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MARIE
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Luke inclina la cabeza y me besa. Vuelca todo su ser en ese beso, tratando de convertir este momento terrible en algo hermoso. Me olvido de todo salvo de su boca contra la mía, cálida y desesperada, y de la devastadora ternura de sus manos acunando mi rostro.
Me besa como si quisiera entregarme cada palabra que nunca tendremos tiempo de decirnos.
Entonces sus manos se deslizan de mi mandíbula a mi cuello.
Mis dedos se aferran a su camisa cuando el terror me clava las garras.
Oh, Luke, tengo miedo.
La aterradora verdad de este momento me sacude. Esto ha sido una idea horrible. ¿En qué estaba pensando?
No quiero morir. No ahora que acabo de encontrar una razón para vivir.
Tengo miedo.
Tengo tanto miedo.
Quiero decirle todo eso. Pero me trago cada palabra.
Mantengo las manos aferradas a su camisa.
Y no hago ni un solo ruido.