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MARIE
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Antes de que Luke pueda decir nada más, un sonido metálico y áspero llena la habitación. Un segundo después, la puerta se abre y Victor entra sin prisa, acompañado de tres guardias armados. Joe es uno de ellos.
La confusión estalla en mi interior. Joe trabajaba para la NSIA, así que ¿qué hace con CTP? ¿Están las dos organizaciones conectadas de alguna manera?
Sin embargo, sé exactamente por qué está aquí Victor. Ha venido a regodearse.
Los cuatro hombres se detienen justo dentro de la habitación, asegurándose de quedar bien fuera del alcance de Luke.
Luke se levanta despacio, con cuidado de no alarmar a los guardias. Me pongo de pie con él, negándome a darle a Victor la satisfacción de mirarme por encima del hombro.
Levanto la barbilla y encaro a Victor sin molestarme en ocultar mi desprecio.
A mi lado, Luke se remueve. Su mirada va de Victor a mí y viceversa, como si pudiera percibir la tensión tirante como un cable entre nosotros.
Victor me dedica una sonrisa ladina.
—Vaya, Taylor, tengo que decir que este entorno te sienta de maravilla.
Como a ti te sentaría una tumba poco profunda. La réplica me sube tan rápido que casi me ahogo con ella. Pero necesito información, y a Victor le gusta demasiado el sonido de su propia voz como para no usar eso en su contra. Así que me trago el insulto y compongo la expresión más neutra que puedo.
—¿Dónde estamos?
La decepción cruza fugaz su rostro cuando no muerdo el anzuelo.
—En una de las instalaciones de CTP —dice, como si me estuviera haciendo un favor.
Frunzo el ceño.
—¿Una instalación de CTP? ¿En Nepal?
—¿Nepal? —Victor suelta una risita—. No. Estás de vuelta en casa.
No soy lo bastante rápida para ocultar mi sorpresa, y él hace una pausa, saboreando mi reacción.
—Vaya, no lo sabías.
—No —consigo decir.
El rostro de Victor se ilumina de satisfacción.
—Os trajimos a los dos en el jet privado de Philip. Por supuesto, tuvimos que drogaros más de una vez. Tedioso, pero eficaz —mira hacia la cámara—. Vi tu reacción al despertar. La poderosa doctora Taylor de rodillas, vomitando en un cubo. Gracias por el espectáculo.
Me arden las mejillas.
Luke me pone una mano en el brazo y se inclina hacia mí.
—Bien —me murmura al oído, como si fuéramos amantes—. Haz que siga hablando.
Sus palabras me estabilizan. Y también su mano, firme y cálida contra mi piel.
Victor tuerce el labio.
—Veo que vosotros dos os habéis vuelto muy íntimos. No habéis tardado mucho, Taylor.
Ignoro su pulla.
—¿Qué habéis hecho con el cuaderno de Alex?
—Nuestros científicos lo están analizando en este momento. El proyecto es todo un golpe para nosotros. Gracias por ponérnoslo en bandeja.
—¿Qué pasó con nuestro avión? —pregunto.
Victor frunce la boca con irritación.
—Un desafortunado error de cálculo. El hombre que teníamos allí debía retrasar vuestra partida el tiempo suficiente para colocaros un rastreador. Pero despegasteis —su expresión se endurece—. No volverá a cometer ese error.
Señalo a Joe.
—¿Y él qué?
Victor mira por encima del hombro.
—¿Joe? Lo reclutamos de la NSIA. Por lo visto, los sueldos del gobierno no inspiran mucha lealtad —sacude la cabeza—. Te olvidaste de contarnos tu encuentro con ellos. A Philip no le hizo gracia.
—Philip puede irse a la...
A mi lado, Luke se tensa.
No ha dicho una palabra desde que entró Victor. Me está dejando trabajar, dejando que Victor hable. Casi puedo oír la advertencia en su silencio: No dejes que te saque de tus casillas.
Respiro hondo para calmarme.
—Así que Joe os dijo dónde encontrarnos.
—Sí.
—¿Y la NSIA? ¿Saben que Joe ha desertado?
Victor se encoge de hombros.
—A estas alturas ya lo sabrán, imagino. Mientras trabajaba para ellos, Joe nos pasaba información útil. Después de esta operación, sospecho que su dimisión se ha vuelto inevitable.
Una pequeña chispa de esperanza prende en mi interior.
Victor la ve.
—¿Esperas que vengan a rescatarte? —pregunta—. Ahora mismo, creo que tus amigos de la agencia están recorriendo la casa de tu amante —señala a Luke con la cabeza— buscándote. No tienen ni idea de que habéis salido de Nepal.
La esperanza se apaga, y lucho por ocultar mi decepción.
Los ojos de Victor brillan.
—Te crees muy lista —se burla—, pero en todos tus años en CTP, no tenías ni idea de en qué estaba trabajando realmente Alex. ¿Qué se siente?
La ira me invade, rápida y ardiente. Ya está. Me lanzo al vacío.
—Te lo haré saber, Vic, si tú me cuentas qué se siente al ir correteando detrás de Philip. ¿Se ve mejor desde ahí abajo?
Luke suelta un suspiro pesado y resignado, pero me da igual. Ya no hay vuelta atrás.
—Luke, no te lo he presentado —hago un gesto despectivo hacia Victor—. Este es Victor. O Vic, como odia que lo llamen. Vic no dio la talla como científico, así que ahora se divierte intimidando a los de verdad.
El rostro de Victor se tiñe de rojo de rabia.
—Joe, sal a dar una vuelta —ordena—. Vuelve en diez minutos con una bolsa de hielo.
Ante el ceño fruncido de Joe, Victor añade:
—Para los moratones que pronto tendré en la mano.
Joe duda medio segundo y luego sale de la habitación.
A mi lado, Luke se tensa.
Una oleada de alarma me recorre. Demasiado tarde, caigo en que provocar a Victor quizá no haya sido mi mejor idea.
Victor se planta justo delante de mí; un guardia se sitúa a su lado. El otro permanece cerca de la puerta, con el arma apuntando a Luke.
—Me enteré de que Alex Robson eligió la salida del cobarde —dice Victor—. Cogió una pistola y se pegó un tiro. Siempre sospeché que ese hombre no tenía agallas.
—Ignóralo, Marie —dice Luke con voz áspera—. Está intentando provocarte.
—¿Lo estoy consiguiendo? —pregunta Victor—. ¿Y tus agallas, Taylor? Cuando llegue el momento, ¿te derrumbarás igual que él?
El rugido en mi cabeza es tan ensordecedor que apenas registro la última provocación de Victor.
Noto vagamente que Luke se acerca a mí.
—Vale —dice, con voz dura—. Ya basta.
Pero ya es demasiado tarde. Me abalanzo sobre Victor.