Decisión Compartida (Mario Gárate: Detective privado 3) 9
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Llegaron las nueve de la mañana del lunes y ahí en el despacho de Sabater, que de momento nos servía a nosotros como si fuera nuestro, se encontraba ya Merche; su puntualidad seguía como de costumbre.

–Buenos días, jefe, ¿ha descansado bien?

–Buenos días, Merche. ¿A qué viene eso de si he descansado bien?

–No se moleste usted, jefe, es simplemente saber que tal habías descansado porque yo he estado toda la noche dándole vueltas a la mierda que conseguí ayer saber sobre Ramiro.

–Bueno, pues descárgate y a ver todo eso que no te ha dejado descansar.

Desde luego, no era para que estuviera eufórica por lo conseguido, sí que llegó a contactar con la que fue en su día la novia de Ramiro, pero no fue fructífero ese encuentro.

El contacto se produjo en la puerta del piso dónde vivía, pero al presentarse y decirle si le podía hacer algunas preguntas sobre Ramiro, ella se la quedó mirando fijamente y de pronto alzó la voz diciendo: «Manuel, aquí hay una mujer que quiere saber algo de Ramiro».

De inmediato se presentó ese tal Manuel y con altivez le preguntó: «¿Y tú quien eres?»

. Merche se presentó de nuevo y casi sin acabar su presentación, el tío la despachó más bien de malas maneras profiriendo: «Hala, largo de aquí y vete por donde has venido. Aquí no vuelvas porque no te vamos a decir nada de ese cabrón, si quieres saber algo de él te vas a la policía».

A la policía ya había recurrido yo y esperaba que Sánchez pudiera aportarme algo más. Pregunté a Merche si seguía con ganas de continuar esa investigación y me contestó:

–Mira, no es que tenga excesivas ganas, pero aparte de no decepcionar a mi novio, porque a él le gustaría que siguiéramos para quedar bien con ese hombre, me mueve la curiosidad de saber algo más sobre su verdadera vida y no la que me cuente él,

o la que me hubiera podido contar la que fue su pareja.

–A ver, Merche, si estamos metidos en esta investigación es para llegar a saber si efectivamente cometió ese atraco o no, lo que es su vida privada, por lo menos para mí, no es que sea de mucho interés...

–Pero jefe, si sabemos algo más de su vida podemos deducir si fue capaz de cometer ese atraco.

Se notaba, en esta conversación que estábamos manteniendo, las pocas ganas que yo tenía de seguir con este asunto, pero veía en Merche un cierto interés en continuar y no solo por contentar a su novio.

Una llamada telefónica cortó nuestra conversa y Merche acudió a la llamada. No tardó en darme el teléfono, diciendo

–Toma, es para ti, es Sánchez.

Mira por donde, iba bien que la llamada viniera de Sánchez. Si había suerte, algo nos aportaría para decidir que hacíamos ante esa dualidad de pareceres.

–Dime, Sánchez.

–Te he llamado a tu casa y como no me has contestado, he probado a ver si estabais en la agencia y he acertado.

–Te agradezco estas llamadas y supongo que son para comentarme algo sobre lo que te pedí ayer.

–Así es, es lo primero que he hecho al llegar a la comisaría y no me ha sido difícil el ver el informe de ese atraco, de algo me tiene que servir los años que llevo en la policía.

–No esperaba menos de ti, y a ver que me dices de lo que aporta ese informe.

–Pues mira, por lo qué he leído en él, no creas que dice mucho; se limita a la testificación de la cajera del banco, reconociendo al atracador, y un aporte de la policía de varios delitos menores cometidos por este individuo.

Por lo que entiendo, estas infracciones han sumado para que el juez determinara condenarlo a prisión.

–¿Y me puedes decir que testificaban esos delitos menores?

–No entraban en muchos detalles, simplemente indicaban: conductas desordenadas y agresión física.

Para saber algo más de estos delitos, tendría que recurrir a otro fichero diferente y tardaré algo más en conseguirlo, pero creo que con lo que te he dicho, no hace falta mucho más para dar una idea de como es el comportamiento de este individuo.

–Sí que su conducta no parece ser muy ejemplar. Creo que con lo que me has aportado es suficiente y te doy las gracias, Sánchez.

–No tienes porqué dármelas. Bien sabes, Gárate, que me tienes para lo que te haga falta, así que si quieres algo más, solo tienes que decírmelo.

Desde luego, como suelo pensar, es bueno tener amigos aunque sea en el infierno.

Sánchez era un policía que podía contar con su ayuda hasta el momento que se jubilase del todo.

Nos despedimos y con lo dicho por Sánchez, teníamos ese algo más recurriendo a la policía, tal como le había dicho ese tal Manuel a Merche, de forma grosera, si queríamos saber algo de Ramiro.

No tardó Merche en tomar la palabra:

–Así que habías recurrido a Sánchez para hablar de Ramiro y no me habías dicho nada.

