Capítulo 8
Mientras mi padre y yo recorríamos el pasillo, nos cruzamos con una de las chicas feéricas del harén de Drake. Electra era esbelta y preciosa, con una melena rosa y sedosa que le caía por debajo de los hombros. Mi padre hizo un gesto con los dedos hacia ella.
—Tú, ven con nosotros.
Unas chispas diminutas, de color lavanda, brotaron de sus dedos y la expresión de la chica se quedó en blanco. Se dio la vuelta y nos siguió sin decir ni una palabra.
—¿Qué le estás haciendo a Electra? —susurré.
—Ahora lo verás.
Ya fuera, le dio un toquecito en la frente y la chica feérica se desplomó en sus brazos. Respiraba despacio y de forma regular, y sonreía plácidamente.
—Un regalito para ti.
Garrix me la tendió. Negué con la cabeza y se la devolví de un empujón.
—¿Pero de qué hablas?
—¡Venga, sé libre! Métete en su cuerpo y haz lo que te dé la gana durante unas horas —dijo Garrix—. No tienes por qué seguir siendo Luna Hallows cuando puedes ser quien quieras.
Aquellas palabras me erizaron la piel. Para colmo, noté cómo mi esencia pedía a gritos salir. El corazón empezó a latirme más rápido ante aquella idea tan loca.
—Cillian me matará si se entera de que he poseído el cuerpo de otra estudiante.
—Pues que no se entere —sonrió Garrix, haciendo un gesto hacia los establos mientras Electra seguía dormida entre sus brazos—. Podemos dejar tu cuerpo con tu unipeg. Llévate este a dar una vuelta y ya verás cómo te sientes mucho mejor.
Me abracé a mí misma.
—Esto es una locura.
El móvil de Garrix empezó a vibrar y los dos miramos hacia el bolsillo de su chaqueta. Cuando lo sacó y leyó el mensaje, frunció el ceño.
—Lo siento, Luna, pero me parece que tengo que irme —dijo. Volvió a acercarme a la chica—. Bueno, ¿vas a hacerle caso a tu padre o no?
Poco a poco, notaba cómo mi esencia empezaba a relajarse. Todo el peso que llevaba dentro parecía querer soltarse, escapar de aquel cuerpo y de toda su miseria. Cogí a Electra, todavía dormida, de los brazos de mi padre, algo que le hizo sonreír de una manera maliciosa.
—¡Pásatelo bien, Luna!
Con un giro de muñeca abrió un portal en medio del inmenso manto blanco que nos rodeaba. Se despidió con la mano y desapareció en el vórtice.
Para lo delgada que era, Electra pesaba más de lo que esperaba. No había forma de arrastrarla hasta los establos, así que opté por un armario de la planta baja. Al menos allí mi cuerpo estaría calentito y no correría el riesgo de acabar pisoteado por un Zeus vengativo.
Apoyé a Electra contra la puerta cerrada y me senté a su lado.
Un cosquilleo me recorrió la piel mientras el calor me invadía por dentro.
El chasquido de un lazo al romperse me hizo dar un respingo.
Pasó enseguida. Mi esencia se desprendió de mi cuerpo, flotó sobre él y se metió en el de la chica feérica.
En cuanto ocupé su cuerpo esbelto, me sentí ligera. Libre.
Fui acomodándome hasta ocupar cada rincón de su cuerpo.
Era una feérica de Invierno, como Drake.
Su magia se mezcló con la mía. Aquella chica no tenía ni una preocupación en el mundo.
Había crecido con lujos; sus padres eran un lord y una dama de alto rango de la Corte de Invierno.
No era raro que estuviera pendiente de cada palabra del príncipe.
Una campana anunció el final de las clases mientras cruzaba el vestíbulo principal. Los estudiantes salían en masa de las aulas, y yo iba con mil ojos por si aparecía algún amigo de Electra. Lo último que me hacía falta era que descubrieran que estaba en su cuerpo.
Subí las escaleras a toda prisa hasta el quinto piso para buscar a Cinder.
Había pasado un montón de veces por mi habitación en los últimos días.
