De sangre y fuego (Los vinculados y los quebrados 1) Capítulo 33. De sangre y fuego #3
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Capítulo 33. De sangre y fuego #3

No respondió; no tuvo oportunidad. Sin previo aviso, la oscuridad se replegó, como si fuera un velo de niebla que se retiraba con el amanecer.

Calen jadeó cuando, al disiparse, reveló aún más cadáveres.

Toda la sala estaba cubierta de cadáveres de soldados belduarios, aquellos que habían venido a proteger a su rey.

El umbrío estaba al pie del estrado, la capa negra con capucha sobre los hombros.

Los remolinos azules que adornaban la capa brillaban a la luz del fuego, bailando con los destellos de los candelabros.

Junto al umbrío había un joven, suspendido por hilos de Aire que se retorcían alrededor de sus brazos y piernas.

Tenía la boca cerrada a la fuerza, pero sus ojos gritaban.

El miedo se mezclaba con la tristeza. Las lágrimas corrían por sus mejillas. Era Daymon, el hijo del rey.

—Por los dioses…

Había un temblor en la voz de Aeson, una debilidad que sonaba extraña viniendo de los labios de ese hombre. Los ojos de Calen se posaron en el trono. Era Arthur.

El rey estaba sentado en su trono. Incluso muerto, seguía pareciendo regio.

La corona dorada descansaba sobre su cabeza, justo encima de las alas blancas que se entremezclaban con el cabello gris negruzco.

Su manto era de un color púrpura intenso, con los bordes adornados de oro.

En el lado izquierdo del pecho, donde debería haber estado su corazón, había una herida abierta del tamaño de un puño.

La sangre que manchaba la parte delantera del abrigo y los pantalones del rey estaba seca.

El umbrío se acercó al tiempo que se echaba hacia atrás la capucha.

El cabello, que le llegaba hasta los hombros, era tan negro como su capa, como aquellos ojos que parecían beber el alma.

Su piel casi translúcida provocó un escalofrío en la nuca de Calen.

Sus labios quebradizos se agrietaban al moverse.

—Parece que la Mano no pudo llevar a cabo su tarea —dijo el umbrío con irritación, mientras sus ojos negros recorrían al grupo—. No importa —añadió, pasando la lengua por los dientes—. Es más satisfactorio hacer estas cosas por mí mismo.

Calen no podía apartar los ojos de Arthur. Su mente estaba inundada de culpa. Había acudido a él aquella misma noche y Calen lo había ignorado. Arthur lo había tratado bien y Calen le había escupido su disculpa en la cara. Ahora estaba muerto.

—Murió rápido —siseó el umbrío, con una sonrisa maliciosa en el rostro—. Aunque no puedo decir que vaya a darle ese regalo a su descendencia.

El umbrío chasqueó la lengua contra el paladar mientras observaba la escena.

—Puedo darte una oportunidad para salvarlo —dijo, mirando directamente a Calen—. ¿Qué me dices, draleid? —Escupió la palabra, como si tuviera un sabor amargo en la lengua—. ¿Crees que podrás salvar al hijo, como no pudiste salvar al padre?

—No escuches ni una palabra de lo que dice, Calen.

Therin no miró a Calen. Llevaba el arco a la espalda, pero Calen sintió que tocaba la Chispa. Sintió ese escalofrío familiar en la nuca.

Aeson permanecía allí, con expresión sombría, agarrando con fuerza las empuñaduras de sus espadas. El miedo se reflejaba en el rostro de Dann, pero aun así sostenía el arco y no le temblaban las manos.

Ellisar se acercó a Calen, con ambas manos agarradas al mango de la espada.

—Quédate detrás de mí, draleid. No dejes que te provoque.

—¡Cállate, elfo! —La voz del umbrío parecía subir y bajar como el viento, retumbando por toda la sala a su antojo—. Me aburre hablar. ¿Cuál de vosotros morirá primero?

Calen sintió que la ira se apoderaba de él al mirar el cuerpo sin vida de Arthur.

Estaba harto de dejar que el umbrío lo decidiera todo.

Saltó hacia delante, blandiendo la espada en un arco descendente.

Se detuvo bruscamente cuando la criatura giró y reaccionó con una velocidad sobrehumana, empuñando una espada forjada con fuego negro y palpitante.

Calen lo sintió. Era el mismo tipo de arma que usaba Asius, un níthral.

Pero mientras que el hacha de Asius era suave, controlada, como si estuviera forjada en acero, la espada del umbrío era caos encarnado.

Las llamas negras parecían soplar con un viento inexistente, retorciéndose y girando en espiral por voluntad propia.

Los frágiles labios de la criatura se torcieron en una sonrisa.

Calen tuvo que luchar contra sí mismo para apartar la mirada de sus ojos.

Aquellos negros pozos cavernosos parecían decididos a arrancar su alma de su cuerpo.

Sintió que el umbrío tiraba de los hilos del Aire cuando fue golpeado por un ariete invisible, lanzado hacia atrás en el aire y luego estrellado contra el suelo. Un dolor rugiente estalló en su cuerpo. Se sacudió el aturdimiento justo a tiempo para ver a Valerys lanzarse contra el umbrío.

