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Acompañe a mi padre hasta su casa y después me dispuse a dar una vuelta por el pueblo para ver si era capaz de obtener alguna información sobre la presencia de ese individuo en el pueblo.
Iba ensimismado en mis pensamientos, cuando alguien, más que darme una palmadita en la espalda, me dio un buen manotazo, al mismo tiempo que exclamaba casi a grito:
–¡Hola, mi señor detective!, ¿qué hace usted por aquí?
Mira por donde era Sebas, el amigo sabedor de todos los chismes que acontecían en el pueblo, pero me sorprendió verlo vestido con el uniforme de policía local.
–¿Y que haces tú así vestido?
–¡Que te parece!, me queda bien ¿no?
–¿Te has hecho policía?
–Pues claro, y en parte tienes tú la culpa por haberme metido a husmear en la desaparición de la hija del “Gabarra”.
–¿Pero no trabajabas en una fábrica de muebles?
–Trabajaba y ahora ya me ves, a mantener el orden público y la seguridad ciudadana.
–No me lo hubiera imaginado jamás, con lo guasón que tú eras y en los líos que nos metías a la cuadrilla, ¿cómo te ha dado por meterte a policía?
–Ya te he dicho que tú has influido. Cuando te fuiste, después de ayudarte a localizar a esa chica, me dejaste con la mosca detrás de la oreja con eso de decirme que servía para indagar, y mira por donde,
a los pocos días el ayuntamiento realizó una convocatoria para cubrir una plaza en la policía municipal.
Me informé de lo que requerían para poder presentarme y se basaba en poder superar una serie de exámenes, así que me presenté.
Y ya ves, como soy bueno indagando, el que mejor nota sacó en el examen fui yo.
Así que un poco de respeto a este nuevo policía.
–Bueno, bueno, no sé si darte la enhorabuena, pero si a ti te parece bien el ejercer de policía, adelante.
–Espero no arrepentirme, y ahora dime, que te ha traído venir al pueblo, porque salvo venir a celebrar algo con tu familia, poco se te ve por aquí, si dejamos aparte esta última vez que prolongaste tu estancia para encontrar a la hija del Gabarra.... espera, espera, ya sé a qué has venido.
Sabiendo lo avispado que era, bien podía estar al corriente de esa llegada al pueblo del exmarido de Sara, Haciéndome un poco el ingenuo le pregunté:
–A ver, señor policía, ¿a qué crees que he venido?
–Pues muy fácil, señor detective, ¿crees que no me daba cuenta de como te llevabas con la mayor de las hijas del Gabarra? Aparte de tener interés en venir a verla, te has enterado de que su exmarido está por el pueblo y querrás que no llegue a molestarla.
Por lo husmeador que era, ya me imaginaba el no desconocer esa afinidad entre Sara y yo, pero ahora se añadía el saber algo de esa llegada del exmarido y debía enterarme que más podía aportarme.
–Ya que eres tan listo, dime que más sabes de ese hombre.
–Solo te puedo decir que ese sujeto ha salido de la cárcel en libertad condicional, pero nada más. Si te interesa saber más, después del servicio que estoy haciendo, puedo preguntar en comisaría en que tipo de supervisión está.
–Te lo agradecería. De todas maneras, sin entrar en vuestra labor policial, me vais a permitir el no perder de vista a ese hombre e intentar que no moleste en absoluto a Sara ni a su familia.
–En lo que te pueda ayudar, ya sabes que puedes contar conmigo. En media hora termino con el servicio que estoy haciendo y tan pronto sepa algo más de este tipo, te lo haré saber.
Nos despedimos y bien que había venido ese encuentro.
Siempre es agradable saludar a un buen amigo y si además te puede echar una mano en aquello que te interesa, mucho mejor.
Seguí mi marcha, hasta que decidí ir al bar que solía frecuentar cuando estaba en el pueblo; en él, bien me iría tomar una cerveza mientras pensaba sobre esa llegada del exmarido de Sara.
Me extrañaba el no haberse dirigido, desde su llegada, a ella o a su padre.
Si como decía Agustín, aparte de no tener ninguna vinculación con ellos, ni tampoco le motivaba el hijo que tenía en común con Sara, no le asociaba ningún otro motivo para venir al pueblo, a no ser el querer encontrarse con los amigotes, que según me comentó en su momento Sebas,
tenía a bien organizar con ellos buenas juergas.
Entre los pensamientos que venían a mi mente, no podía desestimar el que ese hombre estaba en libertad condicional.
Eso le supeditaba a no meterse en embrollos y llevar una conducta adecuada, a no ser que fuera un irresponsable.
De momento, no se me ocurría nada más. Bien estaría poderme encontrarme con él, pero no creía el ser bien recibido.
