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No esperaba darme de bruces, al entrar en la comisaría de policía, con el inspector Melero. Me sorprendió al dirigirse a mí por mi nombre y no por el apellido Gárate, que era como siempre procedía al vernos.
–Hombre, Mario, que gusto volver a verte. ¿Qué te trae por aquí?
–Venía a ver si podía hablar con Sánchez.
–Pues en estos momentos no te va a ser posible, a salido de la comisaría para cumplir con un encargo. Te lo digo, porque he sido yo quien se lo ha pedido. Seguramente en una hora más o menos ya estará aquí.
–Gracias, Melero, a ver si puedo acercarme dentro de una hora.
–Si no es indiscreción, ¿es importante lo que requieres de Sánchez?
–Más que importante, es para saber algo más sobre el caso que él sabe que estoy llevando.
–¿Y se puede saber que caso llevas? Igual te puedo ayudar yo.
¡Increíble, Melero se dignaba a poder ayudarme!
Vaya cambio que veía en él. Bueno, suponía que era debido al último contacto que tuvimos.
Su estima hacia mi no era para echar cohetes, el hecho de haberme concedido la única beca que el Ministerio de Educación asigno para poder realizar un master de criminología en los Estados Unidos y él quedarse a las puertas, no le fue para nada gratificante.
Nuestros encuentros, desde entonces, no fueron muy placenteros hasta que le pude hacer ver algo que totalmente desconocía.
En el último caso que estuve envuelto, conseguí, juntamente con Merche, llegar a saber quien era el verdadero culpable de un asesinato en el que un juez procesó a un empresario de construcción culpándole como autor de este delito.
El haberme sido contratado por la madre de esta persona para que lograra poderle sacarle de la cárcel, ya que creía completamente en la inocencia de su hijo, fue determinante para saber algo que Melero desconocía.
Sí que Melero no estuvo en absoluto vinculado en la detención de ese constructor, por cometer un asesinato, pero mira por donde, estaba colado por una mujer y esa mujer, de alguna manera, entraba a formar parte en la investigación que estábamos realizando.
La policía ya había cumplido deteniendo al que creyeron culpable de ese asesinato y no tenían el porque impedir que nosotros investigáramos esa posible inocencia del constructor, pero el inspector Melero al enterarse de que su amante estaba en nuestras miras,
no perdió ni un instante en contactar conmigo y advertirme, de malas maneras, el no meter las narices en algo que ya un juez había dictaminado.
No impidió esa advertencia el seguir investigando, ya que no estábamos inflingiendo ningún delito.
Cuando llegamos a descubrir quien en realidad había cometido ese asesinato, Melero se explayo en disculparse de sus amenazas hacia nosotros.
El verdadero culpable de ese asesinato fue un hombre, llamado Petru Popescu, marido de la mujer que aceptaba ser la amante de Melero.
Su pasión era tan grande sobre esa mujer que se dejaba influenciar por ella en todo lo que le requería, como por ejemplo, facilitar el permiso de residencia a ese hombre, además de proporcionarle trabajo.
Melero se sintió ser un verdadero gilipollas por dejarse engatusar y no ver más allá de sus narices, Más se irritó al saber que esa pareja desapareció cuando presentamos pruebas de quien había sido el verdadero autor de ese asesinato.
En sus disculpas que tuvo ante mí, yo le llegue a decir que el dejarse llevar por ciertas pasiones, no le privaba de ser un buen policía y seguir siéndolo.
Para prueba, el estar asignado para ser comisario.
Veía, por ese recibimiento, el haberse olvidado de nuestras antiguas desavenencias y vista esa predisposición a ayudarme, no tuve ningún inconveniente en comentarle el caso que llevaba entre manos y añadir lo que deseaba saber. Enseguida Melero me respondió:
–Vaya, ya estás metido en otra investigación que la policía resolvió sin ningún problema, además de dictaminar el juez su culpabilidad.
–Mira, Melero, yo no voy a poner en duda el buen trabajo que efectúa la policía, y el proceder de un juez, pero hay algún caso que teniendo la policía ciertas pruebas de quien cometió el delito, ya no profundiza más y si no me remito al caso que tú bien sabes.
–No me lo recuerdes, sí que fue un buen trabajo que hiciste al encontrar al verdadero culpable, pero sabes bien por qué me jodian tus investigaciones, aunque al final tuve que darte las gracias. Eres un buen elemento.
–No sé si soy bueno o malo, simplemente intento hacer mi trabajo lo mejor posible y olvidando los cumplidos, ¿se puede hacer algo en eso que deseo saber?
–Algo se podrá hacer, pero como ese caso ya hace casi dos años, tendremos que ir al archivo de casos cerrados.
El cargo que tenía, le daba pié para poder visualizar, sin problemas, el archivo requerido e incluso el poder invitarme a seguirle.
No tardó en encontrar la carpeta donde se guardaba la información sobre ese robo, a la sucursal bancaria, del que fue imputado Ramiro.
El informe no mostraba nada nuevo que no supiera, hasta que vimos los antecedentes de Ramiro que tuvo en cuenta el juez para emitir su veredicto.
