Del Sótano al Escenario (Ravens Fly First 1) Capítulo 30 Quien menos te esperas
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Capítulo 30 Quien menos te esperas

No podía creer lo que había hecho. Tras ver marchar a Dante, me quedé allí sola.

¿Por qué sacrificar todo por un arrebato posesivo como ese?

Nuestros labios se unieron pero solo los míos se movieron, deslizándose sobre los suyos como si besara el frío mármol donde descansaba nuestro amor.

Fue una caricia prohibida de la que emanaba una culpabilidad inmensa.

Él me respetó y, en parte, noté que sí me deseaba, pero lo había reprimido por nosotros, quizá por ella también.

Ella le miraba desde allí abajo con una admiración sana, deseándole lo mejor, como si estuviera protegiéndole de un mal que le acechaba o como si estuviera contrarrestando la mirada asesina de Leo.

O tal vez solo deseándole. Joder, ¿qué me pasaba de nuevo?

Si pensaba que había superado esto, ¿por qué sentí esa necesidad imperiosa de sentir su boca, su aliento y su abrazo presionando mi cuerpo contra el suyo?

No era amor, era nostalgia, era miedo a perderlo cuando vi cómo ella le miraba, tal y como yo lo hacía cuando estaba realmente enamorada de él.

Este deseo repentino solo fue un error, pero no podía entender qué los unía tanto si ni siquiera eran novios, o qué debió suceder para que él apareciera esa noche allí y la salvara de precipitarse al vacío.

Debían compartir un vínculo especial que a mí aún me hacía no poder soportarla.

Me quedé sola con mis pensamientos cuando escuché unas voces discutir detrás de las cortinas.

─¿Que por qué no vais a ascender? Porque no habéis dado la talla, Gran Leo.

Tu banda ha sido buena, pero los chicos de Dante han captado mi atención, ¿o no has visto al público?

¿No le has visto hablarle a su audiencia y cambiar su estado de ánimo?

¡Era hipnótico el chaval! ─levantaba el tono de voz Ilai como para hacérselo entender.

Como si estuviera regañando a un trabajador incompetente que le había defraudado.

Pero no había terminado de hablar, aún quedaba más:

─Seguiréis trabajando hasta que me demostréis que valéis más que ellos. Solo tengo un local vacío en el tercer piso y estoy empezando a tener dudas acerca de la selección que quiero escuchar ahí arriba. ¡Y cuidado si le pones una mano encima! No quiero juego sucio, ¿está claro?

Leo no hablaba, no se defendía, o al menos yo no oí que respondiera nada al respecto. Terminaron de hablar y, por miedo a que me vieran metiendo mis narices en su conversación, me retiré caminando a paso ligero  por un pasillo que conducía a la salida. No me gustaban un pelo ninguno de los dos.

Pero de repente algo me agarró del brazo con fuerza, demasiada, y me presionó contra la pared.

─¡Parece que la chica es curiosa! ¡O mejor dicho, la zorra!

─¡Déjame ahora mismo, Leo! ¡Me estás haciendo daño! Ya verás cuando se enteren mis amigos. ¡No te va a reconocer ni tu madre cuando Dante te coja! Eso si no te agarra antes tu jefe...

─Ilai solo mencionó que no tocara a Dante, pero de ti no dijo nada. Ahora no eres tan valiente como en los locales, ¿verdad? ¡Parece ser que Dante solo se rodea de rameras que van de algo, pero a la hora de la verdad no hacen nada!

Leo me estaba asustando de verdad y ya no sabía qué hacer. De pronto, el impacto de una silla sobre mi agresor me permitió liberarme. Acto seguido, Leo calló de rodillas mientras se tocaba la cabeza dolorido.

─¡Que la sueltes, malnacido! Como ves, esta ramera no solo va de algo, ¡también hace esto!

Taylor le pegó un patada en las costillas y me cogió del brazo. Corríamos por pasillos oscuros intentando regresar donde estaba la gente, pero aquello era una ratonera. Entonces deshicimos el recorrido, momento en que apareció Leo bloqueándonos el paso.

─¡Esta vez no lo contáis, zorras! ─nos amenazaba con una mano en la costilla y la otra empuñando una navaja. Retrocedimos lentamente, intentando ganar tiempo para pensar, cuando alguien apareció detrás de nuestro agresor.

─No has entendido nada, ¿verdad? No juegas según las reglas. ¿Has perdido el juicio, Gran Leo?

