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Otro asunto más a investigar y esto me demoraba algo más el poder ir al pueblo para llegar a formalizar mis relaciones con Sara.
Desde luego, me había venido bien el encuentro con Teresa para que no tuviese ninguna duda de cual era la mujer que acaparaba totalmente mi pensamiento y se reafirmaran con ella mis sentimientos.
El que tuviera claro cual era la mujer por la que sentía algo especial, no restaba el poder intentar cumplir el requerimiento de Teresa y, por supuesto, mi ayuda que le podía aportar como detective, no necesitaba de ella ninguna remuneración.
Era grato el recuerdo que guardaba de ella y haría lo posible por satisfacerla.
Bien, tenía dos casos por resolver y en este último no tenía porque implicar a Merche para solucionarlo. Ya vería como me las apañaba.
De momento, tenía esa nueva pista sobre el caso de Ramiro, digna de tener en cuenta y me parecía conveniente hacer participativa a Merche de ese conocimiento. Teníamos que trabajar y un nuevo hecho era el averiguar si alguno de los allegados a Ramiro pudiera tener esa cojera en esa fecha del atraco.
Era hora de ir a comer y bien podía acercarme con la moto a mi restaurante habitual, para después dirigirme a la oficina y comentar con Merche que habíamos conseguido averiguar esa mañana.
En verdad, no cambiaba de restaurante por mucho que me propusieran ir a otro. En este, me encontraba como si estuviera en casa y además doña Concha, la cocinera, me obsequiaba con unos platos deliciosos.
Como digo, tras disfrutar de una comida casera y de un servicio tan cercano que casi se podía decir familiar, me dispuse a ir a la oficina y de nuevo hice uso de la moto.
Bien podía coger el metro en la plaza de Sants y bajar en la estación de Universitat, al estar cerca de la calle Aribau, donde se encontraba la agencia, pero es que la moto me permitía una movilidad por Barcelona perfecta.
No se encontraba Merche en la oficina pero sí Sabater, lo que me sorprendió encontrarle a esas horas de la tarde.
Enseguida supe porque se hallaba allí, quería informarnos de la reunión que había tenido con el jefe de la comisaría que había participado en la detención de Ramiro y suponía que aquí nos encontraría.
–Mira, Mario, no es que este en contra de que llevéis a cabo esa investigación de buscar quien verdaderamente cometió ese atraco en el banco, pero lo que he oído del comisario es que no tuvo ninguna duda de quien lo cometió y para él no fue otro que el tal Ramiro.
En cuanto al juez, para dictaminar la sentencia, tuvo muy en cuenta sus antecedentes policiales.
–De acuerdo, Sabater, esto que dices no es nada nuevo y solo ratifica lo que nos contó Sánchez, pero ahora tienes que oír lo que he llegado a saber sobre este asunto.
Le puse al corriente de lo relatado por el empleado del banco sobre esa persona que vio saliendo del banco cojeando, poco antes de oír los gritos de la cajera, y que para mí suponía algo a tener muy en cuenta.
–¿Y qué vais a hacer para encontrar a ese individuo?
–Ramiro puede que pueda aportarnos algo de entre esas personas conflictivas que tenía relación.
–Bueno, vosotros veréis, y por cierto, supongo que habías quedado con Merche, pero veo que no ha llegado, ni sabes donde se encuentra.
–Sí había quedado en vernos esta tarde y esperaré a ver si viene.
–Lo que tenéis que hacer es algo que ya te lo tengo dicho, pero que no me haces caso. Si dispondríais de mensáfonos o busca, sería fácil desde la oficina enviaros un mensaje y nos facilitaría ponernos en contacto.
–Tienes razón, y ya había pensado en que estaría bien disponer de ellos, si continuaba trabajando junto a Merche, pero es que hasta ahora no me habían hecho falta.
–Tú lo que eres es muy particular y hasta ahora llevabas las cosas de forma individual. Conmigo solo te ponías en contacto por teléfono en tus investigaciones, cuando te interesaba.
–Mira que eres, “señor jefe Sabater” –dije sonriendo–, siempre te he tenido muy en cuenta y ya sabías que mi forma de trabajar es como la de ser un lobo solitario.
–Tú lo que tienes que hacer es abrirte algo más y mira por donde te viene bien trabajar junto a Merche, así que mañana mismo me encargaré de que dispongáis de un busca cada uno.
Desde luego, bien nos vendría ahora para enviar un mensaje a Merche diciéndole que se pusiera en contacto llamando a la oficina. Desde algún teléfono público se podía comunicar con nosotros diciendo donde se encontraba y si tardaría en venir. De esa forma no estaríamos pendientes a ver si llegaba.
Ya nos disponíamos a marcharnos, Sabater y yo, de la agencia, cuando apareció Merche toda sofocada a la vez que decía:
–Llego a tiempo...
–Tranquila, Merche, que te vas a ahogar –le sugerí.
–Es que a pesar de darme prisa en venir, pensé que ya no estarías.
–Bueno, pues aquí nos tienes. Sabater a venido para decirnos que ya a hablado con el inspector de policía, aunque no le ha dicho otra cosa de la que ya sabemos. Ahora a ver que nos puedes contar tú. Después te diré lo que he conseguido saber en la oficina bancaria.