–Te dije que mientras tú investigabas sobre su vida yo miraría que podía sacar de la policía y ¿con quien mejor que con Sánchez?

–Bueno, jefe, ¿y qué has sacado en claro?

–Nada nuevo, me ha hablado de que Ramiro no es trigo limpio y que el juez tuvo en cuenta el historial que tenía la policía de él, para añadirlo a la sentencia por atraco y condenarle a prisión.

–Vaya, estamos como al principio.

–¿Y tú quieres seguir?

–Pues claro, aunque solo sea por complacer a mi novio. Y si te parece bien me gustaría poder hablar con la cajera de ese banco que lo reconoció como autor de ese atraco.

–Sois los dos un poco cabezones y seguiré con vosotros.

En cuanto ver a la cajera, espera. He hablado con mi amigo Jordi, que como sabes trabaja en un banco, y ha accedido a ponerse en contacto con el director de la sucursal donde se produjo el atraco, a ver que le cuenta.

Según lo que nos diga, ya veremos que hacemos.

–¿Y qué hacemos mientras tanto?

–Podíamos vernos de nuevo con Ramiro y aunque ya nos contó que había entrado en situaciones delictivas, me gustaría encontrarnos con él, como si fuera de forma fortuita, para ver que nos responde, a bote pronto, sobre ese historial que tiene la policía de él.

–Pues no estaría mal, jefe. Como David está todavía de vacaciones, voy a llamarle a su casa a ver si está y le digo que intente quedar con Ramiro de forma particular, y si lo consigue, que nos diga donde para presentarnos nosotros de manera casual.

–Adelante, Merche. A ver si tenemos suerte y también en esta mañana nos llama Jordi. Me gustaría que en el día de hoy tuviéramos claro por donde tirar y solucionar cuanto antes este asunto.

–Ya sé, jefe, que tienes ganas de terminar con esto y volver donde tú sabes.

–Tú Merche, siempre trabajando con la imaginación.

–Sí, sí, imaginación. A ver si te crees que soy tonta.

Tenías enormes ganas de ir a tu pueblo para estar con esa persona que yo sé, sin tener que recurrir a mi imaginación.

Lo que ha pasado es que el fallecimiento de Rosa te hizo venir aquí y no haber podido cumplir todos los días que querías permanecer en tu pueblo.

–Bueno, vamos a dejarlo y centrarnos en el asunto que estamos ahora. Comienza por llamar a David.

–A sus ordenes, jefe.

Esta Merche siempre había tenido la facultad de no perder detalle de todo lo concerniente a las personas con las que trataba y claro, yo no era una excepción.

Dejando aparte estas observaciones, inmediatamente se puso al teléfono para intentar hablar con su novio y sí que pudo.

Bien le explicó lo que queríamos efectuar y por lo que intuí, inmediatamente David se iba a poner en marcha para ponerse en contacto con Ramiro.

–Ya está, jefe. Ahora si quieres voy al bar de aquí abajo y traigo unos cafés, o lo que quieras. Supongo que nos quedaremos aquí un rato esperando que nos responda David.

No hizo falta que diera a Merche mi aprobación, de inmediato se dispuso a salir de la oficina para traer un par de cafés.

Mientras esperaba su llegada, sonó el teléfono y pensé que sería su novio para decirnos algo sobre esa reunión con Ramiro, pero mira por donde la llamada era de Jordi.

Ya se había puesto en contacto con el director de la agencia donde se produjo el atraco y le explicó algo sobre ese robo y de la cajera que testificó el rostro de Ramiro como atracador.

En principio, le contó que fue un atraco del cual apenas se enteró.

Según la información que recibió, el atracador se dirigió a la cajera directamente y con una pistola, camuflada en un envoltorio, le amenazó pidiéndole todo el dinero que en esos momentos tenía a su alcance.

Después de entregárselo, ese atracador salió rápidamente de la oficina.

Fue entonces cuando los chillidos de la cajera alertaron a todos los integrantes del banco, de ese atraco.

En esos momentos, no había apenas clientes y ninguno de los empleados advirtió nada anormal hasta ese chillido.

En cuanto comentarle algo sobre esa cajera, no pudo darle muchos detalles.

Esa mujer se encontraba en la oficina de forma temporal realizando una sustitución y en pocos días, después del atraco, cumplió el contrato y ahí se acababa la relación con ella.

Sí que mantenían su ficha de cuando ingresó en esa oficina, pero en principio el director no estaba en disposición de darle ningún detalle al ser datos personales, pero al final pudo conseguir que le facilitara su dirección, así como su nombre completo.

Conociéndome Jordi, sabía que también me interesaría saber alguno de los rasgos sobre esa mujer y lo único que le pudo ofrecer el director es que era relativamente joven y muy reservada, apenas mantenía relaciones con el resto del personal de la oficina.

