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Fuera de todos estos últimos hechos en los que estaba inmerso, había algo en Barcelona que ya tenía olvidado y era ni más ni menos que los Juegos Paralímpicos.
Fue claro el recordarlos al dirigirme a mi domicilio.
Después de dejar a Sabater, me propuse ir hasta mi barrio dando un paseo, y así hacer algo de ejercicio ya que esa mañana no lo había hecho.
Llegando a la Plaza España, me sorprendió la inmensa cantidad de personas prestando atención a algo que se desarrollaba en sus inmediaciones.
No era ni más ni menos que la maratón, la cual acababa en el Estadio Olímpico de Montjuïc.
Con esta carrera, quedaban concluidos los Juegos Paralímpicos de Barcelona 92.
Y sí que me causó cierta pena el no haber podido presenciar alguno de todos los acontecimientos deportivos, tanto los Paralímpicos como los Olímpicos.
El tener que estar en mi pueblo a finales de julio y principios de agosto, fue la causa de no poder asistir a cualquier evento de estos Juegos Olimpicos.
Sí que esa estancia, como he comentado, se debió a esa petición de mi padre de encontrar a la hija de un amigo que había desaparecido, pero también me produjo una gran satisfacción el haber llegado a prolongar mi estancia en el pueblo y lograr conocer a la mujer que en estos momentos me tenía
absorbida mi mente por completo.
Tenía tiempo suficiente para quedarme en la plaza y poder presenciar a esos magníficos atletas con ciertas discapacidades. Estos corredores, como todos los que compiten en estos juegos paralímpicos, son ejemplo de la increíble capacidad de superación que una persona puede llegar a tener.
Ya, a media tarde, tal como había quedado con Merche, nos encontramos en la Avenida del Paralelo, cercanos al bar, en el que según su novio se había citado con Ramiro.
Como esa cita acordada era a la seis de la tarde y para no presentarnos nosotros a esa hora, quedamos en vernos diez minutos mas tarde, y así lo hicimos.
Nos presentamos en el bar de forma tranquila y nos dirigimos a la barra sin efectuar ninguna mirada al resto del bar.
Pedimos dos cervezas y mientras esperábamos a que nos las sirvieran, oímos una voz pronunciando el nombre de Merche.
Como sorprendidos los dos nos giramos hacia donde procedía esa voz y “qué casualidad”, era su novio quien emitía ese nombre.
Intentamos mostrarnos sorprendidos al ver a David sentado en una mesa, algo retirada de las demás junto con Ramiro, y les saludamos extendiendo la mano.
David nos correspondió extendiendo también la suya, pero invitándonos a ir donde se encontraban, Y ahí que fuimos junto con las cervezas que ya nos habían servido.
No se si Ramiro se llegó a creer que habíamos entrado en ese mismo bar, donde se encontraba con David, de forma fortuita, pero no le vi molesto por nuestra presencia al llegar a la mesa donde estaban situados; o por lo menos no hizo ningún comentario.
Tras sentarnos y a la vez colocar en la mesa las cervezas, David enseguida tomó la palabra para decir lo que estaban hablando entre ellos.
Por lo visto, estaban comentando la dificultad que tenía Ramiro de poder encontrar trabajo, sobre todo, al mencionar en su historial de actividades el haber estado en prisión, aunque manifestara su inocencia.
Él quería llevar una nueva vida, apartándose de esas vivencias algo delictivas en el que estaba inmerso antes de ir a prisión, pero veía difícil que le aceptaran en un trabajo si no llegara a justificar su inocencia en el atraco que le imputaban.
Mira por donde, nos iba de perlas esa conversación que llevaban, para proceder a entrar a lo que veníamos y nos contase su versión sobre ese historial delictivo que tenía de él la policía. Con ello, procedí a decirle:
–A ver, Ramiro, no cabe duda que el haber estado en prisión influye a la hora de encontrar trabajo y está claro que el poder justificar por completo tu inocencia en ese atraco, facilitaría que una empresa te contratara y eso es lo que hay que conseguir.
Ahora bien, nos dijiste que en ese tiempo llevabas una vida algo delictiva y al parecer influyó para que el juez determinara que fueras a prisión.
Bueno, Ramiro, sabemos que en el historial que tiene sobre ti la policía, constan delitos sobre conducta desordenada y agresión física, por tanto, nos sería de mucha ayuda que nos expliques todos los detalles posibles sobre ese proceder.
Sí que Ramiro pudiera dudar el habernos presentado por pura casualidad, pero lo que seguramente no esperaba es que le diese toda esa clase de explicaciones. Lo denotaba esa cara de asombro con la cual nos miraba y de su boca no salía una sola palabra. Merche no esperó para pronunciar:
–Sobre todo, Ramiro, sería importante nos dieses nombres de esas personas que estabas, de alguna manera, vinculado en esos delitos y también si conocías a la cajera del banco.
Oír la palabra cajera y de inmediato Ramiró exclamó:
–Yo a esa hija de puta no la conozco y ni la había visto en mi vida.
–Calma, Ramiro, –medié– lo que te ha pedido Merche, sobre la cajera, era para confirmar algo que ya suponíamos.
Para calmar esos ánimos, pedí al camarero que sirviera otra ronda de lo que estaban tomando, tanto él como David y poder seguir dialogando.
Vino bien, porque Ramiro se explayó en lo acontecido en esos delitos que tenía en su historial la policía.
Sirvió para tener en cuenta a esas personas que lo denunciaron por sus infracciones.
Sobre todo había que tener muy en cuenta la persona que le denunció por haber sufrido una fuerte agresión por su parte.
Se trataba del hombre que en la actualidad formaba pareja con la que antes era su novia.
Nos expuso que su exnovia quiso dejar de estar junto a él y en principio no le importó que lo dejara y se fuera con otro, pero si hubo algo que sí llegó a sulfurarle.
Este personaje, al que agredió, formaba parte del grupo conflictivo en el que se encontraba también Ramiro, pero esta persona nunca había sido grata para él.
En cuanto a esa agresión, se produjo un buen día cuando ese individuo se vanaglorió, delante de los compañeros del grupo, que la novia de Ramiro le había dejado por elegirle a él como pareja.
Por lo visto, lo expresó con cierta chulería y esto sí que irritó a Ramiro.
Se acercó a él y le dio tal puñetazo que le hizo caer en redondo al suelo y ahí lo dejó.
No quiso saber nada más de como había quedado ese individuo y se marcho del recinto donde se encontraba con ese grupo.
Lo que sucedió después fue el ser requerido por la policía al ser denunciado por agresión física.
Pudo esa vez librarse de ir a la cárcel por asumir ese delito y solucionarlo con una multa, pero eso no privó de tenerlo en cuenta el juez, para que este hecho, más su comportamiento delictivo, lo sumase a ase atraco y, con ello, condenarle a prisión.
Sí que di por satisfactoria esa reunión. Sobre todo, ese desfogue de Ramiro en contarnos esas vivencias delictivas que acarreaba, poniendo de manifiesto el no querer volver a esas andadas.
La tarde la daba por bien empleada y solo quedaba el que Merche me informara si había tenido suerte en comprobar si la dirección de la cajera coincidía con la que le facilitó el director del banco a Jordi.
Se lo pregunté cuando salimos del bar los dos, ya que David y Ramiro se quedaron dentro.
La respuesta de Merche, con sus matices personales, enseguida la recibí.
–Jefe, esta vez no me tienes que dar las gracias por mi eficiencia ya que lo he conseguido a medias.
Solo he logrado saber que vive en esa dirección que te ha dado Jordi, pero no he logrado llegar a ver en directo a esa cajera, que es lo que deseaba.
Fui a ese domicilio, pero nadie me contestó al picar el piso que nos habían dicho.
Pero claro, ahí estaba yo para no irme y conseguir que una vecina me dijera que efectivamente allí vivía esa mujer, pero poco más pudo decirme de ella ya que apenas la trataba por no decir nada.
Sí que me dijo que el piso era de sus padres y al morir estos, se lo quedaron sus hijos, ella y su hermano.
Al parecer, ella vive sola en el piso, porque a su hermano no se le veía por allí y tampoco pudo decirme nada de él al no ser de buen trato. Como ves, no es mucho.
–Pues muy bien, Merche. Nadie va a poner en duda tu validez. ¿Te dijo dónde trabajaba ahora?
–Eso también le pregunté, pero me dijo que no estaba segura o no quiso decírmelo.
–Bueno, Merche, lo dejamos aquí y mañana nos reunimos a las nueve para profundizar todo lo que hemos escuchado de Ramiro y veremos a que conclusión llegamos. También te he de comentar otra cosa.
–¿Qué me tienes que comentar?
–Mañana te lo digo.
–Mira que eres, jefe, ¿me vas a dejar en ascuas?
–Pues el jefe te va a dejar en ascuas porque he de irme a casa que tengo algo importante que hacer, así que mañana lo sabrás.
–Desde luego, eres la repera, jefe. Ahora sí, lo que no tendré que esperar hasta mañana es saber eso tan importante que tienes que hacer en tu casa. Hala, que te vaya bien la llamada y salúdala de mi parte.
Esta Merche siempre con sus ocurrencias, pero nunca desencaminada.
Era cierto que nada más llegar a casa intentaría ponerme en contacto por teléfono con Sara, e interesarme si todo iba bien en su familia y no habían llegado a importunarles, tanto su exmarido como su amigo.
Aparte, claro está, era un verdadero placer escuchar su voz y sentirla cerca de mí, pero más ganas tenía de volver al pueblo y estar con ella en vivo y en directo.
Cumplida la misión que me había propuesto y todo en orden en la vida de Sara y su familia, me preparé algo de cena y enseguida me fui a acostar.
Quería levantarme temprano para hacer algo de ejercicio y que mejor que efectuar el recorrido al que estaba habituado: correr desde plaza de Sants hasta Montjuic y volver.