13
Estábamos ya a jueves y á ver que nos deparaba ese nuevo día. De momento, había cumplido con una serie de ejercicios, para activar el cuerpo, aparte de ducharme y cumplir con un desayuno consistente.
Disponía en el frigorífico de los alimentos adecuados y bien que estaban distribuidos.
Por descontado que no era yo el autor de semejante orden, para ello se encargaba la señora Dolores.
Ayer, como todos los miércoles, vino esa adorable mujer para ordenar el ático donde vivía.
No solo para su limpieza, también se encargaba de que tuviera mi vestimenta en condiciones, además de abastecer el frigorífico.
Gracias a doña Concha, la dueña de mi restaurante predilecto, tuve la suerte de llegar a contratar a Dolores como empleada de hogar y que bien me venía.
Tras estos primeros momentos mañaneros, allí estaba a las nueve en punto en la gestoría y como era habitual, no llegaba el primero, como siempre, ya se encontraba Merche. Tras darnos lo buenos días, no perdió tiempo en entrar en materia.
Enseguida se dispuso a decirme con quien había podido contactar llamando al teléfono que le había facilitado la novia de ese amigo de Ramiro.
Y mira por donde, fue el novio quien respondió a su llamada.
Le comentó nuestro deseo de poder vernos con él y aceptó al saber de que se que asunto se trataba.
Para ello, teníamos que esperar a que saliera del trabajo y aunque su salida era las seis de la tarde, no nos podríamos ver hasta cerca de las siete, ya que la empresa donde trabajaba estaba fuera de Barcelona y había que darle tiempo para regresar donde él vivía.
Quedaron de acuerdo en vernos en un bar cercano a su piso a las siete de la tarde, así que teníamos casi todo el día libre y había que pensar en qué dedicar todo ese tiempo.
De momento, la llegada de Sabater puso freno.
Se presentó en la oficina junto con otra persona y no era desconocida.
Se trataba del excompañero Pedro, el cual había trabajado en la agencia a las órdenes de Sabater y guardaba buen recuerdo de él.
Tras los buenos días, Sabater enseguida nos puso al corriente que hacía allí Pedro. Había podido contactar por teléfono con él y le había ofrecido el volver a trabajar en la agencia con la consiguiente aceptación de ese anterior compañero.
–Bien, amigos y compañeros, aquí me tenéis de nuevo –mencionó–. Me alegra el estar con vosotros y el poder volver a trabajar con Sabater.
–Muy bien Pedro, ya somos tres y a ver a cuantos más decide contratar Sabater –añadí mirando a Sabater.
–De momento, con encontrar una secretaría que cumpla las funciones, tan bien como lo hacía Merche, me doy por satisfecho. Ya veremos más adelante.
–Que bueno, Merche ya no será esa secretaria que nos tenía a todos más que controlados –indicó Pedro con una sonrisa.
–A ti, Shelock Holmes, más que controlarte, había que tener mucha paciencia para aguantar el rollo que te montabas para que escribiera tus informes –alegó Merche.
–Bueno, bueno –intervino Sabater–, todos hacíais bien vuestro trabajo y doy gracias de teneros de nuevo conmigo. Así que ahora, Pedro, cuéntales lo que me has dicho sobre ese asunto que quieres investigar y si necesitas la colaboración tanto de Merche como de Mario.
Vaya, otro caso más para su seguimiento. A ver que nos contaba Pedro de ese asunto.
–Sí que me vendría bien vuestra ayuda porque no lo tengo fácil. Os lo explico.
El caso que debía investigar, en realidad, era bastante habitual en la agencia.
Los clientes requerían un detective privado para resolver infidelidades y este caso de Pedro de eso se trataba.
Quería una mujer que se llegara a demostrar que su marido tenía relaciones sexuales con otras mujeres y así poder plantear el divorciarse de él, además de otros requerimientos. ,
Si precisaba de nuestra ayuda era porque el cliente que solicitaba sus servicios era una vecina del piso donde vivía y claro está, al igual que esos vecinos eran muy vistos por Pedro, él era también conocido por ellos.
Por lo que si seguía a su marido, había la posibilidad de que fuera descubierto y allí se acabara la investigación.
Para solucionarlo, bien le vendría que uno de nosotros siguiera la pista de ese marido.
Mira por donde, yo ya tenía otro seguimiento, aparte de lo que teníamos entre manos, Merche y yo. Debía cumplir con el requerimiento de Teresa de conseguir averiguar ese proceder extraño de su novio, por lo que bien vendría que fuera Merche la que se ofreciera a seguir la pista de ese marido.
Sí que este nuevo asunto, aunque fuera también seguir la pista a una persona, las particularidades parecían distintas. En el caso de Pedro había por medio un divorcio con el consiguiente requerimiento de un abogado para lograr los deseos de esa vecina; algo distinto era el requerimiento de Teresa.
No tuve que justificar el no poder, de momento, ayudar a Pedro en su cometido porque Merche se brindo a ponerse a su disposición con el consiguiente beneplácito de Sabater.
Si se conseguía demostrar la infidelidad del marido de la vecina de Pedro, él también tendría acceso a intervenir para lograr todos los requerimientos de esa mujer.
Bien, aunque estuvimos presentes Sabater y yo en la explicación de Pedro de como tenía planteado el seguimiento al marido de su vecina, era Merche la que tomaba buena nota de todo lo que relataba.
Quiso también saber si era posible ver en esa mañana a esa vecina para poder conversar con ella y le facilitara alguna fotografía de su marido.
Dicho y hecho, allí nos dejaron en la agencia a Sabater y a mí, no sin antes recordar no faltar a la cita que teníamos concretada para vernos con el amigo de Ramiro.
