Capítulo 9
Las semanas siguientes pasaron en una vorágine de clases, entrenamientos y un par de misiones.
A veces iba en piloto automático, cumpliendo con todo por pura inercia, pero cada día me encontraba mejor y más fuerte.
A esa etapa la llamé la VDR: la vida después de Ryder.
Antes había estado la VCR, la vida con Ryder, pero me obligué a dejar atrás aquella etapa, que había sido feliz a ratos.
Había asumido que él no iba a volver y debía seguir adelante.
—¿Luna?
—¿Eh?
Levanté la vista hacia la señora Mikalson. La atractiva súcubo seguía trayéndome recuerdos que prefería no tener de mi antiguo instructor. ¿Habría vuelto a saber algo de él?
—Te he dicho que me gustaría hablar contigo después de clase.
—Ah, vale —farfullé. Todavía seguía un poco en las nubes. Recogí la mochila y me despedí de Cinder con la mano—. Nos vemos a la hora de comer.
—Pero no tardes mucho, que me muero de hambre.
Raf apareció pasando un brazo por los hombros de mi mejor amiga, y Cinder esbozó una sonrisa grande y expresiva. Ya no había ninguna prisa. Seguro que en algún momento acabarían desviándose a la habitación de él para darse unos buenos besos antes de comer.
De repente, sentí una punzada de celos. Me alegraba mucho por mi amiga, pero yo también quería lo que ella y Raf tenían.
Hasta ahora, mi historial con los chicos de Darkhen había dejado bastante que desear y, con todo lo que había pasado, había tomado la decisión de mantenerme alejada de ellos una temporada.
¿Igual ya iba siendo hora de volver al ruedo?
De un momento para otro, la señora Mikalson me hizo un gesto para que me acercara mientras me colgaba la mochila al hombro. Últimamente no había prestado mucha atención a Historia de los Demonios. Esperaba que no fuera a decirme que iba camino de suspender.
—¿Qué pasa? —pregunté al llegar a su escritorio de caoba.
—Ahora tienes entrenamiento con Calliope, ¿no?
—Sí, después de comer. ¿Por qué?
—Quería hablar con Cillian, pero hoy no está por el campus. A lo mejor puedes decirle a vuestra nueva instructora lo que he averiguado. No parece que le caiga muy bien.
Tuve que contener una sonrisa. De repente, Calliope me cayó un poco mejor.
—Claro. ¿Qué pasa?
—Todavía tengo algunos amigos en el Inframundo y se oyen rumores de que pronto va a pasar algo importante en el mundo humano.
En realidad, Luxora había estado sorprendentemente tranquila durante estas últimas semanas.
Las misiones que nos habían asignado habían sido escaramuzas sin mucha importancia, nada que ver con lo del Madison Square Garden o Washington D.
C. Tenía todo el sentido del mundo que hubiera pasado desapercibida mientras preparaba algo gordo.
—¿Se sabe algo más? —pregunté.
La señora Mikalson apretó el libro de texto contra el pecho.
—De momento, nada concreto, pero mis amigos están en ello —dijo—. Espero poder conseguir una ubicación, por lo menos.
—Perfecto, gracias. Se lo diré a Calliope.
Me di la vuelta para irme, pero me quedé clavada en el sitio. Aquello iba totalmente en contra de las normas de la VDR, pero aun así las palabras se me escaparon.
—Una duda, señora Mikalson... ¿has sabido algo de Ryder últimamente?
Negó despacio con la cabeza. Una sombra de tristeza le cruzó el rostro.
—No, Luna. Hace ya mucho tiempo.
Asentí, trasteando con la correa de la mochila.
—Gracias de todas formas. Hasta mañana.
Conforme iba avanzando por los pasillos llenos de gente, no podía quitarme a Luxora de la cabeza.
Ya me costaba bastante no pensar en Ryder todos los días, pero cada vez que salía el nombre de su hermanastra, era misión imposible.
Todavía seguía sin entender por qué aún no había hecho nada.
Habían pasado meses desde el intento de secuestro.
¿Acaso habían cambiado las visiones de su oráculo? ¿O a qué estaba esperando exactamente?
Cuando entré en el salón de banquetes, Cinder se levantó de un salto y me hizo señas para que fuera a nuestra mesa.
Desde que ella y Raf se habían hecho oficialmente pareja, el Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales había ganado una integrante extraoficial.
A mí me venía genial, porque significaba pasar más tiempo con mi mejor amiga dragona y no tener que seguir ocultándole cosas.
Me dejé caer en el asiento a su lado. Sus labios rosados e hinchados dejaban bastante claro lo que habían estado haciendo ella y Raf.
—¿Qué te ha dicho la señora Mikalson? —preguntó al meterse una patata frita en la boca.
—Más rumores sobre otro posible ataque al mundo humano.
Bajé la voz para que solo nos oyéramos en la mesa. Todas las miradas se clavaron en mí.
