Capítulo 8 Entre los demonios
Las gotas de una llave sin cerrar bien eran lo único que se hacía eco en los baños de ese instituto, un baño de mujeres en los que tan limpio no estaba, una gran mancha roja en la pared era lo que cambiaba todo el escenario, un ángel estaba parado enfrente de esa mancha y sobre un charco de sangre, sus pupilas estaban diminutas, su estómago hecho un nudo y unas sensaciones horribles de vomitar, ante sus pies había un gran cuerpo, un cuerpo que parecía una simple marioneta sin sus hilos, tumbado en el suelo sin que nadie lo pueda mover, sin que le dieran una vida, pues esa bala que atravesó su pecho se lo quito sin siquiera le dieran la oportunidad de defenderse.
La voz del ángel, del ser de luz y pureza tembló por unos segundos, pero después hablo con firmeza.
-Puedes salir, mantén los ojos cerrados, por favor.
Dio media vuelta mientras miraba como una puerta del baño se abría lento y seguidamente de esta una chica con una de sus manos sobre sus ojos salía de forma temblorosa, se notaba en sus mejillas las marcas de lágrimas secas, Kezef rápidamente se acercó a su humana para tomarla de la otra mano libre, Olivia la agarro con tanta fuerza que incluso el mismo ángel supo todos los sentimientos que estaba sufriendo la pobre chica.
-Tranquila, por favor, no hagas ruidos, respira profundo, te mantendré a salvo, ¿ok?, por eso estoy aquí, no dejare que te hagan daño.
Puso la mano de la chica sobre su mejilla para que lo sintiera y por lo menos se relajara, hace minutos la chica y el habían ido al baño para que Olivia se echará agua en el rostro y así aquella sensación de sueño por la clase de Lengua se fuera.
La chica de cabello ondulado aún recuerda esos horribles sonidos de balas siendo disparadas a la lejanía, entro en pánico y lo único que pudo hacer fue encerrarse en uno de los cubículos subiéndose en una de las tazas y poniéndose en cuclillas para que su cabeza ni pies sobresalieran, recuerda como los pasos empezaron a hacerse más intensos, pasos que iban rápido, Olivia supo que eran alumnos corriendo e intentando escapar, pero por los gritos que se resonaban le quitaba toda la esperanza a la pobre chica que escaparía de ahí.
No quería admitirlo, tal vez muy dentro suyo no quería preocupar más al ángel, pero aunque tuviera los ojos tapados, sentía y olía la presencia de muerte, una pobre chica que entro al baño segundos después de que comenzara el tiroteo, la pobre hizo mucho ruido y fue encontrada, aquella alumna que tal vez no fue la mejor de su salón, pero aun así, fue una hija y probablemente una hermana también, tiene una familia que lamentablemente hoy, no podrá ver de nuevo, su vida fue cortada como un hilo débil y delgado, ni siquiera la dejaron hablar o despedirse de sus amados, se le fue arrebatada la vida ante las garras de la muerte.
Kezef tomo el manija de la puerta, podía sentir sus manos temblar, todo esto estaba sucediendo demasiado rápido para él, apenas llevaba dos días y lo que estaba presenciando era algo que solo un ángel de la guarda de nivel alto podría hacer, aun así, su humana lo necesitaba, lo sabía bien, los sollozos que escucho durante esos minutos de angustia y tensión mientras ella se mantenía escondida escuchando las almas de sus compañeros salir de sus cuerpos, tenía que sacarla de ese infierno a toda costa, podrá ya ser una casi adulta, pero merece vivir, merece seguir adelante, le atormenta el hecho que no podrá salvar a más vidas, pero, al menos hará que una madre vuelva a ver de nuevo a su hija.
Abrió la puerta con lentitud y se asomó, sabia dentro de él que cualquier ser humano; si es que se les debe considerar así después de todo lo que están provocando; no podría verlo, solo un largo pasillo era lo que se encontraba ahí, el silencio abundaba y parecía que no había nadie cerca, salió un poco dándole la señal a Olivia que aún se quedara quieta y salió por completo, se quedó así unos segundos esperando a que algo pase, pero nada, le dio la señal de salir y volvió a tomarla de la mano.
-¿Sabes si hay una salida cerca? -
La chica asintió.
- Bajando las escaleras hay una salida hacia el campo está rodeado de rejas, pero hay una salida hacia las calles.
- Bien
Kezef miro nuevamente ese pasillo que debían cruzar, suspiro hondo y empezaron a caminar, obviamente el ángel delante de todo podía notar algunas puertas abiertas a la fuerza incluso otras con agujeros de balas, el alma de Kezef latía con fuerza, sabía que todo esto fue causado por los mismos humanos, no entendía, no comprendía, ¿Porque hacen esto?
, ¿cuál es la necesidad?, ¿es que acaso su objetivo principal es simplemente quitarles la vida a inocentes?