A pesar de no habernos presentado ni dirigido la palabra, alguien le podía haber llegado a informar que persona ayudó a Sara para denunciarle por bígamo y llegar a ser condenado a prisión.
Así que el llegar a verme no creía que le causara ningún placer.
Una buena baza era el poder recurrir a Sebas, seguro que él, con el arte que tenía para conocer todos los entresijos que sucedían en el pueblo, y más siendo ahora policía local, bien podía lograr saber cuales eran los motivos para que este hombre apareciera por estos lugares.
Ya me encontraba sentado en una de las mesas del bar, acompañado de la cerveza oportuna y además del periódico que se encontraba en el mostrador.
Me entretuve echándole una ojeada y algo me centré en la sección deportiva observando los buenos resultados de los deportistas españoles en los Juegos Paralímpicos.
Me distrajo un poco la lectura del periódico, pero no lograba apartar del pensamiento la figura del tal Rafael Cifuentes.
Tenía que ahondar algo más en él y como siempre solía hacer, lo mejor era ir anotando, en forma de esquema, todo lo que fui averiguando sobre ese individuo y de esta forma, con un solo vistazo, vería una percepción mas clara de como actuaba.
Una hoja de una cuartilla pudo facilitarme el camarero del bar y me dispuse a confeccionar el esquema.
Comencé apuntando el hecho de llegar a saber, de esa persona, el haber estado trabajando en Alemania y haberse casado allí con una austriaca.
No estuvieron mucho tiempo juntos, y aunque ella presentó en un juzgado de Munich una demanda de divorcio contencioso, se lo aceptaron hace dos años, por tanto, si con Sara se casó hace tres años, eso quería decir que contrajo un segundo matrimonio estando ya casado.
Si que se lo debió montar bien al volver a España y llegar a contactar con este pueblo.
No tenía ninguna vinculación en él, pero llegó a conocer a Sara, al asistir a las fiestas patronales, y no dudó en seguir viniendo al pueblo para segur contactando con ella.
Tenía el don de llegar a engatusar a una mujer y lo logro, consiguiendo casarse con ella.
Así mismo, embaucó a su padre Agustín para administrar sus tierras y vivir del cuento.
Tuvieron un hijo, pero lo que primaba en este hombre era irse de jarana con unos amigotes no privándose de frecuentar prostíbulos.
Esa forma tan “admirable” de proceder y tras severas discusiones con Sara, esta decidió echarle de casa y separarse de él, pero claro, este hombre no se iba a ir con las manos vacías, su padre tuvo que desembolsar una buena cantidad de dinero para que desapareciese.
Acabé anotando el ser condenado a 6 meses de cárcel por bigamia, pero el hecho de haber conseguido la libertad condicional al mes y medio, me parecía evidente el haber recurrido a un abogado especializado en derecho penal para alcanzarla, aunque eso, por descontado,
significaba desembolsar una buena cantidad de dinero para pagarle el servicio prestado.
Estaba claro el no terminar ahí mis pesquisas, quedaba en el aire el motivo de aparecer por el pueblo y esto era lo que debería averiguar.
La conclusión a la que llegaba era el encontrarme ante un auténtico vividor y el conseguir dinero con suma facilidad, era su objetivo.
Pero en el pueblo no sabía ver a otra persona, que no fuera Agustín, para sacar algún beneficio.
El haber sido el marido de su hija y además tener un hijo con ella, podía ser relevante para pretender obtener algunas ganancias, aunque esto ya estaba hablado.
En el día, cuando se marchó del pueblo, un buen cheque bancario le acompañaba, recibido por parte de Agustín, a condición de olvidarse de Sara y de su hijo.
No estaba muy conforme con las conclusiones a las que llegaba; algo me faltaba, pero no era cuestión de darle muchas mas vueltas, de momento, era suficiente el poder estar en contacto con Sara al igual que con su padre. Si este personaje se relacionaba con ellos, de inmediato me lo harían saber.
Me disponía a marcharme del bar cuando vi aparecer la figura de Sebas, ya de paisano, dirigiéndose directamente hacia mí.
–Estaba convencido de que te encontraría aquí y ya ves, he acertado.
–Ya iba a salir del bar, pero me alegro verte de nuevo y si te apetece, siéntate y dime que quieres tomar.
–Si que me voy a sentar porque algo importante te tengo que decir y además, bien me vendrá tomar una cerveza, que ya no estoy de servicio.
De inmediato fui a la barra del bar para pedir un par de cervezas y ya con ellas en la mesa me dispuse a escuchar a Sebas; seguro que algo digno de tener en cuenta me soltaría.
–Brindemos de entrada el que estés de nuevo en pueblo –fue lo que soltó Sebas.
