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Tras comentar con Merche estas particularidades, al salir de comisaría, y terminar diciéndole que bien podía prescindir de mí presencia, Soltó la pregunta que esperaba:
–¿Quieres ya marcharte a tu pueblo?
–Así es –le contesté–. Ya no necesitáis de mis servicios.
–Eres el jefe de esta investigación y me hubiese gustado que estuvieras hasta el final, pero te entiendo.
Ahora sí, antes de marcharte, me gustaría que me acompañases a ver a Sabater y aunque sea yo quien le cuente todo lo que hemos hablado con Melero, quisiera que estuvieras presente por si me dejo algo en el tintero.
Por descontado que narro, con pelos y señales, todo lo concerniente a este caso. Siempre había sido muy espabilada y bien podía haber llevado esta investigación por si misma. Si precisaba mi presencia era para sentirse más segura.
Tras las explicaciones de Merche, Sabater también vio claro la culpabilidad de esos dos hermanos, en el atraco al banco. No tuvo ningún problema en decirnos que se haría cargo, como abogado, de la defensa de Ramiro y demostrar su inocencia de ese atraco.
¿Que me quedaba por hacer en Barcelona?, nada.
Había cumplido con los deseos de Merche y su novio David, de ayudarles en buscar al verdadero culpable del atraco por el que había sido encarcelado Ramiro, y además, servir para que mi antigua pareja, Teresa, dejara de inquietarle ese anormal comportamiento que creía ver en su prometido.
Solo empañaba esa estancia la perdida de un ser tan querido como era Rosa. En verdad le tenía un cariño especial y es que Rosa, ya lo habré dicho un millón de veces, era para mí como una segunda madre.
Bien, el quedar libre, me daba pié para dar el siguiente paso y este lo iba a realizar de inmediato, así que sin perdida de tiempo me puse en marcha.
Eran aproximadamente las ocho de la tarde cuando me encontraba frente al garaje de la casa de mi padre.
Debió oír la llegada de mi coche, porque sin llegar a bajarme de él, la puerta comenzó a abrirse.
Ni que decir que siempre tenía el hueco disponible, dentro del garaje, para ubicarlo.
Corroboraba esta hecho esas palabras que me dijo en su día: «este espacio lo tendrás siempre libre para que vengas más a menudo o te quedes a vivir aquí».
Lo de quedarme a vivir en Codela, eran las palabras que no le faltaban por decir cada vez que me presentaba.
Nunca había llegado a entender el haberme quedado en Barcelona después de acabar los estudios por los cuales me desplacé.
Menos entendía la profesión de detective que ejercía, en la que veía ciertos riesgos que no tenía porqué correr.
No contaba con que era algo que yo había elegido y, de momento, me sentía a gusto desarrollando ese trabajo.
–Te esperaba antes –fueron sus primeras palabras, al bajar del coche una vez aparcado.
Sin hacer caso a sus palabras me dirigí a él y me uní en un fuerte abrazo, aunque no sirvió para recibir el rapapolvo correspondiente.
–Sí, sí, mucho abrazo, pero no has sido capaz de llamarme por teléfono para tenerme informado de como ha ido el funeral de Rosa y como se encuentra Sabater.
–Tienes razón –le contesté–, y sí que tenía pensado volver al pueblo tras el funeral, pero tenía que cumplir con Merche algo que me había pedido...
–Es igual, no sigas, no me voy a meter en vuestras cosas. Solo dime que tal está Sabater.
–Te lo puedes imaginar, pero para paliar su amargura, ha tomado la decisión de incorporarse al trabajo.
–Me dijiste que se había prejubilado.
–Eso te dije, pero me ha parecido bien esa decisión de volver de nuevo a ejercer su profesión.
–Bueno, yo ahí no me meto, pero venga, vamos adentro de casa que algo de un trabajo quiero hablar contigo.
Nos adentramos en casa y a ver que se le ocurría esta vez, saliendo de su boca la palabra trabajo, con el consiguiente consejo que en principio debería asumir.
Antes, claro está, debía endulzar el momento y, estando dentro de la cocina, no tardó en poner encima de la mesa unos tacos de jamón y una botella de vino.
–Ves tomándote esto, que vendrás con ganas y pronto me pondré a preparar la cena.
Como siempre, distribuyéndome el tiempo sin contar que es lo que yo quería hacer. Era buena hora para llamar por teléfono a Sara y si se encontraba en casa ir a realizar el saludo correspondiente.
–Ya sé que estarás con ganas de ir a ver a Sara –continuó diciendo mi padre–, pero antes de que decidas irte, quiero saber que planes tienes en mente con ella, porque tanto tu hermana como yo, tenemos algo que decirte y por descontado te vendría bien escucharnos.