Dieron vuelta a la izquierda para encontrarse con las escaleras, un charco de sangre había en una esquina junto a esta un pequeño rastro de sangre, Olivia soltó un chillido de susto por eso haciendo que Kezef la callara al instante, el pecho de la humana no paraba de moverse hacia arriba y abajo, mostrando que su respiración era incluso agitada y fuerte.
Bajaron con cautela, obviamente Olivia ni quiso mirar a ese charco, no quería ni imaginarse lo que le pudo haber ocurrido a la pobre víctima.
-Ya casi estamos desde aquí puedo ver la puerta hacia el campo - Kezef dijo con esperanzas, pero, algo sintió mal, algo estaba fuera de su lugar, un viento frío paso por su nuca, las plumas del ángel revolotearon y un escalofrío eléctrico paso por toda su columna.
Lo vio, a la túnica negra, el hijo cruel del destino, pesadilla de todo ser humano merodeando por esos lugares, moviéndose lentamente como si algo le pesara, su túnica negra, larga y rota se movía a pesar de que no hubiera ninguna brisa en ese lugar, cadenas colgaban por su torso y brazos símbolo del pesar que lleva de todas las almas que recolecta, sus alas negras llenas de muerte y su gran guadaña que brillaba ante la luz de los pasillos.
Era Azrael, arcángel de la muerte, aquel que toma las almas y se las lleva a ser juzgadas, aquel que solo lo ves pasar cuando la muerte está inundando el lugar.
Kezef se quedó quieto viendo como aquella túnica negra paseaba con total comodidad por esos lugares, como si el estuviera acostumbrado a todas estas escenas, pero lo que puso más tenso al ángel, fue cuando aquel cuerpo gigantesco que ni siquiera cabía en las instalaciones y que, por eso, mantenía una postura encorvada, lo miro.
- Olivia Ramos, Ángel Kezef, mis ruiseñores - una voz susurrante y baja se escuchó cerca del oído derecho de Kezef, un escalofrío volvió a hacer presente, podía verlo claramente a aquel arcángel a metros de distancia, pero, aun así, su voz parecía que estaba justamente detrás de el.
- Es novedad para mi ver a un ángel tan valiente, capacitado de incluso ponerle un alto, al mismo Señor padre nuestro, estamos en la casa de la muerte y tú, aun así, quieres que la vida habite - la expresión del ángel solo se hizo a una confusa, a que se refería aquella túnica con una guadaña.
- Cosas como estas pasan por que sí, mi querido ruiseñor, no intentes escribir un destino que ya está escrito, así como tampoco intentes borrar algo escrito en tinta -
- Azrael, me gustaría decirle que es un honor verlo aquí, pero la ocasión no lo amerita, sé muy bien su trabajo y sé también que usted posee conocimientos que yo no tengo a mi alcance, pero debe entender que esta joven flor que llevo en mi mano es una que estoy comprometido a proteger, porque esa fue mi misión, ¿no es acaso lo que nosotros, los ángeles de la guarda debemos hacer? –
Un disparo a la lejanía se hizo escuchar, aquel sonido estruendoso que vino de la nada provoco que diera un pequeño brinco el ángel, aquel sonido se escuchó tan cercano que no pudo evitar darse la vuelta, misma acción que su humana hizo, para que solo el silencio volviera a aparecer, Kezef se quedó quieto unos minutos mirando a todos lados esperando pasos u otro disparo, pero al ver que ningún movimiento o sonido se hiciera presente concluyo que fue un simple disparo perdido que aquel humano descarado hizo, se dio media vuelta para volveré a ver al arcángel cara a cara pero una puerta siendo abierta de repente hizo que un gran revoltijo en su estómago apareciera.
El ángel por el pánico se quedó quieto, sintiendo como muy cerca de él alguien comenzaba a salir de uno de los salones, poco a poco Kezef se empezó a dar vuelta para ver mejor a aquel ser, esperando ver a un señor horrible, con ropa, actitud y facciones que dijeran a gritos y claramente “soy alguien malo”, pero no, cuando lo miro solo percibió a un joven de casi la misma edad que su humana, tenía la ropa que cualquier estudiante de ahí llevaría, una sudadera con unos jeans, su rostro parecía bien cuidado y su cabello igual, todo en el parecía en su lugar a excepción de aquella arma manchada de muerte que llevaba en manos, Kezef lo miro sin poder creerse lo que estaba presenciando.
Era un simple alumno más.
Alguien a quien podrías ver con tranquilidad en la calle sin pensar que esa joven sería capaz de hacer todo esto.
El joven miro a ambos lados, haciendo que al mirar a su izquierda los ojos cafés chocaran con las aguamarinas del ángel, obviamente aquel joven ni se captó de su presencia e inmediatamente se volteó hacia Olivia al ver que estaba empezó a retroceder con temor, la joven quería correr por su vida, pero sus piernas no podían responder y solo se dignaban a retroceder unos pares de centímetros.