Del Sótano al Escenario (Ravens Fly First 1) Capítulo 28 Instrumental
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Capítulo 28 Instrumental

Los días pasaron más rápido de lo que pensaba y se agruparon en todo un mes.

Después de entrenar y repasar un poco para la recta final del curso, me preparé para el ensayo de aquella tarde.

Poco a poco nuestra lista de canciones iba en aumento e incluso nos planteamos grabarlas en el estudio donde yo trabajaba.

Me puse una camiseta que hacía poco me había autorregalado.

Tenía un diseño curioso, muy mejicano y original al igual que el nombre del disco al que ponía cara: Ixnai on the Hombre de The Offspring.

Antes de llegar a la parada del bus, di un pequeño rodeo para comprarme algo de cena para llevar en una panadería conocida.

─¡Una oliva, por favor!

La chica del mostrador se giró riéndose.

─¡Dante, eres tontísimo!

Me gustaba pasar a visitar a Taylor de tanto en tanto y, de paso, coger una de esas porciones de pizza que le salían tan buenas. A lo mejor más de una.

─Sí, pero ¿a que sabes que soy yo?

Ella giró la cabeza de un lado a otro dándome a entender que era un caso perdido.

─¿Te vas con el grupo? ─preguntó.

─Sí, yo creo que hoy terminamos ya todos los temas en cuanto le demos el toque final a Times to End Asfixia .

─Ese es nuevo. ¿Cómo suena?

Era cierto que ese no estaba ni pensado el día de la audición.

─Es un poco oscuro y bebe bastante del grunge . Creo que va a tener mucho gancho en conciertos. Tiene unos estribillos contundentes ─admití orgulloso de la forma que estaba tomando.

─Tengo ganas de escuchar esa maqueta ─me confesó con cierta curiosidad.

─En breve nos pondremos con ella, pero es necesario que hagamos números primero.

Dicho esto le pagué mi cena y metí una de las porciones cuadradas en una bolsa que tenía en la mochila. La otra no aguantaría hasta los locales.

─¿Sales tarde hoy? ─le pregunté ya casi marchándome.

─Un poco, pero viene Nata a casa, que tenemos que ponernos al día. Creo que me va a contar algo de un chico que le está rondando. Trabaja en una tienda de discos y dice que es muy mono ─se rio con malicia.

─Pues pasadlo bien. ¡Nos vemos!

Y salí cargado con la mochila, la guitarra en su maletín y un suculento bocado en la mano que me quedaba libre.

Al llegar a nuestro local, vi que estaba abierto. Byron practicaba una pieza con su guitarra. Era un sonido limpio y tranquilizador. Se encontraba en su mundo y, aunque sabía que me había notado al llegar, no le molesté y me senté a un lado tras conectar sigilosamente mi guitarra.

Vi sus dedos, contemplé sus acordes y me metí a hacer la segunda voz, punteando, turnándome con él en distintos tramos haciendo uno la melodía base y otro el acompañamiento.

Parecíamos leernos la mente cuando tocábamos y ambos lo sabíamos.

Era uno de los alicientes de tocar juntos.

Terminó nuestra corta actuación y unos segundos de silencio seguidos de sonrisas de satisfacción nos bastaron para bajarnos de nuevo al mundo real, donde nos dimos cuenta de que no estábamos solos.

En el pasillo, apoyado en uno de los muros, se encontraba Ilai mirándonos con admiración.

─Ha sido una pieza magnífica ─volvía a darnos un veredicto más.

─Gracias ─dijimos ambos al unísono sin pensar. No sabíamos qué más añadir.

─¿Era improvisada? ¿No la habíais tocado juntos antes?

─No ─contestó Byron ─ . La compuse ayer en casa y Dante la acaba de escuchar.

─¡Qué interesante! Sencillamente formidable.

Bueno, Ravens, os he traído vuestras copias de las llaves.

Aprovecho para invitaros a dar un concierto en el escenario de esta planta.

No tenéis que contestar ahora. Habladlo, pero considerad que normalmente no se toca allí tan pronto.

Es una cortesía por un futuro prometedor.

Por cierto, id pensando en vuestro tótem.

Ya sabéis que soy fanático de tener un objeto por cada banda que merece la pena.

Su excentricidad era bien conocida por todos los que tocaban en este, su territorio.

─Gracias por las llaves ─le transmití─. Lo del concierto es una oportunidad de la que sin duda hablaremos luego. Y lo del tótem también tenemos que hablarlo, pero pensaremos algo original que nos represente.

─Gracias, caballeros. Por vuestra respuesta y por la melodía que he podido disfrutar antes. No me cabe la menor duda de que este piso no será vuestro definitivo si continuáis juntos.

Y se marchó de allí dejándonos con una invitación que no pasaríamos por alto.

Llegaron los demás y nos saludamos como siempre.

Sara nos dio dos besos a todos. Y sí, aún dolían un poco, pero ya no tanto.

Ese era mi trabajo ahora con ella. El suyo, ver el envoltorio de la panadería que dejé fuera de la mochila para buscar mi caja de púas.

Sabía de dónde venía esa pizza, ya habíamos hablado de ello.

Luego tocamos todos los temas anteriores e intentamos cerrar con el último.

El toque grunge les gustó mucho. Ciro le dio protagonismo a su línea de bajo para crear un cuerpo sólido para el tema.

Sara probó varios ritmos hasta que dio con el que más le encajaba.

Le aportaba un matiz más pesado de lo normal, como si simbolizara que el aire fuera difícil de respirar.

Parecía saber qué necesitaba cada uno de los temas para poder andar. ¡Era increíble!

