51
MARIE
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Me desplomo en brazos del guardia, con un zumbido en los oídos y la mejilla ardiendo donde Victor me golpeó.
Al instante, Luke suelta un rugido de furia y se abalanza sobre Victor, derribándolo.
—¡Atrás! —grita Joe—. ¡Atrás!
Pero Luke no parece oírlo. Victor está en el suelo y Luke encima de él, poseído por una furia tan ciega que apenas lo reconozco. Sus puños golpean el rostro de Victor una y otra vez, brutales, implacables.
—¡Vamos, tío! —grita Joe—. ¡Ya basta!
Parpadeo con fuerza, intentando despejar el mareo, mientras el corazón me late desbocado.
El dedo de Joe se tensa en el gatillo.
—¡No! —grito.
Philip irrumpe en la habitación.
—¡No le dispares!
Joe desvía el arma hacia arriba en el último segundo. El disparo resuena en la habitación, ensordecedor en el espacio reducido, y la bala se incrusta en la pared por encima de la cabeza de Luke.
Luke no se detiene. Lanza otro golpe, luego otro, como si el disparo nunca hubiera ocurrido.
Las lágrimas me resbalan por la cara y respiro entrecortadamente.
—Luke —logro articular, con la certeza aterradora de que cada segundo que continúa lo acerca más a la muerte.
Joe invierte rápidamente el agarre y golpea a Luke con la culata del arma. Una vez. Dos veces. El sonido es sordo, repugnante. Luke se desploma junto a Victor.
—Suéltala —ordena Philip.
El agarre de Mike se afloja. Me libero de un tirón y caigo de rodillas junto a Luke, acunando su cabeza en mi regazo.
Victor yace gimiendo a nuestro lado, con una mano que tiembla débilmente contra el suelo.
—¿Qué ha pasado aquí? —exige Philip, con una mirada acerada mientras examina la habitación: dos guardias muertos, Victor medio inconsciente en el suelo, Luke inconsciente, y yo arrodillada en medio de todo con la mejilla palpitante y el corazón hecho pedazos.
Señalo hacia Victor.
—Pregúntale a tu cómplice. Este fue su pequeño juego.
La mirada de Philip se agudiza.
—¿Qué juego?
—Intentar provocarme.
—Parece que lo consiguió.
Philip mira a Joe y Mike.
—¿Es eso lo que pasó?
Los dos hombres se remueven incómodos, de repente fascinados con sus zapatos. Entiendo su reticencia. Philip puede estar al mando, pero Victor es a quien responden cada día. Puede amargarles la vida de mil maneras.
—No importa —dice Philip con desdén.
Empuja a Victor con la punta del zapato.
—¿Quieres explicar esto?
Victor gime pero no responde, con el rostro tumefacto.
Philip lo mira con desprecio.
—Le guardas rencor a la Dra. Taylor desde que llegó a CTP. Tu falta de control resulta exasperante. De ahora en adelante, no tendrás contacto con ninguno de los dos.
Mira a Mike.
—Sácalo de aquí.
Mike se lleva a Victor a rastras, luego regresa con ayuda para retirar los cuerpos de los dos guardias, junto con las armas esparcidas por el suelo.
Joe me entrega la bolsa de hielo. Tras una breve vacilación, me la llevo a la mejilla palpitante mientras él se agacha junto a Luke.
—Respira con normalidad —dice después de examinarlo—. Tendrá dolor de cabeza cuando despierte. Con suerte, sin conmoción cerebral.
—No gracias a ti —murmuro.
Joe me lanza una mirada.
—Tiene suerte de que no lo matara.
—Tú tienes suerte de que lo detuvieran antes de que llegara a ti —digo con frialdad.
Luke se mueve y centro mi atención en él, deslizando los dedos suavemente sobre su frente, con cuidado alrededor de la hinchazón. Sus pestañas aletean. Sus ojos se abren, desenfocados al principio, y se enfocan al encontrar mi rostro.
—¿Marie? —dice con voz ronca.
—Estoy aquí.
—¿Estás bien?
Las lágrimas me pican los ojos.
—Estoy bien.
Se incorpora lentamente, sin alejarse de mí.
—Ha matado a dos de mis hombres, Sr. Caldwell —dice Philip.
—Solo porque no tuve la oportunidad de matar a más.
Philip suspira.
—Veo que la Dra. Taylor ha tenido una influencia desafortunada en sus modales.
—¿Modales?
Hago un gesto amplio abarcando la habitación.
—Mira este lugar. Sin retrete, ni siquiera un colchón. ¿Cómo voy a trabajar para alguien que me valora tan poco?
Junto a mí, Luke se queda quieto y en silencio.
Un destello especulativo asoma en los ojos de Philip. Si piensa que estoy considerando siquiera trabajar para él, podría darnos más tiempo. Victor me conoce demasiado bien para creerlo, pero ahora que está en desgracia temporal, Philip podría ser más fácil de engañar.
Philip mira alrededor de la habitación, como si la viera por primera vez.
—Permití que Victor organizara su alojamiento —dice al fin—.
Veo que fue un error. Tiene razón, Dra. Taylor.
Este lugar es inaceptable. Pese a lo que pueda suponer, estas instalaciones no son primitivas.
Hay varias habitaciones amuebladas para el personal que pernocta aquí.
También contamos con servicios médicos y una cafetería completamente equipada.
Se detiene, como si se diera cuenta de que ha dicho demasiado.
—Los haré trasladar en cuanto resuelva la logística.
Me arriesgo y pido cepillos de dientes, pasta dental, jabón y suficiente agua para limpiarnos.
Philip asiente.
Luke interviene.
—¿Qué hay del acceso a un retrete?
Philip niega con la cabeza.
—Por desgracia, Sr. Caldwell, no me fío de que no intente algo.
Mira el cubo.
—Me aseguraré de que lo vacíen, pero me temo que ambos tendrán que soportar esa indignidad un poco más.
Con Joe a su lado, se dirige hacia la puerta.
—Todas estas concesiones tienen un precio. Quiero una decisión de ambos para mañana a primera hora.
Entrecierra los ojos mirándome con advertencia.
—Y, Dra. Taylor, no toleraré que juegue conmigo. Trabajará para mí, por las buenas o por las malas. Usted decide.