De todo corazón Capítulo ocho #3
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Capítulo ocho #3

—¿Qué demonios ha pasado? —exigió saber mientras se quitaba las gafas de sol—.

¿Qué demonios estaba haciendo en un caballo salvaje?

—Fulminó a Madison con la mirada y corrió hacia Jake—.

¡Se supone que debes cuidarlo! —Le sujetó el rostro—.

Dios mío, Dios mío. Estás sangrando y...

—Le vio el brazo—. ¿Tienes el brazo roto?

—Se volvió hacia Marv—. ¡Dijiste que no estaba gravemente herido!

¿Qué clase de chiringuito lleváis aquí? —La pregunta iba dirigida a Madison, que ardía de ira.

Era comprensible que Grace estuviera alterada, pero ¿echar la culpa de inmediato sin conocer toda la historia?

Madison se contuvo para no responder y apretó la mandíbula con fuerza.

—No creemos que esté gravemente herido —dijo la paramédica, que parecía haber captado la tensión—. Solo queremos llevarlo para asegurarnos. Probablemente necesite algunos puntos, y que le revisen el brazo y la cabeza por precaución.

—¿Puntos? ¿El brazo y la cabeza? A mí me parece bastante grave.

—Es el procedimiento estándar con este tipo de caída.

—Lo siento. ¿Quién es usted?

—Wy.

—¿Wy?

—De Wynona.

—Oh, bueno, gracias, Wy, pero yo me encargaré a partir de aquí.

—¿Va a llevarlo usted misma?

—Por favor, tía Grace, no. No quiero ir.

—Sí, yo me encargo.

Comenzó a temblar otra vez.

—Shh, shh. Ya hablaremos de eso.

—Entonces vamos a necesitar que firme algo. Traeré los papeles mientras Henry le venda esa herida. —Wy se dirigió de vuelta a la ambulancia.

—De verdad que debería llevarlo —dijo Marv con suavidad.

—¿Tú crees? —replicó Grace con brusquedad—. Muchas gracias, pero sé cómo cuidar de mi sobrino.

—No, tía Grace. No me hagas ir.

—Cariño, tienes que ir. —Le apretó el brazo sano—. Estaré allí contigo, te lo prometo.

—¿No te apartarás de mi lado?

—No, claro que no.

—¿Ni siquiera un segundo?

—No.

—¿Y no me perderé? ¿Y no me harán lo que le hicieron a mamá?

Grace cayó de rodillas. —No, no lo harán.

—En realidad, si lo llevan a hacerle radiografías y el TAC, probablemente no podrá entrar con él —dijo Henry con pesar.

Grace lo fulminó con la mirada y Jake volvió a alterarse. —¡Tía Grace!

—Ella puede ir con él —dijo Madison, dando un paso adelante—.

Llamaré antes y me aseguraré de que lo permitan.

—Tenía algún que otro contacto en el hospital local.

Se aseguraría de que lo atendieran bien, a él y a Grace.

Era lo menos que podía hacer para garantizar que realmente fuera a que lo examinaran.

Jake se quedó callado y le susurró algo a Grace. Marv se removió inquieto y miró a Madison como si lo hubiera oído.

—No. Ni hablar —dijo Grace.

—¡Entonces no quiero ir!

—Jake, basta ya. Irás. Te llevaré yo y no te dejaré solo.

—Quiero que ella también venga. La señora Clark.

—Bueno, no puede.

—¿Por qué no?

—¿Por qué quieres que vaya?

—Porque ella... Confío en ella.

Grace se quedó paralizada, como si le hubieran dado un golpe en el estómago.

—No iré si no venís las dos.

Madison quería marcharse. Sentía tantas cosas: rabia, confusión, y el temor de estar de más. Ya había acompañado a sus chicos en otras ocasiones cuando se hacían daño, pero era evidente que Grace no la quería allí. Aquello parecía más un asunto de familia, y Jake no era suyo.

—Pues nosotros ya hemos acabado —dijo Henry mientras guardaba el equipo.

—Firme aquí, por favor —Wy le tendió una tablilla a Grace, que firmó enseguida. Después, Wy se acercó a Madison y le habló en voz baja.

—Si quiere, puedo llamar con antelación. Avisar a urgencias de que van de camino. Conozco a algunas enfermeras de allí.

—Disculpe —dijo Grace, poniéndose de pie—. Si está hablando de mi sobrino, preferiría que se dirigiera a mí.

—Solo me ofrecía a llamar a unas enfermeras que conozco.

—No será necesario.

—Vale, entonces —se encogió de hombros y le pasó una tarjeta a Madison—. Por si acaso —sonrió a modo de disculpa—. O si necesitas algo más. Ahí tienes mi móvil.

Hizo un gesto de despedida a Grace y siguió a Henry hasta la ambulancia. Subieron y se marcharon despacio.

Jake se puso de pie y caminó hacia Madison sorprendentemente rápido.

—Por favor, venga conmigo. Me sentiré más seguro.

—Jake —dijo Grace—. Jake, no la pongas en este compromiso.

—Por favor, señora Clark. Sé que usted no dejará que me hagan daño.

—No puedo prometerte eso, Jake —susurró, deseando poder hacerlo.

—¿Ves? —le dijo a Grace—. Es auténtica conmigo. Confío en ella. Con las dos allí me sentiré mejor. Por favor, señora Clark.

Se le llenaron los ojos de lágrimas. Esos ojos marrones tan familiares. Dos pares de ojos clavados en Madison.

Suspiró y miró a Marv. Él asintió una sola vez y volvió hacia los establos.

—De acuerdo.

Grace se colocó nerviosa unos mechones sueltos detrás de las orejas.

Jake intentó contener un sollozo.

—Gracias.

—Será mejor que nos pongamos en marcha —dijo Madison. Carraspeó de nuevo, tratando de que la emoción del chico no la afectara. Era mucho más vulnerable y sensible de lo que había imaginado, y sus lágrimas y súplicas le habían llegado al corazón—. Os seguiré.

Rodeó la casa hasta su camino privado y se subió a su camioneta de doble eje.

Las llaves siempre estaban en la visera, así que las cogió al vuelo y arrancó el motor.

Para cuando salió marcha atrás y llegó al camino de entrada, el Mercedes ya le llevaba mucha ventaja, levantando polvo como de costumbre.

—¿Qué estoy haciendo? —se preguntó, negando con la cabeza—. ¿Qué estoy haciendo?