Capítulo 29 Live
─¿Y cuántos temas quieres que tenga tu maqueta, Dante? ─preguntó Rob mientras revisaba unas grabaciones aún pendientes de masterizar.
─Serían diez canciones. Nueve con voz y una instrumental más sencilla ─le expliqué para que se hiciera una idea.
─Ya sabes cómo va esto, ¿no? Podéis escoger entre tres opciones.
Si las tenéis bien trabajadas, grabar por horas sería una solución bastante económica.
Ahí no te puedo dar presupuesto hasta que no terminemos de grabar.
De no ser así y querer un precio cerrado, se hace por temas, a doscientos euros cada uno, más otros cien de masterización.
Eso es lo que suelo ofrecer a mis clientes.
Tú te lo sabes de memoria, ya me has ayudado otras veces cuando he estado hasta arriba.
─Eso es más de lo que podremos conseguir reunir. ¿Cuál es la tercera opción?
Yo desconocía que hubiera una manera más de grabar un disco en el estudio.
─Buena pregunta. La tercera es más barata pero requiere más trabajo y no se la ofrezco a casi nadie: te lo vas a grabar tú ─me soltó con cara desafiante.
─¿Yo?
Me quedé boquiabierto al escuchar su respuesta.
─¿Por qué no, chico? Llevas aquí bastante tiempo observando y trasteando. Te he estado enseñando trucos durante todo tu aprendizaje ¿Qué mejor momento para ponerlo en práctica que tu primer disco?
Parecía bastante emocionado. Como si legara algo a su discípulo.
─No sé cómo agradecértelo, Rob. Estoy flipando al recibir este regalo ─le confesé.
─Yo estaré todo el rato por aquí. En un par de días termino un trabajo y pensaba remasterizar unos temas de grupos de amigos que tengo en cola.
Lo haré en el otro ordenador con mi otro estudio.
Este mes tengo poco trabajo, pero en alguna ocasión habrás de quedarte trabajando de noche.
Yo te echaré una mano cuando haya que grabarte a ti al igual tú me has ayudado quedándote hasta las tantas con algún que otro marrón acumulado en el pasado.
Y como jamás pediste nada a cambio... Pues esto es lo que puedo ofrecerte, muchacho.
Le di la mano en señal de agradecimiento y solo pude decirle:
─¡La primera maqueta será para ti!
─Lo sé. Y firmada, por si venderla en un futuro me saca de pobre.
Tras esa original petición, se marchó por la puerta riéndose.
Los del grupo se pusieron pletóricos al escuchar la noticia. Yo, sin embargo, no podía negar que mezclaba esa alegría con la presión de grabar un disco desde cero.
─Lo vas a hacer muy bien, Dante. Tranquilo.
La voz de Sara me intentaba tranquilizar mientras que una caricia de su mano en mi mejilla provocaba el efecto contrario. Rápidamente y algo sonrojada se apartó.
─ Perdona, es la…
─Costumbre ─terminé yo su frase ─ . No pasa nada. Aún es algo difícil, ¿no?
─No sabes cuánto ─contestó con sinceridad. Nos sonreímos y nos separamos. Tuve un momento de debilidad a pesar de todo el tiempo que llevábamos distanciados, y pensé que me habría gustado besarla. No obstante, no podía ser si queríamos conservar otras cosas.
Nos pusimos a ensayar y vinieron unos amigos de otro grupo para ver qué les parecía. Pasamos esa prueba con éxito y nos sirvió para coger seguridad. En un par de días llegaríamos a esa cruz de nuestro calendario. La que marcaba el viernes del concierto en el escenario de The Stage.
La mañana del día señalado me levanté sin apenas nervios, cosa que me extrañó.
Me fui a la universidad lleno de energía.
Era como si saber lo que nos esperaba aquella noche me estuviera cargando las pilas de una manera exagerada.
Cuando terminaron las primeras clases, me junté con Byron para almorzar.
Los viernes solíamos tomar algo juntos y nos poníamos a hablar de grupos y de aspectos técnicos de guitarras tirados en el césped que había enfrente de la facultad.
Él sí estaba algo más alterado por lo de esa noche, pero lo normal.
Justo antes de irnos aparecía Sara con unas amigas.
Entonces se separó un momento de ellas para acercarse a saludarnos.
─¿Cómo van esos nervios preéxito, caballeros?
─Estoy como si me hubiera tomado diez cafés ─le respondí.
─Yo tengo dolor de estómago, pero luego me tomaré una manzanilla. ─La apariencia oscura y dura que Byron transmitía de primeras desentonó con su tierna respuesta. Hasta él se dio cuenta y rectificó de manera ridícula─. O a lo mejor no.
Y los tres no reímos sin parar. Estábamos cada vez más unidos. Ciro era a quien menos podíamos ver porque trabajaba bastante, pero nos aportaba, en muchos casos, un toque de madurez por su edad y por su camino ya recorrido.