Ilai hizo que aquel cobarde se diera la vuelta. Le estaba enseñando algo a Leo, pero no pude distinguirlo.

─No, Ilai, no es necesario ¡déjame que te explique!

Aquel, nuestro salvador, ignoró sus palabras.

─Por favor, márchense de aquí, señoritas. Tengo que hablar con este caballero.

Sin pensarlo dos veces, salimos corriendo sin siquiera darle las gracias al Tío Sam. Estábamos temblando después de todo lo que nos acababa de pasar.

Poco después llegamos al aparcamiento, justo donde había dejado mi coche. Y nos apoyamos en él, sin aliento, sin poder creer lo que acababa de ocurrir.

─¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo en el brazo ese cabrón?

La voz de Taylor, aun jadeando por el cansancio, me hizo volver a la realidad.

─Sí, sí me duele, pero no hay nada roto. Muchas gracias por aparecer por allí. Si no hubieras llegado a tiempo, no lo cuento.

Mi voz también sonaba cansada.

─Te vi marcharte de allí a paso ligero y luego a Leo salir tras el telón, dirigiéndose rápidamente hacia ti. Y supe que algo no iba bien ─relató recolocándose el pelo.

─Joder, creo que eras la persona que menos pensé que me salvaría, no te lo voy a negar ─admití con sinceridad.

─Mira, Sara, yo no he intentado entrometerme entre tú y Dante, y hoy, después del beso que os he visto daros, menos aún.

Le quiero mucho y me duele no poder verle, pero sé cuál es mi lugar si estáis juntos, tranquila.

No tengo nada en tu contra y sé que le quieres. No puedo hacer más que apartarme de él.

Ella también estaba siendo clara conmigo. Y aprovechando que ambas mostrábamos nuestras cartas, no mentí acerca de lo sucedido:

─No me ha devuelto el beso ─confesé.

─¿Cómo? ─sonó ella extrañada.

─ Que no me lo ha devuelto. Se ha quedado quieto y me ha apartado con delicadeza, pero tú ya no estabas. Lo he hecho para que pensaras que aún teníamos algo porque siento que lo pierdo un poquito más cada vez que estás cerca. Pero ya no somos novios.

─Mi intención no es quitártelo, Sara. No sé qué rumbo van a tomar nuestras vidas ahora, pero ya ha podido besarme desde que lo dejasteis y, ni yo me puse a tiro, ni él se extralimitó a pesar de quedarnos a solas ─me explicó sin tapujos─.

Yo también te he envidiado por tenerlo a tu lado.

No eres la única cuyos pensamientos no han sido acertados.

Sea lo que sea que tenga que pasar, no pienso haceros daño ni a él ni a ti. O al menos eso es lo que pretendo.

─Gracias por lo que dices. No puedo retenerle.

Llevo meses trabajando ese aspecto de nuestra relación y no quiero desaparecer de su vida.

Ni siquiera si tú entras en ella. Solo espero que no me aparte como hizo contigo cuando empezamos a salir.

No me puedo imaginar cuánto has sufrido por mi culpa ni cuánto ha debido sufrir él.

Yo lo permití porque no sabía cómo gestionar mis sentimientos hacia ti.

No sabía cómo eras, pero ahora sé que me equivocaba contigo.

─Agradezco que me cuentes todo esto ─me dijo con cariño─. Creo que si hacemos las cosas bien, el tiempo hará que los tres podamos vivir esta historia sin vernos atados a tal dolor. Y ahora me voy, Sara. Ojalá que a partir de hoy nos podamos ver con otros ojos.

─Espera, te llevo, es lo mínimo que puedo hacer. Vete tú a saber si ese psicópata no sigue buscándonos.

─Sara, creo que no volveremos a saber de Leo. Tengo esa corazonada.

Pude percibir un ápice de tristeza en sus ojos. Al fin y al cabo, yo sabía que habían sido pareja hacía tiempo.

─Ya, supongo que no ─me limité a añadir. Ella comenzó a caminar, pensativa, alejándose de mí.

─Si no te importa, tengo que asimilar cosas, y lo hago mejor andando sola, pero te lo agradezco Sara.

Y así era como la joven y preciosa bajista de los Punk Wolves dejaba oficialmente la banda. Esta vez por motivos ajenos a ella. Ya no volverían a tocar juntos nunca más.