Debajo de las Nubes (Debajo de las Nubes 1) Capítulo 15 Magia
90%

Capítulo 15 Magia

Los gruñidos altos y fuertes hacían temblar a cualquier ángel que estuviera ahí, observando a ese demonio con una agresividad alta, golpeando su cuerpo contra las barras gruesas y metálicas de esa jaula que lo aprisionaba.

Pero Naya no le daba ni una pizca de miedo, estaba mirándolo directamente, sus múltiples ojos, su complexión, su postura de animal salvaje, estaba analizando todo, viendo alguna debilidad e imaginando como derrotarlo.

- La humana dijo que él podía hablar, ¿exactamente a qué se refería?

- hablo a lo alto, siendo Adthor el único que la escucho, este estaba arreglando algunas parte de esa jaula que se podía notar, tenía una tecnología avanzada, digna para atrapar demonios, este conecto unos cables y seguidamente cerro aquella caja que las almacenaba, levantándose y acercándose a su capitana.

- Ni idea, ese demonio solo pronuncia las mismas palabras, tal vez la chica estaba alucinando, después de todo el veneno de los demonios recorría todo su ser.

- ¿seguirá tan siquiera viva?

- Si no lo estuviera, Kezef estaría con nosotros, seguramente esta por ahí, cuidándola, como su ángel de la guarda.

- No podemos obligarlos a venir, pero esos dos ángeles parecen tener las respuestas a varias de nuestras preguntas, o al menos, ellos son las llaves a estas.

- El Señor decidirá si vendrán a nosotros, déjale ese trabajo a él.

- Después de todo, ¿sigue existiendo un Señor?, ¿qué tal si es otra farsa de los arcángeles?

- Créeme, existe, alguien debe controlar el destino, además, si no existiera, nuestra razón de existir y buscar propósitos tampoco existiría.

Miro a ese demonio que ya se encontraba cansado de golpear tanto su cuerpo, sobre todo porque Adthor activo la jaula haciendo que cualquier contacto con las barras le causaría un choque eléctrico en su ser, así que aquella sombra solo se dignó a acostar en derrota, como un animal enjaulado, privado de libertad.

El sonido del chocar de las olas con las piedras de la playa hizo que entrara en razón y comenzara a caminar con los demás, el cielo estaba nublado, en un tono gris, el viento era frio, pero eso no les afectaba a los ángeles, podían sentir la temperatura, pero no les afectaba en lo más mínimo, no sudan, no tiemblan.

Aquella playa parecía más una vista triste, seria, algo que un humano no le gustaría ver, esos cielos azules y esa agua cristalina no estaban, era una playa peligrosa, gruñe de lo salvaje que es, pero a los ángeles no les importa.

Su lugar de escondite era un lugar algo escondido, junto a una cueva no tan grande pero suficiente para que los humanos que pasen no los molestaran, no les preocupaba que vieran sus artefactos y posesiones, pues son cosas que no son capaces de ver ante un ojo de un humano común.

Se ha dentro a la cueva, mirando como gran parte de la guarida ya estaba en sus aposentos, la mayoría de las cosas estaban ya puestas, utilizando algunas rocas como mesas o incluso sillas e incluso otros muebles fueron creados por medio de lo que encontraban abandonado en esa ciudad, sorprendentemente eran varias cosas de buena utilidad para ellos, los ángeles de esa rebelión parecían concentrados, el aire que lograba entrar a esa cueva retumbaba, dando una sensación más imponente.

Fuera de la cueva, casi en la entrada, había cuatro ángeles practicando en su combate, moviéndose ágilmente y sosteniendo sus armas, chocándolas con el arma de su contrincante provocando ese ruido metálico, a pesar de estar en esa pesada arena, sus pies descalzos se movían con agilidad y sin ningún problema, demostrando el cardio que tienen, la habilidad y su fuerza perfecta, pero, necesitaban más para enfrentarse a un Estrodemon o un arcángel.

Dentro de la cueva había tres ángeles leyendo sus libros, escribiendo en papeles y creando hechizos que los beneficien a todos, sus libros estaban recargados en la piedra negra de la cueva y los ángeles estaban en el suelo, pero eso no los detenía a seguir investigando.

Hubo otra zona la cual servía como reunión para cosas importantes o avisos y casi en el fondo, donde chispas salían, era donde Naya se dirigía, un ángel se encontraba ahí, martillando aquello que parecía pretender ser un metal con un color gris.

Spirium aquel material que tanto les salvo la vida a los ángeles cuando los arcángeles lograron crearla, fue su nuevo metal, y gracias a este, fue la base para sacar muchas otras, ayudándoles a poder construir edificios más resistibles, ventanas limpias y transparentes, y todo eso con el toque especial del Spirium, que era compatible con la magia de los ángeles, gracias a este, aquellos edificios se mantenían a flote encima de las nubes, las maquinarias funcionaban perfectamente y la electricidad de la magia fluía mucho mejor, fue todo un milagro.

Pero a nadie se le ocurrió que el Spirium se podía usar para crear armas letales, dignas de causar heridas a cualquier ángel o demonio, y nunca se ha puesto en prueba con arcángeles o Estrodemons, ese día se acerca.

El metal brillaba con intensidad, parecía casi a un metal cualquiera que podrías ver en el mundo humano, pero tenía sus diferencias, como a la hora de reflejarlo con el sol un gran arco de arcoíris se creaba como reflejo, era muy difícil de romper y, sobre todo, en ciertos momentos rayos de electricidad pasaban alrededor de ese metal, mostrando la gran conductividad de magia que tenía.

- ¿Cuál es tu gran proyecto ahora? - se acercó a Laylah, aquella que tiene la inteligencia de hacer el armamento de todo el grupo.

- He estado haciendo armamento de corta y media distancia, quiero probar que tan potente y útil sirve el Spirium para armas de larga distancia.

- ¿Tienes suficiente material aun, cierto?

- pero la gran desventaja, es que todo artefacto que tienen los ángeles rebeldes fue robado, al igual que ese metal poderoso, tienen un material limitado y el Spirium es algo que solo puedes encontrar en el mundo de los ángeles, así que tenía que ser muy bien usado.

- si no te preocupes, aún tengo suficiente material para una docena de armamentos más, créeme, estas nuevas armas serán aún mejores.

- Pues eso es justo lo que necesitamos, el momento de encontrarnos con Levianthan se acerca, debemos estar listos.

- En ese caso, porque no ayudas a entrenar a esos ángeles, necesitan esa presión tuya para sacar todo su potencial.

El sonido chirriante del metal siguió, la conversación termino ahí, pues Laylah tenía que seguir concentrada con sus cosas, Naya solo la miro antes de darse media vuelta y salir de la cueva.

Un toque gentil en su hombro hizo que mirara hacia su derecha mirando a su amigo dándoles esa sonrisa tan cariñosa y cálida.

- Volví, ¿todo en orden?

- Si…

- Alguna señal de ellos.

- Ni una sola.

- Seguiremos esperando entonces.

Quedaron ambos mirando a esos ángeles entrenar, de pronto, el más alto sintió un peso en su hombro, miro de reojo, dándose cuenta de que ese peso era la cabeza de Naya recargándose en su hombro, él no se movió y puso su mano sobre su hombro.

- Tengo miedo de encontrarme con Levianthan, sé que es lo que debemos de hacer, es la única forma de proseguir el plan, pero…

- Es normal que tengas miedo Naya, pero eres la más valiente, fuerte e inteligente de todos.

- Helzion, ni siquiera fui una cazadora, solo tengo el conocimiento de un ángel de la guarda.

- Cazadora o no, eres la mejor, ágil e intuitiva, tenemos varios a aquí que fueron cazadores, y, aun así, te siguen a ti, no dudes de tus capacidades, de tus fortalezas, esa duda te llevara a un hoyo profundo y oscuro al cual no quieres llegar.

- Tenemos tanto por aprender, y aun así nos aventaremos a esto…

- La experiencia nos servirá de conocimiento, nadie de aquí quiso que esto fuera tan rápido, pero el destino nos está empujando a hacerlo, pero estoy contigo Naya, todos nos apoyamos, somos una familia después de todo.

- Tengo miedo a decepcionarlos…a decepcionarte a ti.

- Eres la persona más maravillosa que he conocido Naya, créeme que decepcionado nunca estaré de ti, eres un ángel, un ser que se puede equivocar, nadie es perfecto.

- ¿Ni siquiera los arcángeles?

- Mucho menos ellos.

Un suspiro salió de la chica antes de decir un “ok” en voz baja, acercándose a los ángeles que estaban practicando, rápidamente la vieron se detuvieron e incluso le hicieron una pequeña reverencia como saludo respetuoso, la chica no se detuvo al hablar y empezó a dar indicaciones.

-Han mejorado bastante, puedo notar como son más agiles, rápidos, estoy realmente orgullosa, pero hay que tener en cuenta que estaremos en combate con una criatura miles de veces más grande que todos nosotros, no se concentren en la fuerza bruta, sean inteligentes, estaremos con una criatura que no tenemos ninguna información de cómo ataca, o defiende, nada -

Naya extendió la mano y alguien le dio su espada, esta tomo el mango con firmeza sintiendo la textura un poco desgastada, esto no la detuvo pues apenas sintió el peso algo aligerado de la materia que estaba hecha la espada se puso en guardia frente a un maniquí hecho de hule, plástico y madera, todo en uno, hecho de sobras de la basura humana, pero que aun así lograron hacer que sea lo suficientemente fuerte.

-Agilidad, destreza…es importante, pero esa criatura ha enfrentado miles de personas y seres con esas características, debemos mostrarle nuestra valentía, nuestro ser - esas palabras comenzaron a alzar su volumen, empezando a tener más sentido, más poder, una energía recorriendo entre todos apenas su determinación salió a la luz, una energía tan grande que logro volverse visible, miles de rayos eléctricos empezaron a mostrarse debajo de la arena, como si vinieran de lo más profundo de la Tierra, Naya sintió un cosquilleo en sus piernas hasta sus muslos, supo que era el momento.