Veía ya a Merche con bastante soltura para tomar sus propias decisiones; eso me parecía bien porque no quería que estuviera demasiado vinculada a mí. Si por cualquier causa tuviera que desvincularme del trabajo de detective y ella quisiera seguir, no llegaría a sentir demasiado dejarla sola.
Visto que allí nos habíamos quedado solos en la agencia, y no tener, en ese momento algo importante para retenernos allí, propuse a Sabater irnos al bar, que teníamos cercano, y seguir hablando tranquilamente de lo que surgiese entre nosotros, acompañados de un buen café.
Estábamos ya para salir por la puerta principal del edificio, cuando vimos que una persona conocida entraba.
Era la secretaría de la inmobiliaria que estaba situada en la planta baja del edificio.
Nada más vernos se quedó sorprendida al ver a Sabater y enseguida se acercó a él para darle dos besos en la mejilla y decirle:
–De verdad que siento esa triste pérdida de Rosa y también siento el no poder haber acudido al funeral, me enteré algo tarde de su fallecimiento.
–Muchas gracias, Nati, y no pasa nada por no poder acudir – fue la respuesta de Sabater.
La tal Nati, era una mujer cercana a los cincuenta años muy bien parecida y elegante en su forma de vestir.
Y sí que era bien conocida por el personal de la agencia, se puede decir que alguno de los maduritos andaban loquitos detrás de ella, sin éxito.
Y con lo que respecta a mí, bien que me ayudó.
El estar metida en el negocio de las inmobiliarias, pudo darme información sobre la empresa constructora que estaba vinculada al caso que llevaba entre manos.
–A ver, Mario, a ti también te voy a dar dos besos porque hace días que no te veo.
Bien estaba tener esas amistades y tras los saludos nos despedimos poniendo, ambas partes, rumbo al destino que teníamos marcado.
Sabater era de buena conversación y pasamos un buen rato hablando, además de digerir cada uno dos cafés, hasta que Sabater terminó diciendo:
–Voy a aprovechar lo que queda de mañana en conseguiros un mensáfono o busca, como le queráis llamar, y así poder ponerme en contacto con vosotros cuando os precise.
Allí acabó nuestra reunión en el bar, y si Sabater tenía donde ir, bien podía plantearme el conseguir alguna información más sobre ese proceder inquieto o intranquilo del novio de Teresa.
Ya que estaba cercano el hotel donde trabajaba, quise comprobar si se encontraba cumpliendo con el horario que me había indicado el día anterior la recepcionista.
Allí fui y de forma discreta, pude ver que se hallaba en recepción, por lo que si quería seguir sus pasos cuando acabase su jornada, debería acercarme a las tres de la tarde.
Algo a tener en cuenta era la posibilidad de que se quedase a comer en el hotel, por lo que su salida sería mas tarde.
De todas formas, me presentaría a la hora que acababa su jornada y ya vería que hacer después.
Tal como tenía pensado, me presenté en el hotel un poco antes de las tres y pude observar con discreción que, Ramón, tras cumplir su jornada laboral, no salió directamente a la calle, su destino fue dirigirse al comedor del restaurante.
Allí se situó en una mesa juntamente con otra persona y se dispusieron a comer.
Decidí quedarme hasta que saliera del hotel y me quedé esperando en el bar del hotel tomando café y a la vez entretenerme leyendo un periódico.
La sentada de esos dos en la mesa se estaba prolongando demasiado.
Allí seguían sentados en la mesa tomándose tranquilamente un café y al parecer, sin ánimos para levantarse.
Algo les hizo moverse y fue al acercarse una mujer donde ellos estaban sentados: “¡coño!, me dije, ¡esa es la mujer que salio junto con el novio de Teresa de la academia!” .
Atento a esa aparición, observe como al llegar saludó a Ramón Alvarez con un beso en la mejilla y al otro personaje con un beso en los labios.
Eso me daba a entender que la afinidad que había entre estas personas era distinta y debía descartar algún romance con Ramón.
Para estar más convencido, pregunté de forma comedida al camarero del bar, sobre las personas que le acompañaban en el comedor y no le importó decirme que se trataban del jefe administrativo del hotel y su esposa.
Descarte total de ese supuesto romance del novio de Teresa con esa mujer.
No tardaron, los tres, en disponerse a salir del comedor y yo hice otro tanto del bar.
Se dirigieron a la sala de recepción y allí vi como tomaron el ascensor, Supuse que el destino pudiera ser el ir al garaje que disponía el hotel y así fue, porque no tardé en verles, ya fuera del hotel, como salían los tres en un vehiculo conducido por el esposo de esa mujer;
ella de acompañante y Ramón detrás.
No era difícil el intuir, al acercarse la hora del comienzo de las clases de ingles en la academia, que su meta fuera esa.
De todas formas, como me había acercado al hotel en la moto, no estaría mal el comprobar si era cierta esa intuición.
Pude llegar a seguir la ruta que llevaban y no me había equivocado, llegando a la academia, se bajaron del coche esa mujer y Ramón.
Hasta llegué a ver como ella se despedía de su marido con un nuevo beso.
Allí acabó mi seguimiento a ese automóvil; este siguió su curso y yo poco más tenía que hacer.
Me quedaba el llegar a saber si había alguna razón más para continuar indagando sobre ese proceder intranquilo de ese hombre que tanto le molestaba a Teresa, pero por ese día ya había hecho bastante, además,
antes de la siete de la tarde había quedado con Merche para reunirnos con el amigo de Ramiro y oír que nos podía contar.