Demasiado heteros para esto (Los héroes de Port Dale 1) 16 Elias #2
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16 Elias #2

Elias sujetó con suavidad la nuca de Cade y lo atrajo hacia sí.

Una vez más, aquel placer eléctrico lo recorrió entero, se le enroscó en el vientre y se convirtió en fuego.

Inspiró de golpe cuando separaron con cuidado los labios.

Durante un momento, sus bocas se buscaron torpemente mientras intentaban averiguar qué hacer con la lengua.

Cade dejó escapar una risita y Elias aprovechó para tomar la iniciativa.

Casi esperaba que Cade protestara, pero en vez de eso oyó que soltaba un suave gemido y sintió que se apretaba más contra él.

—Mandón —murmuró Cade.

Elias soltó una risita.

—Me da la impresión de que te gusta.

—No me importa dejar que otro lleve la iniciativa si quiere —masculló Cade.

Elias miró por encima del hombro.

—Creo que… estaríamos mejor en la cama para esto.

—¿Y qué clase de chico te crees que soy? —preguntó Cade.

—Uno que quiere tener su primera experiencia gay con su mejor amigo, que también va a tener su primera experiencia gay.

—Eso es verdad.

El tono de Cade era ligero, pero Elias seguía percibiendo cierta aprensión en él mientras caminaban hacia el dormitorio.

Aunque Elias había insistido una y otra vez en que estaba preparado para seguir adelante, también él sentía un revoloteo en el estómago.

El beso lo había ayudado mucho a sentirse mejor con todo aquello y le había despertado unas ganas enormes de descubrir qué más podían disfrutar juntos.

Aun así, no podía dejar de pensar en el roce de la barba incipiente de Cade contra su mejilla, en la musculatura del pecho de Cade.

Todo era muy distinto y, sin embargo, seguía empalmado.

Nervioso o no, con eso le bastaba.

Cade estaba de pie junto a la cama, mirándola fijamente cuando Elias entró en la habitación.

Como sabía que era mejor no perder el impulso antes de que a alguno de los dos le entraran dudas, Elias se apretó contra él por detrás.

La espalda de Cade era puro músculo, pero Elias apenas reparó en ello.

En cambio, se concentró en el suave suspiro que dejó escapar Cade cuando Elias apoyó los labios en su cuello y lo succionó con delicadeza.

Cade se removió un poco.

—Puedo… notarte la polla.

—Es que la tengo dura —murmuró Elias contra su cuello.

—Lo sé, es…

—¿Raro?

Cade soltó una risita por la nariz y giró el brazo para alcanzar el bulto en la parte delantera de los pantalones de Elias y agarrarlo.

El aliento de Elias salió entre dientes contra el cuello de Cade, mientras el placer lo recorría en oleadas al sentir los dedos de Cade explorándolo.

Hay que reconocerle a Cade que no se apartó, sino que se volvió para mirar a Elias y besarlo de nuevo.

Elias se entregó al beso y abrazó a Cade.

—No es tan raro —le confesó Cade.

—Quitémonos la ropa —propuso Elias.

—¿Arrancamos la tirita de golpe? —preguntó Cade.

—Algo así.

Elias se había desnudado delante de Cade incontables veces.

Ninguna le había puesto tan nervioso y, a la vez, le había resultado tan erótica como aquella.

Elias se quitó la camiseta mientras observaba cómo Cade hacía lo mismo y se agachaba para bajarse los pantalones.

Los músculos de la espalda de Cade se movieron bajo su piel pálida y, cuando se incorporó, Elias no pudo evitar deslizar una mano por el vientre plano de Cade.

El vello fino le rozó la palma a Elias y a Cade se le contrajeron los abdominales.

—¿Tienes cosquillas? —preguntó Elias en voz baja.

—No mucho, es solo que… —Cade dejó la frase sin terminar.

Al recordar lo que habían acordado, Elias se contuvo y no le preguntó a Cade si estaba bien.

Confiaba en que le diría la verdad. En lugar de eso, siguió moviendo la mano y la deslizó por debajo de la cinturilla de los calzoncillos de Cade.

La polla de Cade estaba durísima y palpitó contra los dedos de Elias cuando la rodeó con ellos.

—Esa sensación sí que la recuerdo —susurró Cade, inclinándose más cerca de Elias.

—Yo también —dijo Elias, pasando un dedo con suavidad por la punta húmeda.

—Joder —gimió Cade.

Elias terminó de desvestirse, retirando a regañadientes la mano con la que tocaba a Cade mientras lo hacía. Descubrió que, mientras pudiera oír a Cade y supiera que estaba disfrutando, la rareza de la situación se desvanecía rápidamente.

También sabía lo que quería probar a continuación.

—Siéntate —dijo Elias.

Cade lo hizo, mirándolo desde abajo. Sus ojos se agrandaron cuando Elias se arrodilló delante de él, acercándose hasta quedar entre las piernas de Cade.

Como nunca había hecho una mamada, Elias no estaba del todo seguro de lo que hacía.

Aunque había recibido suficientes como para poder hacerse una buena idea.

Agarrando la base de la polla de Cade, Elias se inclinó hacia delante. La punta seguía goteando, una señal clara de que iban por buen camino. Sabiendo que tenía que lanzarse para averiguarlo, Elias pasó la lengua por la punta húmeda, probándolo. Se detuvo y ladeó la cabeza.

—¿Qué? —preguntó Cade.

Elias alzó la vista y se encogió de hombros.