—¿Te dijo algo más concreto? —preguntó Drake.
—Aún no, pero está en ello. Se trata de Luxora...
—Hay que parar a esa loca de la guerra —dijo Cinder—. ¿No podéis ir a por ella o algo así?
No pude evitar sonreír. Llevaba meses diciendo justo lo mismo. Por culpa del señor oscuro, Ash había muerto; ella y sus secuaces habían intentado secuestrarme y, aunque no sabía muy bien cómo, tenía la extraña sensación de que también estaba manipulando a Ryder.
—No se puede hacer así como así —dijo Raf mientras masajeaba el hombro de Cinder—. Bajar al Inframundo para buscarla sería demasiado arriesgado, y de todas formas no ha vuelto a aparecer por Azar desde el baile del semestre pasado, cuando vino a por Luna.
—¿Y por qué no ha vuelto a por ella? —preguntó Raine, con gesto irónico.
—Raine... —murmuró Drake.
—¿Qué? No digo que quiera que lo haga; solo me pregunto por qué no ha vuelto.
—Tiene razón —intervine—. Yo también llevo tiempo dándole vueltas a eso.
—Entonces quizá podamos encontrar la manera de hacerla salir.
Zephyr se inclinó hacia delante y se pasó una mano por la cabeza rapada. Los ojos verde musgo de Raine se clavaron en mí.
—Bueno, sabemos qué... o, mejor dicho, a quién quiere.
—No podemos usar a Luna como cebo —dijo Drake.
—¿Y por qué no? —replicamos Raine y yo a la vez.
Nunca pensé que estaríamos de acuerdo en algo, pero las cosas habían mejorado un poco entre nosotras.
—Porque es demasiado arriesgado.
Aeria puso los ojos en blanco.
—Ya empiezas a sonar como Ryder —espetó—. Todo es demasiado arriesgado cuando se trata de la dichosa mestiza.
—¡Oye! —protesté.
Aeria se encogió de hombros.
—Lo siento, pero es que es así —dijo—. Todos queremos ver a Luxora muerta, ¿no? Pues igual ha llegado el momento de hacer algo de verdad.
—Yo me apunto —dije. Recorrí con la mirada los ocho pares de ojos que me rodeaban—. Llevo diciendo desde el primer día que deberíamos ir a por ella. ¿Quién más se apunta?
Todo el equipo asintió, salvo Drake. Seguía con esa expresión suya de siempre, indescifrable.
—Cillian no lo aprobaría ni de broma —resopló al cabo de un momento.
—Entonces igual no hace falta decírselo.
—¿Y cómo la atraeríamos? —preguntó Triston.
Una idea me vino de golpe.
—La señora Mikalson me ha dicho que aún tiene contactos en el Inframundo —dije—. Igual podemos tirar de ellos para hacer correr nuestros rumores. A lo mejor ya va siendo hora de que planee una visita en solitario al mundo humano... y que, por lo que sea, Luxora se entere.
—No lo veo claro... —murmuró Drake.
—Yo estoy con Drake —dijo Cinder—. Por muchas ganas que tenga de acabar con esa loca, usar a Luna como cebo me parece muy peligroso.
—Por eso no formas parte del equipo —soltó Raine.
Raf le lanzó una mirada fulminante. Nunca habría imaginado que el apacible nefilín pudiera mirar así a alguien. Raine se removió incómoda en el asiento.
Rodeé a mi mejor amiga con un brazo y le di un apretón.
—Gracias por preocuparte por mí —le dije—, pero estas cosas forman parte de nuestro trabajo. Es lo que tiene estar en el escuadrón.
—Sigo sin ver bien hacer esto sin que Cillian, Calliope o Logan lo sepan —insistió Drake.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan santurrón? —preguntó Scarlett, que, como de costumbre, había permanecido callada durante toda la conversación.
—Drake tiene razón —intervino Triston—. Uno al menos debería saber lo que tramamos.
—Yo puedo hablar con Logan —me ofrecí.
De los tres, era el que más papeletas tenía para aceptar seguirnos en aquel plan tan loco. Además, confiaba en tirar de su amistad con Ryder como argumento de peso. Tenía la corazonada de que, si encontrábamos a Luxora, daríamos con el demonio desaparecido.
—Vale —dijo Drake—. Dediquemos unos días a preparar bien el plan antes de lanzarnos.
Todos estuvieron de acuerdo, cosa que me dio esperanza.
Que hubiera empezado la VDR no significaba que no pudiera ayudar a Ryder.
Después de todo lo que me había contado sobre su lucha por mantener a raya a su demonio, sabía que jamás habría querido acabar dominado por él.
Como mínimo, le debía eso. Puede que Ryder y yo ya no tuviéramos ningún futuro juntos, pero eso no significaba que pudiera dejarlo a merced de la oscuridad.