Decepcióname XVI #4
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XVI #4

Antes de separarnos, se inclina para besarme.

Es un pico rápido, pero parece íntimo. Respiro su loción cítrica para el afeitado y la noto en el paladar.

No quiero ir a su habitación. Sé que me he pasado y decido marcharme.

La multitud ha menguado un poco. Los pensionistas se han dejado las rodillas a carne viva por bailar demasiado en las versiones blanqueadas de Earth, Wind un amante atractivo o un hito en lo profesional suelen señalar la frontera entre una época y otra.

Simone encontrará a alguien, o a varios, pero no creo que se pueda decir que todos vayamos a encontrar a alguien para siempre.

—Siempre encuentras a alguien —digo.

—Pero ¿y si no?

—Siempre me tendrás a mí —digo con hilo de voz; sé que cuando me lo dijo a mí hace dos noches, no sirvió para aliviar el dolor.

Simone baja la mirada hacia su regazo. Los hombros se le convulsionan como la suspensión hidráulica de un lowrider . ¿Tan malo es tenerme a mí como para provocar este tipo de llanto?

—¿Te vas a morir, Maxy?

—Simone. —Me inclino para abrazarla. Quiero disculparme por esta mierda que me está pasando, por cómo mi vida entrechoca con la suya—. Todos vamos a morir. —Me clava un dedo en las costillas—. Pero no. No me voy a morir.

—Prométemelo —dice. No es una pregunta.

—Te prome…

—Prométeme que no te mudarás a la puta campiña ni adoptarás un puto galgo.

—Solo me mudaría a la campiña por ti.

Nos quedamos en silencio.

—¿Y si perdono a Vincent y luego él me deja?

Me doy cuenta de nuevo de que, al igual que Simone, tengo un miedo horrible a quedarme sola.

—Todo irá bien.

Me pasa la botella. Inhalo un trago ácido.

Me acuerdo de una película que vi hace poco, After Life , en la que un equipo de rodaje entrevista a los espíritus de personas recién fallecidas para ayudarles a decidir qué recuerdo se llevarán al más allá.

Luego graban con ellos una reconstrucción de ese recuerdo.

No fue prudente ver esa película antes de la operación, pero quería quitarme, en la medida de lo posible, la espinita de la muerte.

—Si solo pudieras llevarte un recuerdo al más allá, ¿cuál sería? —le pregunto a Simone.

—¿Podemos no hablar de la muerte, por favor?

—Creo que el mío sería cuando vimos la instalación de James Turrell en aquel festival. ¿Recuerdas el tragaluz? —Simone me mira y sonríe—. Ese sería mi recuerdo. Las dos juntas sentadas observando ese recuadro azul.

—Me había olvidado de eso.

—¿Cuál sería el tuyo?

—No sé. Podría pensar otro, pero ese me gusta .