Decisión Compartida (Mario Gárate: Detective privado 3) 16 #3
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–No seas malo. Sabes bien que no podía soportar ese trabajo que tienes y menos desde que recibiste ese balazo. Lo pasé muy mal y yo no quería seguir sufriendo el verte en peligro. Ese balazo bien podía haber llegado a otra parte de tu cuerpo y dejarte sin vida.

–Bueno, dejémoslo así. Tu asunto está resuelto y ahora vamos a disfrutar de este aperitivo de pareja que nos ha ofrecido doña Concha.

Sí que, Teresa, aparte de darle mi conclusión sobre el proceder de su pretendiente, resultaba ser una persona agradable y lo seguía mostrando durante la conversación que fuimos manteniendo a lo largo de la comida, pero algo más se puso en manifiesto.

Ese sentimiento de amor, que en su día ejerció sobre mí, ya no existía y reafirmaba donde verdaderamente se encontraba.

Nuestra despedida quedó a las puertas del instituto, pero antes de darnos el adiós, quiso saber, de nuevo, esa sorpresa que le tenía reservada su prometido y que me negaba a decírselo. Con un: «pronto lo sabrás», concluyo nuestro encuentro.

Se acercaban las seis de la tarde y había que acercarse al bar en el que nos vimos anteriormente con Ramiro. A ver si había suerte y la novia de Gerardo había podido decirle el querer ponernos en contacto con él. Merche si que se encontraba en la puerta y nada más verme, me dijo:

–Tenemos dentro del bar a Ramiro, ahí algo que deba saber antes de entrar.

–Lo sabremos los dos cuando nos responda Ramiro a las preguntas que le voy a hacer y ya veremos a que conclusión llegamos.

Si que estaba Ramiro sentado en una mesa, paladeando una cerveza. La pregunta que nos hizo nada más sentarnos junto a él, era de esperar.

–¿Habéis conseguido saber algo más de quien pudo efectuar ese atraco?

–Estamos en ello, pero te hemos hecho llamar porque necesitamos que nos respondas a unas preguntas que te vamos a hacer.

–Joder, ¿más preguntas?

–Tranquilo Ramiro, estamos haciendo todo lo posible para aclarar quien en realidad fue el autor de ese atraco

–respondió Merche.

–Me vais a perdonar, porque debiera estaros agradecido por lo que estáis haciendo, pero es que estoy que me subo por la paredes. Esta mañana me han vuelto a mandar a la mierda, cuando me he presentado en una nueva empresa para pedir trabajo.

–Bien, Ramiro, vamos a apaciguarnos –atajé–, y en principio quiero que me digas que familiares tiene ese compañero de fechorías que te denuncio por agresión.

–Ese ni es compañero ni es nada, ese es un cabrón y no te puedo decir nada de su familia porque no la conozco

–O sea, no sabes si tiene alguna hermana.

–Ya te digo que no. Yo a este tiparraco apenas lo conocía.

–Bien, bien, ahora a ver que nos puedes responder a esta otra pregunta, El día que se cometió el atraco tú estuviste presente en ese banco, ¿alguien podía llegar a saber que ibas a ir ese mismo día?

Se quedó un poco extrañado al hacerle esa pregunta, y aunque no se le oyó decirlo, seguro que pensó: «qué coño tiene que ver el que alguien sepa que fui al banco ese día».

Insistí en la importancia que tenía para nosotros el saberlo y nos llegó a decir que él iba todos los finales de mes al banco para recibir el pago de la nómina.

La empresa donde trabajaba la emitía por transferencia bancaria.

El no fallaba en ir en ese final de mes porque le era necesario disponer del dinero ya que le era preciso hacer ciertos pagos. Esta respuesta hizo responder a Merche.

–Toma ya, aparte de Ramiro, quien puede saber los días que cobraba esa transferencia es el mismo banco y claro está, la cajera toma parte.

Estaba muy de acuerdo con Merche, pero para unir todos esos puntos que tenía en el aire, era preciso saber la afinidad que podía haber entre la cajera y el agredido por Ramiro. Aunque me esperaba su respuesta le pregunté:

–Tú, Ramiro, creo que nos dijiste el no conocer a la cajera, ¿es así?

–Ya os dije que a esa puta cajera no la conocía de nada.

–Está bien, Ramiro –repuse.

No había nada más que nos pudiera aportar y salvo algún comentario que otro, fuera del contexto del caso, la reunión quedaba finalizada por lo que Ramiro se despidió de nosotros.

Merche y yo nos quedamos en el bar ultimando la cerveza que habíamos pedido al camarero y además, seguir hablando de ese motivo que nos había llevado a conectar con Ramiro. Fue Merche la primera que rompió el silencio.

–Vaya par de preguntas más reveladoras. Estoy cada vez más convencida de que el de la cojera es el atracador y la cajera su compinche. Y ese de la cojera no es otro que el agredido por Ramiro.

–Está bien esa conclusión a la que llegas, pero déjame que me ratifique Melero algo que va a comprobar.

–¡Qué me dices! ¿Melero está al corriente de nuestra investigación?

–Pues sí, ha sido por pura casualidad, pero nos va a venir bien el que esté al corriente de este caso.

–No guardo muy buen recuerdo de él, menuda nos la preparó en nuestro anterior caso.

–Sí que no estuvo muy acertado, pero al final se disculpó conmigo y prueba de ello, el estar ahora dispuesto en ayudarnos en lo que sea por resolver este caso.

–¿Y en qué nos va a ayudar?

–Va a mirar la afinidad que puede haber entre la cajera y ese hombre de la cojera, además del historial policial que tienen.