había tenido en mucho tiempo.

Abrí los ojos de golpe y me encontré con unos ojos lila mirándome intensamente.

Me incorporé de un salto y me aparté del sofá.

Drake seguía tumbado a lo largo de los cojines, con una pequeña mancha húmeda en la camisa azul claro.

Sus ojos fueron de mí a la mancha y de nuevo a mí. Torció el gesto con asco.

—Babeas.

Me limpié la barbilla y me pasé una mano por el pelo rubio, hecho un desastre.

—Perdón —murmuré—. ¿Qué ha pasado?

—El programa horrible que me obligaste a ver nos ha dejado fritos... a los dos, por lo visto.

Drake se incorporó mientras miraba la camisa con mala cara.

Los primeros rayos de luz se colaban por la habitación, y busqué a Scarlett con la mirada.

Estaba en su cama, acurrucada con una sonrisa en el rostro pálido.

Ni siquiera la había oído entrar. Me fui poniendo roja al imaginar lo que habría pensado al encontrarnos a Drake y a mí dormidos en el sofá.

Gemí y me dejé caer sobre el cojín. Justo cuando las cosas empezaban a ir mejor entre Raine y yo.

—¿Y ahora qué pasa? —preguntó él.

—¡Chist! —señalé a mi compañera de habitación, que seguía dormida— Ahora Scarlett va a pensar que... ya sabes.

Drake frunció el ceño.

—Me vas a crear un complejo, humana —susurró—. La mayoría de las mujeres daría lo que fuera por llevarse al príncipe a la cama. ¿Y a ti te da vergüenza que te vean conmigo?

—Sabes que no es eso, Drake. No quiero que Raine vuelva a odiarme. Y menos hoy.

—Tranquila. Ya me encargo yo de decirle a Scarlett que no ha pasado nada —dijo Drake. Sonrió traviesamente—. O igual debería largarme ahora, antes de que se despierte.

—¡Ni se te ocurra! —exclamé, y le di un manotazo en el pecho.

—¿Queréis bajar la voz de una vez, tortolitos?

La voz ronca de Scarlett me hizo dar un respingo.

—No ha pasado nada —balbuceé mientras me acercaba a su cama.

—Sí, sí, lo que tú digas —murmuró. Se tapó la cabeza con la almohada y se dio la vuelta—. Me queda media hora de sueño y pienso aprovecharla.

—Vale, perdón —susurré. Me alejé de puntillas y empujé a Drake para que se levantara del sofá—. Ya la has oído: deja descansar a la pobre chica.

Drake recogió la mochila y se dirigió tranquilamente hacia la puerta con una sonrisa pícara.

—Nos vemos pronto, señoritas.