En estos antecedentes, figuraba la denuncia que había recibido por cometer una agresión.
Y ahí vino algo que realmente me llamó la atención de esa persona agredida.
El nombre no me resultaba desconocido, al oírselo mencionar a Merche cuando explicó como le fue la visita que efectuó a la expareja de Ramiro y las pocas contemplaciones que tuvo ese hombre que intervino para desprenderse de ella.
Lo que realmente me chocaron fueron sus apellidos.
¿Y porqué me resultaron llamativos?, eran los mismos que los que figuraban en el informe, con los datos de la cajera del banco.
Sí que eran apellidos bastantes comunes, pero esa coincidencia entre estas dos personas no me paso desadvertida.
Se lo hice saber a Melero y bien pronto lo comprobó a la vez que me preguntó:
–¿Estás pensando que pueden tener cierto parentesco?
–No sé que decirte, pero sí que me da por pensar.
–No te importe decirme que te viene a la cabeza.
Y en verdad que no me importó decirle el asociar a la persona agredida por Ramiro, que según Gerardo le produjo cierta cojera, con la persona que salía de la oficina bancaria ese día del atraco. Tal como me narró el empleado del banco.
–¿Quieres decir que ese atraco puede que estuviera amañado entre la cajera y ese tío?
–A ver, si estoy cada vez más convencido de que no fue producido por Ramiro, ya mi dirás a que conclusión puedo llegar, si aparte de esa cojera le asocio a la cajera con ese posible parentesco.
–Muy bien, Mario, no voy a desestimar esas razones a las que llegas, y me parece correcto hasta donde habéis llegado con vuestra investigación, pero ahora déjame a mí que averigüe cual es la afinidad entre esos dos y si ese atraco ha sido premeditado para culpar a Ramiro.
–Te lo agradezco, Melero, pero hay algo que me gustaría saber y eso lo puedo conseguir preguntando a Ramiro.
–¿Qué le quieres preguntar?
–Si ese atraco fue amañado por esos dos para culpar a Ramiro, ¿cómo sabían el día que iba a ir al banco?
–No esta mal que se lo preguntes y yo mientras, averiguo que hay entre esos dos y que historial policial tienen.
–Entonces, ¿te parece bien que nos veamos mañana?
–Me parece bien y a Ramiro, salvo esa pregunta, no le digas nada más.
–Por supuesto, el no tiene por qué saber todo esto que hemos hablado.
Ahí lo dejamos. Salí de la comisaría bastante satisfecho no solo por lo que estaba averiguando, sino por esa buena armonía que había tenido con Melero.
El día estaba resultando bastante provechoso, solo quedaba el poder realizar esa pregunta oportuna a Ramiro y quién mejor que Merche para conseguir, por mediación de su novio, el poder vernos con él.
No debía descartar de lo bien que iba el día, el haber llegado a saber, valiéndome de la explicación de Nati, de ese particular proceder del novio de Teresa.
Bien podía llamarla por teléfono a casa de su madre, donde vivía, y si allí se encontraba, decirle lo contenta que debería estar con su pretendiente, pero mejor decírselo en directo.
Intentaría, a lo largo del día, acercarme al instituto donde trabajaba de profesora de Historia e intentar, si allí se hallaba, ponerme en contacto con ella.
De momento, iría a la agencia y ver si todavía se encontraba Merche, interesaba que se pusiera en contacto con Ramiro para vernos, lo antes posible, La respuesta que nos pudiera dar sobre esa pregunta que tenía intención en hacerle, bien nos podía llevar a alguna conclusión.
Llegue a la agencia y sí que estaba Merche en el despacho de Sabater, acompañados de Pedro y una mujer. Supuse que era su vecina.
–Pasa, pasa, Mario. –dijo Sabater, a la vez que siguió diciendo–. No le inquiete su presencia señora Isabel, porque esta persona también es conocedora de su solicitud y si fuera precisa su ayuda también la tendría a su disposición.
–Mis saludos, señora Isabel –proferí, para seguir diciendo–. Está usted en muy buenas manos y seguro que conseguirán todo lo que requiera sobre esa separación con su marido.
–Ya lo creo –saltó Pedro–, con las pruebas que hemos conseguido y además contando con un abogado como Sabater lo tiene chupado.
–Sí que estoy muy agradecida de todos vosotros –afirmó la señora Isabel.
–Bueno, bueno –interrumpió Sabater–. Dejémonos de cumplidos y ultimemos todos los detalles que voy a presentar el próximo lunes en el juzgado, ya que mañana es sábado y está cerrado.
Sabater, como siempre, al grano. Yo poco podía aportar y en un momento le dije a Merche de salir del despacho a lo que Sabater nos frenó diciendo:
–Vosotros antes de que os vayáis os tengo que entregar los mensáfonos que ya me los han suministrado.
–Solo vamos a salir un momento y enseguida volvemos.
–Bien, pero no salgáis a la calle sin que os lo entregue.
–A sus órdenes, señor director –respondí inclinando la cabeza en señal de obediencia.
Una vez fuera del despacho le hice saber a Merche el querer hablar con Ramiro lo antes posible y dentro en el del día de hoy. A lo que ella respondió: