Capítulo 31 Un curso que se acaba
Leo no tenía familia. Fuera lo que fuera que pasase, sería cuestión de tiempo que no quedara recuerdo alguno de él.
Desapareció de nuestras vidas como se desvaneció nuestra banda.
Ese episodio de mi historia parecía estar destinado al olvido, pues tampoco volvería a saber mucho más de mis compañeros de ensayo.
Ilai los reubicó con otras bandas y la cosa entre nosotros se fue enfriando.
No es que me doliera que no me llamaran, pero estaba claro que eran amigos de Leo principalmente.
El curso llegaba a su fin y el verano ya estaba advirtiendo de su llegada en los termómetros digitales de las farmacias.
Las noticias hacían lo mismo repitiendo la misma cantinela de todos los años: que cada verano hacía más calor o que era el año de más calor registrado.
Aquella tarde fui a recoger mi bajo y mi amplificador a nuestro local.
Me quedé fría al ver que eso era lo único que quedaba allí.
Mis recuerdos con ellos en un tiempo en que éramos del montón para muchos afloraron.
Sí que hubo risas, sí que lo pasamos bien, pero no estábamos unidos fuera del local como Dante y sus compañeros.
Me sentí vacía cuando salí de allí cargada, peleándome con aquel mamotreto de ampli, cuando me encontré en el pasillo con un buen amigo que venía con una mochila llena de libros.
No habíamos hablado apenas, y eso que él me había llamado para ver qué tal estaba tras lo de Leo.
Simplemente le dije que me encontraba bien y él entendió mi parquedad.
Aún no me sentía con ánimos de hablar sobre ello, y eso que habían pasado unos días.
─¡Dame, que te lo llevo, flojucha!
Dante me quitó de las manos el asa incómoda de plástico que venía incorporada en los amplificadores grandes.
─Ve con cuidado, fortachón.
La verdad es que estaba poniéndose en forma, y ahora que llegaba el verano algunas de sus camisetas marcaban mucho más su cuerpo bien trabajado.
─¿Me lo lleva a la furgoneta, si es tan amable?
─Será un placer, señorita ─ respondió. Y sin apenas esfuerzo, cargó con aquel armatoste en dirección al ascensor─. Pero te voy a cobrar un refresco por ello, que estoy seco.
─Hecho, ¿te lo cobras ahora y nos vamos juntos a tomar algo? ─le propuse.
─¡Claro! No tengo ya más exámenes. Solo he pasado por el local a coger mi afinador, que casi se me olvida.
─Por cierto, ¿qué tal fue ese concierto para recaudar fondos para vuestros amigos? Siento no haber podido ir ─me disculpé mientras él se dirigía hacia su local por el pasillo.
─Tranquila, es comprensible. Al final vino bastante gente y fueron generosos. No veas la cara que pusieron Balder y los demás cuando les dimos el dinero. Todo fue idea de Byron, es una gran persona. Además, ¿sabes qué? ─me preguntó con cara de ilusión.
─¿Qué? ─no sabía con qué me iba a sorprender.
─Creo que lo más bonito de esto no va a ser llegar al Glory.
─Ah, ¿no? Y, ¿qué va a ser entonces, Dante?
─Lo que nos vamos a llevar de cada planta. Los nuevos amigos que hemos hecho creo que van a marcar esta etapa de nuestra vida.
Era un chico muy especial. Y sabía que llegaría al Glory. Si no era él, ¿quién más iba ser digno de ello?
Dante y yo nos fuimos juntos a una cafetería y, una vez allí, me dijo que Sara le había contado mi acto heroico protegiéndola.
─Ojalá hubiera podido ayudaros. No tenía ni idea ─se disculpó.
─No puedes salvarme siempre, Dante. Y además, esa vez no te llamé.
Algo en mí pensó que lo tenía bajo control.
En los pocos segundos que temí por nuestra vida no pensé nada más que en buscar una salida para las dos.
Ilai tenía algo en la mano. Algo que hizo que Leo se asustara, creo que era un arma. Tal vez él…
─¿Insinúas que él acabó con Leo? ─preguntó Dante algo perplejo.
─No sé ─me contó algo intimidada por lo vivido aquella noche ─ . El miedo se dibujaba en sus ojos cuando pasamos a su lado para escapar. No se podía mover. Se notaba que estaba aterrado ante aquel hombre y el objeto que tenía en la mano
─Lo importante es que vosotras estáis bien. Y me alegro de que Ilai os ayudara a salir de esa. Ayer me crucé con él y le agradecí lo que hizo. Sara también aprovechó para decírselo.
Seguimos charlando durante un buen rato y, después de pagar nuestros refrescos, salimos de allí, nos dirigimos en mi furgoneta hasta mi casa y Dante cargó con el pesado altavoz para subírmelo al piso. Canapé lo recibió frotando la mejilla contra su pantalón.
─Eso quiere decir que eres de su propiedad. Ahora ya no puedes irte ─bromeé sin saber que había creado una situación incómoda. Dante se agachó a frotarle el lomo con los dedos, luego fue la barbilla.
─Taylor, no vale que entrenes a tu gato para hacerme tu mula de carga, picarona ─se rio de mí para restar tensión a aquel comentario que hice sin pensar. O quizás una parte de mí sí que la pensó. Entonces preferí cambiar de tema.
─¿Cómo llevas la grabación del disco? ¿Cuando podré escuchar algo? Tiene que estar siendo un trabajazo. Además, te ha coincidido con exámenes finales.
─Pues sí que ha sido mucho curro, no te lo voy a negar, pero ha sido divertido.
Desde aquel concierto, Byron, Sara y Ciro han estado dándolo todo.
Fue una inyección de entusiasmo para todos.
Al tener los temas tan trabajados los hemos grabado francamente rápido.
Y sí que está siendo agotador, pero también estoy aprendiendo mucho.
Ahora que está ya todo grabado, Rob me está ayudando con la masterización.
Creo que es el proceso más difícil, principalmente por lo de la compresión tanto en las pistas independientes como en el canal máster. Pero ya está practicamente terminada.
Yo puse cara de no saber de qué me estaba hablando y él se dio cuenta.
─Sabes que te lo estás inventando todo para parecer más listo ─bromeé ─ , y conmigo no cuela.
Le di un empujón fingiendo que lo sacaba de mi casa y nos despedimos entre risas cómplices.