Demonios (Academia Darkblood 3) Capítulo 2
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Capítulo 2

Las agujas en espiral de la Academia Darkhen aparecieron en el horizonte dorado y se me cortó la respiración.

Apreté con fuerza las riendas de cuero mientras el dragón esmeralda empezaba su lento descenso.

Las ráfagas de aire helado que levantaban las alas membranosas de Flare, transformado en dragón, me azotaban la nariz y las mejillas, y un escalofrío me recorrió la espalda.

Hacía una o dos semanas que las heladas invernales por fin habían dado una tregua a Draeko, dejando paso a un aire primaveral.

Y ahora volvíamos a la gélida Corte de Invierno, lo que significaba enfrentarme a otro año de frío interminable.

Agárrate bien .

La voz de Flare, transformado en dragón, resonó en mi cabeza.

Después de semanas conviviendo con la familia de mi mejor amiga, seguía sin acostumbrarme a oír sus voces cada vez que se transformaban.

K.J. me había hablado de la comunicación mental bidireccional que compartía con Fenix por ser su compañera.

Seguro que, en algunos momentos, resultaba muy útil, pero también me parecía demasiado invasiva.

Al otro lado, Cinder, transformada en dragón, volaba a nuestro lado, con sus escamas anaranjadas iluminadas por el sol poniente.

Saludé a mi amiga con la mano mientras seguíamos descendiendo hacia la academia.

Después de las vacaciones de invierno, viajar a lomos de un dragón se había vuelto de lo más normal para mí.

Flare y Cinder me habían llevado a recorrer todos los lugares turísticos de Azar.

Había podido explorar Celestia, el reino de los ángeles; Maginaria, donde ya había estado unas cuantas veces con mi padre brujo; las Cortes de Verano y Primavera del reino feérico, por las que Drake nos había llevado de paseo, e incluso fui a visitar a Scarlett, mi compañera de habitación vampira, a Nocturnis, que, por cierto, estaba siempre envuelta en oscuridad. Increíble.

A lo largo de este tiempo, habían llamado dos veces al escuadrón de supes para enfrentarse a unos cuantos demonios en el mundo humano.

Bueno, en realidad habían sido más, pero yo me había negado a participar en las primeras.

No me parecía bien mientras Ryder estuviera desaparecido.

Además, Raine estaba bajo arresto domiciliario por ser cómplice del intento de secuestrarme, así que, en cualquier caso, el equipo no estaba precisamente completo.

Raine insistió en que no tenía ni idea de que Desmond trabajaba con Luxora cuando me sacó del baile.

Cuando él se le acercó, le dijo que solo quería pasar un rato a solas conmigo.

Juró que no sabía que Luxora estaba metida en todo aquello y que nunca antes había colaborado con ella. Yo no lo tenía tan claro.

Des, por su parte, estaba en la cárcel de supes.

Lo había detenido la Agencia de Inteligencia Sobrenatural y lo habían llevado ante la Asamblea de Etrian para juzgarlo.

Pasaría los próximos veinte años entre rejas por conspirar con el señor oscuro del Inframundo.

Una parte de mí sentía lástima por él… Una parte muy pequeña.

Un día era humano y, al siguiente, un vampiro atrapado en la telaraña de una demonio seductora.

Dejé de pensar en el pasado y volví al presente al notar una fuerte sacudida.

Me dio un vuelco el estómago. De repente, las garras de Flare habían tocado el suelo cubierto de nieve.

Las torres de la Academia Darkhen se alzaban ante nosotros mientras me bajaba del enorme dragón, con las bolsas colgadas de los hombros.

Me acordé del año anterior, cuando acababa de llegar a la academia.

Aquellas imágenes pasaron por mi mente a toda velocidad.

Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo que apenas era capaz de asimilarlas.

Una neblina dorada se arremolinó a mi alrededor, y me giré para ver a Flare y a Cinder convertidos en humanos, otra vez.

Estaban completamente desnudos. Por suerte, durante los últimos meses ya me había acostumbrado bastante a aquella desnudez y apenas me puse roja.

Les lancé una de las bolsas y, segundos después, reaparecieron totalmente vestidos.

Flare silbó mientras contemplaba el edificio principal de la academia en toda su magnitud.

—Vaya, Cin, y yo que sentía pena por ti cuando me enteré de que mamá y papá te mandaban a un internado mágico. Este sitio es incluso más bonito que Skye Lair.

Cinder le dio un manotazo en los abdominales de acero.

—Sí, bueno, quizá si hubieras venido a visitarme, aunque solo fuera una vez el año pasado, la pena te habría durado un poco menos.

—Perdón —dijo Flare, frotándose la nuca—. Fenix asumió el puesto de alfa y tuve que ponerme las pilas en el consejo.

—Sí, claro. Olvidas que Fenix sí se mantiene en contacto conmigo. Me contó que te pasaste todo el año tonteando con esa chica Firestone. Estuve todas las vacaciones esperando que la trajeras a casa para poder conocerla.

