Decisión Compartida (Mario Gárate: Detective privado 3) 15
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Llegó el día siguiente, y ya estábamos a viernes. De alguna manera quería acabar, lo antes posible, con esos dos asuntos que tenía entre manos y dirigirme al pueblo. Aparte de querer estar con Sara, tenía algo pendiente en querer saber.

Eran alrededor de las nueve de la mañana cuando me encontraba aparcando la moto en una acera señalizada para ello, muy cercana a la agencia, ¿Y qué me sorprendió del personaje que pasaba delante de mis ojos?

Si no me equivocaba, era el jefe administrativo del hotel que compartía mesa con Ramón en el comedor.

Le seguí con la mirada y mira por donde, se paró en el edificio donde estaba ubicada la agencia, pero en lugar de recurrir a la puerta principal, se introdujo por la puerta anexa que daba entrada, para los clientes, a la inmobiliaria.

¡Qué casualidad!, me dije. Por descontado, la curiosidad me llevó a pensar cual era el motivo que había llevado a ese hombre para acudir a esta inmobiliaria.

Dejando aparte el ser fisgón, algo que iba unido a casi todos los detectives privados, puse rumbo hacia nuestra oficina y como no, ya se encontraba Merche.

Al verla, le di los buenos días, con la consiguiente respuesta, a la vez que me indicó el ir al despacho de Sabater.

Allí se encontraba nuestro director junto a Pedro.

Como no, repetí el saludo de buenos días y de inmediato Sabater dijo:

–Coger una silla y sentaros junto a Pedro para que él y Merche nos cuenten como ha ido su investigación sobre la infidelidad del marido de esa vecina.

–Antes de nada –indicó Merche–, dejar que sepa Mario que hice después de despedirnos, tras la conversación que mantuvimos con el hombre con el que nos habíamos citado.

–Adelante –indicó Sabater–

–Pues bien, me iba a casa para pensar sobre todo que habíamos escuchado en esa conversación y al llegar recibí una llamada de Pedro diciéndome que tal me iba el quedar esa noche para seguir al marido de su vecina, ya que lo veía importante y no dudé en acudir para ver que conseguíamos.

–Muy bien, Merche, ¿y qué habéis conseguido? –indiqué.

–Lo que perseguíamos –aludió Pedro–. Teniendo en cuenta algo de lo que me tenía dicho mi vecina de su marido, este abandonaba su casa todos los jueves sobre las nueve de la noche.

La justificación era el tener que ir al trabajo a cumplir con un turno nocturno especial, aparte de su jornada habitual.

Es por eso, aprovechando que ayer era jueves, el haber pedido a Merche que me acompañara en el seguimiento a este hombre.

Lo que continuaron diciendo fue el estar pendientes de la salida de ese hombre de su casa, y sí que sobre las nueve le vieron salir y dirigirse a su coche que estaba aparcado en la misma calle donde vivía.

Pedro sabedor que lo utilizaría, había pedido a Merche que viniera con su automóvil para seguirle.

No quería que ese hombre le identificara en ese seguimiento ya que era conocedor del suyo.

Merche era hábil en el manejo de su coche y no le resultó difícil efectuar esa persecución.

Siguieron relatando que en una de las calles, algo alejada de la que habían salido, tuvieron que detenerse casi detrás del coche perseguido.

Una mujer se acercó a ese automóvil y entró en él.

Pedro aprovechó el momento para hacer uso de su cámara de video y plasmar en ella a esa mujer en todos sus movimientos, incluidos los que produjo ya dentro del coche y no fueron otra cosa que acercar sus labios a los de ese hombre y plasmarle un beso.

El final del recorrido fue llegando a una calle situada en el barrio del Raval.

El coche perseguido aminoró la marcha y llegando a la altura de un parking público se introdujo en él.

Observaron que casi al lado, en la misma acera, había un hotel por lo que dedujeron que ese sería el destino de la pareja.

Ese parking no estaba relacionado con el hotel por lo que para ir a él, por descontado, podrían verlos salir y ahí tenía que entrar Merche en acción.

Merche se bajó del vehiculo y dejó el volante en manos de Pedro, a la vez que este le cedió la cámara de video.

Una vez en la acera de la calle, Merche buscó un lugar discreto, cercano al parking y se quedó a la espera de la salida de esa pareja.

No tardaron en salir y como habían pensado, seguidamente se dirigieron al hotel.

Bien pudo grabar con la cámara ese recorrido de la pareja y captar lo abrazaditos que iban, al igual que algún que otro besito se brindaban entre ellos.

Tras estas explicaciones, Sabater puntualizó lo siguiente:

–Estas grabaciones son suficientes para que tu vecina solicite el divorcio y por via judicial exigir la división de bienes, incluyendo la vivienda familiar, la custodia de sus dos hijos y algún requisito más.

Cuando quieras, Pedro, ya le puedes decir a tu vecina que si está de acuerdo en que yo sea su abogado defensor de esa infidelidad, se acerque por aquí.

–Puede que esta misma mañana la vea para decírselo, y por supuesto que estará de acuerdo en que actúes tú como abogado defensor –ratificó Pedro

Bien, ahí quedaba un nuevo caso en manos de Sabater. Me alegraba que lo aceptara y así aminorar ese abatimiento tras la perdida de su mujer.

Una vez cumplido lo relativo a este caso, tocaba el ponernos Merche y yo a reflexionar sobre la conversación mantenida con Gerardo.

