De sangre y fuego (Los vinculados y los quebrados 1) Capítulo 29. Hacia lo alto #3
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Capítulo 29. Hacia lo alto #3

—Por supuesto que no —interrumpió Ihvon. Con la boca cubierta por la barba, fueron los ojos de Ihvon los que le hicieron saber a Calen que estaba frunciendo el ceño. Su rostro se suavizó bajo la mirada de Arthur—. No puedes ir allí sin un guardia, Arthur.

—Puedo ir donde me plazca, lord Arnell. Los enanos del Dominio Libre de Lodhar han sido buenos con nuestro pueblo, por si lo has olvidado. Además, no creo que un guardia pueda protegerme de nada contra lo que no puedan un draleid y un jotnar.

Ihvon gruñó en señal de desaprobación, pero no discutió. Cruzó los brazos y se recostó en el sofá de terciopelo rojo.

—¿Aeson, Asius?

—Podemos estar listos para partir dentro de una hora, majestad… Arthur.

—Me alegraría mucho, rey Arthur Bryne, hijo de Thuram Bryne.

Arthur casi saltó de su asiento con entusiasmo.

—Fantástico. Entonces está decidido. Oleg, informa al Gremio de Correvientos de que estaremos en los túneles en una hora y que necesitamos transporte a Durakdur.

—Así se hará, mi rey —dijo Oleg, para acto seguido dirigirse hacia la puerta.

—Aquellos que vayan a acompañarme, por favor, recoged cuanto podáis necesitar. Nos reuniremos en los Túneles del Viento dentro de una hora. Calen, enviaré a Conal para que te guíe.

El joven tuvo que contener un suspiro de alivio.

Se habría sentido ridículo pidiendo a Conal que lo acompañara, pero no tenía ni idea de dónde estaban los Túneles del Viento.

Todavía necesitaba su ayuda para encontrar el camino desde sus aposentos hasta el patio.

Sin embargo, el chico nunca se quejaba; parecía ansioso por acompañar a Calen siempre que se presentaba la oportunidad.

Especialmente cuando Valerys iba con ellos.

Una o dos veces, Conal se había equivocado de camino, demasiado ocupado haciendo preguntas y contemplando las relucientes escamas del dragón.

Se sintió bastante decepcionado cuando descubrió que Valerys aún no podía escupir fuego.

—Gracias, majestad…, eh, Arthur.

El rey esbozó una sonrisa cuando Calen se corrigió.

—Bien. Id todos. Tenemos preparativos que hacer y solo una hora para ello.

Mientras el grupo se despedía, Calen vio a Asius de pie en el centro de la sala.

—Creo que tengo una promesa que cumplir, Asius, hijo de Thalm. Él te espera.

Una sonrisa se dibujó en los labios del jotnar. Posó su enorme mano sobre el hombro de Calen y asintió.

Asius parecía conocer la ciudad mucho mejor que Calen, lo cual era un alivio.

Estaba seguro de que se habría perdido por completo de haber ido solo.

No tardaron mucho en atravesar los laberínticos pasillos del Círculo Interior hasta llegar al patio, donde Valerys yacía dormido sobre el suave suelo de piedra, la cálida luz del sol brillando en las escamas; parecía que el vuelo anterior le había dejado exhausto.

—Es precioso —dijo Asius, arrodillándose junto a Valerys con un ligero temblor en la voz.

El gigante no se movió cuando Valerys abrió los párpados, revelando un par de ojos de color lavanda pálido.

—Asius, hijo de Thalm, te presento a Valerys.

Calen sintió un rugido de reconocimiento por parte de Valerys cuando el dragón alzó la cabeza y la llevó hacia la mano ahora extendida de Asius. La pálida mano azul blanquecina de Asius se cernía sobre las escamas de Valerys, como si temiera que quemaran.

—¿Asius?

Una lágrima solitaria rodó por el rostro del gigante mientras acariciaba con la mano las escamas de la cabeza de Valerys.

Calen sentía que se estaba entrometiendo en un momento muy personal y no sabía qué hacer.

Asius volvió la cabeza hacia él y respiró hondo antes de hablar, dejando que la lágrima le rodara libremente por la mejilla.

—Llevamos cuatrocientos años esperando. Mi pueblo ha sido perseguido casi hasta la extinción. Senas y Larion son todo lo que me queda. No he visto a muchos otros de mi especie en todo este tiempo. Es más seguro para nosotros permanecer ocultos.

Volvió a pasar la mano por el cuello escamoso de Valerys y luego se incorporó todo lo alto que era, haciendo que Calen se sintiera como un niño. Suspirando profundamente, Asius extendió la mano y agarró el antebrazo del joven.

—Gracias, Calen Bryer, hijo de Vars Bryer. Y gracias, Valerys, hijo de Valacia. Por darme el regalo de la esperanza. Es un honor para mí estar una vez más al lado del draleid.

Fragmentos de cerámica salpicaron la habitación con un estruendo cuando Dahlen lanzó la olla contra la pared del fondo. Golpeó con fuerza el escritorio con ambos puños, dejando dos marcas poco profundas en la madera blanda.

Intentó calmar su respiración. Respiró profundamente, contuvo el aire y lo soltó despacio.

—¡Joder!

Barrió la mesa con la mano, tirando todo su contenido al suelo.

Se quedó de pie en medio de la habitación, con el pecho agitado.

Él y Erik habían dedicado cada momento de su vida a la causa de su padre.

Lo habían dado todo. Y Calen simplemente se había interpuesto en su camino y había tomado lo que debería haber sido suyo.

Él debería estar al lado de su padre y acompañarlo a Durakdur.

Había luchado por ese derecho. Había sangrado por él.

Se derrumbó sobre la cama. Apoyó los codos en las rodillas y se pasó las manos por el pelo.