Debajo de las Nubes (Debajo de las Nubes 1) Capítulo 12 Descanso #2
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Capítulo 12 Descanso #2

Naya paso una mano enfrente suyo captando su atención totalmente, este la miro mostrando su mirada de inseguridad, una mirada que solo ella podía leer, solamente le sonrió y alzo su pulgar mostrándole esa seña que aprendieron de los humanos que significaba que todo estaría bien, su amigo rio y ambos quedaron en un momento donde solamente se decían todo con sus miradas, sin palabras o acciones, solo miradas, un lenguaje que ambos amaban de usar siempre que pasaba estas cosas, la cercanía del uno al otro era algo tan cálido para ellos, tan cómodo, tan mágico, si tan solo supieran el significado de eso, si tan solo los ángeles supieran lo que es el amor, el amor romántico.

- ¿Cuál es el plan jefe? - Laylah se acercó a ambos escuchándose como otros compañeros se juntaban, a ese círculo que comenzaban a crear, rompiendo esa comunicación íntima que estaban teniendo ambos supuestamente amigos.

- No perderemos el tiempo, iremos a las costas del mar, encontramos un lugar ideal para poder hacer nuestro nuevo escondite, ahí comenzaremos los entrenamientos fuertes, las investigaciones profundas y las planeaciones precisas para nuestro encuentro con Levianthan - Los compañeros se comenzaron a mirar entre ellos y comenzar a lanzar comentarios haciendo que el ambiente se volviera ruidoso, eran comentarios positivos y llenos de determinación, eso le daba orgullo a Helzion, su grupo a pesar de todo se mantenían fuertes a su propósito de todo esto.

- Queremos que descansen bien, el lugar es muy lejano, tendremos que utilizar los fragmentos lunares para poder llegar ahí - las voces bajaron al escuchar ese nombre, las miradas valientes se volvieron a unas inseguras, la chica albina hablo con su voz tan dulce y melodiosa.

- ¿Este seguro jefe? No quiero dudar de su plan, pero solo utilizamos esos fragmentos para escapar de situaciones peligrosas, ¿recuerda esa estampida de demonios cuando nos tratamos de esconder en un edificio abandonado?

- ¿O cuando salvamos a nuestros astrólogos de un ataque?

- Laylah ahora hablo, recordando esa horrorosa vez cuando fueron a una misión, los líderes habían detectado tres astrólogos que tenían libros recientes de la biblioteca de la academia, al encontrarlos, los tres estaban tratando de salvar sus vidas de la ira de los arcángeles, pues se les había tratado como ladrones y traidores al robar esos libros, por suerte lograron escapar antes de que las cosas se empeoraran- ya no tenemos suficientes fragmentos.

- Entiendo eso, desgraciadamente Elyon, mi maestro, nos daba este tipo de provisiones a espaldas de los arcángeles, estos fragmentos fueron la última cosa que nos dio antes que perdiéramos contacto –

Su maestro, aquel que lo ayudo a seguir perseverando a pesar de saber que sus piernas ya no funcionarían y se podrirían, a pesar de saber el peligro en el que estaba siguió ayudándolos después de haberse ido a la Tierra, lo recuerda muy bien.

Su maestro, Naya y el escabulléndose aquella noche tan tensa para él, su compañera y maestro estaban delante de él, siendo más veloces y agiles, mientras que él era lento y un tanto torpe, pues sus piernas le eran un estorbo al ser tan débiles por el veneno, pero él seguía adelante a pesar de su discapacidad.

Se adentraron al edificio, aquel donde toda trinidad divina iría a empezar sus misiones, la seguridad no era tan alta pues entre todos se confiaban que nadie utilizaría la maquinaria de ahí para beneficios propios o no autorizados, haciéndoles el trabajo fácil a aquellos ángeles, a pesar de eso, se mantenían lo más desprevenidos posibles.

Pasaron puertas, pasillos y esa gran escalera que en ese entonces no era eléctrico, por lo que los tres estuvieron de acuerdo que lo mejor era volar antes de subir esas escaleras, no eran tan locos ni tontos para hacer eso, pasaron la habitación de la maquinaria pesada y finalmente llegaron a ese cuarto.

Helzion miro ese lugar con terror, aun recordaba ese día que regreso ensangrentado y adolorido por el ataque de su humano, esos gritos de desesperación, su única vía para soltar ese dolor y terror, esos demonios hambrientos, lo recordaban todo, solo fueron segundos para que el cuerpo de aquel joven ángel comenzara a temblar, su amiga rápidamente lo vio y lo golpeo del hombro

- Oye, vamos, no es tiempo para esto - lo dijo con una voz suave para que notara su preocupación, pero también para entrar en razón, el contrario asintió, era verdad, estaban en un momento de mucha concentración, no podía distraerse.

- Bien, pónganse en esa plataforma, nos saltaremos todo eso de la seguridad- Elyon les paso el artefacto que parecía cinturón para que se amarraran las alas, entre ellos comenzaron a hacerlo mientras su maestro empezaba a prender todo - estuve investigando el mejor lugar para que empiecen su travesía – su voz parecía temblorosa, se veía demasiado nervioso como si estuvieran en contra tiempo, a pesar de que hayan hecho todo bien y hayan pasado todo desapercibidos.