─¡No os olvidéis de nuestras camisetas molonas hoy! ─exclamó Sara lanzándonos un beso mientras se alejaba con sus amigas─. ¡A mí la mía me queda de muerte!
Habíamos encargardo unas camisetas con el nombre de nuestro grupo y el cuervo posado sobre él. Negras con letras blancas. Sara había optado por un top, era su estilo.
Llegó la tarde y me coloqué unos vaqueros anchos azules, mis Converse negras y mi camiseta customizada. Una camisa a cuadros rojos y negros completaba mi look esa noche.
Al igual que hicimos en la audición del Tío Sam, llegamos algo pronto.
Pero no para llevar los instrumentos, que ya habíamos tenido que trasladar al escenario la noche anterior poniéndolos junto a los de la otra banda que tocaría también.
En realidad fuimos con tiempo porque había que hacer pruebas de sonido con los técnicos.
Y nos pareció una pasada. Ciro ya había pasado por ahí tocando con grupos del segundo nivel, y dicen que hasta llegó a sustituir un tiempo a un bajista que tuvo un accidente en el tercer nivel. Eso ya eran palabras mayores.
Cuando terminamos de hacer las comprobaciones, llegó el segundo grupo.
Ver entrar a Taylor solo significaba una cosa: tocaríamos con los Punk Wolves.
No nos lo esperábamos, una encerrona en toda regla.
Al parecer íbamos a ser sus teloneros puesto que ellos llevaban más tiempo en aquel piso.
Entonces escuché lo que sucedió a continuación.
─No, no. Disponlo todo para que primero toquen los Punk Wolves ─irrumpió la voz de Ilai donde se encontraban los técnicos─. Ha habido un cambio de planes.
Leo no pudo evitar quejarse:
─Pero Ilai, ¡no solemos hacer de teloneros de grupos nuevos!
El resto de su grupo se unió en su defensa, todos menos Taylor, que permanecía callada con cierta cara de triunfo al verles así.
─Gran Leo, ¿de verdad tenemos tan pocos modales para no ser amables con nuestros camaradas de planta? Recordad que si hoy cumplís mis espectativas, este será vuestro billete para ascender al Remembrance. Al tercer nivel.
Leo se calló y no dijo nada más. Los demás hicieron lo mismo. Una vez estuvieron terminados todos los ajustes, los Punk Wolves salieron al escenario y empezó su repertorio: canciones que distaban mucho de lo que sería un grupo punk rock.
Ninguna de sus composiciones tenía esa fuerza ágil ni ese toque reivindicativo o incluso romántico y rebelde que se improntaba en nuestro género musical.
Al contrario, eran canciones pesadas y demasiado oscuras cuyas letras parecían descorazonar al público narrando una realidad dura y difícil de cambiar.
Era una dosis de depresión asegurada que no necesitaban.
La gente se apagó en breve, y aunque coreaban sus canciones, no parecían felices sino débiles y maleables como una nación sumisa, fiel a su dictador.
Tocaron diez canciones y se retiraron tras el espectáculo.
Yo estaba en la pista, cerca del escenario, cuando vi pasar a Taylor, mustia y alicaída.
En ese momento ya no era un músico. ¿Qué músico no disfruta de su creación?
Sentí mucha lástima por ella y me hubiera gustado consolarla. Pero no era la mejor ocasión.
Subimos a la plataforma y nuestra bandera nos presentó ante una audiencia sin energía que leía con dudas nuestro nombre. Éramos unos desconocidos y no lo íbamos a tener fácil.
─¡Tenemos que animarles! ─grité a mi grupo─. Los Punk Wolves los han dejado para el arrastre.
Entonces mis compañeros asintieron y se prepararon para darlo todo tras el pistoletazo de salida.
Entramos con nuestro Inhuman y, al poco de empezar a cantar, algunos entre el público ya empezaban a moverse.
El tema tenía fuerza y se transmitía como una descarga eléctrica de persona en persona.
Me dirigí a la gente. Sentía que había hecho eso toda la vida.
Les hice una introducción de nuestro siguiente canto por los niños sin rumbo y Sara se encargó de darnos la enérgica entrada que necesitábamos.
What’s Going On ? los hizo mover sus cabezas y saltar.
Saltar bien alto deshaciéndose de la coraza de plomo que nuestros teloneros les habían colocado.
Me puse a hablar de nuevo para contarles el porqué de Hollow, y aunque su naturaleza era más apagada, el público no se desinfló.
Me puse a criticar las muertes de soldados, no por culpa de otros combatientes, sino a traición por los líderes que los veían caer al tiempo que se frotaban las manos desde sus tronos.
Mientras tanto, Byron metía esa guitarra sucia que iniciaba Tokens Fall .
