Capítulo 15 Magia #2
En un movimiento rápido se acercó a ese maniquí y de una sola ráfaga se escuchó un gran golpe, un sonido tan fuerte como una explosión, no supieron explicar con exactitud qué fue lo que paso, pues fue algo demasiado rápido, solo fue Naya acercándose a ese maniquí, soltó un ataque simple hacia el cuello, y fue como si un rayo cayera del cielo, pues todo fue iluminado en segundos.
En realidad, si, había caído un rayo desde el cielo hasta donde había sido el ataque de Naya exactamente.
Segundos de silencio, todos los ángeles tan pronto esa luz cegadora se fue, se miraron entre ellos confirmando que nada malo hubiera pasado, al darse cuenta de que todos seguían bien y en una sola pieza, para luego mirar a la causante de esto.
Naya seguía quieta en su posición que quedo después de ese ataque, un poco detrás del maniquí, el cual estaba destrozado hasta las cenizas, siendo movido ese puño de polvo quemado gracias al viento que había en su momento.
Estaba un poco agachada, pero con lentitud se volvió a poner derecha, su respiración era agitada y fija, muy pocas veces hacia esto, es algo que logro manejar hace poco y a pesar de haberlo hecho un par de veces, la adrenalina en sus venas seguía ahí como si fuera la primera vez, dio un respiro más lento y se giró a ver a los ángeles, no solamente los que estaban practicando, si no todo el grupo rebelde, incluso Helzion, la miro con una sorpresa, eso la lleno de orgullo.
- Nuestro poder - soltó la espada, dejándola caer en la arena, estaba intacta, el Spirium tenía la capacidad de soportar toda magia - los ángeles se han descrito como seres que solamente pueden volar, leer pensamientos y emociones de la gente y ser portadores de voz de los arcángeles, pues no, somos mucho más que eso, tenemos la magia en nuestras venas, magia pura, poderosa…
tantos años que nos han alejado de esta hizo que esa conexión desapareciera, como si, fuera algo desconocido - miro sus manos viendo como aun pequeños rayos pasaban por sus dedos, los cuales seguían temblando - ya no más, los ayudare a sacar esa magia de todos ustedes, una magia única, reflector de su personalidad, es demasiado fácil, más de lo que creen, pero necesito toda su actitud para esto, para vencer a Levianthan, para derrocar a los arcángeles.
Los ángeles se regocijaron de emoción, tomaron sus armas y comenzaron a mostrar furor, emoción, ganas de descubrir su poder, ganas de luchar por su libertad, Naya contagiándose de esa energía lo comenzó a acomodar, y sin tardar mucho, comenzó el nuevo entrenamiento.
- Rayos, podemos, ¿soltar rayos? - Helen se puso a un lado del líder, este la miro de reojo y rio levemente.
- No, tu no, Naya si, el poder de un ángel es, como dijo ella, un reflector de nuestra personalidad, de nuestra alma, nuestra alma tiene una exorbitante cantidad de energía, tanta que tenemos la capacidad de soltarla en diferentes maneras, de ahí viene la magia
- ¿De nuestra alma?
- Exacto, somos seres realmente interesantes, tanto años de quitarnos ese conocimiento hizo que olvidáramos todas nuestras capacidades.
- ¿Cómo lograron saber esto?
- Mucha…mucha ayuda de arriba - bajo la mirada, aquellos pergaminos que decían todo aquello de la magia fue una de las ultimas cosas que su maestro les brindo antes de desaparecer, realmente le dolía no poder hacer nada, no poder buscarlo, solo rezaba dentro suyo que estuviera bien, vivo, con cordura - no quisimos mostrarles porque no sabíamos cómo sacarlo, Naya ahora lo sabe, y créeme con un solo ángel que sepa cómo sacar esa capacidad, será cuestión de días para que la mayoría de aquí lo logre.
- Me fascina su determinación de ambos por realmente darnos lo que alguna vez fuimos.
- Alguien debe hacerlo.
Helen lo miro y asintió a sus palabras, quedándose a un lado de el para observar cómo practicaban.
- No usaremos armas, solo, su energía, su alma - Naya menciono, haciendo que los demás se miraran confundidos para después soltar sus armas.