Abrió varios cajones que había ahí buscando algo en específico, hasta encontrar el cajón de las piedras preciosas, movió varias buscando una en específico, sacando por fin un zafiro el cual no tardo en ponerlo.

- escúchenme con atención, ¿ok?, no tengan miedo - se acercó a ellos y los abrazo con tanta ternura, Helzion se sintió seguro en ese abrazo, como si su valentía hubiera mejorado gracias a eso – todo saldrá bien - se separó del abrazo y saco de sus bolsillos un artefacto metálico, los ángeles jóvenes se sorprendieron, pues sabían que ese artefacto era nuevo, hace unos días había salido a la luz, era extraño ver que logro conseguirlo, tenía una forma redonda con varios cables saliendo de este y con dos botones, ambos sabían para que servían, tele transportar una cosa a otra por medio de dos artefactos como estos, se hacen llamar “Las almas gemelas”- solo pongan esto en el suelo y activen el botón verde, por medio de esto les daré provisiones, ya saben, artefactos nuevos, pociones, libros, cartas, lo que sea…

-miro a Helzion - tratare de buscarte una cura a tus piernas…

perdón por dejarlos de esta manera yo…yo, enserio quisiera ir con ustedes, pero si saben que me fui… nos encontrarían tan rápido.

- Maestro, no se preocupe, sabe que ambos estamos de acuerdo en esto, por algo estamos aquí - como siempre, Naya siendo la más valiente desde que se conocieron.

- Por favor…mandamos tan siquiera una carta para saber que estas bien - El de tez morena hablo a lo bajo mientras guardaba ese artefacto y acomodaba la mochila que llevaba -

- Lo hare…lo juro…cuídense, mis niños - tomo ambas manos de sus dos estudiantes, que más que pequeños ángeles, eran como sus hijos, el sonido agudo de la maquina preparándose para la expulsión comenzó a tomar un volumen alto así como también esas luces rojas de alerta y un sonido de sirena, se había activado la seguridad del lugar, detectaron que estaban usando la maquinaria en un horario no permitido, Elyon se puso en alerta y se separó de sus alumnos, preparo todo y antes de escapar de ese lugar les dio una última sonrisa a ellos.

Helzion y Naya lo sintieron como un “hasta luego”.

Elyon lo sintió como una última despedida.

Naya y Helzion se abrazaron con fuerza esperando esa horrible sensación de caer al vacío. Todo fue negro después de esa caída

Helzion volvió al presente, esos segundos de silencio que estuvo en ese momento, fueron tan largos para él, dio un suspiro largo y siguió su explicación.

-Pero, esto valdrá la pena, estaremos más cerca de Levianthan, hagamos que todo esto valga la pena, ¿ok?

, que todo este sacrificio no sea en vano, no hay vuelta atrás - su voz fue decidida, dándoles a entender que esto era la única opción que tienen, volar a una distancia tan lejos los dejaría agotados, no valía la pena - descansen compañeros, nos esperan días duros…

Los demás se fueron, pero el líder detuvo a Adthor, quien este sin rechistar se quedó en silencio esperando su misión, el de ojos aguamarinas tomo la mano de su compañero e hizo que la extendiera para seguidamente darle dos pedazos de fragmento lunar, este confundido se quedó mirando esos dos pedazos de piedra antes de mirar a su jefe.

-Tú y Eban encárguense de dejar esas piedras en estas coordenadas, descuida, Eban sabrá que conjuro es para mandarlo, cuando tengan todo listo avísame e iré a confirmar todo, ¿vale? - Adthor asintió para dirigirse a su compañero que no estaba tan lejos.

Laylah estaba sentada en una de las grandes hamacas que estaban colgadas por el árbol, unos cuantos ángeles estaban recostados en lo que quedaba de la hamaca, preparándose para dormir y descansar, haciendo ese ritual que hace mucho ella no veía, esos 3 ángeles estaban acurrucándose entre ellos como pequeñas aves bebes buscando calor, los tres alzaron sus pares de alas blancas y bellas y se cubrieron los unos a los otros haciendo una cobija improvisada, parecían cómodos, la forma en como esa bola de plumas subía y bajaba mostrando los movimientos de las respiraciones de esas criaturas le daba una tranquilidad inexplicable, para ella no se acostumbra aun a este tipo de ambiente tan cálido, fue una de las ultimas en integrarse a ese grupo así que todavía no estaba tan acoplada a todo esto.

- Se ven cómodos, ¿no? – Helen llego a donde estaba ella por medio del vuelo, la contraria solo la miro sin hacer alguna expresión- créeme que eso no lo aprendimos, ya estaba en nuestra sangre…

- ¿A qué te refieres?

- Lo de acostarnos juntos, es una actitud natural que tenemos desde los inicios de los ángeles, somos una especie que necesita mucho de la compañía de la otra.

- …ya veo

- … ¿Cómo lograste sobrevivir? - Helen se sentó a un lado de ella, en la orilla de la hamaca, balanceando sus finas piernas.

- ¿Sobrevivir…?