—¿Firestone?

El nombre me sonaba, pero no lograba ubicarlo.

—Es la familia de Zephyr. Creo que la nueva chica de Flare es su prima o algo así.

Me planté las manos en las caderas y miré a Flare de arriba a abajo.

—¿Tienes novia y no nos dijiste nada en todo el invierno?

Flare se encogió de hombros.

—Es más una amiga que una novia. Además, estoy hablando con los productores de Hitched . Quieren que sea el próximo soltero. No puedo comprometerme con nadie ahora mismo.

Se me escapó una carcajada.

—Serías un soltero increíble, Flare.

Se inclinó en una reverencia teatral.

—Gracias, señorita.

—¿Vas a entrar un rato? —dijo Cinder, ladeando la cabeza hacia su hermano.

—¿Una academia llena de estudiantes sobrenaturales atractivas? Venga, va.

Flare nos guiñó un ojo, recogió nuestras bolsas y echó a andar por el sendero nevado. A todo esto, mi mejor amiga puso los ojos en blanco y entrelazó su brazo con el mío.

—¿Lista?

—Tan lista como la primera vez que llegué aquí.

Después de dejar a Cinder en el quinto piso, subí con paso pesado hasta la planta de los feéricos, cargando las bolsas al hombro.

Flare había insistido en echarme una mano, pero le dije que no.

Conforme subía los escalones, empecé a replantearme mi decisión.

Los dos meses sin rutina de entrenamiento constante me habían pasado factura y notaba los músculos flojos.

Ryder se habría puesto hecho una furia. Lástima que no estuviera aquí.

Me tragué el nudo que tenía en la garganta.

No pensaba ponerme a llorar cuando apenas llevaba unos segundos de vuelta en la academia.

Doblé la esquina hacia los dormitorios del séptimo piso y me encontré con un pasillo en silencio.

Supuse que, como los seres feéricos vivían tan cerca, apurarían hasta el último momento para volver.

Mientras arrastraba los pies hasta mi habitación, me pregunté si Scarlett o las demás ya habrían vuelto.

Me daba miedo volver a ver a Raine. Seguro que encontraría la forma de darle la vuelta a su traición para odiarme aún más.

Cuando llegué a mi dormitorio, la puerta estaba entreabierta.

Dejé las bolsas de equipaje en la entrada y asomé la cabeza.

—¿Scarlett? ¿Estás ahí?

Di un paso más y abrí la puerta de par en par mientras una ráfaga de aire frío me erizaba la nuca. El olor a sándalo y almizcle llenó la habitación, y el corazón se me paró.

—¿Ryder?

Recorrí la habitación a toda prisa, incluido el baño y los armarios, pero no había nadie.

Mi corazón volvió al pozo oscuro en el que llevaba meses refugiado.

Entonces, sonó un golpe y me di la vuelta rápidamente.

La ventana se había abierto de repente. Me apresuré a cerrarla, apartando la cortina y mirando la nieve recién caída en busca de huellas, una sombra, cualquier cosa.

Me reprendí por hacerme ilusiones y negué con la cabeza.

No está aquí, Luna. Se ha ido .

—¿Ya has vuelto?

Me giré al oír aquella voz tan familiar y, casi sin darme cuenta, se me dibujó una sonrisa enorme. Un momento después, ya estaba abrazando al príncipe de hielo. Este se quedó tieso durante unos cuantos segundos, hasta que, poco a poco, dejó de estar tan tenso.

—Si llego a saber que me ibas a echar tanto de menos, igual me habría pasado más por aquí en vacaciones.

Lo solté y di un paso atrás.

—No, no lo habrías hecho.

Su mirada lila, fría como el hielo, me recorrió con un leve brillo divertido en los ojos.

—Probablemente no.

—¿Acabas de llegar?

Ni siquiera me había fijado en el atuendo principesco de Drake cuando entró.

Llevaba una chaqueta de uniforme azul claro, de cuello alto, que le marcaba los hombros anchos.

Tenía varias medallas prendidas en el pecho.

Con aquel uniforme parecía mayor y, desde luego, muy regio.

La imagen de su hermano, Elrian, el rey feérico, me cruzó la mente un instante.

—Sí —Drake hizo un gesto hacia su ropa; debió de notar que me había quedado mirándola—. Hubo una pequeña celebración en la Corte de Invierno por mi marcha.

—Seguro que estaban encantados de perderte de vista, ¿no?

Las comisuras de sus labios se tensaron, pero se contuvo y no llegó a sonreír.

—Tengo que admitir que no creía que fuera posible, pero puede que sí te haya echado de menos, humana. Tus constantes intentos de sacarme de quicio me suponen un reto que no suelo encontrar en la Corte de Invierno… ni en ningún otro sitio, la verdad.