Un solo golpe de la mano del umbrío envió a Valerys contra un pilar cercano. Un dolor agudo atravesó la cabeza de Calen.

—¡No!

No pudo contener el grito. Era en parte suyo y en parte de Valerys.

Lo sintió: Valerys estaba vivo, pero su cuerpo estaba destrozado por el dolor.

Antes de que Calen pudiera ponerse en pie, Aeson y Ellisar pasaron como un rayo junto a él.

Cargaron directamente contra el umbrío. La criatura se movía como una serpiente entre la hierba alta, y su espada centelleante los atacaba con una vorágine de golpes feroces.

Aeson y Ellisar eran dos de los espadachines más increíbles que Calen había visto jamás, e incluso ellos no tuvieron tiempo de plantearse pasar a la ofensiva.

Lo único que podían hacer era mantener a raya a la criatura.

Dann se arrodilló, colocó una flecha en el arco y la lanzó por los aires, donde se clavó en el pecho del Umbrío.

Le siguieron otras dos flechas, que se hundieron en su vientre y en su cuello.

Pero no lograron frenar a la criatura, solo la irritaron.

Mientras desviaba un golpe de Therin, se arrancó las flechas de su cuerpo con hilos de Aire y luego extendió la mano.

Arcos de rayos púrpura salieron disparados de sus dedos hacia Dann, golpeándolo y lanzándolo por los aires.

Fragmentos de piedra volaron en todas direcciones cuando los rayos atravesaron el suelo.

—¡Ve, ayúdalos! —Rugió Therin mientras echaba a correr hacia donde había sido lanzado el cuerpo de Dann.

Calen se puso en pie a duras penas. Su cabeza y su corazón lo empujaban en dos direcciones diferentes.

Su corazón lo instaba a correr hacia Dann, pero su cabeza le ordenaba ayudar a los demás.

Sentía a Valerys en el fondo de la mente, su dolor y su ira.

Sentía los latidos de su propio corazón, no acelerados como antes, sino lentos y decididos.

Calen se armó de valor y cargó contra el umbrío.

A pesar de que los tres le lanzaban todo lo que tenían, el umbrío seguía jugando con ellos, golpeándolos con martillazos de Aire y latigazos de Fuego, convirtiendo sus cuerpos en lienzos de cortes y heridas.

Por cada dos golpes que Calen desviaba, aparecían tres nuevos cortes en sus brazos o piernas.

Cada uno le quemaba además de cortarle. No quería darle al umbrío la satisfacción de su dolor.

Pero su cuerpo no sentía ese rencor. Gritó más de una vez cuando la ardiente espada negra le cortó la piel como si fuera acero fundido.

A Ellisar y Aeson no les fue mejor. En numerosas ocasiones, sus espadas se hundieron en lo que debería haber sido carne, solo para salir sin una gota de sangre en el filo.

«¿Cómo?».

Calen intentó contraatacar. Intentó sacar fuerza de la Chispa, pero su mente no podía concentrarse. Cuando lo conseguía, el umbrío cortaba sus hilos con algo invisible, como si fueran los hilos de una marioneta.

«¿Cómo es posible?».

Sin previo aviso, el umbrío sacó gruesos hilos de Aire y envió a Aeson y Ellisar a diferentes direcciones. La criatura giró el cuello, con la mirada fija en Calen.

—Fane te quiere vivo. —La voz del umbrío se deslizó por su lengua mientras rodeaba a Calen. Su espada se arrastraba por el suelo, levantando humo donde cortaba la piedra—. Pero creo que prefiero que mueras. Es más limpio. Aún no lo he decidido.

«Tengo que hacer algo. No puedo seguir así».

Calen respiró hondo y se concentró. Se colocó en la svidarya, adoptando la postura amplia del Oso Agazapado.

Cuando el umbrío le atacó con la espada de fuego negro, Calen se abalanzó sobre él.

La criatura se sorprendió por la agresividad.

Inmediatamente dio un paso atrás, pasando la espada por su pecho para bloquear los golpes de Calen.

Calen se movió con fluidez a través de las suertes, perdiéndose en ellas.

—¡Sigue presionando!

Ellisar saltó desde detrás de Calen, blandiendo la espada en un arco descendente. Justo cuando su espada chocó con la hoja de fuego negro del umbrío, Aeson cargó desde la otra dirección. Los tres redoblaron sus esfuerzos, presionando cada vez más fuerte a la criatura.

«Quizás… Solo quizás».

—¡Basta!

El umbrío cerró la mano en un puño y la estrelló contra el suelo de piedra, enviando una onda expansiva en todas direcciones.

Calen no sintió que le absorbiera la Chispa, pero de alguna manera salió despedido hacia atrás y se estrelló contra una de las columnas que se alineaban en el pasillo.

Se puso en pie con esfuerzo, ignorando el dolor.

Pero Ellisar se había levantado más rápido.

El corazón de Calen le dio un vuelco al ver la espada de fuego negro trazar un arco en el aire. Vio a Ellisar parar el primer golpe y cayó de rodillas cuando el segundo separaba la cabeza del elfo de los hombros.

El cuerpo de Ellisar se desplomó sin vida. Había jurado proteger a Calen. Seguirlo hasta el vacío o más allá. Y allí fue a donde Calen lo había llevado.