Demonios (Academia Darkblood 3)
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Capítulo 1
Una brisa fría me apartó unos mechones de pelo rubio de la cara mientras mis pies colgaban del borde del precipicio.
Feliz cumpleaños número diecinueve para mí.
Inspiré hondo y el aire fresco me heló los pulmones.
Con los brazos abiertos y los párpados entrecerrados, tenía la sensación de estar volando.
Las altísimas cumbres de Draeko rodeaban la fortaleza.
Unas finas nubes blancas envolvían los imponentes riscos que había considerado mi hogar durante los últimos dos meses, pero, siendo sincera, ya estaba lista para volver a mi verdadero hogar: la Academia Darkhen y a lo que fuera que me esperase allí.
Me aparté del borde del balcón cuando un grito rompió el silencio de mi dormitorio. Me giré hacia el sonido y Cinder se lanzó hacia mí, con el rostro desencajado por el miedo.
—¡No! —Los brazos de mi mejor amiga me rodearon y me apretaron contra su pecho— Oh, por todos los dioses, Luna. ¿Qué estás haciendo?
La miré desde abajo, frunciendo el ceño, hasta que mi cerebro procesó lo que sus ojos aterrorizados habían visto: a su mejor amiga haciendo equilibrio sobre el estrecho muro del balcón. Negué con la cabeza y la abracé un poco más fuerte.
—No iba a saltar, Cin. Solo me estaba despidiendo de Draeko y de sus vistas.
Sus ojos dorados me recorrieron de arriba abajo antes de posarse en el paisaje.
Ella había crecido entre las nubes de Skye Lair, pero, para mí, los últimos meses habían sido como un cuento de hadas.
Uno protagonizado por una princesa arisca con el corazón roto, pero un cuento de hadas al fin y al cabo.
—Luna, pensé que… —dijo con la voz entrecortada.
—No soy suicida, Cin, solo estoy dolida —dije. Ni le había dicho a mi mejor amiga que era mi cumpleaños. Por lo visto, la maldición de los cumpleaños desastrosos iba a seguir.
Cin acentuó el gesto entre sus cejas perfectas, como si no acabara de creérselo.
—Aun así, mejor volvamos dentro.
Tiró de mí hacia mi habitación mientras yo echaba un último vistazo a las montañas.
Me soltó por fin cuando la barra de metal encajó en la gruesa puerta de madera del balcón con un golpe seco. Miró mis bolsas sobre la cama y pareció tranquilizarse al ver que todo estaba en orden. Me dejé caer sobre el mullido colchón y levanté la vista hacia ella.
—Siento haberte asustado —murmuré. No creía haber estado tan mal estos últimos meses, pero para que ella pensara que podría llegar a plantearme saltar…
—Sé que volver a Darkhen sin Ryder allí debe de estar removiéndote mucho por dentro.
Me crucé de brazos, intentando mantenerme entera.
No había sabido nada de él en todas las vacaciones de invierno.
Cillian, Logan y sus equipos de gárgolas habían recorrido todo Azar en busca del demonio renegado.
Había dejado tras de sí un rastro de sobrenaturales sin alma.
No sabía qué me daba más miedo: que no lo encontraran o que lo encontraran de verdad y tuviéramos que enfrentarnos a las consecuencias de su ola de asesinatos.
Se me hizo un nudo en la garganta y me quedé sin aire. Cinder se sentó a mi lado y me apretó la mano.
—Sé que ahora no lo parece, pero ya verás que, de alguna manera, todo va a salir bien.
—¿Cómo?
Ella negó con la cabeza.
—No lo sé, Luna. Quizá haya alguna explicación para todo esto.
Levanté una ceja, escéptica.
—Se ha ido. Esa es la única explicación. Algo se rompió dentro de él, y el Ryder que yo conocía, del que me enamoré, ya no está. Ese demonio que está sembrando el caos por todo Azar no es él.
—Encontraremos la manera de recuperarlo. Te lo prometo.
Abracé a mi mejor amiga, tan llena de esperanza, porque eso era lo que más me gustaba de ella: su optimismo inagotable.
No es que hubiera renunciado a Ryder; mientras siguiera vivo, no dejaría de buscarlo.
Pero, después de dos meses, ya no sabía qué quedaría de él cuando lo encontrara. Si es que lo encontraba.
—Toc, toc. ¿Estáis listas, chicas?
Fenix asomó la cabeza por la puerta, y Kimmie-Jayne se coló detrás de él. El embarazo empezaba a notarse, así que ya no cabía del todo por el hueco de la puerta.
Cinder y yo nos levantamos y, rápidamente, recogí mis bolsas de la cama.
Recorrí mi habitación con la mirada por última vez.
