16 #2
–Como vive con Gerardo y su novia, vamos a llamar al teléfono de estos y si tenemos suerte, igual se encuentra allí.
Sin más, Merche echó mano del número que tenía apuntado en su agenda y se dispuso a llamar desde el teléfono donde se ubicaba cuando ejercía de secretaria de Sabater.
No hubo suerte en hallarse Ramiro en el piso, pero la novia de Gerardo se brindó para decirle, cuando fuera al piso, que deseábamos verle con urgencia.
Normalmente se acercaba al piso a primera hora de la tarde y quedó con Merche que le diría el ir sin falta, sobre las seis de la tarde, al mismo bar que nos vimos la anterior vez. Allí nos encontraríamos.
Como hasta las seis estaba libre y al no pintar nada en ese despacho de Sabater, quise despedirme del grupo. Pero no podía irme sin más, antes Sabater se encargó de que recibiera de sus manos el mensáfono que nos había comprado y darme las debidas explicaciones de su funcionamiento.
Era cerca de mediodía y bien podía irme a comer a mi restaurante habitual.
Antes, al estar cerca el instituto donde trabajaba Teresa, me pasaría por ahí y quizás la encontraría.
Dejaría zanjada su inquietud por ese anormal comportamiento que veía en su prometido, pero de ninguna manera le haría saber esa compra que había efectuado de un piso a nombre de los dos. Eso no era cosa mía.
Y sí que la vi. Se encontraba a la salida del instituto hablando con unas personas y tan pronto me vio se despidió de ellas para acercarse donde yo me hallaba. Cumplimos el encuentro con besos en la mejilla, para después sin dilación decirme:
–No me digas que ha sido una casualidad el que nos veamos.
–Más que casualidad ha sido el saber donde te podía encontrar. Por si no lo recuerdas, no es la primera vez que vengo por aquí.
–Ya sé que venías, pero hoy me has dado una sorpresa. No esperaba verte.
–Pues aquí me tienes y te imaginaras a que he venido.
–¿Has averiguado algo de lo que te pedí?
–Algo sé.
–¡Ay, Mario, qué sabes!
–¿Quieres que te lo diga aquí mismo?
–No, no, mejor vayamos a algún sitio, iba a ir con unos compañeros a comer, pero ya iré mas tarde.
–Mira, aprovechando que es la hora de comer, te invito a ir al restaurante que tú bien sabes al que voy y matamos dos pájaros de un tiro.
No hubo problema en que aceptara mi invitación, más bien la veía ansiosa por querer saber lo relativo a su prometido.
Sí que no era la primera vez que íbamos juntos a ese restaurante y así se lo hizo ver doña Concha al verla.
–¡Dichosos los ojos que te ven, Teresa!
–Hola, doña Concha.
–No me digáis que habéis vuelto.
–Lo único que hemos vuelto, doña Concha, es a vuestro restaurante –intervine–, así que a ver que nos preparas.
–Anda, anda, que hacíais una bonita pareja... a ver que os apetece pedir del menú.
Nada más retirarse doña Concha, llevándose en mente lo que nos había apetecido, Teresa no perdió ni un instante en decirme:
–Venga, Mario, que me tienes es ascuas, que has averiguado.
–Calma, calma, señorita Teresa, que pronto te tendré que decir señora Teresa.
–No me hagas bromas, Mario, esto que te he pedido es muy importante para mí y mira por donde, por una vez me alegro que ejerzas de detective.
–Pues este detective, bien podía no dar respuesta a esa mujer que desmontó la unión de pareja que formaba con él. –Desde luego no lo dije con seriedad. Lo nuestro no tenía vuelta de hoja.
–Qué cosas dices, sabes que me costó el que dejáramos de ser pareja y siempre he guardado un buen recuerdo de nuestra relación, pero como hace tiempo que lo dejamos, igual que yo tengo una nueva pareja, supongo que tú también la tendrás.
–En eso te voy a contestar que sí, pero dejemos este asunto y vayamos a lo que realmente te interesa.
Puso freno doña Concha al traernos la bebida y como no podía ser otra cosa, allí quedaba encima de la mesa el agua fresca, la botella de vino tinto y unos entremeses.
–A ver, expareja, este aperitivo que os traigo son unas croquetas de jamón ibérico y bacalao. Que os sirvan para comprobar como se forma una buena pareja.
Desde luego, doña Concha siempre me brindaba alguna graciosa ocurrencia, aparte de ofrecerme algún aperitivo como obsequio
–Espero que estas buenas parejas no nos indigesten – solté con la guasa correspondiente.
–No me extraña, Teresa, que este hombre no lo hayas querido digerir, porque es muy indigesto.
–Qué razón tienes, doña Concha –soltó Teresa.
Mira por dónde, también se sumo a la chufla. No estaba mal el que pusiera algo de humor, pero enseguida cambió esa sonrisa que tuvo al contestar a doña Concha, poniendo cara seria a la espera de oír lo que realmente le interesaba.
–Sí que seguís con la misma guasa, y me parece bien, pero sigue con lo que me tienes que decir.
–Lo que tengo que decirte se resume en que tienes una buena pareja y no tienes porque inquietarte con ella.
–Pero ese comportamiento anormal que veo en él, ¿a qué es debido?
–Es debido a que está muy atareado para adquirir algo que no te voy decir.
–¿Por qué no me lo vas a decir?
–Porque es una sorpresa que te quiere dar y solo es competencia de él comunicártela.
–No entiendo que sorpresa quiere darme
–Anda, déjalo, y piensa que debes estar orgullosa del novio que tienes.
–Pues sí que me vas a dejar en ascuas. Vaya detective que me echado.
–Sigo en mi línea, como detective nunca te he gustado y así sigo –lo dije de forma risueña.