17
La semana se acababa y, en principio, no esperaba encontrarme en Barcelona.
Sí que había regresado para cumplir en algo que verdaderamente me había producido un gran dolor.
No era para menos el volver tras saber esa noticia tan triste; se trataba de algo sumamente doloroso como era el haberse producido la muerte de un ser tan querido como era Rosa.
Ya lo habré dicho, pero es que era una persona a la que apreciaba como si fuera mi segunda madre.
Pero claro, después de acompañar en la condolencia a su marido Sabater, mi destino era volver al pueblo y poder llegar a formalizar, de una vez, esa relación que tenía con Sara.
Sí que, según me dijo, ella no necesitaba formalidades, al tener claro lo que sentía hacia mí, pero esos sentimientos, por ambas partes, necesitaban reafirmarse con una unión. Para ello era preciso ir al pueblo y juntos plantear nuestro futuro.
Estaba claro quien ocupaba mi pensamiento, pero debía tener presente donde se encontraba mi parte física e intentar ultimar el caso en el que estaba enfrascado, para quedar libre.
Este sábado bien podía ser un buen día para dejar zanjado el caso de Ramiro.
Tanto para Merche como para mí, estaba claro quien tenía todas las posibilidades de ser el verdadero o los verdaderos autores de ese atraco.
¿Y quien podía llegar a poner punto final?
Ni más ni menos que Melero. Me parecía inaudito el que aceptara el poder ayudarme y sí que se merecía mi agradecimiento por ello, pero también a él le podía servir para aumentar su valoración como policía.
¿Y en que me basaba? Si en esa comprobación de Melero sobre el parentesco entre esas dos personas más el historial policial que pudiera encontrar, se demostrase el no haberse tenido en cuenta ciertas pruebas a la hora de cerrar el expediente, la reapertura del caso podía ser posible y por lo tanto,
bien podía ayudar para presentar esas pruebas ante un juez.
Por descontado, su capacidad como policía, saldría favorecida ante el hecho de reabrir un expediente archivado.
Bien, todo esto eran meras suposiciones y lo que primaba era ponerme en contacto con Melero.
Me disponía a salir del ático cuando sonó el teléfono.
Era Merche efectuando la llamada desde su casa y tras los correspondientes saludos matinales, me soltó:
–Qué bueno que te he encontrado en tu piso.
–¿Por qué es bueno?
–Porque ayer me dijiste que hoy ibas a ver a Melero para ayudarnos a resolver el caso de Ramiro y me gustaría estar presente. Yo también formo parte en esa investigación ¿no te parece bien, jefe?
–Lo que tiene que parecerle bien es a Melero.
–Por eso no te preocupes, jefe, que tengo el suficiente desparpajo como para engatusarle, si hiciera falta.
–Tú lo que tienes es mucho descaro y allá tú, pero ves yendo para la comisaría y allí nos encontramos.
No estaría demás la presencia de Merche en la reunión con Melero, su agudeza nunca viene mal. Lo único que quedaba por ver era si a Melero no le disgustaba su presencia. Pronto lo sabría.
Allí, cercana a la puerta de la comisaría, se encontraba Merche. No era de extrañar que se me adelantara, aunque yo me desplacé hasta allí en la moto, su vivienda estaba cercana a esa comisaría.
Tocaba entrar en la comisaría y no hubo ningún problema al conocerme el policía que estaba presente en la puerta e incluso el tener que decirme, cuando llegase, que fuera directamente al despacho donde se encontraba Melero. Y allí fuimos.
–¡Hombre, Mario!, hoy traes refuerzos –fue su recibimiento.
No dejaba de asombrarme ese nuevo proceder ya que viendo a Merche a mi lado, acompañaba a ese saludo con una sonrisa.
–Si no te molesta, ella esta al corriente de esta investigación y por eso la he invitado a venir.
–No, no me molesta, al revés, puedo aprovechar para disculparme del proceder que tuve cuando estuvo en el hospital al recibir ese atropello. No me comporté muy dignamente al presentarme allí y echarle una bronca.
Se refería a ese accidente premeditado que le causo a Merche el que llegó a ser el verdadero culpable del asesinato que estábamos indagando, y que en principio Melero no estaba de acuerdo que nos metiéramos en ese asunto.
–Esto ya es agua pasada y en verdad me agradan estas disculpas. –alegó Merche.
–Muy bien, estamos los tres en buena armonía y ahora si te parece, Melero, vamos a lo que quedamos ayer.
–Tranquilo, Mario, no vienen mal estas disculpas. No estuve muy acertado en llamaros al orden y llegar a amenazaros en esa investigación que hicisteis. Y ahora, venga, vamos al grano y comenzar vosotros diciendo que habéis llegado a saber en esa reunión que habréis tenido con Ramiro.
–Simplemente que iba todos los finales de mes al banco para recibir la nómina que enviaba la empresa por transferencia.
–O sea, que bien podía saber el banco los días que la retiraba.