La idea del concierto les convenció, así que más tarde le comunicaríamos al Tío Sam nuestra respuesta. Le complacería mucho ver que estábamos interesados. Era un sibarita de la música, se rumoreaba, y por ello esta invitación nos henchía de orgullo a todos.

─Chicos, ¿cómo veis lo de la maqueta? ─sugerí.

Con tanto examen y ensayo no habíamos hablado mucho de ello. Debíamos de ser los únicos universitarios que no íbamos a fiestas. Ciro fue el primero en pronunciarse.

─Yo no voy muy sobrado de dinero, chicos.

Sara secundó la opinión.

─Yo creo que, dependiendo de cuánto, podría valorarlo ─aportó Byron.

─Lo hablaré con mi jefe a ver qué presupuesto nos puede ofrecer ─les comenté.

Poco después, todos recogimos nuestro equipo con la satisfacción que nos provocaba el buen trabajo que hacíamos juntos.

Byron y yo nos despedimos de Sara y de Ciro, que tenían planes.

Nosotros dos nos quedamos poniendo las telas a los amplificadores para evitar que el polvo del ambiente se cebara con los potenciómetros.

Así evitábamos que crujieran al girarlos.

Entonces la voz de mi amigo me dijo algo que, conociéndole, no me pareció descabellado.

─Yo me la imagino con guitarras clásicas. Españolas, quiero decir. Y… pájaros.

─Yo también, Byron. Podría quedar muy bien al final del disco.

Él asintió con la ilusión de un niño al que se tiene en cuenta. Que percibe que su mundo es visible para los demás, que suma y es escuchado. Era un genio que dudaba de su genialidad en su ingenuidad, eso hacía posible su condición: no saberlo. Y me miraba contento con su camiseta de Fall Out Boy.

─Dante, hoy tenemos el concierto de los vecinos del local de al lado, ¿te acuerdas?

─Sí, claro. ─Realmente se me había olvidado pero me apetecía el plan─. Tengo muchas ganas de ver cómo lo hacen.

Salimos del local y llamamos a la puerta de nuestros nuevos amigos. La puerta se abrió y Balder nos recibió con una amplia sonrisa. Entonces nos habló con una voz que imitaba la de un sabio o quizá un mago de esos que le gustaban tanto.

─¡Saludos, viajeros de tierras lejanas!

─¡Saludos, guardián de la puerta que conecta los dos mundos! ─recitó con una voz parecida Byron. Me encantaba conocer esa faceta suya.

─¡Saludos! ─dije simplemente yo, también emulando esa voz, pero he de reconocer que no me salió muy bien.

Byron se rio, pues nunca me había visto hacer esas tonterías. Al cruzar la puerta vimos que dentro ya estaban los componentes del grupo. Y nuestro anfitrión empezó con las presentaciones.

─Chicos, este es Kalron, «el que llama a la batalla».

El tal Kalron era una montaña de tío. Era enorme. Parecía sacado de una batalla de verdad, una que habría ganado sin duda.

─¡Saludos, extranjeros! ─nos dio la bienvenida.

─Estos son Fenrir y Geldor, nuestros guitarras.

Los dos integrantes eran también grandes, y rubios los dos.

Nos hicieron una sentida reverencia. Fenrir llevaba unas trenzas al estilo vikingo tanto en el pelo como en la barba.

El otro llevaba los ojos pintados, el pelo atado en una gran cola que le llegaba por la cintura y una runa pintada en la frente.

La manera de vestir de todos era parecida: vaqueros apretados negros con algún roto y camisetas de grupos de epic metal .

─Mir es nuestro bajista.

Este nos saludó con la mano mientras ajustaba la correa de su instrumento. También iba todo de negro pero, a diferencia de sus compañeros, él era pelirojo y más blanco de piel. Era algo más bajo en estatura pero tenía las espaldas anchas.

─Y a mí, como ya sabéis, se me conoce como ¡Balder, el Bello! ¡Soy la voz de los bardos y juglares de la Edad Oscura!

Lo pronunció con tanta solemnidad que todos no echamos a reír mientras él miraba complacido nuestra reacción.

Luego llegaron cinco o seis personas más, algo menos de lo que esperaban nuestros anfitriones, y comenzaron su espectáculo.

Un sonido grave y profundo daba la entrada a aquella sucesión de cuentos e historias de un folklore único en su especie que se mezclaba con algún tema de Manowar entre otros afamados grupos.

De hecho, una explosión de eléctricas siguieron al aullido de aquella caracola que soplaba el baterista para presentarnos una preciosa a la par que potente versión de Hail and Kill .

Acto seguido cambiaban a unas guitarras españolas y Balder iniciaba su canto a la batalla que estaba por llegar.

Tenía que reconocer que fue uno de los conciertos que más había disfrutado en mi vida, saltando con Byron y los otros desconocidos y cantando a coro con la banda más divertida del Rock Realm.

La actuación duró una hora aproximadamente y, tras brindar con unas jarras de su hidromiel casero, nos despedimos de ellos con sentidos abrazos, como si fuéramos camaradas de toda la vida. Byron se marchaba con un subidón enorme, con una sonrisa de oreja a oreja.

Un buen rato después, cuando me despedí de él y se desvió hacia su casa, yo di un pequeño rodeo para pasar por debajo de la casa de Taylor.

Las luces estaban encendidas. Seguro que Nata y ella se lo estaban pasando bien.

Me preguntaba si algún día volveríamos a tener esos ratos de complicidad que tuvimos de manera fugaz cuando nos conocimos.

Los conservaba como momentos muy felices, atesorados a buen recaudo en mi memoria.