Seguía hablando con Jordi, cuando llego Merche con los cafés y al verme enchufado al teléfono, enseguida preguntó:

–¿Es David?

Le hice un movimiento negativo con la cabeza, pero enseguida se dio cuenta de con quien estaba hablando y no perdió ningún segundo, cuando colgué el teléfono, para decirme:

–Desembucha todo lo que te haya dicho Jordi.

–No me ha dicho nada importante –repuse.

–Venga ya, no me hagas bromas que muero de ganas por saber algo de esa cajera.

–Vamos a tomarnos ese café que has traído y ya te cuento, aunque para lo curiosa que tú eres no me ha aportado muchos detalles.

–Curiosa siempre soy, así que desembucha.

Le relaté lo que me explicó Jordi y Merche enseguida sacó sus conclusiones.

–Mira, casi me alegro que no siga en esa sucursal y si podemos hablar con ella mejor, así no tendrá ningún vinculo con esa oficina y contarnos su versión sin influencias.

–Ten en cuenta que el único dato que tenemos de esa mujer es la dirección que facilitó a esa oficina hace casi dos años, ¿quién te dice que seguirá viviendo allí?

–De eso ya me preocupo yo, y como creo que es importante hablar con esa mujer, me pongo en marcha de inmediato, a ver si tengo más suerte que con la exnovia de Ramiro.

–Preocúpate solo de enterarte si vive allí y también cuando se la puede ir a ver a su casa. Si lo consigues, iremos los dos para intentar hablar con ella.

Solo nos faltaba recibir la llamada de David, para tal como decía Merche, se pusiera en marcha de inmediato en busca de esa cajera y no tuvimos que esperar mucho tiempo.

Nos comunicó David que se vería con Ramiro esa misma tarde, sobre las seis, en un bar próximo a la Avenida del Paralelo, cerca de donde él vivía, y mira por donde, también era lugar cercano de donde vive Merche.

Eso nos serviría para verles y además, poder justificar que era pura casualidad y no pensase Ramiro que era un encuentro premeditado.

Concretando nuestra cita para esa tarde, Merche se dispuso a marcharse para ver si tenía suerte en su cometido y yo, como en principio quedaba libre, me dispuse a hacerle una visita a Sabater.

Quería saber que tal se encontraba, después de pasar su segunda noche tras esa pérdida de Rosa, y allí me desplacé.

No es que Sabater se encontrara por completo animado, pero si estaba con ganas de conversar y cómo no, el sacar a relucir esa posibilidad de volver a restablecer la agencia, diciéndome:

–Si me animo y me pongo en marcha para dirigir de nuevo la agencia, me gustaría contar contigo en esta nueva apertura y además, te pusieras en contacto con el resto de empleados por si alguno quisiera regresar.

No es que no me esperase ese deseo. El hecho de estar muy unido a su mujer y esta no encontrarse muy bien de salud, quiso dejar la agencia y estar junto a ella, pero ahora al verse sin su compañía,

necesitaría tener la mente ocupada con otros menesteres y que mejor forma el tomar la decisión de volver a dirigir la agencia que regentaba.

Desde luego, aunque tuviera sesenta años, le iría bien el volver a ejercer como abogado y yo no tendría ningún inconveniente en ayudarle.

Por otro lado, aunque dejáramos de ocupar, Merche y yo, su despacho, bien podíamos hacer uso de otro de los despachos libres de la agencia, al no ponerlos en venta y estar todavía a su nombre.

En esta ausencia de Sabater, bien nos había venido a Merche y a mí para hacer uso del que él usaba, al ser el más amplio.

Para mí había sido más que un jefe, y si contaba también esa relación tan afectiva y entrañable que había tenido con su mujer, como no, en mi ánimo estaba el unirme a Sabater en lo que hiciera falta.

Sí que a nivel de trabajo no representaría ningún inconveniente el estar a sus órdenes. Los encargos que recibía los efectuaba con plena libertad y apenas recurría a él para resolverlos.

El ponerme en contactos con el resto de empleados de la agencia, no me sería difícil y alguno querría volver.

Lo que veía más dificultoso era que Merche quisiera ser de nuevo su secretaría, la veía muy ilusionada con esa labor detectivesca que ejercía a mi lado y no creía que le gustase el ejercer de nuevo su anterior función.

Siguiendo hablando con Sabater, no perdió ocasión en preguntarme como iba la investigación que estábamos efectuando. Le puse al corriente de lo que me dijeron por teléfono, tanto Sánchez, como Jordi, y no tardó en darme su parecer.

–No estoy muy convencido de no haber cometido el atraco al banco, ese hombre. Pero si seguís indagando y conseguís averiguar que es inocente, por supuesto que necesitareis un abogado para llevar el caso a la justicia y en esto si podréis contar conmigo.

No esperaba que me pudiera aportar algo que me sirviera para esa investigación, pero sí que ya lo veía, como me había dicho anteriormente, con ganas de ponerse en marcha.