–A esa conclusión hemos llegado y por lo tanto la cajera podía ser conocedora de esas fechas.
–Y tanto que lo sabía –confirmó Melero.
Me dejó sorprendido con esa afirmación.
–¿Por qué lo afirmas con tanta seguridad? –preguntó Merche
–Porque al igual que a vosotros os parece que ese atraco pudiera estar amañado entre la cajera y ese tío, a mí también me parece que estáis en lo cierto. Os diré que esos dos son hermanos.
–Vaya, no me extraña nada porque los dos son igual de simpáticos –saltó Merche.
–Aparte de llegar a saber que son hermanos, ¿has podido indagar algo en el historial de esos dos? –pregunté.
–Sí que he visto el historial, pero solo tiene antecedentes el hermano. Está fichado por alteración del orden público y también porque le denunciaron por sustraer un coche.
Estuvimos dándole vueltas al asunto y algo nos faltaba para seguir adelante, hasta que nos centramos en el destino que pudieron dar al dinero que se llevaron de ese atraco. Ahí podíamos obtener una gran prueba si conseguíamos saber si ese dinero lo habían empleado en algo notorio.
Fue Merche la que, como se suele decir, encendió la mecha. Comentó su último encuentro con la cajera, del que nada pudo sacar, pero si poder verla salir del parking, dónde había entrado, en un automóvil. Terminando por decir:
–Me chocó el coche que llevaba porque era uno de esos vehículos chulos, que había salido a la venta no hacía mucho.
–¿Y de que coche se trataba? –pregunté.
–Era un Renault Clio.
–Sí que estás en lo cierto en decir que hacía poco se había puesto a la venta –mencionó Melero– ese vehiculo comenzó a venderse en el 1990.
–O sea, eso quiere decir, que la compra de ese coche es posible que se produjera después de cometer ese atraco al banco –sugerí.
–Dejarme que averigüe algo –repuso Melero.
Y claro que le dejamos. De inmediato cogió el teléfono que tenía a su alcance y se puso en contacto con la Jefatura de Tráfico. Dando los datos, tanto de la cajera como los de su hermano, preguntó si tenían algún vehiculo a su nombre y si era así, cual fue la fecha de la compra.
–Esto es más que evidente –soltó Melero nada más colgar el teléfono–. La compra del modelo de coche Renault Clio fue comprado por Manuel, el hermano de la cajera, hace año y medio, o sea en pleno 1990.
–¿Quieres decir que lo ha comprado después de haberse cometido ese atraco? –pregunté.
–Por descontado, además, me han comunicado que este coche lo ha transferido a su hermana hace un año.
–Pues ya los tenemos –concluyó Merche.
–Espera, espera –indiqué–, habrá que atar más hilos y uno muy importante es contar con la testificación del de ese empleado del banco, confirmando que vio salir de la oficina bancaria a un hombre cojeando y además, producirse un poco antes de oír los gritos de la cajera,
alegando que la habían atracado
–Bien –aseveró Melero–, en principio, se tendrá que reabrir este caso y para ello tenéis que encargaros de buscar un buen abogado.
De las pruebas evidentes, ya me encargaré yo de aportarlas ante el juez.
Me vendrá bien para ver si esto se añade a mi historial y de una vez por todas me nombran comisario,
–Nos alegraremos, Melero. En cuanto al abogado, lo tenemos y es bastante bueno. Sabater será el encargado de la defensa de Ramiro.
–¡Sabater! Tengo entendido que se había prejubilado. y además, no creo que se encuentre en condiciones tras la muerte de su mujer.
–Sí es verdad lo que dices, pero para no consumirse ante esa perdida, ha decidido volver al despacho y reabrir la agencia.
–Bueno, pues ya está dicho todo y adelante –terminó diciendo Melero.
Para mí ya estaba solucionado el asunto y solo quedaba informar a Sabater.
Seguro que no habría ningún problema en que se pondría en marcha para defender esta causa.
En cuanto a Merche, conocedora de todos los pasos que habíamos dado, solo le faltaba llegar a verse con el empleado del banco, que bien me aportó ese dato de la cojera para poder testificarlo ante el juez.
Ni un momento me faltó para comentar con Merche lo que estaba pensando.
Le propuse los pasos que debería seguir y no hubo problema en aceptarlos.
El comentar con Sabater para que se hiciera cargo de la defensa, no era nada especial y en cuanto ponerse en contacto con el empleado del banco, tampoco tendría ninguna dificultad.
Desde luego, le aporté algunas características físicas de esa persona, a tener en cuenta, y, por descontado, le diría que iba de parte del detective que estuvo hablando con él.
Le recordaría que me dijo el no tener problemas para prestarse a declarar ante el juez y testimoniar el haber visto salir del banco a un hombre cojeando.
Añadiendo que este hecho se produjo pocos momentos antes de escuchar el grito de la cajera, conforme le habían atracado.
¿Y qué me movía para dejar el caso en manos de Melero, Sabater y Merche?, sobra decir cual era el motivo por el que deseaba estar por completo libre.