- La concentración es la herramienta fundamental para todo esto, cierren sus ojos, déjense llevar por el sonido de las olas, del viento, de la arena moverse - Naya cerro sus ojos, siendo copiada por los demás - pongan sus manos juntas, como si fueran a recoger la gotas del agua que cae del cielo - todos juntaron sus manos, dejando las palmas de estas mirar hacia arriba.
- Concéntrense, dejen ligar todo de ustedes, dejen que su alma hable por ustedes que sea liberado, busquen dentro de ustedes - Naya abrió los ojos para levantarse y comenzar a mirar a sus cuatro ángeles practicar, esperando una mínima señal de que alguien se estaba acercando - su alma esta enjaulada en una capsula, déjenla salir por medio de su concentración y paz, dejen que esa energía pase por su pecho, luego por sus hombros, recorra el camino largo de los brazos y termine en la punta de los dedos.
Siguió hablando, tratando de darles una idea de cómo soltarlo, no es algo fácil, pues Naya no puede hacer mucho, solo debe ayudar, el trabajo deben hacerlo ellos, Naya solo está intentando dar pistas de cómo lograrlo, pues cada uno tiene sus propias formas de hacerlo, de liberar esa energía.
Pasaron 5 minutos de nada absoluto, Naya estaba pensando que más hacer hasta que de pronto el sonido de una pronta lluvia comenzó a hacerse presente, Naya pensó que estaba a punto de llover y que ya estaba predicho, pero hasta que bajo la vista es cuando logro ver como uno de sus ángeles tenía una pequeña bola de energía azulina la cual estaba rodeada de agua, no era mucho, pero Naya rápidamente supo que ese ángel tenía una gran capacidad de controlar el clima, pero esas nubes que se acercaban con lentitud para juntarse y crear una lluvia fuerte, desapareció, el ángel perdió la concentración.
- Hugh, maldición - ese ángel sabía que lo estaba logrando, pero solo soltó un suspiro de desgane cuando perdió esa concentración y con ello la energía.
- No te desanimes compañero, para lograrlo en minutos está muy bien, demasiado bien, sigue así - una sonrisa por ese ángel fue su respuesta, volviéndose a poner en posición.
- Y para los demás… - no logro terminar pues un gran golpe de algo pesado que estampó sobre la arena hizo un acto de presencia de la nada, todos voltearon a ver - alguien… ¿descubrió su poder de aventar rocas de la nada? - los ángeles negaron con la cabeza - uh…entonces…
Otro sonido se hizo, pero esta vez en el agua, Naya logro ver como esa cosa tenía un color blanco, pero no supo con exactitud que era, pues fue demasiado rápido hacia el mar.
Naya corrió hacia lo que había estampado contra la arena, notando dos alas agitarse varias veces, quitando la arena entre sus plumas verdosas, un cabello de color negro se asomó después y seguidamente un par de ojos verdes que miraba con preocupación aquellos dos cuerpos que abrazaba de manera protectora, dos humanos que parecían desmayados, pero sin ningún rasguño.
- Olivia…Ethan, ¿están bien? - la voz maternal hizo que un quejido saliera de ambos, aliviando a aquel ángel que los protegió del duro impacto.
- ¿Kezef…? si viniste- Naya aleteo ambas alas por una emoción que no podía esconder.
- Teníamos que escapar…- menciono con una voz apagada y triste, miro ambos lados solo para darse cuenta de que algo faltaba- ¿Zera? ... ¡¿Zerachiel?! -se levantó para mirar a todos lados, buscándolo con la mirada.
La chica rápidamente conecto todo, ambos ángeles llegaron hasta aquí, no sabía la razón del por qué llegaron con una velocidad tan rápida, pero, si Kezef fue el que se impactó contra la arena, entonces ese cuerpo blanco era…
Miro el mar, nada salía de ahí, su corazón se paro
- ¡Ángel en el agua!, ¡¡Ángel en el agua!!- grito para rápidamente correr sin miedo hacia ese cuerpo azul, aventándose y siendo tragada por la misma.
Un ave con las plumas mojadas no puede volar.
Un ave, no sabe nadar.