Capítulo 3
Los ocho estábamos alineados contra la pared del fondo de la sala de entrenamiento cuando entraron Cillian, Logan y una morena espectacular.
Solo necesité un segundo para darme cuenta de que era un ángel.
El rostro perfecto, la figura estilizada y sus ademanes elegantes la delataban como una de los Hijos del Cielo.
Era justo lo contrario de la idea que me había hecho de nuestro nuevo instructor.
—Bienvenidos de nuevo, equipo —Cillian dio un paso al frente y extendió las manos—. Espero que hayáis descansado y que estéis listos para volver al modo combate.
Algunos chicos soltaron gritos de entusiasmo, pero yo ni siquiera pude disimular.
—Sé que seguir adelante sin Ryder va a ser difícil para todos —dijo Cillian—. Creedme, para mí también lo es. Y me temo que la cosa solo va a ir a peor.
Mi mirada se clavó en la suya. Él siguió hablando.
—Como la mayoría sabe, Logan y yo pasamos casi todas las vacaciones buscando a Ryder sin éxito. Lo que quizá no sepáis es que lo han visto con Luxora varias veces.
Se me heló la sangre.
No. No puede ser.
—Ryder pasó muchos años luchando contra su demonio interior y, por desgracia, ahora mismo el monstruo está suelto. Es muy probable que nos lo encontremos en alguna de nuestras misiones. Nuestra tarea será capturarlo, cueste lo que cueste.
—¿Cueste lo que cueste?
Se me escapó en un chillido. Al hacer la pregunta, Logan asintió.
—Hay que detenerlo, Luna. Ha dejado un reguero de cadáveres desde la Corte de Invierno, pasando por Nocturnis, hasta Aquatica.
Haremos todo lo posible por capturarlo con vida, pero, si llega el momento…
—Cillian dejó la frase en el aire—. Ryder también es mi amigo.
Haremos lo que esté en nuestra mano para traerlo de vuelta sin recurrir a la violencia.
—Y por eso he traído a Calliope para que os eche una mano con el entrenamiento —Cillian señaló al ángel que tenía a su lado—.
Logan repartirá su tiempo entre vuestro entrenamiento y sus obligaciones en el Consejo de Guardianes Gárgola.
Calliope se incorporará al profesorado de Darkhen a jornada completa.
Además de entrenaros, también será la nueva profesora de Adivinación y Profecías.
Intenté centrarme en Cillian, pero sentía una presión en el pecho y me costaba respirar.
¿De verdad esperaban que fuéramos nosotros quienes acabáramos con Ryder?
Notaba que los ojos se me nublaban. Por las malas, si hace falta .
Me apoyé en la pared del fondo, agradecida por tener algo en lo que sostenerme, porque, si no, me habría venido abajo.
Calliope dio un paso al frente y sonrió, enseñando unos dientes perfectos. El uniforme deportivo negro se ajustaba a su figura atlética mientras se recogía la melena castaña en una coleta alta. Incluso sin desplegar las alas, parecía envuelta en un halo de luz dorada.
—Tengo muchas ganas de conoceros a todos y me gustaría empezar ya. Para romper el hielo, os cuento un poco sobre mí. Hace poco me gradué como la primera de mi promoción en la Academia Angelus.
Cillian la interrumpió.
—Para los que no estéis familiarizados con la academia de ángeles guerreros de Celestia, eso es todo un logro.
Las mejillas de nuestra nueva instructora se tiñeron de un rosa irritantemente perfecto mientras sonreía al director.
—Eres demasiado amable, Cillian —dijo, y se dirigió a nosotros—. Pero tiene razón. No os dejéis engañar por mi apariencia; os aseguro que sé manejar una espada.
—¿Y qué hay de la magia? ¿Dominas algún poder más?
La pregunta de Drake me sorprendió. Me alegré de no ser la única que dudaba de las habilidades de nuestra nueva instructora.
—Calliope ha pasado los últimos dos meses estudiando con el profesor Arcana —respondió Cillian, fulminando al príncipe con la mirada—. Domina distintos hechizos y conjuros, pero dejará gran parte de la magia en vuestras manos. Su especialidad, como Ryder, es combatir.
—Y, dicho esto, vamos a empezar —Calliope señaló la pared de armas—. Tengo entendido que Scarlett nos ha traído cosillas nuevas, así que empecemos por ahí. Y si normalmente usáis espada, hoy vas a probar algo distinto. Es un semestre nuevo y empezamos de cero.
Mientras el resto del equipo iba hacia la pared de armas, yo fui directa a por Cillian y Logan. Cogí al director del brazo, muy seria. Por lo visto, algo había aprendido del príncipe feérico.
—¿Podemos hablar un momento en privado?
Cillian miró el reloj y luego a la gárgola que tenía al lado.
—Primero tengo que comentar unas cosas con Logan —dijo—. Pásate por mi despacho cuando termine el entrenamiento.
—Pero…
El ángel me puso una mano en el hombro y la apretó.
—Es importante que volváis a entrenar todos juntos. Sé que acostumbrarse a que Calliope es vuestra nueva instructora llevará un tiempo, pero te aseguro que será para mejor —dijo con serenidad. Entonces me hizo darme la vuelta—. Nos vemos después de clase, Luna.