Sabía que estaba preocupada por mí y quizá pudiera tranquilizarla.
O quizá no. Aunque mi mejor amiga sabía que podía poseer cuerpos, nunca me había visto hacerlo tal cual.
No quería darle un susto. Me quedé dudando un momento, dando vueltas por el vestíbulo del quinto piso. Venga, voy a hacerlo .
Doblé la esquina y, según lo hice, me estampé de frente con Drake y Zephyr. Los dos me agarraron por los brazos para que no me cayera, mientras notaba cómo me ponía roja. Joder . Si había alguien capaz de darse cuenta de lo que estaba haciendo, ese era Drake.
—¿Te has perdido, Electra? —preguntó Drake con una sonrisa.
—Sí, el piso de los feéricos está dos plantas más arriba —añadió Zephyr.
No había tratado demasiado con la chica feérica, pero sabía que era una coqueta de cuidado, sobre todo cuando se trataba del príncipe.
—Te estaba buscando, Drake.
Me enrosqué un rizo rosa alrededor del dedo y pestañeé despacio. Drake me miró con cara divertida y luego se volvió hacia Zephyr.
—Sí, ¿por qué no? Después del día que llevo... Nos vemos luego, cambiaformas.
Joder . Eso no era lo que tenía que pasar. Drake me puso una mano en la parte baja de la espalda y noté un cosquilleo de energía bajo sus dedos. Levantó la vista hacia mí un instante y frunció aún más el ceño. Sacudió ligeramente la cabeza y me guio hacia las escaleras.
El corazón me latía a mil mientras subíamos.
No podía apartar la vista de mis pies. ¿Y si me reconocía de alguna forma?
Abrió la puerta de su habitación y me dejó pasar.
Me miraba con los ojos entrecerrados. En cuanto la puerta se cerró a nuestra espalda, avanzó hacia mí despacio, con un aire que parecía casi depredador.
Vi unas chispas lilas brillando en sus ojos.
Me mordí el labio inferior mientras se acercaba, con los nervios a flor de piel.
—Bueno... ¿te apetece ver una peli o algo? —pregunté.
Drake soltó un quejido, con un aire sarcástico.
—Si así es como quieres llamarlo, Electra…
Hizo un gesto con la muñeca hacia la tele grande, que se encendió al momento, sin apartar la mirada de mí.
Oh, no. No, no, no. ¿Drake tenía algo con Electra?
Mis pantorrillas dieron contra el borde de la cama cuando terminó de acercarse.
Me rodeó la cintura con un brazo y sus labios se plantaron sobre los míos.
Todo mi cuerpo se tensó al notar aquellos labios desconocidos y el frío del príncipe.
Pero fue un segundo. Al instante siguiente, era el cuerpo de Electra el que respondía al suyo, devolviéndole el beso y enredando los dedos en su pelo.
Era el cuerpo de Electra. No el mío. O, al menos, eso era lo que no paraba de repetirme.
Después de unos minutos que me dejaron sin aliento, Drake se apartó y me miró con gesto inquisitivo.
Me empujó con suavidad hasta tumbarme en la cama y me quedé paralizada cuando su cuerpo se inclinó sobre el mío.
Volvió a besarme, esta vez con una suavidad que no había tenido el primer beso.
Tenía la cabeza hecha un lío y la culpa me oprimía el pecho.
¿Qué estoy haciendo? Pero no podía parar…
¿O es que, en el fondo, no quería? Los labios de Drake bajaron por mi cuello, dejando un rastro de besos hasta la clavícula.
Al final soltó un leve gemido ronco y se incorporó de golpe.
Me clavó aquellos ojos lila, fríos como el hielo.
—¿Y hasta dónde pensabas dejar que llegara esto, humana?
Me incorporé y aparté a Drake de un empujón, mientras él esbozaba una media sonrisa en los labios. Aquellos labios que, hacía apenas un segundo, me habían recorrido la piel.
—¿Sabías que era yo desde el principio?
—Claro, desde el momento en que te toqué. Estamos conectados, ¿o lo habías olvidado?
