CAPÍTULO 15
JULIO
Llego al Halsted muerto de sueño y con la firme intención de robarle un café a Mike antes de que me mande a trabajar.
La lluvia de anoche ha dejado las calles empapadas y el frío se me ha metido hasta los huesos.
En cuanto atravieso la puerta agradezco el calor que siempre me recibe aquí dentro.
Huele a café recién hecho, a pan tostado y a algo dulce que seguramente Ron está preparando en la cocina.
Hay días en los que creo que podría encontrar el camino hasta el Halsted con los ojos cerrados solo siguiendo ese olor.
—Buenos días —saludo dejando el abrigo sobre una silla.
—Buenos días —responde Mike desde la barra.
Ron levanta una mano desde la cocina sin salir de ella. Todo parece normal. Hasta que veo el libro. Está apoyado sobre la barra, entre una caja de servilletas y varias facturas. Al principio no le presto demasiada atención, pero algo hace que vuelva a mirarlo.
—¿Qué demonios...? —murmuro sin saber muy bien qué estoy haciendo.
Me acerco y lo tomo entre las manos para darle la vuelta y mirar la portada. Es en ese momento cuando noto algo extraño en el estómago.
—No puede ser.
—¿Qué ocurre? —pregunta Mike.
—¡¿De dónde ha salido esto?!
Mike ni siquiera levanta la vista del pedido que está revisando.
—Ni idea.
No me lo creo. Esa respuesta es tan falsa que hasta las plantas del local lo saben.
—Mike.
—¿Qué?
—¿No sabes de dónde ha salido?
—No tengo ni idea —contesta mirándome con expresión contrariada.
—Mentirosillo —lo acuso entrecerrando los ojos porque ya no me fio de nadie.
—Julio, ve a trabajar, por favor.
Aprieto los labios y hago lo que me ha dicho, pero solo porque sé que no voy a sacar nada de él. Aun así, vuelvo a mirar el libro.
Ojalá fuera cierto de Marc Levy.
¡Madre mía!
Hace años que no veo este libro y todavía recuerdo cuando lo leí por primera vez. Me tuvo despierto media noche y al día siguiente fui dando la lata a todo el mundo en el Halsted contándoles el argumento.
Bueno, para ser sincero, a todo el mundo no. Tan solo a Mike, Chris, John y a cualquiera que se cruzara delante de mí durante aquella semana.
Aunque ahora que lo pienso... No recuerdo haber vuelto a hablar de él desde entonces. Paso los dedos por el lomo gastado y noto que alguien ha leído muchas veces. este ejemplar, lo que logra que de repente una idea desagradable se abre paso en mi cabeza.
Una idea que no me gusta nada, porque la bufanda podía ser casualidad. La chocolatina podía ser casualidad, incluso el bizcocho podía ser una casualidad muy sospechosa, pero esto no.
—¡Qué raro!
—¿Qué es raro? —pregunta Mike.
Levanto el libro.
—Esto.
—¿Qué tiene de raro? Sigue siendo tan solo un libro.
—Ya lo sé.
—Entonces no entiendo el problema.
—Que alguien se haya acordado, eso es lo raro.
Mike deja lentamente la taza sobre la barra sin decir nada y eso me resulta todavía peor. Ahora no me siento emocionado por saber si de verdad tengo un admirador secreto. Lo que siento es otra cosa.
A ver si me explico. Ahora me siento como cuando descubres que alguien ha estado escuchando una conversación que no parecía tener importancia. Eso es lo que me impresiona de verdad.
Miro alrededor del Halsted y en apariencia todo sigue igual. Sin embargo algo ha cambiado, ya que en mi cabeza he dejado de imaginar que quien está detrás de todo esto es un admirador secreto y he empezado a pensar en que quien está detrás es una persona.
Alguien que escucha, recuerda y lleva mucho tiempo prestándome atención.
—¡Madre del amor hermoso!
—¿Ahora qué? —pregunta Mike.
—Creo que esto empieza a ponerse serio —respondo mientras aprieto el libro contra el pecho sintiendo cómo se me acelera el corazón.
Llámame cobarde si quieres, pero te prometo que ahora mismo no estoy seguro de querer saber la respuesta.