La arquitectura de Skye Lair me recordaba mucho a la de la academia: las mismas paredes de piedra gris, toscamente talladas, los pasillos sinuosos y ese aire medieval.
Solo que cada habitación de la guarida era lo bastante grande como para albergar a varios dragones cambiaformas completamente transformados.
Kimmie-Jayne se acercó con una sonrisa triste y me apretó el hombro.
—Te voy a echar de menos, pequeña.
Sentí cómo el corazón se me rompía al oír el viejo apodo que Ryder me había puesto. Debí de delatarme con la expresión, porque ella se mordió el labio enseguida.
—Lo siento mucho; no sé cómo se me ha escapado. Será cosa del cerebro de embarazada.
Fenix carraspeó y cogió mis bolsas antes de que pudiera negarme.
—Mejor os dejamos un momento para despediros —dijo—. Os esperamos en la azotea.
Cinder me lanzó una sonrisa tranquilizadora por encima del hombro antes de seguir a su hermano fuera. En cuanto la puerta se cerró tras ellos, K.J. me abrazó con fuerza.
—De verdad voy a echar de menos que estés aquí.
Sentí cómo se me ensanchaba el corazón, y la profunda grieta que lo atravesaba desde la desaparición de Ryder dolió un poco menos por un momento.
Era la primera vez en mi vida que había entendido lo que significaba tener una familia.
Por muchas ganas que tuviera de volver a Darkblood, también iba a echar de menos aquel lugar.
Los Skyraider me habían acogido como si fuera una más de la familia.
Kimmie-Jayne siempre había hablado maravillas de Blaze y Ember, pero no fue hasta que pasé dos meses allí cuando entendí de verdad a qué se refería.
Los padres de Fenix eran comprensivos, justos, cariñosos y, en general, una maravilla.
Por no hablar de lo bien que lo habíamos pasado con Flare y Ashlin, el hermano mayor y la hermana pequeña de Cinder.
Puede que se me cayera un poco la baba la primera vez que vi a Flare.
Después de meses comiéndomelo con los ojos en Hitched , era difícil que no me pasara.
Pero, según fueron pasando las semanas, él, igual que Fenix, acabó siendo más bien como un hermano mayor divertido.
—¿En qué piensas?
La voz de Kimmie-Jayne me sacó de mis pensamientos.
—Estaba pensando en lo mucho que os voy a echar de menos —dije. Sentía los ojos llenándose de lágrimas, pero luché por no llorar. No quería que K.J. se preocupara. Cinder ya pensaba que estaba como una cabra, y no quería que mi media hermana pensara igual.
—Te vendrá bien volver a la academia y centrarte en algo. Así todo será más fácil.
La miré con nerviosismo. El nombre de Ryder se había vuelto en un tema tabú en casa de los Skyraider. Nadie, salvo Cinder, lo mencionaba ante mí. Les daba miedo que me viniera abajo.
Me pasé la primera semana en Draeko encerrada en mi habitación, en la cama y a oscuras.
No comía ni hablaba, y les di un susto de muerte a todos.
No fue hasta que Garrix vino y me sacó a rastras de la cama cuando empecé a mejorar.
Por lo visto, mi padre biológico me conocía mejor que yo misma; ¿quién iba a decir que poseer un par de cuerpos espantaría las nubes negras de la depresión?
—Todo va a ser distinto en Darkhen sin Ryder —dije, jugueteando con los dedos.
Kimmie-Jayne asintió.
—Al principio sí, pero estoy segura de que todo volverá a la normalidad en cuanto cojas el ritmo con las clases, el entrenamiento y las misiones.
Todas esas cosas las hacía con Ryder. ¿Quién nos iba a entrenar ahora? Sin él, ya no seríamos el Escuadrón de Cazadores Sobrenaturales.
—¿Has hablado con Cillian? —le pregunté a mi media hermana— ¿Ha encontrado a alguien que sustituya a Ryder como nuestro instructor?
—He hablado con él, pero no de eso. No te preocupes, Luna, seguro que encuentra a alguien estupendo.
Todavía me resultaba raro hablar con Kimmie-Jayne de todo lo relacionado con Ryder.
Ella sabía que entre nosotros había pasado algo, pero no preguntaba y yo tampoco decía nada.
No tenía claro si era porque ellos habían estado juntos o porque, simplemente, no le hacía ninguna gracia la idea de que su hermana pequeña estuviera con un demonio.
Así que evitábamos el tema. Solo Cinder sabía lo que había pasado la noche en que su demonio se desató.
Una parte de mí pensaba que Cillian lo sabía, pero no decía nada. Menos mal.
Había otro tema que no me había atrevido a sacar con mi hermana en los últimos meses, pero, si no lo hacía ahora, iba a perder la oportunidad.
Quién sabía cuándo volvería a verla, con el bebé en camino.