Noté cómo me ardían las mejillas. Estaba segura de haber batido un récord en tonos de rojo.
—¿Y por qué yo nunca puedo sentirte? —balbuceé.
Probablemente no era la pregunta más brillante que había hecho, teniendo en cuenta que acababa de besar al príncipe usando el cuerpo de otra chica.
—Porque sé cómo bloquearte... a ti y a todos los demás.
Raine tenía razón. Me crucé de brazos y me sentí muy expuesta dentro de la piel de Electra.
—Si sabías que era yo, ¿por qué me besaste?
Se encogió de hombros.
—Tenía curiosidad por saber qué te traías entre manos. Llevabas días como un zombi y me has pillado desprevenido. Y luego, como no me apartaste, quise ver hasta dónde llegarías.
Se me escapó un quejido. Aquello era increíblemente vergonzoso. Drake ladeó la cabeza mientras se echaba hacia atrás un mechón platino que le había caído sobre la frente.
—Yo debería hacerte la misma pregunta —dijo—. ¿Por qué me seguiste el beso?
Me abracé las piernas contra el pecho, resistiendo las ganas de hacerme un ovillo. Desde luego, esta no era una conversación que quisiera tener con el príncipe de hielo.
—No lo sé... —murmuré— Supongo que quería perderme un rato en el cuerpo de otra.
—Podrías haberte perdido en el mío cuando quisieras —soltó Drake, sonriendo de una forma muy pícara—. Solamente tenías que pedirlo.
Le di un puñetazo en el hombro, y él soltó una risita.
—No me refería a eso —murmuré.
Cruzó las piernas y se volvió un poco más hacia mí.
—Escúchame, Luna. Sé que has estado pasando por mucho últimamente. Puede que no entienda esto de poseer cuerpos, pero, si te ayuda a sentirte mejor, lo respeto —dijo Drake, asintiendo con la cabeza—. Eso sí, la próxima vez, procura hacerlo fuera del campus.
Asentí sin levantar la vista de mis dedos, fuertemente entrelazados.
—Me alegra verte por fin fuera de la cama... bueno, de la tuya, al menos —añadió Drake, haciendo una pausa mientras pasaba una mano por el edredón—. ¿Estás mejor?
Por fin alcé la mirada.
—Creo que sí —dije—. Gracias por tomártelo tan bien. Me da mucha vergüenza, así que te agradecería que esto se quedara entre nosotros. Cillian me va a matar si descubre que voy por ahí metiéndome en el cuerpo de otros estudiantes.
—Sí, ya me lo imaginaba.
Drake se levantó y fue hasta el armario. Desapareció unos segundos entre la ropa. Por el ruido, estaba claro que se estaba quitando el uniforme. Cuando salió con una camiseta y unos vaqueros, no pude evitar recorrer con la mirada todos sus músculos tonificados.
Para colmo, me dedicó una sonrisa en lugar de su típica expresión de superioridad.
—¿Por qué eres tan amable conmigo, Drake?
Se encogió de hombros.
—¿Lo soy?
—Pues sí. Me has ayudado casi desde el primer día que llegué a Darkhen.
Incluso cuando se suponía que me odiabas —dije—.
Te has tirado horas entrenándome, y nunca noto mi magia tan fuerte como cuando está cerca de la tuya.
Ni siquiera habría ganado la carrera de unipegs del semestre pasado sin tu ayuda.
Y, sobre todo... has sido un amigo para mí.
Drake me observó con curiosidad.
—No irás a intentar abrazarme ahora, ¿verdad?
Negué con la cabeza, sonriendo.
—Ven —Drake me tendió la mano para ayudarme a levantarme—. Vamos a devolverte a tu cuerpo y luego bajamos al comedor a cenar algo. Es raro hablar contigo así.
Dejé que me cogiera de la mano y me sacara de la habitación. Me aguanté una risita mientras recorríamos el pasillo y soportábamos las miradas curiosas de una docena de chicas.
Quizá nunca llegaría a entender del todo al príncipe. Pero, de momento, podía vivir con ello.