Decisión Compartida (Mario Gárate: Detective privado 3) 14
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Como no podía ser de otra manera, allí estaba Merche esperando en la entrada a esa cafetería en la que habíamos quedado. No tardó en presentarse una persona y mirándonos nos preguntó:

–¿Estáis esperando a alguien?

–Así es –respondió Merche–, y puede que seas tú la persona que estamos esperando. Mi nombre es Merche.

–¡Ah!, pues no estáis equivocados, mi nombre es Gerardo y cuando queráis entramos en el bar.

Una vez dentro del bar, nos sentamos en una mesa y acompañados de unas cervezas estuvimos un buen rato charlando.

El tal Gerardo me resultó simpático y abierto para intentar responder a todas las preguntas que nos interesaba saber sobre su amigo Ramiro y también, de las personas con las que alternaba antes del atraco.

Algunas preguntas quedaron en blanco al no saber que decirnos, pero si que recibimos buena información del resto.

Este amigo tenía en buena estima a Ramiro y estaba convencido de no haber sido él el causante de ese atraco.

Sí que precisó el no llevar una conducta muy correcta, así como el grupo en el que estaba inmerso, en el que también se incluía nuestro informador, pero eso no le llevaba para cometer ese robo.

Hablando de las personas con las que se relacionaba, quise saber si alguna de ellas cojeaba y en principio me respondió que no, pero después de esa negativa nos reveló:

–Ahora que pienso, si que en nuestra cuadrilla no había ninguno que cojeara, pero unos días antes de meter a Ramiro en prisión, tuvo una trifulca con uno que se vanagloriaba de haberle quitado su novia y fue tal el castañazo que recibió este tío,

que le hizo caerse dándose un fuerte golpe en el suelo y hubo que llevarlo a un hospital.

Por lo que nos siguió contando, Ramiro ni se enteró de esa asistencia hospitalaria porque lo dejó tirado en el suelo y marcharse de inmediato de donde se encontraban. Ese percance le causó a ese individuo una rotura de tobillo y eso hizo que tuviera una cierta cojera durante un tiempo.

Aquí se centraron para mí todas sus explicaciones y Gerardo viendo el interés que me había causado esa información, me preguntó:

–¿Que hay de importante saber quien cojeaba?

No me importó decirle la causa.

–Cuando se cometió el atraco, un empleado vio salir del banco a un hombre cojeando y unos instantes después se oyeron los gritos de la cajera de que le habían robado.

–¡Qué me dices! ¿Insinúas que bien podía ser ese tío quien pudo cometer el atraco?

–No insinúo nada, porque la cajera culpó a Ramiro de ser el atracador, pero no lo voy a descartar.

–¿Y si la cajera miente? –apuntó Merche.

–Estoy seguro –ratificó Gerardo.

–Bueno, bueno –intervine porque los dos lo daban por hecho–, no hay que descartar ninguna posibilidad, pero si fuera verdad que la cajera mintió, ¿por qué causa lo hizo?

–Yo no lo sé, pero puedo decir que esa mujer no me gustó un pelo, cuando quise entrevistarme con ella, aparte de mandarme a la mierda –manifestó Merche

–Yo en lo que respecta a esa mujer, poco os puedo ayudar porque no la conozco, pero cualquier cosa que necesitéis, me tenéis a vuestra disposición tanto a mí como a mi novia.

Lo que sí os puedo añadir, al igual que ese tío no era del agrado de Ramiro, tampoco a mí me resultaba simpático y no lo descartaría de ser el posible atracador.

Ahí acabamos la reunión y dándole las gracias a Gerardo, dimos por finalizada la reunión. Una vez abandonamos el bar, quedé con Merche en pensar todo lo hablado y al día siguiente comentar a que conclusiones llegábamos, tras saber todo lo expuesto por Gerardo.

Como me había desplazado en la moto hasta ese lugar, allí me despedí de ambos y directamente fui a mi domicilio.

Esto que había hablado con Merche para pensar, ya le daría unas cuantas vueltas hasta ver donde llegaba, pero antes tenía que cumplir con algo que tenía una particular importancia para mí y aunque fuera muy repetitivo, Sara representaba algo muy especial.

Desde luego, el saber con quien iba a hablar me producía tal satisfacción que dejaba de lado todo lo acontecido durante el día. Tras pulsar su número de teléfono y oír “diga”, ya salió el hacerme gracioso con ella.

–¿Qué tal está mi adorable “amiga”?

–¡Vaya!, ya tengo al tonto de turno al aparato.

–Si te molesto, cuelgo.

–¿Y me vas a dejar sin oír a ese gracioso?

–Este gracioso arde en deseos, más de que le oigas, de verte.

–Ya te enviaré una foto... tonterías aparte, ¿cómo está Sabater?

–Está bastante bien y quiere ejercer de nuevo como director de la agencia.

–Me parece bien, así estará más entretenido. ¿Os pondréis tú y Merche bajo sus órdenes?

–En principio sí, pero ya veremos como seguimos.

–Este es tu trabajo y nadie, mejor que tú, sabe que te interesa o te conviene.

–Tú también sabes que me interesa y quiero ir lo más pronto posible al pueblo.

–Ven cuando te venga bien, aquí nos tienes. Por cierto, esta tarde me he encontrado a tu hermana y hemos estado hablando un buen rato.

–¿Y qué os habéis contado?

–Hemos hablado de nuestras cosas y en algún momento has salido tú a relucir.

–Supongo que para bien.

–Bueno, algo me ha contado que solo a ti te concierne.

–¿Y qué es eso que solo a mí me concierne?

–Perdona, no sé porqué he dicho esto, es algo que yo no debo entrar.

–¿Y me vas a dejar así?

–Sí que te voy a dejar, porque Carlitos me reclama. Un beso muy grande y sabes muy bien que te quiero.

Vaya, ni me dio tiempo para poder despedirme de ella. Se excusó con lo del niño, para no seguir adelante en eso que solo a mí me concernía y ahí me quedé.

¿Qué dijeron de mí, entre ellas, que no quería contarme? Muy bien podía enterarme llamando a mi hermana, pero tampoco quería poner en compromiso a Sara. En su momento, ya saldría a la luz.

Era pronto para acostarme y aunque no podía olvidar ese peculiar dialogo con Sara, me dispuse a meditar la conversación que tuvimos con Gerardo.

Para mí el asunto de Ramiro se resumía en dos frentes, por una parte se encontraba la cajera del banco y por otra el personaje que estaba unido a su exnovia.

¿Pudiera haber alguna vinculación entre ellos?