—Encantada de servirle, su alteza —dije. Arrastré las bolsas de equipaje hasta el armario mientras Drake me miraba con una sonrisa divertida—. ¿Han vuelto ya los demás?

—Triston y Zephyr estaban deshaciendo las maletas cuando llegué —me explicó—, pero no he visto ni a Raf ni a las chicas.

Me volví hacia él tras colgar unas cuantas prendas. Le había dado vueltas al tema de Raine. Con todo lo que tenía encima, prefería no enfrentarme a nuestro primer encuentro sin saber muy bien a qué atenerme. Por eso me animé a hacerle la pregunta que me rondaba:

—¿Has hablado con Raine durante las vacaciones?

Bajó la mirada.

—Un par de veces.

—¿Y?

Intenté que me mirara a los ojos, pero, por lo visto, mi magia aún no daba para tanto.

—Ya sabes cómo es Raine.

—¿Me culpa de que la tuvieran castigada en casa durante las vacaciones de invierno?

Un intenso destello lavanda brilló en los iris de Drake.

—¿Culparte a ti? —espetó— Casi consigue que te maten.

Eché la cabeza hacia atrás por la dureza de su tono.

—Cillian dijo que ella no tenía ni idea de lo que Des estaba tramando.

Soltó un bufido y se cruzó de brazos.

—Raine será muchas cosas, Luna, pero tonta no es. Puede que no supiera qué estaba pasando ni que Luxora estuviera metida en esto, pero sabía que algo no iba bien.

Volví a sacar cosas de la bolsa de equipaje que tenía abierta, con la esperanza de dejar de darle vueltas al tema. Quería creer que Raine no sabía nada. Ella y yo habíamos empezado a acercarnos y ya estábamos otra vez en el punto de partida. No, era incluso peor que eso.

Dejé el resto de la ropa en la bolsa y me giré de golpe hacia el príncipe.

—¿Sabes? Todo esto es culpa tuya.

Por una vez, Drake pareció arrepentido. Noté un remordimiento sincero en su rostro.

—Lo sé.

Aquello no me lo esperaba. Toda la rabia se esfumó de golpe y sentí cómo se me aflojaba la tensión que llevaba dentro. Drake me lanzó una de esas miradas intensas tan suyas.

—Nunca te habría besado de haber sabido los problemas que iba a causar entre todos nosotros —confesó—. Lo último que quería era ponerte en más peligro.

El silencio entre los dos rozó lo incómodo, así que me volví otra vez hacia el armario.

—Toc, toc. ¿Se puede?

Asomé la cabeza desde el armario y vi a Scarlett entrando a duras penas por la puerta, empujando un carrito de equipaje.

—Madre mía, ¿cuántas cosas te has traído?

Corrí a abrazar a mi compañera de habitación vampira.

—Bah, solo me llevé una maleta. Todo esto son cosas nuevas que pillé de vacaciones.

La miré con expresión sarcástica. Scarlett no se parecía en nada a Cinder o Raine, con sus armarios del tamaño de un centro comercial.

—¿Y qué llevas ahí exactamente?

Los ojos oscuros de Scarlett chispearon; un anillo carmesí rodeaba sus iris.

—Armas.

Drake se acercó y empezó a abrir baúles y estuches. Ante nosotros teníamos un montón de espadas, dagas y otras armas de metal reluciente. El príncipe de hielo sonrió.

—Impresionante.

—Pensé que las necesitaríamos contra Luxora y sus demonios —dijo Scarlett—. Hasta Carmen Rosa parecía preocupada antes de irme. Algunos de los clanes de vampiros se han pasado al otro bando, a pesar de todos sus esfuerzos por mantenerlos bajo control.

—Entonces es una suerte tenerte con nosotros.

Intenté mantener la sonrisa, pero notaba muchísima ansiedad en el estómago. Había pasado los dos últimos meses en la burbuja segura de Skye Lair, y ahora estaba de vuelta en la realidad. Una realidad en la que el señor de la guerra del Inframundo me quería ver muerta.

—Entonces, ahora que Ryder se ha convertido del todo en un demonio, ¿se sabe quién se va a encargar de nuestro entrenamiento? —preguntó Scarlett.

Sus palabras me atravesaron como un cuchillo. Drake dio un paso hacia mí y me puso una mano en el hombro. Fue un gesto mínimo, pero evitó que me viniera abajo.

—Cillian dijo que los conoceríamos a primera hora de la mañana.

—¿Los? ¿En plural?

Fruncí el ceño. Drake se encogió de hombros.

—Eso es todo lo que sé.

Todos habíamos dado por hecho que Logan sería quien tomara el relevo. Llevaba años entrenando a sus equipos de gárgolas, pero, a diferencia de Ryder, no tenía magia. ¿Quizá por eso nos pondrían a un segundo entrenador?

Supuse que lo averiguaríamos al día siguiente.