Capítulo 10 Odio lastimarte #3
Palabras de un Ethan del pasado, ahora míralo, ahí quieto en la calle lleno de suciedad y cigarros pisados, pero eso no le importaba al niño, pues sus lágrimas que comenzaban a salir nuevamente demostraban que estaba más preocupado por el dolor que le causo a su madre con una simple acción, una decisión que tomo de forma rápida.
- Por dios que mal hijo soy - se limpió las lágrimas que pudo para después mirar a su alrededor para saber dónde estaba, rápidamente detecto el lugar al ver ese señalamiento.
“Iglesia Hijo de Aurora”
Se adentró a ese lugar, por su intuición faltaría unas horas para que la gente comenzara a venir, pero normalmente el Padre Samuel estaba ahí acomodando o simplemente pasando el tiempo.
- Un humano - susurros, eso advirtieron a Ethan y rápidamente volteo su mirar hacia donde estaban, dos ángeles que estaban ahí parados asomándose de donde seria el antiguo sótano donde guardaban las cosas de limpieza o decoraciones de días católicos, ambos ángeles no parecían preocuparse en ocultarse, claro que no, Ethan solo cambio su mirar a una que le restaba importancia, ya estaba más que acostumbrado a esas situaciones así que solo negó con su cabeza para acercarse más a la entrada de la iglesia.
- Oigan, los entrenamientos con Naya empezaron ¿qué hacen aquí?
- otra voz fue acompañada, una que daba más energías de líder, Ethan se quedó quieto, intentando fingir que no los escuchaba, parecía un tonto parado hay nada más, así que trato de disimular viendo alguna cosa, decidió con ver el césped.
“Oh si, que interesante color tiene el césped de hoy”
- Lo siento Helzion, es solo que hace mucho tiempo no veo un humano tan...pequeño.
- Se llaman niños - el otro ángel que antes lo estaba acompañando lo corrigió.
Aquel ángel de piel oscura se quedó mirando unos segundos a sus compañeros para después dirigir su mirada al causante de esa distracción dando un sonido de sorpresa al reconocer el niño.
-Es el humano de Zera
“¿Espera que?”
- ¿El novato? Pensé que él no tenía un humano como todos nosotros.
- No, sigue siendo un ángel de la guarda, así como Kezef, afortunados de él, extraño cuando yo era uno.
¿Cómo conocían a Zera? Eso era lo que se preguntó, estuvo en la duda si era buena idea de seguir ignorándolos o de una vez ir hacia ellos, tenía tantas dudas, y sabía que no podría aguantarlos después del suceso que presencio hace minutos.
Podría escapar nuevamente, entrar a la iglesia y dejar que todo pase, esperar hasta la madrugada y volver a casa con una madre acostada y dormida, y sin su ángel.
Sin su ángel.
Qué diablos estará haciendo Zera, se supone que él debe de estar ahí para él, se supone que ese es su propósito, así es como el tanto lo alardeaba, decía que el sería el mejor ángel de la guarda, pero míralo ahora, no estuvo ni siquiera en un momento crucial de la vida de él.
- No, no escapare, y mucho menos dejare que otra persona me abandone otra vez - dijo con una voz determinada, dándose la vuelta y mirándolos directamente a los ángeles que aún seguían observándolo - ¡¡oigan ustedes, llévenme con Zera!!
- ¿¡Nos vio!? - un ángel se puso tenso, entrando en pánico cuando claramente ese niño se dirigió hacia ellos.
- Huyamos - ambos ángeles se miraron y asintieron entre sí para querer meterse nuevamente en el sótano, pero Helzion los detuvo con facilidad ya que claramente este tenía una complexión mucho más grande y fuerte que ese par.
Helzion miro a los ángeles negando con su cabeza lentamente, los soltó y ambos se quedaron observando como su líder salía totalmente de ese sótano estando completamente afuera y a un lado de la entrada al sótano, haciéndole una seña de que podía entrar, el humano se quedó ahí, inseguro, Helzion lo miro, era pequeño, un niño, él nunca había lidiado con un niño.
- Ethan, ¿no? Zera nos habló de ti en su poco tiempo de estadía, pero nunca nos mencionó esa cualidad tuya de que puedes vernos.
- Solo quiero verlo, no me interesa en las cosas que estén metidos ustedes - Ethan se mantenía a la defensiva, en el tiempo que ayudaba en la iglesia pude escuchar toda una cantidad de cosas que esos ángeles conversaban mientras el acomodaba todo para cerrar el lugar, al principio se asustó, pero luego, poco a poco se vino acostumbrando, incluso ignorándolos cuando no estaba de humor para escuchar sus temas extraños.
- Te conozco sabes, desde que llevo el tiempo trabajando aquí, te he visto, esas piernas metálicas nunca se me escapan.
Helzion abrió sus ojos levemente poniendo una de sus manos sobre la tela de su ropa, Helzion tenía una característica que no importaba que, todos los ángeles lo podían distinguir, un saco negro largo, tan largo que cubría sus piernas, esa misma ropa era la que estaba aferrada en ese instante, casi nadie, sabía de su accidente, más que Naya.
Cuando tuvo su ataque con esas sombras, lo habían atacado hacia las piernas, casi queriendo comérselas por completo, por suerte escapo y al estar internado en ese edificio escucho con atención cada diagnostico que le daban a Elyon, los ángeles no se les escapa nada, ni un susurro.
- Señor Elyon, sus piernas…lo que sea que lo ataco impregno una especie de veneno en las arterias principales de sus piernas, es un milagro que no se haya propagado a otras partes - un ángel femenino miraba en su portapapeles las hojas que tenía en esta, evitando el contacto visual.
- Tú sabes muy bien que fue lo que lo ataco, yo sé que esos arcángeles saben perfectamente cómo resolver esto, deje de actuar que no sabe nada - La ángel finalmente hizo contacto visual con él, sus ojos grisáceos le dijeron todo, no le contaría nada, no harían ni una pizca de esfuerzo por intentar ayudarlo, Elyon solo bajo la mirada mientras la cuidadora dejaba el portapapeles a un lado de donde estaba un bolso, en esta saco un vendaje y una pluma que mostraba una sustancia dorada, como si fuera la tinta de esa pluma.
Se a cerco a Helzion que este fingía estar dormido y el ángel femenino comenzó a escribir unas runas en el vendaje dejando brillar esa tinta dorada en la textura de esta, para seguidamente ponérsela sobre las piernas del paciente.
- Ruegue al Señor que sus piernas salgan bien, de lo contrario se lo tendremos que…
- El Señor no hará ni un carajo por él, ya…
lárgate - aquella cuidadora solo rodeo los ojos para salir de esa habitación, aquel ángel con el cabello largo se quedó quieto mirando a su estudiante, incluso podría llamarlo hijo, él y Naya fueron los estudiantes que más se encariño y que hoy en día mantenían sus contactos, él les enseño mucho de lo que él sabe, así como ellos le enseñaron a él.