Vaya, algo tenían bajo la manga y además, contando que mi hermana estaba en la cuestión, me recordó la última vez que estuve hablando por teléfono con Sara.
Comentó el haber hablado entre ellas algo de mí, pero no quiso decirme el qué.
¿Quizás tendría algo que ver con lo que trataba decirme en ese momento mi padre?
–A ver, que es eso que me tenéis que explicar tanto tú como mi hermana.
Se quedó en silencio, para después, mandándome sentarme en la mesa y él hacer lo mismo, comenzó por decir:
–Mira, yo soy tu padre y quiero lo mejor para ti, así que no me regañes si me meto en tus cosas.
–Anda, venga, desembucha que es eso que tenéis que decirme, que ya me tenéis en ascuas.
Veríamos que guardaban entre manos estos dos seres tan queridos, porque si solo partiera de mi padre lo que me iría a decir, ya lo tenía más que asumido por donde iban a ir los tiros, pero si intervenía también mi hermana ahí si que estaba en blanco.
Comenzó diciendo que, tanto mi hermana como él, veían con buenos ojos ese interés que tenía por Sara y deseaban que llegáramos a entendernos por completo. En eso iban bien y no tenía porque cortarles ese punto de vista. Pero, por lo visto, algo importante faltaba por añadir y ahí me causó sorpresa.
–Si te hablo de Javier Salazar, de sobras sabrás de quien es.
–Por supuesto –respondí–, como no voy a saber quien es, ¿le pasa algo?
–No le pasa nada malo, si piensas en su salud, pero hay algo de él, que bien te podría venir a ti.
Vaya, ni por mucho que pasara por mi mente, habría pensado que saldría a relucir este hombre.
Si que tenía un buen recuerdo de él. Al acabar el bachillerato estaba en duda que carrera iniciar y este hombre, un buen amigo de mis padres y conocedor de como éramos mis hermanos y yo, algo nos aconsejó.
Respecto a mi hermano mayor no entró, porque tenía claro el seguir en las tareas del campo junto a mi padre, pero en lo que respecta a mi hermana y a mí si que nos ayudó.
A mi hermana le sugirió que hiciera Historia del Arte y a mí me indicó que bien podía iniciar la carrera de Psicología.
Al irle a él bien y apasionarle el ejercer de psicólogo, le parecía adecuado el que yo, tal como me veía, también podía llegar a ejercer esa misma profesión.
En eso estuvieron de acuerdo tanto mi madre como mi padre y además, realizar esos estudios en Barcelona, lugar donde Javier efectuó esa carrera.
Era cuestión de saber a qué venía el sacar a relucir a su amigo, después de poner en manifiesto su aprobación a ese interés que tenía por Sara, así que le apunté:
–A ver, termina de una vez donde queréis ir a parar, tanto tú como mi hermana.
–Muy fácil, Javier ya se va a jubilar y tú podrías ocupar su puesto.
Toma ya, sabía que Javier seguía ejerciendo de psicólogo en Turella, pero estos últimos años poca relación había tenido con él y desconocía el que se iba a jubilar, aunque por la edad ya le tocaría.
Sí que él era conocedor de estar yo titulado en Psicología, como también sabía el no ejercer esa profesión por dedicarme a la investigación, como detective.
Como ya habré comentado, Sabater fue la persona que influyo en tomar esta decisión.
El llegar a conocerlo en una conferencia sobre criminología que impartió en la facultad de Psicología, fue determinante para una vez obtenido el titulo de Psicólogo, entrar en otro ámbito como era el de la investigación.
Y es que en verdad, el tema que desarrolló en esa conferencia me causó un gran impacto y además, pude llegar a hablar con él.
Me vio tan interesado en el tema que me invitó a verle, cuando quisiera, a la agencia donde trabajaba, y alguna explicación más me daría.
Y claro que fui y fue un encuentro muy satisfactorio para mí, tanto, que al final me propuso verle de nuevo, cuando finalizase la carrera de Psicología, y si realmente me interesaba trabajar con él, me personase en esa agencia de detectives, que regentaba, y vería que se podía hacer.
Dejando aparte esta decisión que tuve en su día de ser detective, y llegar a oír a mi padre el deseo de ser yo la persona que ocupara el puesto que dejaría su amigo, no puse por menos que decirle:
–¿A que viene esto? Tanto tú como mi hermana sabéis que me agrada el trabajo que desempeño y...
No me dejó seguir, para soltarme:
–Claro que lo sabemos, pero ejercer de Psicólogo tampoco está mal y si, como creemos, estás interesado en unirte a Sara, bien estaría que volvieras al pueblo y darle la satisfacción de ejercer una profesión menos arriesgada y más cercana... así que piénsatelo.