Luxora y su oráculo no se me iban de la cabeza, casi tanto como Ryder.
Cillian había prometido que hablaría con Kimmie-Jayne del tema, pero o bien también se había echado atrás, o era algo tan serio que no quería contármelo.
Reuní el valor suficiente y, al final, lo solté.
—K.J., necesito saber qué viste sobre mí en tus visiones —hice una pausa mientras sus grandes ojos azules se abrían de par en par—.
Después de lo que dijo Luxora sobre la profecía de su oráculo y de todo lo que ha hecho para encontrarme, no pinta nada bien.
Y creo que tengo derecho a saber qué me espera.
—Luna… —le tembló el labio y tiró de mí hacia la cama para que nos sentáramos—.
Sabes que te lo diría si pensara que sirve de algo.
Como ya te he dicho otras veces, las visiones son muy caprichosas.
El futuro cambia constantemente, y que yo te cuente cualquier detalle, por pequeño que sea, podría cambiar el rumbo del tuyo.
Fruncí el ceño. No me hacía ninguna gracia que me estuviera ocultando aquello. Insistí:
—Cillian ya me dijo que tuviste una visión antes de venir al Hogar Astor a buscarme. ¿Tenía algo que ver con lo que vio el oráculo de Luxora?
K.J. se mordió el labio inferior, un tic nervioso que, por lo visto, compartíamos. Soltó un suspiro largo y clavó los ojos en los míos.
—La primera visión que tuve sobre ti era borrosa.
En realidad, no era exactamente sobre ti, sino sobre una hija de Garrix sin rostro.
No sabía quién era, pero me inquietó lo suficiente como para hablar con nuestro padre y convencerlo de que teníamos que encontrarte.
En cuanto te conocí, supe que eras tú. No puedo darte más detalles, pero Luxora tiene razón.
Eres importante y, si las cosas se tuercen, puede que seas la única capaz de detenerlo.
Bueno, aquello era inquietante... y bastante poco concreto.
—Lo siento, Luna. Ojalá pudiera contarte más.
Lo único que puedo decirte es que vi cosas que me dieron mucho miedo.
Mis primeras visiones empezaron cuando estaba en Hitched .
En aquel momento no tenía ni idea de lo que eran; pensaba que solo eran pesadillas.
Pero, si tú podías evitar de alguna manera que todo aquello pasara, supe que tenía que encontrarte.
—Y Luxora quiere quitarme de en medio para que todo eso que viste llegue a pasar.
Ella asintió.
—Eso creo.
Noté las primeras punzadas del dolor de cabeza y me llevé los dedos a las sienes.
—¿Y si todos estáis equivocados?
K.J. se encogió ligeramente de hombros.
—Puede ser. No todo lo que he visto se ha cumplido. Pero hay algo que sí tengo claro, Luna: eres importante. Con lo que está pasando con Ryder, no puedes permitirte distracciones.
—Solo quiero saber que está bien —murmuré. Se me quebró la voz y tuve que tragar saliva.
—Ryder sabe apañárselas solo, Luna. Creció en el Inframundo y tuvo a Lucifer como padre —dijo K.J., y me atrajo hacia ella—. A mí quien me preocupa eres tú.
—Pero Luxora y sus demonios llevan meses sin intentar siquiera venir a por mí. Igual la visión del oráculo cambió y se dio cuenta de que todo había sido un error.
K.J. bajó la mirada y empezó a toquetearse los dedos. Yo la miré fijamente.
—Kimmie-Jayne, ¿hay algo que no me hayas contado?
K.J. levantó la vista y apretó los labios.
—No queríamos que te preocuparas…, pero ha habido varios intentos de colarse en Skye Lair —dijo, con semblante serio—. Flare y los guardias consiguieron frenar a los demonios antes de que pusieran un pie dentro, pero estuvieron a punto en más de una ocasión.
Abrí los ojos como platos.
—¿Qué? ¿Cuándo? ¿Cómo habéis podido ocultarme algo así?
—Ya tenías bastante con lo tuyo, y los guardias podían encargarse. Se lo conté a Cillian y estuvo de acuerdo en que era mejor que no lo supieras. Estabas tan frágil después de…
Apreté los dientes para contener un grito.
Durante todas las vacaciones de invierno había vivido convencida de que Luxora se había olvidado por completo de mí.
Había estado tan obsesionada con encontrar a Ryder con hechizos, pociones y encantamientos oscuros que ni siquiera me había dado cuenta de lo que pasaba delante de mis narices.
Me puse en pie de un salto y empecé a dar vueltas por la enorme habitación. Llevaba demasiado tiempo escondida en aquella fortaleza en las montañas. Era hora de volver al mundo real. Tenía que encontrar a Ryder y acabar con Luxora de una vez por todas.