29. Epílogo #2
Salimos rápidamente y corremos de vuelta a la sauna con los pies entumecidos, riendo como niños que juegan en la nieve. En el interior, el calor nos da la bienvenida, resultando aún más delicioso tras la zambullida helada.
Nos quedamos en la sauna hasta que nos descongelamos y luego, envueltos en gruesos albornoces, prácticamente tropezamos de regreso a la cabaña, con los cuerpos vibrando de energía y la piel sonrosada y hormigueante.
En cuanto la puerta se cierra tras nosotros, Emma se lanza sobre mí, con la boca hambrienta contra la mía.
—Eso —jadea entre besos— ha sido increíble.
—Te lo dije. —La levanto con facilidad, y ella me rodea la cintura con las piernas mientras la llevo al dormitorio—. Sabiduría finlandesa.
Nuestros albornoces caen al suelo y la recuesto en la cama, tomándome un momento para deleitarme con su imagen. Con el pelo aún húmedo y los ojos oscuros de deseo. La luz del fuego baila sobre su piel, volviéndola dorada.
— Kaunis vaimoni —susurro, y el finlandés brota de mis labios tal como me enseñó mi madre—. Mi hermosa mujer.
—No me lo traduzcas —Emma alarga la mano hacia mí, atrayéndome a su lado—. Muéstrame qué significa.
Y con mis manos, mi boca y mi cuerpo… hago exactamente eso.
La adoro en cada centímetro hasta que tiembla bajo mi cuerpo, susurrando mi nombre contra mi cuello.
Cuando finalmente me hundo en ella, ambos jadeamos ante la intensidad del clímax. El calor de la sauna, el impacto del lago, la calidez del fuego..., todo este maldito viaje.
Todo ha agudizado nuestros sentidos, haciendo que cada contacto entre nosotros sea casi eléctrico.
—Logan —jadea, clavando las uñas en mis hombros mientras muevo las caderas, dejando que mi miembro la llene por completo—. No pares.
Como si pudiera.
Establezco un ritmo que la hace gemir, con sus piernas aferradas a mi cintura, atrayéndome más profundamente con cada embestida.
Ahora conozco su cuerpo, quizá mejor que el mío propio.
Sé exactamente cómo angular las caderas para hacerla jadear, cómo acompasar mis movimientos para que su placer aumente lentamente.
—Te quiero —murmuro contra su cuello, sintiendo su pulso acelerado bajo mis labios—. Te amo . Te quiero.
Ella se deshace bajo mi cuerpo, arqueándose mientras sus paredes se contraen a mi alrededor entre gritos. La visión de su placer me empuja al abismo y la sigo, hundiendo la cara en su cuello mientras mi miembro late profundamente dentro de su calor adictivo.
Después, nos quedamos enredados el uno con el otro, con su cabeza apoyada en mi pecho y mis dedos trazando dibujos en su espalda. El fuego chisporrotea en el hogar, envolviéndonos en su calidez.
—Gracias —digo en voz baja.
Ella levanta la vista. —¿Por qué?
—Por esto. Por venir aquí conmigo. Por... —Trago saliva—. Por ayudarme a encontrar esta parte de mí otra vez.
Su mirada se suaviza. —¿Sabes qué necesita este sitio?
—¿Qué?
—Una cafetería realmente buena. —Sonríe, incorporándose sobre mi pecho—. He estado trabajando en una nueva mezcla. «Línea Finlandesa»: tueste oscuro, cardamomo y un toque de mora de los pantanos.
—¿Mora de los pantanos? —me río, atrayéndola más hacia mí—. Por supuesto que sí. Solo a ti se te ocurriría crear un café con moras de los pantanos.
Se inclina y me besa, mirándome profundamente a los ojos.
—Nos quedan tres días más —le recuerdo—. Luego, vuelta a la realidad.
—Iron Ridge te echa de menos —dice tras un momento—. Sabes que, en cuanto volvamos, todo será una locura otra vez. El capítulo, el hockey y The Nest.
Sus dos cafeterías están prosperando.
El local del estadio, ahora bautizado oficialmente como «The Nest no solo a Finlandia, sino a Emma.
Al amor que finalmente me hizo sentir completo.