No pude decir nada más. Refunfuñando, fui a la pared de armas y cogí una ballesta. No era un arma con la que soliera practicar y, aunque en ese momento me apetecía luchar cuerpo a cuerpo, lo más sensato era mantener cierta distancia entre mi objetivo y yo.
Todas las flechas daban en el blanco. Al rato, ya ni usaba la magia para guiar los proyectiles.
Disparaba casi sin pensar mientras observaba de lejos a nuestra nueva instructora.
Entrenaba con espadas anchas junto a Zephyr y Triston.
Las garras afiladas de los dos cambiaformas eran sus armas naturales, así que rara vez entrenaban con hojas de acero.
—¿Qué te parece la instructora? —susurró Drake, colocándose a mi lado con un arco metálico de alta tecnología y un carcaj lleno de flechas.
Me encogí de hombros.
—Es pronto para saberlo. ¿Y a ti?
—Con la espada se defiende, eso está claro.
Graduarse la primera de su promoción en la Academia Angelus no es cualquier cosa; de ahí salen los mejores guerreros —dijo Drake con total sinceridad—.
Pero me sorprende que Cillian haya elegido a un ángel…
Bueno, en realidad tampoco tanto. Aunque Ryder no le contara todos los detalles de los asuntos más turbios, Cillian tenía que olerse algo.
No sé cómo va a encajar eso con la chica ángel.
Soltó una flecha, y el golpe seco resonó por toda la sala cuando se clavó en el blanco.
Durante todo el entrenamiento estuvimos disparando flecha tras flecha a buen ritmo y, al final, el corazón dejó de dolerme tanto.
Miré de reojo a Drake mientras tensaba el arco, con el bíceps en tensión contra la cuerda y la mandíbula apretada.
¿Cuándo había empezado a tranquilizarme su presencia?
Por primera vez en meses, fui sintiendo menos ansiedad.
—Cuesta un poco concentrarse cuando no paras de mirarme.
Drake me lanzó una mirada furtiva antes de soltar la flecha.
—No te estaba mirando —sonreí—; estaba fijándome en tu técnica.
Él soltó una carcajada.
—¿Y qué tal?
—No está nada mal para un príncipe de hielo tan estirado.
Solté otra flecha y noté cómo sus ojos de hielo se clavaban en mí.
—¿Cómo estás, de verdad, después de lo que ha dicho Cillian? —murmuró Drake al cabo de un momento— Sé que Ryder y tú erais muy cercanos.
El corazón volvió a darme un vuelco, pero me obligué a seguir como si nada.
—Tan cercanos como lo somos todos.
Esperaba que aquello hubiera sonado más convincente en voz alta que en mi cabeza.
Drake arqueó una ceja.
—Ya…
—¿Tú serías capaz? ¿Podrías matarlo si no quedara otra?
De todo el equipo, Drake era el más poderoso y el más despiadado. Sí, había visto facetas más tiernas de él, pero también sabía lo que escondía tras su fachada de hielo.
El príncipe hizo una mueca nerviosa.
—Si no hubiera más remedio, sí —asintió seriamente—.
No me daría satisfacción. Puede que Ryder y yo tuviéramos nuestras diferencias, pero era nuestro instructor y también nuestro amigo.
Es solo que, si al final fuera él o yo, o incluso cualquiera de vosotros…
—caviló, con sus ojos destellando al detenerse en mí— haría lo que hiciera falta.
—Venga, dejad la charla ya —Calliope apareció a nuestro lado, con las mejillas sonrosadas por el ejercicio.
Caminaba en camiseta de tirantes y pantalones cortos, dejando al descubierto unos brazos y piernas musculosos.
Al lado de ella, mis bíceps daban pena. Entonces señaló la zona donde todos estaban reunidos—. Venid con nosotros a la lona.
Colgamos los arcos y la seguimos. Me senté lo más lejos posible de Raine, dentro de lo que permitía la sala. De alguna manera, había logrado esquivarla toda la mañana.
—Bien, ahora toca un poco de combate cuerpo a cuerpo. Quiero ver qué habéis practicado este último año —dijo Calliope, echando un vistazo a la tableta. Enseguida empezó a nombrar a las parejas que lucharían entre sí. Finalmente, dijo—: Y, por último, Raine y Luna.
Una retahíla de palabrotas se me quedó en la punta de la lengua. ¿En serio? ¿Nadie le había contado a esta mujer lo que había pasado el año pasado?
—No me encuentro muy bien —murmuró Raine.
Giré la cabeza hacia ella. Nunca había visto a la bruja pelirroja echarse atrás ante un reto.
—Vamos a intentarlo —insistió Calliope con la cara tensa mientras señalaba la lona circular—. Si ves que no estás para ello, te quedas fuera el resto de la clase.
Raine se levantó de malas maneras y yo me puse en pie para acercarme a la lona central.
Me miró desde el otro lado del círculo. Sus ojos verde musgo echaban chispas.
Solo sentí lástima por ella un instante.
Entonces recordé todo lo que había dicho Drake.
Podrían haberme arrastrado al Inframundo y haberme matado.
Ella no tenía derecho a estar enfadada. Yo sí.
Calliope nos lanzó guantes y cascos mientras el resto del equipo se ponía alrededor. Nadie respiraba. La tensión de mis amigos espesaba el aire. La sentía en cada fibra de mi ser. Apenas me había puesto el equipo cuando la voz de nuestra instructora resonó con fuerza:
—¡Empezad!