La gente saltaba en el primer estribillo, y para el segundo y el tercero ya se sabía la letra.
Nos sentíamos en perfecta armonía musical y de grupo.
Sara me miraba con admiración cada vez que me dirigía al público y Ciro parecía estar disfrutando muchísimo con la actuación que estábamos ofreciendo.
Byron, por su parte, estaba clavando todos los punteos de los temas con una maestría inigualable, colocándose en primera línea mientras la audiencia le animaba.
Jamás lo había visto así de entusiasmado.
Llegó nuestra primera canción romántica, In the Darkest Times, y a pesar de que no hablé de ella por respeto a Sara, su fuerza no mermó y sacudió con su mensaje a todos los presentes.
Entonces mi mirada se cruzó con la de Taylor.
Por un instante casi me equivoqué de nota, pero corregí la posición justo a tiempo.
Era como si ya hubiera vivido ese momento con ella, pero no en el día de la audición, sino en otro que no recordaba.
Y abandoné al público, que desapareció ante mí dejándola a ella únicamente, rodeada de decenas de manos que ondeaban sus mecheros en la oscuridad, como si fuera lo que más me importara en el universo. Ella era el foco que más brillaba.
Cuando me di la vuelta para ver a mis camaradas todos estaban concentrados en sus instrumentos, sobre todo Byron, que ejecutaba con maestría el riff con el que terminaba el último estribillo. Solo Sara me miraba a mí. La ovación del público fue ensordecedora.
Music to my Ears cambiaba el tono del concierto y lo hacía más ligero y amable. Le daba un toque mágico. Les conté brevemente cómo mis musas me susurraban mensajes de otro mundo y la gente aplaudió de nuevo. Estaba creando un vínculo con ellos más allá de lo que habría imaginado.
El Tío Sam observaba desde la tribuna y, aunque no podía ver su rostro, percibía por su manera de aplaudir majestuosamente que estaba disfrutando del show .
Tras terminar con esa canción, le pasé el micro a Ciro, que explicó el origen de su canción Salvation . Su bajo fue el protagonista y nosotros nos fuimos añadiendo a ese tema que junto al siguiente, Times to End Asfixia, cambiaban la atmósfera para crear un clima más grunge .
Para la siguiente canción hablé de cómo amar puede cambiar la vida de una persona, pero cómo a veces el destino crea dos caminos en vez de uno.
Dos caminos desde el que poder querer a otra persona en la distancia.
Cambié el efecto de mi pedal y con un sonido limpio introducía con Byron nuestra balada final, My Very First Love Song, haciéndole una reverencia a nuestra percusionista, quien me devolvió una tierna sonrisa.
Los mecheros se volvieron a encender para honrar lo que sentí por Sara.
Un sentimiento puro que, tras confesarlo en un escenario, me sirvió para despedirme de ese amor que solo nos haría daño.
Terminamos con la ovación del público, que nos recompensó por todo aquel esfuerzo y dedicación que habíamos puesto en cada uno de esos temas.
Horas de trabajo, diversión y amistad que podíamos compartir con todos ellos.
Ya no tenían ese aire triste. Podíamos cambiar lo que sentían y eso era un don maravilloso.
Entonces, nos juntamos todos en el centro del escenario y les hicimos una reverencia.
Su aplauso no cesaba, ¡nos cargaba las pilas!
Me sentía lleno, como si hubiera nacido para esto.
O como si lo hubiera estado haciendo toda la vida.
El concierto había terminado y comenzamos a recoger.
Dejé mi guitarra en su maletín y, luego, me dirigí hacia donde estaba Taylor para saludarla y preguntarle cómo lo habíamos hecho.
A pocos metros de ella estaba Sara, que se acercó a mí y sin previo aviso me besó en los labios.
Yo me quedé petrificado y, con toda la gentileza que pude, la separé de mí.
─¿Qué estás haciendo? ─le pregunté extrañado.
No entendía qué acababa de suceder. Intenté no parecer brusco, pero se notaba que estaba confundido
─Esto no es lo que hablamos ─le dije. Sara permaneció inmóvil, callada y arrepentida─. Es por Taylor, ¿no? Has visto que iba hacia ella y has temido perderme. ¡No es justo!
─Lo sé, lo siento. No volverá a pasar. Perdóname, Dante. Es que no puedo verte con ella sin sufrir. No sé qué me pasa.
─No lo sientas. Somos humanos. Quizá yo habría hecho algo parecido de sentir lo que estás experimentando tú ahora mismo. Pero no lo vuelvas a hacer. Esta no es la manera.
Y la estreché contra mi pecho mientras miraba a mi alrededor sin encontrar a Taylor por ningún sitio. Se había esfumado al ver nuestro beso. Solo esperaba que se hubiera quedado lo suficiente para ver mi reacción, aunque notaba que se había alejado un poco más de mí.