–Brindemos, Sebas, y suéltame ya lo que me vayas a decir.
–Que prisas tiene mi inquieto detective. ¡Venga ese brindis!
Había que hacer el numerito del brindis antes de escuchar lo que me iría a decir, no me quedaba mas remedio y así lo hicimos.
–Ves, ahora estamos más unidos y así es más fácil que escuches lo que voy a decirte.
– Eres la repera, Sebas, venga, al grano.
Lo que me contó no tenía desperdicio. Mí querido amigo, aparte de lo que pudo obtener en la comisaría, se había pasado por el cuartel de la Guardia Civil, por si disponían de más información que la policía local y algo tenían.
Le facilitaron el informe sobre esa salida del exmarido de Sara del Centro Penitenciario de Pamplona.
Alguien había promovido para que un abogado entrase a tocar todos los hilos pertinentes y poderle aplicar una libertad condicional bajo fianza.
Por lo visto, el abogado, con suma habilidad, había antepuesto al tribunal de justicia que el hecho de haber sido procesado por haber cometido bigamia no era del todo correcto.
Sí que se había casado sin estar por completo divorciado de su anterior mujer, pero había que considerar que esta señora de nacionalidad austriaca, ya había presentado la documentación con anterioridad al nuevo casamiento de su marido, en un juzgado de Alemania.
O sea, no se libraba el haberse casado antes de aprobar el divorcio, pero le podían aplicar algún atenuante al aportar las pruebas de esa presentación de divorcio antes de contraer matrimonio con Sara.
Independiente de la resolución que le harían tras la revisión de su caso, no había que dejar de lado la suma de dinero que habría tenido que aportar para pagar la fianza ante esa libertad condicional, así como al abogado que realizó el recurso.
–¿Qué te parece mi fisgoneo? – terció al final Sebas.
–Eres todo un portentoso investigador –le contesté con una sonrisa unida a un manotazo en el hombro.
–Espera, espera, que hay más.
–No me digas que sabes más cosas de ese hombre.
–Pues claro y en esto no he recurrido a la Guardia Civil, en la Comisaría también disponemos de buenas fuentes.
–Venga, desembucha.
–Te puedo informar que ese hombre, tal como tú dices, se ha hospedado en casa de uno de sus amigotes que participaba en esas juergas nocturnas que preparaban.
Y si tu hombre es un auténtico vividor, el amiguete no le va a la zaga.
Te puedo asegurar que este amigote no hace nada gratis; siempre busca algún beneficio y más si es monetario.
–¿Quieres decir que ha podido intervenir en esa libertad condicional?
–Pues claro. No sé el dinero que dispondría tu hombre, pero no creo que fuera el suficiente para pagar esa fianza y al abogado, así que para mí, en este desembolso, ha intervenido su amigote.
–O sea, insinúas que esa ayuda que le ha podido ofrecer ese amigo, es para poder cobrarse algún beneficio económico que le deba aportar nuestro personaje.
–Naturalmente –recalcó Sebas.
Por descontado no me imaginaba todo este tinglado, pero de alguna manera era para tener muy en cuenta ese factor del dinero.
Si, tal como decía Sebas, ese amigo prestamista pensaba que aparte de recibir el dinero prestado, también podía obtener algún que otro beneficio, quería decir que tenía claro como se podía conseguir.
Y ahí estaba el dilema; ¿en que se basaba para poder lograrlo?
Pensando un poco en ello y conociendo como actuaba el exmarido de Sara, su buena fuente siempre había sido Agustín.
Ya había conseguido con anterioridad, no solo el vivir del cuento por hacer que llevaba la administración de sus tierras, sino también el llevarse un buen talón bancario para que se olvidase de toda su familia, pero eso no frenaría a ese vividor el volver a intentar una nueva compensación.
En eso estaba mi pensamiento cuando Sebas me salió casi con lo mismo que yo pensaba.
–Ya que estás aquí, señor detective, no pierdas de vista al Gabarra y sus hijas, porque estos dos vivarachos algo están tramando y no creo que esté descaminado si te digo que esa familia está en su punto de mira. Ten en cuenta que el hijo de Sara también es de él.
–Puede ser –le contesté.
–Ya lo creo, esos dos no tienen prejuicios y si ves algo en lo que te pueda ayudar, ya sabes que puedes contar conmigo y ahora me vas a perdonar porque me tengo que ir a casa de mi madre que me estará esperando; se encuentra un poco pachucha.
–Nada, nada, Sebas, márchate que tu madre es lo primero. Le das recuerdos de mi parte y gracias por todo.
–No hay nada que agradecer y como buen detective, bien sabrás como llevar a raya a ese par de sinvergüenzas.
–Lo tendré en cuenta
Ahí nos despedimos.