Aprovechamos ese momento en el que tanto Pedro como Sabater abandonaron, por diferentes motivos, la agencia.

Si Pedro tenía el motivo de poder llegar a contactar con su vecina, el marcharse Sabater era para acudir a la tienda en la que recogería los mensáfonos, que el día anterior les había encargado.

–Qué quieres que te diga –comenzó diciendo Merche–, yo veo a ese tipejo, con su cojera, que además me mando a la mierda, como autor de ese atraco.

–Ya me dijiste que ese hombre te causó mala impresión. Aparte de que pienses así de ese individuo, y situarlo como posible autor de ese robo, hay que buscar algo más y en ese sentido hay que tener muy en cuenta a la cajera del banco.

–Otra que tal baila, esta me mandó a freír espárragos y no sé por donde comenzar.

–Mira, te vas a quedar aquí en la agencia en espera que venga Sabater y posiblemente venga también Pedro con su vecina, así, entre los dos, podréis orientarla si es que tuviera alguna duda en ponerse en manos de Sabater.

Yo, mientras, voy a acercarme a la comisaría e intentar hablar con Sánchez, a ver si puede conseguir, en el archivo policial, información sobre esa denuncia por agresión que fue acusado Ramiro.

Tras abandonar la oficina, ya me encontraba en el portal para salir a la calle cuando vi entrar a Nati.

La puerta de entrada para el personal de la inmobiliaria se encontraba en el vestíbulo y tras saludarnos, recordé el haber visto entrar a la inmobiliaria, por la puerta de clientes, al administrador del banco donde trabajaba el novio de Teresa y me picó la curiosidad. Así que le dije:

–Nati, ¿te va bien que te haga una pregunta?

–Pregúntame lo que quieras, Mario, tengo tiempo para responderte a lo que quieras, pero será mejor que lo hagamos dentro de la inmobiliaria.

–Me parece bien –contesté.

Aparte de ser solícita para cualquier requerimiento, guardaba un grato recuerdo en la ayuda que recibí de ella en la anterior investigación que llevamos entre manos.

No solo información de la empresa constructora que estaba relacionada con el caso sino también darme referencias de la secretaria de esa empresa, que además resultó ser la mujer de la persona que buscábamos.

Ya dentro de la inmobiliaria, me dijo:

–Te he pedido que entremos porque estoy sola y tengo que abrir la puerta de entrada de clientes porque la he cerrado para salir un momento. Pero vamos, ves haciéndome las preguntas que quieras, te escucho.

–Solo es por mera curiosidad. He visto entrar en la inmobiliaria a una persona que es administrativo en un hotel y tiene cierta proximidad con una persona que esta vinculada a un caso que llevo.

–¿Es algún caso espinoso?

–Que va, más bien es aclarar una duda que tiene una persona que es de mi confianza.

–¿Y entra en esa duda este administrativo?

Las preguntas que me hacía Nati entraban en ese proceder que tenía de enterarse de todo antes de soltar prenda. Como no tenía nada de particular que lo supiera le expliqué todo lo que había averiguado para intentar paliar esas inquietudes de Teresa sobre su novio y ahí vino mi sorpresa.

–Vaya, me has dicho que el nombre de esa chica es Teresa, ¿el nombre de su novio es Ramón Álvarez?

–¿Cómo sabes cual es su nombre, si no te lo he dicho?

Se echo a reír y me contestó:

–Es que soy muy lista.

–Venga, Nati, explícate, no sea que venga un cliente y me dejes en ascuas.

–Vale, don prisas, ahí va...

La explicación que me dio Nati, más que sorpresa, me dejó perplejo.

La presencia del jefe de administración del hotel se debía a tener que pagar las arras de un piso del que sus propietarios iban a ser Ramón Álvarez y Teresa Aguirre.

El pagarles ese hombre el diez por ciento de las arras del valor de la vivienda, era porque suponía un adelanto que le hacía el hotel a Ramón, para después ir deduciendo de su nómina.

El jefe administrativo se había ofrecido a entregar el dinero requerido a la inmobiliaria y recibir el correspondiente justificante.

El contrato de la compra la ultimaría Ramón el sábado.

–A ver si te he entendido bien, ¿quieres decir que el piso estará a nombre de los dos?

–Pues claro, lo único que te puedo adelantar es que Ramón, de momento, no quería decirle a su novia la compra de este piso hasta que no le concedieran el préstamo. Pero supongo que mañana vendrán los dos para la firma.

Vaya, vaya, así que ese comportamiento que observaba Teresa de su novio no sabía a que se debía.

Pues sí que era peculiar ese comportamiento, ni más ni menos se debía a estar por completo enfrascado en los trabajos que realizaba, El cumplir de recepcionista en el hotel, en el turno de mañana, era para tener libres las tardes y ejercer de profesor en una academia lingüística.

Como también trabajar los sábados y domingos para incrementar algo más su salario.

¿Y para qué llevaba todo ese trajín?, simplemente para adquirir un piso y podérselo brindar a su novia.

Desde luego, más que inquietarle, debía estar más que agradecida por tener una pareja que estaba volcada por completo hacia ella.

Ya que había prometido a Teresa el informarle sobre lo que llegase a averiguar sobre ese “anormal comportamiento” de su novio, intentaría ponerme en contacto con ella tan pronto me fuera posible, pero antes quería dirigirme a la comisaría de policía y ver si encontraba a Sánchez.

Me sería de buena ayuda si conseguía saber algo sobre ese hombre que sufrió la agresión de Ramiro.