50
LUKE
––––––––
—¡Quitádmela de encima! —chilla Victor.
La distracción involuntaria de Marie me da justo el tiempo suficiente para evaluar al guardia que había seguido a Victor por la habitación. Se ha quedado boquiabierto mirando a Marie y Victor forcejear en el suelo, con el arma sujeta sin firmeza.
Un novato. Bien. No se arriesgará a disparar en dirección a Victor.
Antes de que pueda reaccionar, acorto la distancia y le agarro el brazo armado. Un giro fuerte le rompe la muñeca. Grita de agonía y se dobla en dos mientras el arma cae al suelo con estrépito. No tengo tiempo de cogerla. El guardia de la puerta ya está levantando su propia arma.
Engancho un brazo alrededor del cuello del novato y lo pongo delante de mí, usándolo como escudo.
Mi mirada se clava en Marie. Durante un segundo de pánico, solo la veo en el suelo con Victor debajo de ella.
La mano de él sale disparada a ciegas y le agarra el brazo.
La rabia me invade cuando lo veo tocarla.
Entonces ella le clava un codo en las costillas y Victor emite un sonido estrangulado de dolor.
Parte de mi preocupación se alivia. Por ahora, parece que tiene a Victor bajo control.
El guardia de la puerta tiene el arma apuntándonos, pero duda.
Philip debe de haber dado órdenes de no hacernos daño a menos que sea absolutamente necesario.
Aprovecho esa ventaja y cargo contra él sin dejar de mantener al novato delante de mí como escudo.
En el último segundo, giro con fuerza, le rompo el cuello al novato y lanzo su peso muerto contra el otro guardia.
Antes de que pueda recuperarse, lo golpeo con fuerza en la garganta con el talón de la mano.
El cartílago cede bajo el golpe. Cae y se ahoga en silencio, con ambas manos arañándose la tráquea aplastada. Morirá pronto.
El grito de dolor de Victor me hace volver la atención al otro lado de la habitación.
Marie acaba de arañarle la cara. Esa es mi chica.
Me dirijo hacia ellos cuando el estallido de un disparo resuena en la habitación.
Todos se quedan inmóviles. Joe está en la entrada, con el arma apuntándome. La bolsa de hielo yace a sus pies.
Sus ojos recorren a los dos guardias muertos, luego a Victor, luego a mí. Entrecierra los ojos.
—Esto se ha desviado un poco del guion.
—¡Quitádmela de encima! —grita Victor, que mueve la cabeza hacia un lado cuando el puño de Marie le roza la mandíbula.
Joe no aparta la mirada de mí.
—¡Mike! ¡Ven aquí!
Otro guardia irrumpe en la habitación con el arma en alto y los ojos muy abiertos al ver el desastre.
—Ayúdalo, Mike —ordena Joe.
Mike enfunda el arma y va a por Marie. Ella se vuelve hacia él como un animal acorralado, peleando con uñas y dientes.
Mike suelta una maldición y vuelve a agarrarla.
Incluso ahora, incluso aquí, una parte salvaje de mí quiere aplaudirla mientras la otra parte quiere suplicarle que pare antes de que salga herida.
Mike finalmente le inmoviliza los brazos detrás de la espalda en un agarre brutal. Marie grita, más furiosa que asustada, e intenta liberarse. Él aprieta más. La cara de ella se pone blanca de dolor.
Mis manos se cierran en puños. Los músculos de la garganta se me tensan mientras uso cada gramo de autocontrol que tengo para no cruzar la habitación y arrancarle las manos de encima.
—Quédate quieto, tío —advierte Joe—. Ella está bien.
Marie me mira fijamente a los ojos.
Está bien, me dice con la mirada.
Se me cierra la garganta. Nada de esto está bien. Especialmente el hecho de que esté aquí de pie, obligado a mirar mientras todos mis instintos me gritan que la proteja.
Victor se pone de pie tambaleándose, con una mano presionada contra el corte en la mejilla. Cuando ve a los dos guardias muertos en el suelo, la furia se extiende por su cara. Se vuelve lentamente hacia Marie.
Se me tensa la espalda.
—Si la tocas, te arrancaré el brazo del cuerpo.
Victor me ignora, concentrado en Marie. Ella le devuelve la mirada con la barbilla en alto.
—Todavía desafiante —gruñe.
—Todavía repulsivo —le espeta ella.
La boca de Victor se tensa. Hace un gesto a Mike, que aprieta más el agarre.
Me muevo, y Joe niega con la cabeza mientras aprieta el agarre del arma.
—No hagas ninguna estupidez.
Victor agarra un puñado del pelo de Marie y le echa la cabeza hacia atrás.
—He esperado años para hacer esto —susurra.
Y echa la mano hacia atrás y la golpea.