Decepcióname VIII #2
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VIII #2

Miro a Simone como si me hubiera traicionado, porque a lo mejor lo ha hecho. Se mete un trozo de tofu frito en la boca mientras el rostro de Michelle cambia con el sobresalto de un recuerdo.

—Ay, Dios mío, pues claro. Le prendió fuego a tu casa.

—No le prendió fuego a la casa… Solo a la alfombra.

—Pero a ti te dio mucho miedo —dice Emily.

Estoy bastante segura de que, cuando se lo conté por primera vez, Emily dijo que estaba siendo una dramática.

—No pasó nada.

—No, sí que pasó. Te estresaste mucho. Fue algo terrible. Y después Jamie…

—Ay, sí, Dios santo, perdón, ya me acuerdo. Perdón —dice Michelle—. Se puso como una fiera con tu padre, que luego dejó de beber, pero seguía comportándose de un modo raro contigo. —Michelle se gira hacia Simone, como si yo no fuera una fuente fiable—. ¿Verdad?

Miro a Simone con la esperanza de que me apoye.

—Sí que fue aterrador, vaya. Eras adolescente.

—Simone.

—Max —dice Emily con una sonrisa indecisa—. No pasa nada. Tu padre ya no bebe.

—Exacto —digo con aspereza—. No pasa nada.

—Ay, Dios, ya me acuerdo —exclama Michelle—. Después de que pasara, no volvisteis a hablar del tema. Ahora parece una locura, la verdad…

—Chicas… —interviene Simone.

Tengo ganas de gritar. Simone se masajea las cejas con los dedos. Emily se muerde el labio.

—Es que… —empiezo—. Odio cuando…

—¿Alguna vez habláis del tema? —pregunta Emily—. Tu familia, quiero decir.

—La verdad es que no.

—¿Cómo que no? —Michelle sacude la cabeza—. Siempre me olvido de lo blancos que son.

—Chicas, por favor.

Me arden las mejillas. Lo recuerdo todo.

Guardé el secreto hasta que Jamie me presionó para que le contara qué pasaba; lloré en el instituto y las chicas me rodearon.

Les supliqué que no se lo dijeran a sus padres y lo cierto es que creo que no lo hicieron.

La mesa se queda en silencio. Me sonrojo por los r estos de una vergüenza y una humillación pasadas.

Por tener un padre alcohólico y por mí misma, por invitar al caos, por dejar que se pudriera.

—Pero piensa en todo lo bueno que pasó después —dice Emily—. Él dejó de beber. Creo que mi madre será más feliz. Ya lo es.

—Diría que eso es por el vestido de novia —interviene Michelle.

Las chicas se ríen. Consigo soltar una carcajada. Me encorvo en la silla. Simone busca mi mano debajo de la mesa para darme un apretón y luego otro. La mesa se queda callada en un momento de entendimiento tácito. Nadie se disculpa. No hay nada por lo que disculparse.

—No me puedo creer que no vengáis a la despedida de soltera —suspira Michelle.

No me queda claro si lo dice con tristeza o decepción. Emily nos mira a Simone y a mí con esperanza.

—Era muy caro —explico—. Un fin de semana no justificaba ese gasto.

—Ya, yo igual —añade Simone.

—Además, no me siento cómoda con ir a Nevada siendo una persona trans.

Eso parece poner fin a la conversación. Doy gracias por tener esa opción tan atómica, aunque no tengo ni idea de si es seguro volar a Nevada siendo una persona trans.

La madre de Emily nos escribió a Simone y a mí por separado para decirnos cuánto ansiaba que fuéramos a la despedida de soltera.

Ninguna de las dos respondió. De todos modos, no va Michelle sola.

También va un montón de las amigas de Emily, con las que seguro que mantiene una relación mucho más estrecha.

—Tu novio parece guapo —comenta Michelle—. Qué ganas de conocerlo.

—No vendrá a la boda —contesto, y doy un sorbo de vino para evitar la mirada de Emily.

—¿Cuánto tiempo lleváis juntos?

—¿Unos cinco meses? —Mantengo la mirada fija en la copa—. No mucho.

—Pero la cosa parece seria, ¿no?

—Su padre sufrió un ataque al corazón.

—Cielo santo —jadea Emily.

—Qué estresante. —Michelle se lleva una mano al pecho—. Que la gente muera de esa forma.

Bajo los palillos.

—Está vivo. Creo que eso nos ha unido más, ha hecho que todo sea un poco más serio. También ha conocido a mi familia.

—Están viviendo juntos —añade Simone.

—¿Qué? —exclaman Michelle y Emily.

—De forma temporal.

—¿A ti te cae bien? —Michelle se gira hacia Simone.

—Sí. —Se reclina en su asiento—. Mucho más que el anterior.

—Ese imbécil. —Emily sacude la cabeza.

El resto asentimos con solemnidad. Creo que Michelle no conoció a Arthur, pero supongo que la gente habla y con eso basta. Agarro otra tortita.

—¿Su familia es simpática? —pregunta Michelle.

Noto que me arde la cara.

—Solo he conocido a su hermana —contesto, sin mirar a nadie a los ojos—. Por todo lo que ha pasado con su padre. Aunque ella es muy maja. Lo ayudó con la mudanza. —Respiro hondo y miro a Michelle—. ¿Tú crees que te vas a comprometer pronto?

—Austen me pedirá matrimonio el próximo marzo.

—Anda, ¿cómo lo sabes?

—Se lo he preguntado.

—Entonces, ¿le has pedido tú matrimonio?

—No. —Michelle parece desconcertada—. He puesto una fecha para que él me lo proponga a mí.

Simone insiste en pedir un taxi a Camden Road.

Carla tiene una exposición en una galería de allí.

Es todo un logro. Ha pintado una serie de retratos de mujeres trans; muchos son desnudos.

Michelle y Emily deciden no acompañarnos.

Vegas, baby. Estamos en el borde de la carretera; la noche es más fresca de lo habitual para ser principios de verano.

—Cinco minutos —me informa Simone—. Odio ese vestido con toda mi alma.

—Ya, no te pegaba nada.

—¿Estoy siendo difícil?

—¿Qué? No.

—No soy trans. De hecho, siento que si fuera trans podría justificar no ponerme ese vestido.

—Entiendo lo que quieres decir. Creo que no han visto lo incómoda que estabas. Se lo podrías decir.