19
No quise seguir por esos derroteros y bien me venía desviar la conversación hacia otros rumbos.
–Venga, vamos a dejar esto, y a ver ahora, sabelotodo, ¿se sabe algo nuevo del exmarido de Sara?
–Como tú quieras, pero este sabelotodo, muy bien sabe lo que te conviene y en cuanto a saber algo de ese tío, te puedo decir que no ha aparecido de nuevo por el pueblo.
–¿Y me puedes decir algo del sobrino que heredó lo de ese amigo vuestro que murió?
–¡De ese majadero! Pues sí se algo y esto lo sé porque el sargento nos lo comentó hace un par de días en el casino, salió a relucir este tío y comentó que tras una trifulca que armó en un bar, el domingo pasado, tuvo que intervenir la guardia civil y llevarlo al cuartel.
Allí lo han tenido detenido durante 72 horas y por lo visto, cuando le soltaron, no ha tardado en pirarse del pueblo.
–¿Sabe todo esto Agustín?
–Pues claro, estaba conmigo cuando nos lo dijo el sargento.
–Pues muy bien, ahora si no te importa, voy a llamar por teléfono a Sara, a ver si se encuentra en casa, y le puedo decir que he vuelto a Codela.
–Me parece muy bien; le saludas también de mi parte.
Las dos noticias que me facilitó mi padre me parecieron estupendas y me parecía bien que las llegara a saber también Agustín, este, bien podía habérselas comunicado ya a sus dos hijas. Ahora solo faltaba, el no volver llegar a oír nada de esos dos elementos.
La llamada que efectué a Sara obtuvo respuesta y por el tono de voz, al saber quien se la emitía, no le debió causar sorpresa, pero algo cambió cuando llegó a saber de donde la llamaba.
No tardó en proponerme que me acercara a su piso y allí bien podía invitarme a cenar, con la consiguiente aceptación por mi parte.
–Te vas a librar de prepararme cena –dije con algo de socarronería a mi padre, tras terminar de hablar con Sara.
–Tú te lo pierdes, porque tengo algo que te ibas a chupar los dedos, pero anda, márchate, que sé que estas deseando verla cuanto antes.
Y así era. Sí que en el pueblo tenía una familia a la que adoraba, pero desde luego, había que incluir, en ese grupo, una nueva persona por la que sentía algo muy especial.
No tardé en dirigirme al piso de Sara y allí me encontraba pulsando el timbre de su puerta, que no tardó en abrirse, y asomarse ese encanto de mujer.
–¿Es aquí donde dan de cenar? –pregunté haciéndome el gracioso.
–Lo siento, pero aquí no hay cena para desconocidos –fue su respuesta.
Hizo mención como de querer cerrar la puerta, pero el siguiente movimiento fue el abrazarme y una vez los dos dentro del piso, nos brindamos un cariñoso beso.
Desde luego, tenía ganas de estar junto a ella y pude disfrutar de su compañía aparte de compartir una cena que me resultó exquisita. Además, ya había acostado al niño con lo que nos encontrábamos sin su presencia.
Claro está que durante la cena hablamos, saliendo a relucir, entre otras cosas, el no aparecer su exmarido por el pueblo así como tampoco estar su compinche, a lo que manifestó:
–Mira, me es igual lo que hagan, lo único que quiero es que nos dejen en paz y no se metan en nuestras vidas.
El pronunciar esas palabras hizo entristecer su rostro y había que cambiar ese aspecto.
–Déjame decirte que en vuestras vidas hay alguien que quiere meterse como “amigo”.
Lo dicho sirvió para hacerla sonreír y contestarme:
–Si solo es como “amigo”, lo tendremos en cuenta.
Se acababa la cena y para mí había algo pendiente por comentar y vino a cuento al oírle mencionar lo bien que se entendían su niño y la niña de mi hermana que iban a la misma guardería. Aproveché el momento para decirle:
–A propósito de mi hermana, me tienes que decir que comentasteis de mí y no me lo quisiste decir.
–No es que no te lo quiera decir, pero es algo en el que yo no debo entrar y será mejor, si todavía no te lo ha dicho, que sea ella quien te lo diga.
–Supongo que se trata sobre cambiar de profesión.
–¿Ya te lo ha comentado?
–No ha sido ella, ha sido mi padre. Nada más poner el pie en casa, me ha soltado el que Javier Salazar se va a jubilar y que bien podía sustituirle como psicólogo. ¿A ti, qué te parece?
–Mira, Mario, sabes lo que te dije en Barcelona cuando me preguntaste si te aceptaba tal como eras, incluida la profesión que desempeñabas.
–Sí que me acuerdo el llegarme a decir el aceptarme con o sin ese trabajo de detective, pero dime como ves el cambiar de oficio.
–En eso no voy a entrar, eres tú quien tiene que decidir que profesión quieres ejercer y los demás aceptar esa decisión.
No quise insistir más y ya maduraría que decisión era la que más me convenía.
Por una parte, me sentía cómodo con la profesión de detective; me sentía libre y no atado a un horario rígido de cualquier otro trabajo.
Por otra parte, si mi destino, o lo que realmente quería era llegar a unirme por completo a Sara, no estaba convencido de ser la mejor opción.
Era mejor el dejar de momento esa conversación y entrar en otros derroteros, pero no hizo falta, el oír un llanto, hizo que Sara se levantara de la mesa y con un: «perdona», dirigirse de inmediato a la habitación donde se encontraba el niño.
Al quedarme solo en la mesa, no pude por menos que darle vueltas a lo hablado y llegar a pensar el ser mejor meditarlo de forma personal, para ello no debía prolongar más mi estancia en el piso de Sara.
El día siguiente, al ser domingo y tener ella el día libre, bien podíamos vernos de nuevo y retomar, si procedía, esta conversación o lo que surgiese.
Me acerqué al dormitorio y allí estaba Sara con el niño en brazos. Había dejado de llorar y al parecer se había quedado nuevamente dormido. Entre susurros Sara me dijo:
–Ha debido tener alguna pesadilla, pero ya está calmado.
Con el mismo tono le dije:
–Parece un angelito, si no te importa, os voy a dejar tranquilos.
–No tienes porque marcharte, en un momento estoy contigo.
–Déjalo Sara, mañana domingo, si te parece bien, podemos estar todo el día juntos.
–Como quieras –respondió
Puse punto final a esa estancia acercándome a Sara, sin molestar al niño, para despedirme y darle un beso.
No había terminado la noche como me hubiera gustado, pero bueno, yo había sido quien la había dado por acabada, para madurar en solitario todo lo hablado.