De sangre y fuego (Los vinculados y los quebrados 1) Capítulo 22. Valerys #2
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Capítulo 22. Valerys #2

Calen infló las mejillas mientras exhalaba con fuerza. Sintió ese familiar nudo en el estómago y su corazón aceleró el ritmo. No tenía ni idea de por qué estaba tan nervioso. ¿Qué más daba si no funcionaba? No se sonó muy convincente.

Volvió a soltar el aire y se puso de rodillas. Extendió la mano sobre el agua que fluía. El frío le mordía las yemas de los dedos al rozar la superficie del arroyo.

—Ya está medio congelado —bromeó, tragando saliva nerviosamente.

El elfo sonrió, pero no se echó a reír. Tenía los ojos fijos en la mano de Calen.

«Puedo hacerlo».

Centró su atención en el arroyo, donde sus dedos descansaban sobre el agua corriente.

Intentó despejar la mente, imaginando que el agua se convertía en hielo, extendiéndose como una onda después de que una piedra cayera en un lago.

Ralentizó la respiración y sintió las vibraciones a medida que los latidos de su corazón se ralentizaban.

—No funciona.

—Paciencia. Hay cinco elementos, Calen: Fuego, Tierra, Agua, Aire y Espíritu.

La Chispa se compone de todos ellos. Imagina la energía.

Solo poder, puro y salvaje. Ahora, de esa energía, toma lo que necesites.

Tira de ella como si fuera un hilo, muy despacio.

Trátala con la misma precaución con la que tratarías un fuego rugiente o una cuchilla afilada.

No tomes demasiado. La Chispa ha consumido a aquellos que piden demasiado y demasiado pronto.

Concéntrate en los elementos del Agua, el Aire y el Fuego.

—¿Fuego? —preguntó Calen.

—Sé que parece extraño, pero necesitas algo para controlar el calor que extraes del agua. Siéntelo. Lo entenderás.

Los nervios de Calen no hacían más que empeorar.

«¿Qué quería decir con “ha consumido a aquellos que piden demasiado y demasiado pronto”?».

Volvió a ralentizar la respiración y cerró los ojos.

Podía ver una oscuridad vacía que tocaba cada rincón de su mente.

La única fuente de luz provenía de una bola de energía, justo en el centro de la oscuridad, que pulsaba, girando sobre sí misma mientras flotaba.

Cuanto más se concentraba, más se daba cuenta de que la bola de energía no era lisa ni sólida.

Estaba formada por hilos de luz entrelazados.

Los observó en la mente, latiendo. Estaban separados entre sí, pero al mismo tiempo no lo estaban.

Se retorcían y giraban, moviéndose constantemente, cambiando.

Cada hebra era única. No podía explicar qué era, pero cada hilo parecía diferente al tocarlo con la mente.

Emanaba poder; podía sentirlo. Le recorría la piel y le llenaba los huesos.

Lo atraía, lo tentaba. Quería extender la mano y dejar que la Chispa lo consumiera.

«Concéntrate».

Extendió la mano con la mente y arrancó dos de los hilos, atrayéndolos hacia sí.

Aire y Agua. No estaba seguro de cómo lo sabía, pero así era.

Podía sentir el hilo del Fuego. Su atracción era más fuerte que la de los demás, como si lo estuviera llamando.

Aire, Agua y Fuego. Lo anhelaba. Eso lo hizo cauteloso.

Las palabras de Therin resonaron en su mente.

Extendió la mano hacia el hilo del Fuego, atrayendo un fino hilo de su esencia hacia él. Tuvo cuidado de no atraer demasiado. De no tomar demasiado.

Un dulce y cálido resplandor inundó su cuerpo de la cabeza a los pies. Era el mismo que había sentido cuando el huevo se envolvió en fuego. Ahora lo sentía y lo reconocía. La Chispa.

Su respiración se estabilizó. Atrajo los hilos hacia él, utilizándolos para dar forma y moldear el agua a su voluntad. Observó con asombro que el agua alrededor de sus dedos comenzaba a congelarse, extendiéndose en un círculo concéntrico.

— Valerys —susurró, con una suave sonrisa en el rostro.

—Calen… Calen.

Era vagamente consciente de la voz de Therin flotando en el fondo de su mente, golpeando el borde de su concentración.

El contacto de su mano en el hombro lo tomó por sorpresa.

Sintió que el calor abandonaba su cuerpo y que perdía la Chispa.

Apartó la mano del agua y sacudió la cabeza, tratando de disipar el aturdimiento que se había apoderado de él.

—Lo siento. Es solo que… me he perdido un poco en ello. Es…

—Adictivo —dijo Therin bruscamente—. En efecto, lo es.

El poder de cambiar y doblegar las cosas a tu voluntad siempre será adictivo.

El calor que sientes al atraer la Chispa puede incitar a una persona a tomar más de lo que necesita o puede manejar.

Debes ser consciente de ello. Debes aprender a concentrarte.

Lo conseguirás con el tiempo. —Therin le dedicó una sonrisa tranquilizadora—.

Y con el tiempo descubrirás que puedes manejar más. Con tiempo y práctica.

Calen asintió. Sentía los brazos pesados y le costaba respirar, como si hubiera pasado todo el día trabajando en la forja. Therin le dio una palmada en el hombro.

—No te preocupes. Extraer la Chispa puede ser agotador, especialmente para aquellos que no están acostumbrados.

Se llama drenaje. Puede extraer la esencia misma de la vida de tus huesos.

Sus efectos disminuirán con el tiempo, a medida que te hagas más fuerte.

—Se puso en pie—. Pero hoy vas a dormir de maravilla.

Ven. Aeson no tardará en abrir los ojos y tú necesitas descansar.

Calen volvió la vista atrás, hacia el arroyo, mientras regresaban al campamento. Seguía congelado donde lo había tocado con los dedos. El vapor se elevaba de la superficie a medida que el calor de la noche de verano lo erosionaba.

El dragón yacía acurrucado junto a las alforjas de Calen cuando regresaron al campamento, todavía despierto, pero con los ojos entrecerrados.

Levantó la cabeza al ver cómo se acercaban Calen y Therin.

Este se sentó en cuclillas frente al dragón y le acarició el costado de la cabeza con sumo cuidado.

La tranquilidad que invadió la mente de Calen coincidía con el ronroneo que emanaba del vientre del dragón.

Inclinó el cuello para mirarle a los ojos. Sonrió.

—Valerys…