–La verdad es que si he venido deprisa es porque me he demorado un poco. No estaba contenta de no haber encontrado la cajera en su piso, cuando fui a visitarla y he decidido volver a pasarme un poco más tarde a ver si lo conseguía.
–¿Y lo has conseguido? –le pregunté.
–Lo he conseguido, pero para nada. Sí que abrió la puerta del piso y pude dirigirme a ella, sin entrar, pero al decirle cual era mi interés en poder hablar con ella, con un: «váyase, y a mí no me moleste con esto».
Cerró la puerta de inmediato y nunca mejor dicho, me dio con la puerta en las narices.
El caso es que estando en la calle digiriendo ese exitazo que había tenido, ví salir a esa mujer por el portal del edificio y me dije de intentar, con buenas palabras, hablar con ella, pero no llegué a alcanzarla porque se metió en el parking que estaba al lado.
He estado esperando por si salía de nuevo y sí que salió pero conduciendo un coche. Y ahí se ha acabado esta aventura.
–No ha sido muy correcta la actitud de esa mujer –mencionó Sabater–. Eso denota que algo esconde.
–Eso también me parece a mí, pero hay que buscar el porqué se centró en Ramiro su acusación y eso no lo tenemos fácil.
–Por supuesto, a mí también me parece correcto centrarnos en ello –precisó Merche.
–Os irá bien el seguir profundizando en esa conducta delictiva de Ramiro y en las personas del círculo donde se movía.
–Tienes razón, Sabater, y se me ocurre por donde empezar. A ver, Merche, tú has conseguido saber que vive en el piso de un amigo y compañero de fechorías, hasta que pueda alojarse por su cuenta. ¿Que tal es ese amigo para poder hablar con él?
–Yo a ese amigo no lo he llegado a ver. Cuando fui a ese piso donde le habían cedido una habitación a Ramiro, solo se encontraba la novia de ese compañero y fue la que me recibió.
Puedo decir que se mostró muy amable conmigo e incluso me facilitó su número de teléfono.
Si su novio es como ella, igual accede a contarnos detalles sobre la vida de Ramiro.
–Bien, Merche, ese es nuestro próximo objetivo –apunté–. Como tienes ese número de teléfono, ponte en contacto con esa mujer y pregúntale si puedes llegar a reunirte con ella y si es posible, que esté también presente su novio. Si lo consigues, cuenta que yo también quiero estar en esa reunión.
–Bueno, pues ahí os voy a dejar. –indicó Sabater–. Ya me iréis diciendo que conseguís. ¡Ah, antes de irme!, ¿Tienes, Merche, a mano los teléfonos donde viven los antiguos compañeros de la agencia? Me gustaría hablar con ellos y decirles si pueden incorporarse de nuevo con nosotros.
Me había dicho, con anterioridad, si podía ponerme yo en contacto con el resto de empleados de la agencia para invitarles volver a la oficina, pero veía que quería ser él quien llevaría ese asunto.
Desde luego, a Merche no le costó mucho proporcionarle los teléfonos y después de darle las gracias se despidió de nosotros.
Notaba a Sabater con ganas de asumir el control de la agencia y me alegraba por él.
La triste perdida de su mujer estaría algo atenuada por esta incorporación al trabajo.
Tras la salida de la agencia de Sabater, allí quedamos Merche y yo para seguir con nuestro asunto, pero claro está, algún matiz de su cosecha tenía que añadir.
–Bueno, jefe, no sé si le gustará a nuestro director que te trate con este título, igual se siente molesto.
–Tu lo que debes hacer es dejarte de pamplinas y llamar a esa mujer a ver si podemos vernos con ella y su novio.
–A sus ordenes, capitán.
Desde luego, bien venía un poco de humor y no me gustaría que Merche lo perdiera, pero mejor no dedicarlo en darme titulaciones.
De todas maneras, era su forma de ser y yo no la iba a cambiar, como tampoco ponía freno a aquello que creía tener que realizar.
Buscó en su agenda el número de teléfono que debía encontrar y llamó de inmediato.
Nadie le contestó y quedamos que iría insistiendo a lo largo de la tarde y ya me diría que conseguía. Esa tarde quedaba muerta y bien podía ponerme a ver que podía averiguar sobre ese comportamiento anómalo del novio de Teresa.
Lo primero que debería hacer es ir donde trabajaba y al no pillarme lejos, bien podía ir andando y dejar la moto donde la tenía aparcada.
Se trataba de un hotel cercano donde ejercía como recepcionista, y como estos empleados solían trabajar en turnos rotativos, no sabía si en esa tarde estaría, pero por lo menos me podía enterar del horario en el que ejercía su trabajo.
No era un hotel desconocido para mí. Era uno de los hoteles NH ubicados en Barcelona y tenía la particularidad de que el fundador de esta cadena de hoteles era de mi pueblo, pero vayamos al grano.
Mi visita al hotel no era para alojarme en él, ni para alabar los logros de un paisano, sino para comenzar a averiguar a que se debía ese comportamiento anómalo, que Teresa veía en su prometido.
Sabía que Teresa tenía pareja, pero nunca lo había llegado a ver, así que posiblemente lo vería por primera vez al entrar en la recepción del hotel.