—No está mal.

Cade miró su polla y se echó a reír.

—Ni siquiera había pensado en eso.

Elias alzó una ceja.

—¿Sentiste la necesidad de especificar que ya te han metido cosas por el culo pero no se te ocurrió pensar a qué sabía el semen?

Los ojos de Cade saltaron de su polla a la cara de Elias.

—Estoy un poco centrado en el hecho de que me encanta por dónde vas con esto. Podemos hablar de cosas de culo luego.

Elias resopló, pero no iba a desaprovechar la oportunidad de seguir, no cuando parecía que Cade se estaba soltando.

Inclinándose hacia delante, rodeó con los labios la punta de la polla de Cade, probándolo de nuevo.

El gemido grave que soltó Cade fue un incentivo más para experimentar con la lengua, dibujando círculos, y no le sorprendió cuando el sonido de Cade se hizo más profundo.

Por lo visto, haberlo visto y haber estado al otro lado de una mamada era suficiente para empezar.

Envalentonado, Elias se inclinó, sintiendo la polla de Cade deslizándose por su lengua y entrando en su garganta.

Tras unos centímetros, sintió cómo se le tensaba la garganta, a punto de contraerse por la intrusión.

Era normal. Elias ya lo había visto cuando él había sido el que recibía.

En lugar de forzar, se retiró para concentrarse en succionar la punta.

Mientras tanto, usó las manos al ritmo de la boca, pajeando a Cade mientras chupaba y lamía.

Una vez que encontró un buen ritmo, dio con el patrón que mejor funcionaba.

Cade se encorvó sobre él, con las manos clavadas en la espalda de Elias y gimiendo con fiereza.

Su polla palpitaba contra la lengua de Elias.

Aunque el hecho de chuparla no le pareciera a Elias tan excitante en sí, su propia polla daba un salto contra el muslo cada vez que Cade soltaba un gemido profundo.

—Vale, has ganado —jadeó Cade, empujando los hombros de Elias.

Elias se apartó enseguida.

—¿Qué? ¿Qué he hecho?

Cade lo miró con atención.

—¿Seguro que nunca habías hecho eso antes?

—Eh, no. Te lo puedo asegurar.

—Pues aprendes jodidamente rápido.

Elias se echó a reír y se incorporó para besar a Cade.

—Bueno, pues bravo por mí entonces. Y por ti.

—Por lo que parece —murmuró Cade contra su boca.

—¿Y eso de que he ganado?

Cade miró la entrepierna de Elias y luego lo miró a la cara.

—Eh, ¿tienes lubricante?

Elias lo miró, parpadeando cuando comprendió lo que Cade estaba pidiendo.

—Ah. Sí, y condones.

Cade vaciló, y Elias añadió enseguida:

—No te fuerces, Cade. Yo estoy bien así.

Cade negó con la cabeza.

—No, no. A ver, ha sido jodidamente bueno. Y quiero devolverte el favor, pero es que… bueno, si me ha gustado cuando me lo has hecho tú, y las cosas de culo con otra gente también me gustaban, pues estoy pensando que contigo me gustará igual. Y me encantaría probar ahora que tengo el valor.

—¿Podemos llamarlo simplemente sexo anal o follar? Cosas de culo suena raro.

Cade resopló.

—Entonces anal.

Elias besó de nuevo a Cade.

—Y creo que a ese valor se le llama estar salido.

—Sea lo que sea, me tiene lo bastante echado pa’lante como para intentarlo. Y he dudado porque… ¿a pelo?

Elias alzó una ceja.

—¿Sin condón?

—Estoy limpio —le dijo en voz baja Cade.

Elias sonrió, acariciando con suavidad la cara de Cade.

—Si dices que lo estás, lo estás. Confío en ti al cien por cien.

—Vale.

Elias asintió, sin estar del todo seguro de que subir un peldaño fuera una buena idea.

Mientras sacaba el bote de lubricante del cajón cercano, no pudo negar un escalofrío de emoción.

Tener a Cade en la boca había estado bien, pero los sonidos que había hecho Cade habían sido aún mejores.

Y, usando la misma lógica que había usado Cade, follarse a alguien daba gusto.

Así que podía tener el placer de follar y el añadido, cada vez más adictivo, del sonido del disfrute de Cade.

—Creo que deberíamos, eh, prepararme un poco primero —dijo Cade cuando Elias se sentó en la cama a su lado.

—Vale, túmbate.

Cade alzó una ceja.

—¿Sí?

—Ya he practicado sexo anal antes, Cade —le dijo Elias.

Los ojos de Cade se abrieron de par en par.

—¿Qué? Pero yo…

Elias resopló.

—Siempre he sido yo el que la mete. A mí no me han metido nada por el culo. Pero si quieres probarlo con…

Cade negó con la cabeza.

—No, no, he sido yo el que se ha ofrecido. Tengo experiencia… y soy un bocazas.

—Solo recuerda nuestro trato —le dijo Elias mientras abría el bote.

—Tú… hazlo.

—Desde luego que sabes cómo seducir a un tío.

Cade le dirigió una mirada torva.

—No me jodas.

Elias apoyó un dedo pringado de lubricante en el agujero de Cade.

—¿Seguro? Creía que de eso se trataba.

Antes de que Cade pudiera contestar, Elias fue introduciendo el dedo con cuidado, y Cade aspiró una bocanada de aire. Elias se quedó quieto.

—Frío —le dijo Cade, con una risita entrecortada.