VINCENT XII #4
Cuando vuelvo a la habitación, me despido de Fred con un abrazo. Es frío y distante.
—Nos vemos, tío.
—Adiós —dice—. Lo siento.
Vuelvo al cuarto de Alex con la mochila colgada del hombro.
—Todo arreglado —anuncio. Ella sonríe. Me siento en la cama y le expongo el plan.
Le digo que, cuando la hinchazón haya remitido dentro de un par de días, podemos ir al lugar de su operación para que se instale.
Asiente con placidez y me doy cuenta de que quizás me esté extralimitando.
He dado soluciones, como si fuera un héroe, pero me recuerdo que todo esto es culpa mía.
Y no lo digo con humildad, como si quisiera acaparar demasiada responsabilidad, porque esto es culpa mía de verdad.
La vergüenza se cuela en mi mente y me entristece ver la rapidez con la que Alex quiere perdonarme.
Me está permitiendo que cuide de ella. Menuda putada, ¿no?
—Pero, si no quieres, no iré. No tengo por qué alojarme allí contigo si no es lo que quieres.
—Estoy sola. Quiero que te quedes. Si tú quieres. —Nos sentamos juntos mientras ella pasa de un canal a otro en el televisor—. Me encanta esta peli.
—¿Cuál es?
— Lost in Translation . Se estrenó hace una década. Scarlett Johansson tenía diecisiete años.
—¿Y qué hace en Japón?
—Mira la película, acaba de empezar.
Guardamos silencio y luego apoya la cabeza en mi hombro y yo la rodeo con el brazo.
¿Esto está mal, querer tocar a alguien que está magullada de esta forma?
¿Y más cuando ha sido culpa mía? No me imagino qué le pasará por la cabeza para que a ella le parezca bien.
Scarlett Johansson parece sola y sube en ascensores con un señor mayor que reconozco.
No se entienden. Salta a la vista que no son amantes, pero hay amor.
Se preocupan por el otro en el momento adecuado.
No todo necesita una etiqueta. Alex se acerca más.
El señor mayor le susurra algo a Scarlett Johansson al oído y no lo oigo, pero no hace falta; agarro el mando a distancia, apago el televisor y miro a Alex y su labio partido.
Me inclino para besarla y ella me devuelve el beso.
Ese beso seguramente revele por qué se lo conté a Fred, por celos, pero sospecho que Alex ya lo sabe.
Voy con cuidado por el corte. Me imagino que hasta el roce más suave le debe de doler, incluso la saliva más ligera, pero no parece importarle.
Sus labios son muy agradables. La tengo dura.
Meto la mano debajo de su camiseta. No lleva sujetador.
Paso los dedos por encima de sus pezones.
Quiero decirle que me parece atractiva, pero creo que sería raro.
Ahora no. No después de Lost in Translation.
Nos quitamos las camisetas y me acerco hasta quedar encima de ella, con sus piernas a ambos lados.
Nos besamos más, me aparto y le acaricio las costillas.
—¿Estás segura? —le pregunto.
Atrae mi mano hacia la redondez de sus caderas.
—Aquí no duele tanto —contesta.
Apoyo la mano ahí. Me agacho y le chupo el pezón, mirándola; echa la cabeza hacia atrás. Nunca sabes si es una actuación, si la gente solo finge que algo le gusta para hacerte sentir bien.
—¿Te gusta? —pregunto.
Alex se ríe, me mira y asiente. Y entonces me observa mientras la lamo y yo la miro y no parece raro ni demasiado intenso mirar a alguien así.
Solo agradable. Me desabrocho el cinturón y me toco un poco y le bajo la ropa interior y noto que hay dos capas, dos piezas separadas, una más ligera y otra más rígida, y entiendo que es ahí donde está, la primera capa para ocultar, la segunda para ocultar lo oculto.
Y ahí está. Me la quedo mirando y percibo que Alex me mira mientras la observo.
La froto un poco, sin saber si lo estoy haciendo bien.
—¿Te gusta? —pregunto.
—No está mal, pero no me gusta.
Paro con cierto alivio y la beso de nuevo mientras ella me toca y, cuando parece el momento adecuado, le pregunto si la puedo penetrar, si eso le parecería bien, y ella contesta que sí y que tiene condones y lubricante en la mochila.
Me pregunto por qué ha traído condones y lubricante, para qué, para quién, pero no indago más y voy a buscarlos y me pongo el condón y voy con suavidad.
Primero despacio, mantengo el ritmo, porque me sigue pareciendo raro follar con alguien que está así de magullada.
Despacio es agradable. Lo correcto. Alex gime.
Nos quedamos así, ella bocarriba hasta que me corro y luego me aparto a su lado y le agarro la mano.
No decimos nada. Hay muchas cosas que procesar, todo lo que ha pasado.
Me cuesta creer que haya ocurrido en un mismo día, que esta mañana volviéramos del barco y que Fred le diera una paliza.
Alex entra cojeando al baño y la sigo. Tiro el condón y la ayudo a lavarse.
De vuelta en la cama, se pone en posición fetal.
Duermo detrás de ella con un brazo en la parte posterior de su muslo, donde sé que no le va a doler; no sé dónde colocar el otro, pero no pasa nada. No pasa nada. Alex se pondrá bien .