De sangre y fuego (Los vinculados y los quebrados 1) Capítulo 29. Hacia lo alto #2
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Capítulo 29. Hacia lo alto #2

Erik apoyó la mano en el parapeto y fijó la mirada en la figura del dragón blanco brillante que se cernía sobre ellos.

Dann estaba a su lado, sin decir nada. Calen observó cómo Valerys se retorcía y giraba en el cielo.

Era algo tan hermoso que parecía imposible.

Un dragón volando por los cielos sobre la ciudad de Belduar.

Se sentía como si estuviera en medio de una de las historias de Therin.

Una sensación de cansada satisfacción se apoderó de Calen cuando Valerys volvió a girar hacia el Círculo Interior.

—Va a volver.

El repentino anuncio sorprendió tanto a Dann como a Erik, que no se habían dado cuenta de que había abierto los ojos. Sin esperar una respuesta, Calen bajó por la escalera de piedra hasta el patio del Círculo Interior.

Una sombra se extendió por el suelo frente a él cuando Valerys descendió en picado hacia el patio, los poderosos aleteos levantando espirales de polvo en el aire mientras se posaba sobre el frío suelo de piedra.

El dragón estiró el cuello de un lado a otro y se acercó a Calen, extendiendo las alas en lo que parecía una celebración.

—Presumido —se burló Calen.

Una cálida sonrisa le asomó al rostro mientras extendía la mano y la posaba sobre el hocico de Valerys. El dragón irradiaba orgullo.

—Ha sido increíble —dijo Dann, rompiendo el silencio—. Nunca pensé…

—Nunca pensé que vería el día en que te quedaras sin palabras —Erik se echó a reír. Le dio un codazo a Dann en las costillas mientras se acercaba a él—. Pero estoy de acuerdo. Ha sido algo especial.

Los pesados pasos de Ihvon resonaron en el patio vacío. Bueno, vacío salvo por Calen, Dann, Erik, Valerys y los guardias que permanecían de pie contemplando con asombro a Valerys, las capas púrpuras ondeando al viento.

—Calen, Erik, Dann. Es la hora. Oleg ha regresado. El rey solicita vuestra presencia en el salón.

Cuando entraron en el salón, ya no quedaba mucho espacio.

No eran Therin, Aeson, Oleg, Dahlen ni Arthur quienes ocupaban todo el espacio de la habitación, sino la corpulenta figura de Asius, que probablemente no se atrevía a sentarse en ninguno de los muebles por miedo a romperlos.

En su lugar, se apoyó contra la pared del fondo de la sala.

Si se hubiera puesto de pie, habría tenido que andar con cuidado de no golpearse la cabeza con la lámpara de araña que colgaba en el centro de la sala.

Teniendo en cuenta la inmensidad de todo lo demás en la ciudad, a Calen le sorprendió que el salón del rey fuera tan singular.

Decorado de forma sencilla, el pequeño espacio estaba centrado alrededor de una mesa baja de madera maciza, rodeada por los cuatro costados por lujosos asientos de terciopelo rojo.

La pared oriental estaba ocupada en su totalidad por una impresionante estantería que se extendía desde el suelo hasta el techo.

«A Rist le encantaría».

Fue Asius quien habló primero. Se separó de la pared y acortó la distancia entre él y Calen con cuatro largas zancadas.

—Calen Bryer, hijo de Vars Bryer. —La enorme mano del gigante rodeó el brazo de Calen con inquietante facilidad—. Me alegra volver a verte y saber que ahora estás vinculado. Me alegraría mucho conocer a quien comparte tu vida, tan pronto como terminemos aquí, por supuesto.

—Asius, hijo de Thalm —respondió Calen. Inclinó la cabeza, y Asius le devolvió el gesto—. Sería un honor para mí alegrarte el corazón.

La respuesta de Calen le valió una amplia sonrisa del gigante.

Los gigantes, o jotnar, eran una raza caracterizada por su formalidad y complejidad cultural.

A Calen le había llevado una cantidad irritante de tiempo con Therin memorizar sus múltiples saludos y costumbres, junto con sus diversas respuestas.

No necesitaba mirar para saber que Therin estaba sonriendo de oreja a oreja. El elfo había insistido en que no durmiera hasta que pudiera repetirle todas las fórmulas de cortesía sin dudar. Casi podía sentir el «te lo dije» desde el otro lado de la habitación.

—¿Dónde están Senas y Larion? ¿No han viajado con vosotros? —preguntó Calen.

—Tenían otros viajes que hacer, pero pronto volveremos a encontrarnos —respondió Erik.

Dann e Ihvon intercambiaron un breve saludo con Asius, luego el gigante volvió a su posición, apoyándose contra la pared del fondo, y los cuatro tomaron asiento.

—Asius, te aseguro que podemos celebrar esta reunión en una sala más adecuada a tus necesidades. Simplemente no había previsto que llegaras con Oleg.

Por el tono de voz de Arthur, Calen tuvo la sensación de que no era la primera vez que se abordaba este tema. El gigante se limitó a hacer un gesto con la mano como dejando atrás el asunto. Con un ligero encogimiento de hombros, Arthur volvió a centrar su atención en el resto del grupo.

—Oleg, por favor —dijo, abriendo los brazos.

El aludido carraspeó.

—El Dominio Libre se ha reunido y los cuatro reinos han acordado que se celebre una reunión en la Cámara del Corazón de Durakdur. Desean que partamos hacia los Túneles del Viento lo antes posible.

—Fantástico —exclamó Arthur al tiempo que aplaudía—. Partiremos hacia los túneles antes de que termine el día.

Calen vio una mirada de disgusto en el rostro de Ihvon.

—Típico de los enanos. Tardan dos semanas en tomar una decisión y luego esperan que acudamos a su llamada.

El tono de Ihvon se desvaneció ante la mirada severa de Arthur.

—Si me lo permites, mi rey, hay algo más —dijo Oleg, inquieto en el asiento.

—Por favor —dijo Arthur, frotándose las manos.

—La invitación a la reunión solo se extiende al draleid, a Aeson Virandr y a Asius. —Oleg tuvo que estirar el cuello para mirar al gigante—. Y a ti, mi rey, por supuesto…