Capítulo 24. El que sobrevivió #3
—Yo también te pido perdón por mi enfado.
—Therin hizo una pausa y miró al cielo—.
Estuviste a punto de morir, Calen. Lo habrías hecho de no haber estado yo allí.
Extraer tanta energía de la Chispa con tan poca experiencia como la tuya es increíblemente peligroso.
Con Valerys a tu lado tienes el potencial para ser poderoso, pero ahora mismo no eres más que un bebé en la nieve.
Es culpa mía, no debería haberte mostrado el camino sin enseñarte primero a recorrerlo.
A partir de ahora, después de tu entrenamiento con Aeson, practicarás conmigo. ¿Entendido?
—Sí —respondió Calen con todo el entusiasmo de un cerdo que va al matadero. Solo pensar en volver a tocar la Chispa le hacía temblar las rodillas. Nunca antes había sentido una debilidad semejante, como si su cuerpo fuera demasiado frágil para retener su alma—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
Therin entrecerró los ojos. Asintió a regañadientes.
—¿Qué significa «rakina»?
Therin suspiró. Parecía incómodo con solo mencionar la palabra.
—¿Por qué lo preguntas?
Calen tuvo la impresión de que ya lo sabía.
—Todos los elfos se refieren a Aeson como «rakina». ¿Qué significa?
Therin dudó, dejando a Calen con la incertidumbre de si debería haber preguntado.
—Rakina es una palabra de la lengua antigua. Significa «quebrado» o, más correctamente, «el quebrado».
La respuesta de Therin solo suscitó más preguntas.
—¿Por qué…?
Therin interrumpió a Calen con un gesto de la mano.
—Se debe a lo que le ocurrió a Aeson, algo que no creo que vaya a contarte jamás. Puede que le enfade que te la cuente yo, pero así sea. Mereces conocer a las personas en las que has depositado tu confianza.
Therin acercó su caballo al de Calen, quien se dio cuenta de que el elfo extraía la Chispa, pero lo hacía demasiado rápido para poder seguir sus movimientos.
—Un escudo de silencio —explicó Therin al ver la cara de curiosidad de Calen.
Las cabezas de Aeson y Vaeril se volvieron en cuanto se alzó el escudo.
Cuando se dio cuenta de que se trataba de Therin, Vaeril volvió la cabeza hacia el camino que tenía delante, sin querer entrometerse.
Aeson no fue tan rápido en ignorar el escudo.
Su mirada se detuvo en Therin y Calen durante más tiempo del que resultaba cortés antes de fingir desinterés.
Era evidente que sentían cuando Therin extraía magia de la Chispa.
Caleb también notaba algo, apenas un cosquilleo en el fondo de su mente, pero estaba ahí.
—Ahora podemos hablar —dijo Therin—. Probablemente tendré que explicarle a Aeson por qué estamos protegidos, pero me ocuparé de eso más tarde. —Hizo una pausa—. Hace mucho tiempo, Aeson era un draleid.
Calen sintió como si su corazón hubiera dejado de latir.
—¿Aeson es un draleid?
Las palabras se escaparon de su boca sin querer.
No se había dado cuenta hasta ese momento, pero incluso rodeado de amigos, se sentía solo.
Tenía a Valerys, que protestaría con un gruñido ante la idea de que Calen se sintiera solo, pero no era lo mismo.
Necesitaba a alguien con quien hablar, que lo guiara.
Que le dijera qué hacer a continuación. Desde que Valerys había nacido, la gente lo miraba de otra manera.
No Dann, que seguía siendo el mismo, pero sí todos los demás.
Therin, Erik, Dahlen. Los elfos, a quienes nunca había conocido antes, habían jurado protegerlo con sus vidas.
Era como si vieran al mirarlo a alguien diferente del que él veía en el espejo…
Aunque hacía tiempo que no se miraba en uno.
—Lo era, Calen. —La pérdida se reflejaba en los ojos de Therin—.
La dragona de Aeson, Lyara, fue asesinada en los años posteriores al colapso de la Orden.
Fue cazada por Fane y su Guardia Dragontina.
—Therin escupió las palabras, como si le dejara un mal sabor de boca—.
Aeson escapó por los pelos con vida, pero parte de él murió con ella.
Eso es lo que significa ser rakina, Calen.
Estar quebrado. —Therin se secó una lágrima de la mejilla izquierda—.
El vínculo entre un dragón y su draleid es mucho más profundo de lo que se puede explicar.
Estoy seguro de que ya lo sientes, Calen: vuestras almas no solo están entrelazadas, son una sola.
Quién eres como persona cambia a Valerys, y quién es él te cambia a ti.
En lo más profundo de tu ser. Ya lo veo en ti.
Y cuando se fusiona algo tan completamente, es imposible que vuelva a ser lo que era.
Dos almas fusionadas no son la suma de sus partes, sino algo nuevo.
Calen no pudo evitar mirar a Valerys, sentado tras él, acurrucado en una bola, con la cabeza apoyada en la espalda de Calen. ¿Valerys lo había cambiado?
—Cuando un draleid pierde a su dragón —siguió Therin— o un dragón pierde a su draleid, pierden parte de sí mismos.
Pueden quedarse sin la capacidad de extraer la Chispa o fragmentos de su personalidad, emociones, conexiones.
Pueden perder las ganas de vivir. —Therin exhaló profundamente—.
Y aunque rakina significa «el quebrado», entre los elfos es una marca de respeto. También significa «el que sobrevivió».